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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

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LOS HOMBRES NOS MANIFESTAMOS CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA. 21 DE OCTUBRE

Publicado el 18 Octubre 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Toni Soler
Miembro de la Comisión de violencia de género de AHIGE| 13 Oct, 2017 |

Según los datos oficiales, desde 2003 se han producido en nuestro país 911 víctimas por violencia de género. Esta cifra solo es la punta del iceberg de otras muchas formas de violencia contra la mujer que son mucho más sutiles, menos visibles para la población en general. Los motivos que originan estas violencias hunden sus raíces en nuestra propia cultura.

TOMA PARTIDO: EL SILENCIO NOS HACE CÓMPLICES

El 21 de octubre de 2006 se celebró en Sevilla, bajo una convocatoria unitaria de todo el movimiento de hombres por la igualdad, la primera manifestación de hombres contra la violencia machista celebrada en España. Desde entonces, año tras año, más y más hombres rompen su silencio, el miedo y la supuesta “solidaridad machista” para salir a la calle. No queremos que la violencia machista nos atenace. Nos reunimos en ruedas en las que los hombres nos damos la mano solidariamente para escuchar un manifiesto de repulsa contra la violencia machista mientras unas velas nos recuerdan a las mujeres asesinadas ese año.

Queremos dejar claro que, como dijo José Saramago, la violencia de género es un problema de los hombres que sufren las mujeres y que por tanto, como hombres, tenemos una responsabilidad especial en hacer frente a la violencia. No es el protagonismo el que nos mueve, sino dejar de ser cómplices de la violencia machista.

Que el silencio no te haga cómplice, asiste acompañado de tus familiares y amistades a la rueda de hombres que se convoca en tu población y muestra claramente tu posición y tu firme voluntad para erradicar esta violencia. Si en tu población no hay convocada una Rueda de Hombres, nosotros te apoyamos en su convocatoria.

Los medios de comunicación visualizan los casos de violencia hacia la mujer más espeluznantes y brutales: los asesinatos. Esta información que se produce generalmente de forma puntual ayuda a que buena parte de la sociedad los perciba como casos aislados que se producen en el seno de la pareja en un momento de locura, por el excesivo consumo de alcohol o drogas, por una niñez traumática o por la actitud de la mujer hacia el hombre. No es cierto, ninguno de estos supuestos justifican la perdida momentánea del control masculino sobre sus actos.

PROPICIAR EL CAMBIO

Las leyes favorecen la igualdad, pero no son suficientes, por si solas no van a producir el cambio social que todos deseamos, los hombres debemos renunciar a los privilegios que la sociedad nos ofrece por el mero hecho de ser hombres. Tenemos que identificar esos privilegios y renunciar a ellos. Por ejemplo, al supuesto sentimiento de superioridad del hombre sobre la mujer, acabar con la misoginia y/o la exaltación de la virilidad masculina. Debemos aprender a identificar las formas más sutiles de violencia en el hogar, en el trabajo, en la calle, evitando el uso del lenguaje sexista, los chistes machistas, las opiniones que algunos pronuncian en voz alta sobre el cuerpo de las mujeres sin conocerlas de nada. Debemos ser menos tolerantes con estos comportamientos.

El reto ya no es que los hombres digamos que estamos a favor de la igualdad con las mujeres, debemos practicar diariamente la igualdad en nuestra vida cotidiana, en las tareas del hogar, en el cuidado y la educación de nuestros hijos e hijas, también en nuestro propio cuidado. Son tareas que, al realizarlas, nos harán crecer como persona y mejoraran nuestras relaciones de pareja, con nuestras hijas e hijos y con el resto de personas que nos rodean.

La violencia no es algo inherente al hombre. Con esfuerzo constante y consciente, podemos controlarla, podemos modificar nuestros impulsos, nuestra educación. Participando con otros hombres, reuniéndonos, reflexionando sobre nuestros comportamientos y sentimientos; y viendo, con la ayuda de otros hombres, cómo podemos modificarlos para contribuir entre todos a la construcción de una sociedad más igualitaria.

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Las cárceles y perspectiva de género

Publicado el 12 Octubre 2017 en General |

Manuel Buendía Tercero.  Un relato de ficción sobre un tema esencial en su blog de masculinidades.

Es un tema bio-sico-sociocultural muy real, como la vida misma. Cualquiera que se acerque a las cadenas de televisión matinales con mirada de género se dará cuenta fácilmente de algo curioso: a lo largo de toda la mañana van presentando una batería, colección, sarta, de hombres malos , violadores, estafadores, miembros de mafias, corruptos, asesinos de género, abusadores, … los programas son presentados por mujeres y va todo dirigido a un público mayoritariamente femenino. Así todos los días. Esto es lo que consumen consciente o inconscientemente de una manera machacona. (Empieza la ficción).
 
 
¿Hasta dónde podemos rebajar la edad para exigir responsabilidades penales de un delincuente?

Una joven de quince años, llamada Adela, debatió en su clase sobre la delincuencia juvenil y el respeto a las leyes.

-¿Con meterles en la cárcel solucionamos el problema? ¿Qué les ocurre a los chicos de mi edad?- preguntó en alto.

En clase de ética habían debatido sobre los límites de edad para meter a un joven en la cárcel. Habían leído que en Argentina quieren rebajar la edad penal de 16 a 14 años, para igualarla a muchos otros países de Europa. Sucedió un caso de asesinato de un joven de 14 años cometido por otro “motochorro” de 16 años. Llaman así al típico matón que roba desde una moto. Usan a su edad todo tipo de armas, incluidas las de fuego. En esa ocasión se les fue de las manos y saltó a los medios de comunicación.

Se enteraron en clase de que la edad penal varía de unas naciones a otras. Mientras que en Bélgica o Luxemburgo la edad penal no comienza hasta los 18 años, en la mayoría de Europa, incluida España, es a los 14, y en Inglaterra es a los 10 años.

Parece increíble que en los EEUU, según los Estados, el límite se encuentra entre los 7 y los 10 años.

En Suiza es el ejemplo más llamativo de Europa con los 7 años.

-¿Como puede ser?- se repetía con las manos en la cabeza. Ella tiene un hermano de esa edad y no se puede imaginar qué tipo de delitos podría cometer su hermano para que le metieran en la cárcel.

Sin embargo, lo que le llamó más la atención a Adela, y parece que no fue la única, es que de los casi veinte mil jóvenes del Registro de Sentencias de Responsabilidad Penal de los menores de España, releyeron un resumen del informe, el 84% de ellos son varones y un 16% de menores son chicas ¡Esta brecha les pareció muy grande!

Es cierto además que si nos atenemos a los casos más graves, es decir, aquellos con violencia extrema, tales como violaciones a mujeres o asesinatos, el porcentaje de hombres (o niños) es mucho mayor.

– ¿Tan poca gente se da cuenta de esto?- seguía preguntándose como si fuera algo que nunca se piensa o se da por hecho que está igualado hombres y mujeres, o lo que es peor, se da por hecho que tiene que ser así.

– ¿Qué les pasa a los chicos de nuestra edad? ¿Nos estamos acostumbrando a los matones, a los macarras del barrio, a los abusadores, al chulito de la clase que permanentemente llama la atención o se hace el gracioso, asumimos que es algo normal o propio de los tíos, del instinto masculino?- seguía en su perorata.

– ¿Por qué cuando se habla de educación, no se tiene en cuenta las necesidades de cada chica y de cada chico, atendiendo también a la educación específica de los modelos de unos y de otras?- seguía insistiendo (supongamos que termina aquí la ficción).

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“El objetivo es que en el futuro declararse como feminista sea redundante”

Publicado el 6 Octubre 2017 en Feminismos, General |

En su primer viaje a España, la escritora nigeriana repasa la importancia de la lucha contra el machismo y el racismo con la que trufa sus obras

“Antes daba más vergüenza ser abiertamente racista, pero con este presidente puedes serlo sin problema”, opina Chimamanda Ngozi Adichie sobre Trump

El género de la ficción realista alcanza una nueva dimensión cuando quien nos transporta a su imaginación para contar la realidad del mundo es la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977). A día de hoy, sus novelas basadas en personajes ficticios conectan con la realidad de tal modo que hasta Beyoncé las ha utilizado para crear hits donde los mensajes feministas son ritmo para el cuerpo y conocimiento para la cabeza.

En su primera visita a España, Ngozi Adichie ha refrendado lo que sus célebres charlas TEDx, cuyas visitas se cuentan por millones en Internet, venían demostrando: su gran capacidad para tratar problemas universales a través de historias personales. El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona ha sido el escenario elegido por la editorial Penguin Random House para hospedar una charla que llenó las 700 plazas del auditorio.

Tanto en el encuentro previo con periodistas como en la charla posterior, la escritora nigeriana lanzó varias de las claves que la han colocado como una de las referentes a la hora de hablar de racismo, machismo y la intersección entre ambas discriminaciones que espera desaparezcan lo antes posible. “Mi objetivo es que declararse como feminista sea algo redundante, que todo el mundo lo pueda decir sin tener miedo a lo que digan”.

Ngozi Adichie tira constantemente de historias personales para explicar sus ideas, como que “hay mucha gente que es feminista sin definirse con esa palabra”. La nigeriana, que creció en el seno de una familia de seis hermanos en Nsukka, encaja a su madre en esa categoría. “Ella fue nombrada decana de su facultad, la primera en la historia. Cuando llegó al puesto y vio un cartel en su mesa que ponía ‘decano’ en vez de ‘decana’, uno de los trabajadores del centro quiso quitarlo, algo a lo que mi madre se negó. Ella no quería que se pensaran que su trabajo iba a ser diferente del de los hombres que estuvieron allí anteriormente”.

Cuando años después Chimamanda se trasladó a estudiar a los Estados Unidos, explica como una compañera feminista de allí criticó lo que hizo su madre. “Con algunas acciones hay que tener en cuenta el contexto, porque ese gesto sí fue feminista”, asegura.

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Krzysztof Charamsa contra las masculinidades sagradas

Publicado el 4 Octubre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Octavio Salazar. 03/10/2017. The Huffington.post

El patriarcado no es solo una estructura de poder o un sistema que reparte de manera asimétrica derechos y oportunidades en función del sexo, sino que es también, y ante todo, un orden cultural. Es decir, el patriarcado ha necesitado siempre y continúa necesitando hoy un andamiaje construido sobre discursos, imaginarios y relatos colectivos en los que sostener el binomio supremacía masculina/subordinación femenina. A lo largo de la historia los hombres han ido construyendo narraciones que han sido determinantes en la configuración de las subjetividades de unos y de otras. Ahí está la mitología clásica como buena muestra de cómo entender por ejemplo la masculinidad heroica y violenta. Estos relatos fueron posteriormente asumidos y multiplicados por las religiones, muy especialmente por las monoteístas, que han sido las que no han duda en santificar los “pactos juramentados” entre varones. El dios hombre ha servido para avalar la absoluta monarquía masculina y ha justificado la expulsión de Eva no solo de paraíso sino también de los espacios comunes en los que no debería tener ni voz ni palabra.

 

En esa construcción de las masculinidades sagradas, tal y como las define con acierto el teólogo Juan José Tamayo, ha sido esencial la expulsión a las afueras de quienes rompían con la norma heterosexual y, en consecuencia, con los pilares de un orden hecho a imagen y semejanza de los patriarcas. De ahí que la homofobia haya sido y sea un componente esencial en la construcción de una masculinidad hegemónica que tradicionalmente han considerado traidores a los que se apartaban del régimen heteronormativo. No hace falta recordar aquí cómo la homosexualidad ha sido pecado, delito y enfermedad: las tres grandes herramientas de poder disciplinario mediante las que en una sociedad se marca lo que vale y lo que no, quien está dentro y quién fuera.

A estas alturas del siglo XXI, y cuando las sociedades han ido superando en gran medida esos lastres homófobos, resulta especialmente alarmante y doloroso que la Iglesia Católica continúe manteniendo sus dogmas tradicionales y no se haya movido ni un centímetro con respecto a lo que siempre ha pensado de quienes han hecho uso de su libertad afectiva y sexual. Una discriminación que, lógicamente, está muy ligada al mantenimiento de las mujeres en un estatus devaluado con respecto a los hombres. Al final la homofobia, en un sentido amplio, no es otra cosa que la expresión radical del rechazo a lo femenino, a lo que se identifica con las mujeres. De ahí el valor simbólico de un insulto tan habitual entre varones: eres un maricón, un mariconazo, una nenaza.

Como tampoco el Papa Francisco ha sabido remover con valentía esos lodos, tiene tantísimo valor el testimonio que nos ofrece Krzysztof Charamsaen su libro La primera piedra.

Charamsa, que estaba situado en uno de los más altos escalones del poder eclesiástico – era oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe – saltó a todos los medios cuando en 2015 hizo pública su homosexualidad y presentó a su pareja. El Vaticano reaccionó expulsándolo y tratando de silenciar el asunto. Sin embargo, el efecto fue el contrario: la experiencia de este sacerdote polaco servía para sacar a la luz la enorme responsabilidad de la Iglesia Católica en mantener la humillación de tantos seres humanos a los que desprecia por razón de su orientación sexual.

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“Hay que llamar al orden a los hombres que, bajo el camuflaje de la fiesta, justifican la agresión”

Publicado el 29 Septiembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Carmen Bachiller. el diario.es

El profesor y médico forense aboga por “responder” al machismo que lleva a la mujer a creer que la violación en cita no es “reprobable” sino una lógica de la “hombría”

Hablar de “feminazis” o de “denuncias falsas” es, a su juicio, una “reacción” del machismo para preservar sus privilegios frente al avance de la igualdad hombre-mujer.

Miguel Lorente (Serón/Almería. 1962) es profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada además de médico forense. Fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género y en una entrevista con  eldiarioclm.es analiza la campaña que, por segundo año, ha emprendido el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha contra la llamada ‘violación en cita’ y las reminiscencias sociales de un machismo enraizado en la cultura española y que todavía hay que seguir combatiendo para lograr la igualdad real hombre-mujer.

Una campaña contra la violación en cita en las zonas rurales y en el contexto de las fiestas locales ¿Qué le parece?

Hay dos elementos interesantes. Por un lado, poner de manifiesto una realidad que está presente y que, por tanto, hay que abordar con todas las medidas posibles para evitar el impacto y las consecuencias terribles que tienen todas las agresiones sexuales. Otra, enfatizar y poner el acento en la figura del agresor. Hay que llamar al orden a los hombres que bajo el camuflaje de  la diversión, de la fiesta…entienden que el abuso, la agresión y la violación pueden estar justificados en un momento determinado.

Hay que dar respuesta con información, poniendo  de manifiesto que eso existe.  Las denuncias por violencia sexual representan un 10% o un 15% pero la inmensa mayoría de las agresiones no se denuncian. Últimamente vemos cómo se incrementa el uso de sustancias tipo ‘burundanga’ para facilitar anular la voluntad de las víctimas. Hay un riesgo alto y tenemos que responder.

El año pasado se realizaba por primera vez esta campaña en España ¿Se debe incidir más en dar a conocer este concepto entre los jóvenes?

Sí porque el problema de la violación, a diferencia de lo que se piensa en la sociedad, es que se produce en contextos de relación cercanos y conocidos para las víctimas. Esa figura de película del agresor que aborda a una víctima en un lugar oscuro, en un parking…Eso existe pero es menos frecuente que el amigo, el conocido que, aprovechando las circunstancias y la  relación, lleva a cabo la violación. Todo lo que sea cuestionar desde la normalidad la existencia de la violación es muy importante porque  muchas veces se juega con estereotipos y mitos para que sea el contexto el que justifique que no es una violación.

“Las mujeres dicen no cuando quieren decir sí”; “ella iba provocando”, “me dijo que no le importaría que fuéramos más lejos”…Siempre se utilizan estas frases. Llamar la atención sobre el contexto de la violación es muy importante.

¿El machismo es cuestión de edad y de sexo?

El machismo es cuestión de identidad y comienza en el minuto cero e influye, con un mensaje diferente, en hombre y en mujeres. Es una construcción machista de los hombres para beneficiar a los hombres. El machismo es cultura no es conducta. Es decir, se produce porque la cultura ha facilitado que se justifiquen y se minimicen ese tipo de conductas. Como tal cultura, crea mensajes para que las mujeres crean que aquello que está ocurriendo es algo normal. Les han dicho que es normal que su marido les pegue.

A los chicos se les dice que en la forma de entender la relación te pueden tocar,  te pueden forzar o intimidar y que eso es ser hombre. Aquella expresión de “oye tío, como no le metas mano se va a pensar que eres marica”. Todo eso es cultura y lleva a la mujer a creer que ese tipo de conductas no son agresivas o reprobables del todo sino que forman parte de esos ‘pedazo’ de hombres que tenemos como amigos.

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La jaula de oro de la masculinidad

Publicado el 27 Septiembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Barbijaputa. ELdiario.es

A efectos prácticos nos da igual de qué está hecha la jaula: sigue siendo una jaula. Y por muchos privilegios que tengan los hombres viviendo dentro de ella, siguen rodeados de barrotes que les limitan como personas.

La semana pasada hablábamos de que la masculinidad era una jaula de oro. Jaula de la que cualquier hombre que se quiera considerar aliado feminista ha de intentar escapar. Aunque es cierto que el patriarcado hiere a las mujeres tanto si se rebelan contra las reglas de la feminidad como si la acatan (la feminidad es un castigo en sí misma, y masculinidad y feminidad no son dos entidades independientes sino dos engranajes complementarios e inseparables del sistema que subyuga a las mujeres), hay que ser conscientes de qué formas las imposiciones sociales afectan negativamente a los hombres. Pero no nos llevemos a engaños, no intentamos convencer a hombres indecisos de que el feminismo también les beneficia –no nos interesan “aliados” que sólo se deciden cuando ven que también pueden sacar tajada–, sino tener en cuenta qué es realmente la masculinidad y cómo encajan fenómenos aparentemente contradictorios dentro de una visión feminista.

La masculinidad es una jaula de oro, es decir, que a efectos prácticos nos da igual de qué está hecha: sigue siendo una jaula. Y por muchos privilegios que se tengan sobre otras viviendo dentro de ella, uno sigue rodeado de barrotes que le limitan como persona. No sólo eso, sino que cualquier intento de escapar de esa jaula tendrá consecuencias bien claras (más abajo nombramos algunas).

La propia naturaleza de la masculinidad la hace frágil: cualquier desafío a la misma, por insignificante que parezca, ha de ser reprimido con dureza. No puede ser de otra forma, porque su característica principal es la de definirse en contraposición a lo femenino. Así, el patriarcado impone una serie de exigencias a los hombres:

  • Ser dominador, independiente, seguro.
  • Rechazar cualquier cosa entendida como femenina (lo femenino es síntoma de debilidad, y esto chocaría con el punto anterior).
  • Reprimir tus emociones, excepto la ira (lo emocional es cosa nuestra, por lo tanto, desechable para ellos).
  • Proveer sustento a tu familia (dejando para la mujer la crianza y los cuidados).
  • No llorar bajo ningún concepto (excepto si gana la liga el equipo que toque, que ahí ya sí, los deportes y todo lo que impliquen son cosa de ellos).
  • Sentir mucho deseo sexual y expresarlo, pero sólo hacia las mujeres (sentir atracción hacia los hombres es una característica femenina, claro, y te hace perder puntos del carné de hombre).


La vida de los hombres en nuestra sociedad ocurre bajo estas y otras imposiciones. El alto índice de suicidios en hombres, las mayores tasas de encarcelamiento que sufren, las agresiones sexuales que se producen en esos entornos, la menor proporción de hombres que consiguen la custodia de sus hijos tras una separación y todos estos fenómenos que el machismo usa para negar el feminismo ocurren como consecuencia de las conductas que hemos enumerado antes. Y no es sorprendente que esto sea uno de los argumentos favoritos de los machistas que, lejos de conformarse con negar que haya un sistema que nos oprima a las mujeres, aseguran que los oprimidos son ellos para nuestro beneficio. Ése es el nivel del machista medio.

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El tabú de la Anorexia Masculina

Publicado el 18 Septiembre 2017 en General |

GMZ /GAYMAGAZINE. 5 septiembre 2017

Estas son algunas de las conclusiones a las que han llegado investigadores de la Universidad de Montreal, que se han sumergido en 24 estudios elaborados a lo largo de 15 años sobre las historias clínicas de 279 pacientes de entre 11 y 36 años para detectar los denominadores comunes entre hombres y mujeres con anorexia y, sobre todo, identificar las diferencias.

La anorexia entre los hombres es minoritaria (apenas un 10% de los casos) y pasa más inadvertida que entre las mujeres (niñas, adolescentes y jóvenes, fundamentalmente). Pero a pesar de haber sido un trastorno ignorado durante años, no solo existe; sino que tiene sus particularidades respecto a las chicas. Por ejemplo, destaca la proporción de homosexuales, que es superior entre los pacientes varones. También hay diferencias en las estrategias empleadas para perder peso por las víctimas de esta disfunción de la conducta alimentaria: en lugar (o además) de recurrir a prácticas como los vómitos, ellos tienden a desarrollar otros comportamientos como la obsesión por el ejercicio. E incluso hay más casos de comportamientos cruzados con la depresión y el abuso de drogas.

La investigación dirigida por el equipo canadiense y publicada en la revista “Neuropsychiatrie de l’Enfance et de l’Adolescence” destaca que los afectados de ambos sexos comparten el mismo terror por ganar peso o la obsesión enfermiza por llevar la cuenta de las calorías ingeridas. Pero inciden en las discordancias y reflexionan sobre ellas. Por ejemplo, respecto a la mayor tasa de homosexuales, los investigadores lanzan varias hipótesis. Entre ellas, sugieren que está relacionado con la importancia que se da en la comunidad gay a la apariencia física, pero también comentan que la anorexia podría ser un refugio frente a los conflictos derivados de la necesidad de afrontar la identidad sexual del paciente. “La anorexia nerviosa sería una forma de retrasar decisiones o de evitar afrontar dudas sobre la orientación homosexual”, plantea Laurence Corbeil-Serre, director de la investigación.

“Es cierto que estos chicos son un grupo de riesgo”, comenta Gonzalo Morandé, jefe de la unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Niño Jesús de Madrid. “La tendencia homosexual es un clásico”, añade Enric Armengol, director médico del Centro de Prevención y Tratamiento de la Anorexia y Bulimia (Centro ABB) de Barcelona. “Por un lado, por las exigencias del aspecto físico de la comunidad gay y sus estereotipos de delgadez”, insiste Armengol. “Por otro, porque estos comportamientos se suelen dar en la adolescencia, durante unas etapas de desarrollo personal en los que están definiendo su orientación sexual y padecen una tensión emocional que les hace más vulnerables a este tipo de comportamientos”.

Morandé, por cuya consulta han pasado durante los últimos 20 años “algo más de 2.000 chicas y más de 200 chicos”, añade otro grupo de riesgo entre ellos. Este especialista señala a niños con sobrepeso “que se sienten rechazados y pasan de un extremo al contrario, especialmente si tienen un carácter obsesivo”. Y también apunta hacia los deportistas infantiles de alto nivel, algunos de los cuales ha tratado: “se crea una expectativa elevada respecto a ellos y si no están a la altura del nivel de exigencia que se les ha puesto, se sienten fracasados y lo pagan con la comida y con el ejercicio compulsivo”.

Hay otras diferencias a los que no alude el estudio, pero sobre las que se detienen tanto Morandé como Armengol. Por ejemplo, las relacionadas con la reacción de unos y otros ante los tratamientos para hacer frente a la enfermedad. “En varones la respuesta es algo más rápida que entre ellas”, relata Armengol. “Sobre todo en la primera fase de la terapia, que es conductual [luego se trabaja más la personalidad], en la que tratamos de conseguir que el paciente recupere una ingesta saludable y deje de comer en función de cómo se siente emocionalmente”. ¿A qué se deben estos comportamientos diferenciados? “Quizás tenga que ver con el cerebro emocional del hombre, que responde mejor a los mensajes más directos y concretos”, comenta el psiquiatra del Centro ABB. Hay otra posible explicación: es frecuente que las niñas con anorexia sean muy buenas alumnas, mientras los chicos no son igual de estudiosos, como comenta Morandé. Suelen ser chicas perfeccionistas y tenaces, ”lo que se convierte en un inconveniente a la hora de cambiar los hábitos”.

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El neomachista discurso de la discriminación masculina

Publicado el 11 Septiembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Octavio Salzar . elDiario.es

Decir que los hombres de este país estamos discriminados no es solamente un ejercicio de machismo y de resentimiento, sino también de ignorancia.

Una de las consecuencias más terribles del caso de Juana Rivas – más allá de su drama personal, del laberinto procesal y de los muchos errores cometidos en su defensa y, por supuesto, de la constatación de las múltiples fallas de nuestro ordenamiento jurídico y de nuestro sistema judicial para proteger adecuadamente a las víctimas de la violencia de género – ha sido el rearme de los discursos machistas y neomachistas que en los últimos tiempos han encontrado en las redes sociales un espacio ideal de expansión. Y hablo de neomachismo para referirme a todas esas construcciones ideológicas que usan aparentemente nuevos conceptos y paradigmas para en el fondo seguir defendiendo a ultranza los dividendos patriarcales. Unas construcciones que han ido incluso creando sus propios mitos, como el de las denuncias falsas, con los que pretenden armarse de razones.

La figura de Arcuri se ha convertido, sobre todo para muchos hombres que son prisioneros de la ira y el resentimiento frente a unas mujeres que han sido capaces de plantarles cara y convertirse en sujetas autónomas, en una especie de héroe a través del cual están expresando toda una construcción ideológica que insiste en la victimización masculina y que supone una rearme patriarcal frente a las progresivas conquistas de nuestras compañeras. Arcuri ha acabo convertido, no sé si siendo él consciente del todo, en una especie de portavoz de todos esos varones que llevan más de una década argumentando contra la LO 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de género; que han encontrado en el término “feminazis” el calificativo más facilón con el que desprestigiar a las que llevan siglos luchando por la democracia y que, por supuesto, encuentran todo tipo de aliados y de aliadas, a veces en los lugares más insospechados, en la cruzada contra lo que ellos llaman la “ideología de género”.

La gran paradoja de los discursos de estos individuos, y de algunas individuas que son cómplice de ellos por acción u omisión (que también las hay), es que son precisamente sus pretendidos argumentos los que nos sirven de prueba evidente de la pervivencia del patriarcado y la urgente necesidad, todavía hoy, de articular mecanismos legales y políticas públicas para erradicarlo de la faz de nuestras democracias. Solo desde una reacción patriarcal y profundamente machista es posible soltar eso de que los hombres en este país estamos discriminados, como ha manifestado el abogado del “héroe” italiano, justo además el día después de que todos hemos visto en los medios de comunicación las imágenes de la inauguración del año judicial en las que hemos podido constatar de qué manera continúa funcionando la cuota del 100% masculina. Unas fotografías que no solo tienen significado cuantitativo por la ausencia de las mujeres en la cúpula del poder judicial sino que también poden de manifiesto el freno cualitativo que supone seguir teniendo una judicatura androcéntrica y que reproduce con tanta facilidad sesgos machistas en la aplicación e interpretación de las leyes.

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“Es responsabilidad de los hombres transformar nuestros modelos de masculinidad”

Publicado el 7 Septiembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

El psicólogo Pablo Nieva reflexiona sobre el modelo patriarcal contra el que lucha la campaña ‘Sin un Sí, es No’ del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha

“Tenemos que ser capaces de desarrollar identidades, en nuestro día a día, que puedan facilitar que no ejerzamos ese poder y ese abuso sobre las mujeres”

Asimismo, analiza cómo perciben los ‘millenials’, de entre 20 y 30 años, las relaciones sexuales y las campañas sobre igualdad

Si hay un dato característico que define a la campaña contra la violación en cita del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha es el intentar romper con los roles impuestos por el género. Apuntar como lema al ‘Sin un sí, es no’ es algo más que esgrimir una frase: significa el empoderamiento de la mujer frente a unas relaciones que vienen impuestas desde hace siglos en base al modelo patriarcal. Pero en esa lucha también los hombres deben ser conscientes de ese rol de poder y responsabilizarse en el proceso. O lo que es lo mismo: hacer posibles “nuevas masculinidades” donde las relaciones igualitarias sean una realidad. Con ello se habrá dado un primer paso fundamental contra factores como la sexualización de la mujer o su sumisión en las relaciones de pareja.

Sobre este tema hemos hablado con Pablo Nieva. Es coordinador del Servicio de Atención Psicológica a Menores Víctimas de Violencia de Género a través del Colegio Oficial de la Psicología de Castilla-La Mancha. Pero también es hombre y es feminista, además de conocer de primera mano esta campaña del Instituto de la Mujer.

En primer lugar, centra en  la franja que va de los 20 a los 30 años (los ahora conocidos como ‘millenials’), como una de las etapas fundamentales para prevenir la violación en cita, cuando las relaciones sexuales son más habituales y se mantienen con cierta regularidad. No significa que no se den durante la adolescencia y en edades tempranas, sino que durante esta década se puede visualizar mejor un fenómeno cuya prevención es fundamental.

Este experto considera que un factor fundamental que sufren las mujeres comprendidas en esta edad, al igual que ha sucedido en generaciones anteriores, es la “sexualización” de su cuerpo, que ha venido de la mano de “una supuesta liberación sexual de la década de los 70 y de los 80, que en realidad ha significado todo lo contrario,  ya que ha sido una forma patriarcal y del capitalismo de poder esclavizar aun más si cabe a las mujeres”. “Ahora se os hace creer que vosotras podéis decidir sobre cuándo y cómo tener relaciones sexuales pero bajo unos mandatos construidos desde la mirada de los hombres, y eso os impide poder manifestar vuestro deseo. Solo hay que ver cómo se construye la pornografía y la prostitución, todo a la imagen y semejanza del deseo patriarcal y neoliberal del hombre”, argumenta.

El patriarcado, los ‘millenials’ y los roles de poder

¿Cómo resiste ese modelo patriarcal a la generación de los ‘millenials’, que constantemente están informados de las relaciones igualitarias a través de internet y de las redes sociales? Pablo Nieva lo tiene claro: el conocimiento intelectual o cognitivo de las cosas no significa que se integre del todo en las experiencias y en las relaciones con los demás. “Puedo conocer muy bien que yo, como hombre, debo tener mucho cuidado en no ejercer la violencia sobre una mujer, pero la realidad es que por mucho que lo sepa intelectualmente, no lo tengo integrado emocionalmente ni en mi experiencia”.

“Los hombres no nos planteamos nuestros modelos de masculinidad porque no queremos dejar nuestro lugar de poder”, resume. Una reflexión que va más allá cuando explica que el hecho de que la sociedad realmente sea consciente, y lo integre en sus actos cotidianos, es una labor del hombre. “Es responsabilidad nuestra querer transformar nuestros modelos de masculinidad y no lo hacemos porque estamos muy a gusto ejerciendo el poder e imponiendo nuestro deseo y nuestras necesidades sobre las mujeres o, si salimos un poco del modelo binario hombre-mujer, sobre las personas de otra raza, las personas que no son heterosexuales, o las personas con alguna discapacidad”.

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