Gizonduz

Logotipo institucional euskadi.net
Menú de Navegación

Bienvenido bienvenida al Blog de la Iniciativa Gizonduz
Ongi etorri Gizonduz Ekimenaren blogera

Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Gizonen Kontzientziazioa, partehartzea eta implikazioa emakume eta gizonen arteko berdintasunaren alde

DESMASCULINIZAR

Publicado el 25 Abril 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

José Ángel Lozoya Gómez .Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad.

Sevilla, abril de 2017

Si admitimos que el machismo es violencia y expresión relacional de la masculinidad, si aceptamos que la masculinidad se está convirtiendo en referente universal de la igualdad entre los sexos, si convenimos en que hombres y mujeres coinciden en el rechazo a la feminidad…tendremos que reconocerque los llamamientos a “feminizar”no incluyen la necesidad de“desmasculinizar” la cultura, la política, las conductas de hombres y mujeres, la socialización de los niños y las niñas…

A principios de siglo hablaba en una entrevista de la necesidad de“feminizar” el referente universalcon el que educar a las generaciones futuras, porque la igualdad entre los sexos se estaba dando en torno a los modelos masculinos tradicionales. Las mujeres se estaban masculinizando para sobrevivir en un mundo hecho a la medida de los hombres; se incorporaban al espacio público sin que nosotros llenáramos los huecos que ellas dejaban en el espacio privado, huecos que seguimos sin llenar. Setrató de cubrir estos huecoscon políticas de igualdad, con apoyo a la dependencia y con la contratación de mujeres inmigrantes y ahora, con los recortes, se habla mucho más de feminizar la política que de feminizar alos hombres o hacer políticas feministas, como si fueracreíbleque los políticos puedan feminizar nada sin antes desmasculinizarse.

“Género”es una de esas palabras que se están desgastadode tanto adulterarlas. Aunque el concepto partía de una diferenciación binaria cada vez más cuestionada, el “género” nos permitió hablarde las expectativas y los mandatos sociales a los que se sometía a niños y niñas en función de sus genitalespara naturalizar y reproducir relaciones de poder asimétricas entre hombres y mujeres. Durante un tiempo se usó“género”como sinónimo de mujer, hasta que se admitióque la masculinidad esotra forma de género que ayuda a comprender lo que la sociedad espera de los hombres. Pero esa confusión entre lo biológico y lo cultural (social)perduró y oíamoshablar indistintamente de hombres/mujeres o de género masculino/femenino. Esta confusión propició que se reivindicara la “igualdad de género”, olvidándonos deque la razón de ser delos génerosson unas relaciones de poder que dictan una forma particular de tener que ser en función de los genitales, de que no hay igualdadposible sin ladesaparición de los géneros,y de que la alternativa pasa por erradicarlos y consensuar unos valores universales que permitan a cada personala libertad de intentarinventarsea sí misma en la singularidad.

La confusión está tan naturalizada que hay quien dice estar a favor de la igualdad entre los sexossin que los hombres dejen de ser masculinos y las mujeres femeninas, como si fuera posible separar los géneros de sus consecuencias. Hay incluso quiensostiene que esas diferenciasson necesarias para que surja el deseo sexual, aunque sospecho que sobre todo hablandel deseo heterosexual.Pero justificar los géneros, una socialización masculina y femenina diferenciada,requiereaclarar qué sentimientos o conductas se consideran positivas en los hombres y negativas en las mujeres y viceversa, sin privilegios, desigualdades o violenciasque atenten contra la diversidad sexual y de género.

Creía que había acuerdo en el movimiento de hombres por la igualdad en torno alanecesidad de deconstruir la masculinidad yde erradicarla. Desde ese compromiso he combatidolos discursos sobre “nuevas masculinidades” o “masculinidades alternativas”.El post-machismo y el neo-machismo demuestran que lo nuevo no siempre es mejor: son dos ejemplos de la capacidad de adaptación del Patriarcadopara que parezca que todo cambia aunque no lo haga; pero aunque solo sean los mismos perros con distinto collar, son las únicas “masculinidades alternativas”que pugnan por la hegemonía.Por eso, cuando oigo a algunos miembrosdel movimientode hombres por la igualdad, a los que respeto, hablar de “deconstruirnos para reconstruir nuestras masculinidades”, o de promover“ masculinidades contrahegemónicas”, la necesidad de desmasculinizar me parece más necesaria que nunca. No sé de donde les sale esa necesidad de buscar una masculinidad alternativa, qué partes de la tradicionalquieren conservar, qué les ata ala palabra masculinidad,ni si cuando hablan de deconstruirla lo que quieren es demolerla o reformarla.

Quienes hemos hecho una parte del camino de la deconstrucción de la masculinidad tenemos la responsabilidad de explicar cómonos oprimela socialización de los hombres en el Patriarcado, el precio que pagamos por ir de machos por la vida olo que nos cuestanlos privilegios. Tenemos que convencer a otros hombres de la necesidad del cambio y mostrar a las mujeres que no les conviene confundir“empoderamiento”conla interiorización del modelo masculino, sin darse cuenta deque su relación con la masculinidad va más allá de sufrir los privilegios de los hombres: Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Thatcher, Condoleezza Rice o Angela Merkel nos muestran que ser mujeres no las vacunó contra el Patriarcado o el machismo.

“Feminizar” y “desmasculinizar” son dos caras de la misma moneda. La primera nos habla de lo que debemos incorporar: cuidados, empatía…; la segunda de lo que tenemos que abandonar: privilegios, agresividad, competitividad…

Leer más

La masculinidad a través de la expresión artística

Publicado el 21 Abril 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

El artista canadiense Andrew Salgado con residencia en Londres, interesado en la historia que hay detrás de cada persona, explora los conceptos de la masculinidad y la identidad a través de pinturas enérgicas, gestuales, emocionales, las cuales están compuestas de frotis -la extensión que se realiza sobre un portaobjetos de una muestra o cultivo con objeto de separar lo más posible los microorganismos para posteriormente ser observados bajo un microscopio- hábilmente colocados y goteos de pintura en aerosol. Logrando retratos psicológicos de personajes desgarrados por el dolor, la ansiedad y la frustración.

A los hombres se les ha inculcado que no deben llorar, no deben mostrar debilidad, en ellos no debe existir el lado sensible, pues son el género fuerte, el valiente, el que no se quiebra, pero ¿en verdad mostrando ser los rudos y no dejando expresar sus sentimientos, definen su masculinidad?

En términos generales lo que se entiende por la masculinidad es un cúmulo de atributos asociados al rol tradicional de la categoría varón, aquellas características que son imputadas al género, como lo son: la fuerza, la virilidad, el triunfo, la competencia, la seguridad, el no mostrar afectividad, que son resistentes, dominantes.

De manera que a lo largo de la historia hasta nuestros días, por lo menos en los países occidentales, los hombres, al igual que las mujeres, han sufrido una gran presión social para responder con comportamientos que se asocian a los roles asignados a su género.

La identidad masculina es algo que se construye con el aprendizaje y se nos ha enseñado que mientras más alejado se encuentre este concepto de la feminidad más masculino se considera.

 

 

Ver más

 

Leer más

No Nacemos Machos. Cinco ensayos para repensar el ser hombre en el patriarcado

Publicado el 18 Abril 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

 

El tema que nos reúne, la deconstrucción de nuestra masculinidad patriarcal, es en varios aspectos sensible, polémico y nulamente abordado en nuestros espacios. Es justamente por esta última razón que hemos decidido, no sin urgencia, iniciar la compilación de una serie de escritos que empiecen a abrir este debate largamente pospuesto. Sólo así, mirando hacia el nosotros, podremos construir una masculinidad otra, libre de opresión y violencia.

No somos ilusos, no esperamos que este texto triunfe en su difusión o discusión entre los compañeros, que es a quienes va dirigido. Numerosas veces nos hemos encontrado con situaciones nefastísimas que no hacen más que afirmar que es urgente trabajar en otras masculinidades. Sin embargo tampoco perdemos la esperanza de reconocernos con compañeros sensibles, comprometidos a un cambio y dispuestos a realizar esta mirada otra hacia el nosotros. Creemos que asumirnos como hombres y aceptar nuestra condición de privilegiados en la sociedad patriarcal es un primer paso que no puede esperar más tiempo en darse.

ÍNDICE:

PRESENTACIÓN: LA MIRADA HACIA EL NOSOTROS. 9/Guadalupe Rivera

DESEMPEÑAR LA MASCULINIDAD. 15/ Robert Kazandjian

LAS FEMINISTAS NO SON RESPONSABLES DE EDUCAR A LOS HOMBRES. 23/ Cecilia Winterfox

LA MASCULINIDAD ESTÁ MATANDO A LOS HOMBRES: LA CONSTRUCCIÓN DEL HOMBRE Y SU DESARRAIGO 31/ Kali Halloway

HOMBRES ¿FEMINISTAS? 47 / Javier Omar Ruiz Arroyave

CUATRO CONSEJOS DESDE LA TRINCHERA DE LOS ALIADOS FEMINISTAS.  53 / Andrew Hernann

Puedes descargarlo íntegramente en Software Libre:

 

Leer más

Decálogo de buen uso del lenguaje de género en el deporte

Publicado el 13 Abril 2017 en General |

Naiara Pérez de Villarreal en doce miradas. febrero 2017

Desde hace algunos meses ando enzarzada en un proyecto profesional relacionado con el mundo del deporte, y a medida que vamos profundizado en el desarrollo del mismo, me he topado de bruces con una realidad que intuía, pero de la que no tenía consciencia sobre su magnitud: la masculinización del lenguaje en el deporte.

Y es que la utilización que habitualmente se hace de este lenguaje está llena de estereotipos desde el punto de vista de género, resta méritos en los triunfos e invisibiliza en muchas ocasiones a las mujeres como consecuencia de los términos utilizados, remarcando la desigualdad en este ámbito.

No es la primera vez que denuncio la desigualdad entre mujeres y hombres en el deporte. Me estrené en este blog con el post  “Marca-das por la desigualdad en el deporte“ donde hice hincapié en el tratamiento desigual -y en ocasiones denigrante para la mujer- de la información de los medios de comunicación deportivos. Pero esta vez, aunque el tema de este post esté muy relacionado con la forma que tienen los medios de (in)visibilizar a las mujeres, intentaré darle un toque más constructivo, compartiendo conocimiento y aportando mi granito de arena.

Vamos a ello ;D

El modelo deportivo que tenemos en la actualidad, con muchos siglos de historia, fue construido por los hombres y para los hombres. Esta cuestión determina aún hoy el lenguaje utilizado en este ámbito, y en ocasiones, parece que hay interés por parte de ciertos sectores en perpetuarlo. La cultura deportiva femenina es más bien cosa del presente, y sobre todo, estoy convencida, del futuro.

Por otra parte, el lenguaje es un tema de vital importancia a la hora de producir cambios en la sociedad, ya que es el vehículo para el cambio en relación con los estereotipos de género asociados al deporte. Cambiar el lenguaje es cambiar la comunicación de la realidad y, ello puede modificar la percepción que tienen las personas, pudiendo llegar a lograr que la sociedad en general asuma estos cambios. No es casualidad que el lenguaje deportivo sea una de las dimensiones más importantes dentro de las políticas de Igualdad en el deporte, y un fuerte estandarte para lograr la igualdad efectiva entre mujeres y hombres en este ámbito.

A todas y todos nos suenan algunos estereotipos desde el punto de vista de género, con expresiones del tipo “corres como una nena”, “salta como un hombre” o “es muy fuerte para ser mujer”, o la utilización de términos en género masculino cuando también se incluyen mujeres, como “la asociación de entrenadores de baloncesto”, “los árbitros” o “los dirigentes del club”. Esto contribuye a potenciar el “efecto ocultador” de la presencia de las mujeres en el deporte.

Por ello, y con ánimo de aportar mi granito de arena en buscar la equidad con el hombre en la denominación de la mujer como sujeto deportivo, mencionaré mediante un decálogo algunas orientaciones para un uso no sexista en el lenguaje deportivo, tanto en el oral como en el escrito. Estos 10 consejos están basados en mi propia experiencia y sobre todo en las recomendaciones de la UNESCO y otros organismos europeos y de ámbito nacional.

Leer más

Leer más

El movimiento de hombres por la igualdad. Mirada ecofeminista

Publicado el 11 Abril 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

HOMBRES IGUALITARIOS  Revista Digital de AHIGE

Alicia H. Puleo

El movimiento de hombres igualitarios es una necesaria y bienvenida reacción a las injusticias sexistas. Pero no es sólo eso. Desde mi perspectiva ecofeminista, creo que puede realizar una inestimable contribución a la lucha contra estereotipos de virilidad y modelos androcéntricos relacionados con actitudes destructivas hacia la naturaleza.

Antes de entrar en esta cuestión, me gustaría hacer una breve referencia, en primer lugar, a lo que veo como algunos de los riesgos inherentes al movimiento y, en segundo lugar, a lo que considero como uno de sus aspectos más prometedores. Le acechará siempre el peligro de sucumbir a ciertas inercias patriarcales: desplazar a las mujeres de los espacios propios conquistados con gran esfuerzo; invisibilizar las raíces feministas en los estudios teóricos; y seguir obedeciendo la norma patriarcal que dicta (como observaba ese sociólogo pionero que fue Josep Vicent Marqués) que “ser varón es ser importante”. A este último respecto, un buen test de feminismo real es examinar, por ejemplo, en una conversación, si el hombre que se declara feminista sabe callar, escuchar y aprender (en una palabra, dialogar verdaderamente) como lo hace, por lo general, una mujer. Es decir, no estar concentrado, mientras la otra persona habla, en pensar qué va a decir para impactar. Esta sencilla observación podría ser un buen auto-test para evaluar el grado de internalización de los ideales de igualdad conseguido por cada miembro gracias a la pertenencia a este movimiento.

Entre los numerosos e incuestionables aspectos positivos del movimiento de hombres por la igualdad figura el apoyo que brinda a las demandas feministas, un apoyo que puede facilitar mucho el cambio social. Con esta acción de honestidad y justicia, se une a lo que he llamado, hace tiempo, “la genealogía de hombres por la igualdad”.

Sin embargo, posee algo aún más inédito. A mi juicio, su enorme riqueza y originalidad reside en la realización de un examen crítico y constructivo de la identidad masculina desde dentro. Y ahí es donde veo la conexión con los objetivos del ecofeminismo en una época caracterizada por el cambio climático antropogénico patente y acelerado, la desertización, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación ambiental… La profunda irracionalidad de la devastación medioambiental tiene causas tanto económicas como ideológicas. La globalización neoliberal revela la desmesura de un sistema económico que requiere crecer sin cesar para mantenerse. Toda consideración social o ecológica que implique alguna limitación del lucro es desestimada en nombre de la eficacia y la libertad. La publicidad se encarga de crear el tipo de individuos más convenientes para la aceleración del círculo de la producción y el consumo sirviéndose, a menudo, de estereotipos de género. La búsqueda del lucro como único objetivo propio de esta dinámica económica es una configuración moderna de los antiguos sesgos culturales del androcentrismo y del antropocentrismo extremo.

Androcentrismo es un concepto clave para la comprensión de la ideología patriarcal del dominio. El sesgo androcéntrico de la cultura proviene de la bipolarización histórica extrema de los papeles sociales de mujeres y hombres. En la organización patriarcal, la dureza y carencia de empatía del guerrero y del cazador se convirtieron en lo más valorado, mientras que las actitudes de afecto y compasión relacionadas con las tareas cotidianas del cuidado de la vida fueron asignadas exclusivamente a las mujeres y fuertemente devaluadas. En el mundo moderno capitalista, el antiguo deseo de poder patriarcal toma la forma de la búsqueda insaciable de dinero y el omnipresente discurso de la competitividad. Por esta razón, la crítica a los estereotipos masculinos y la propuesta de modelos alternativos son muy importantes para alcanzar una cultura ecológica y no violenta. Es hora de reconocer como valiosas las capacidades y actitudes de la empatía y del cuidado atento, enseñarlas desde la infancia a todos los seres humanos y aplicarlas no sólo a los individuos de nuestra especie, sino también a los ecosistemas y a los animales, hoy esclavizados y exterminados a una escala sin precedentes. En la causa de los animales subyace una ineludible redefinición de la masculinidad. Los varones que defienden a los animales no humanos son disidentes de lo que llamo orden patriarcal especista. Lo son, consciente o inconscientemente, al menos en ese aspecto.

Poder analizar la identidad de género desde la mediación del pensamiento crítico y del grupo de pares es una extraordinaria capacidad que augura excelentes resultados. En este momento histórico, el movimiento de hombres por la igualdad tiene mucho que aportar para que seamos iguales en un mundo sostenible.

Leer más

‘Los hombres me explican cosas’: del ‘mansplaining’ al asesinato en nueve ensayos

Publicado el 5 Abril 2017 en Feminismos, General, Los hombres ante la igualdad |

Ana Blé en Pikara magazine.

Rebeca Solnit muestra con su libro la pendiente resbaladiza que conecta los ejemplos cotidianos de paternalismo machista con la violencia sexual o el feminicidio.

‘Los hombres me explican cosas’ es una recopilación de nueve ensayos sobre la desigualdad de género y la violencia machista que fue publicado el año pasado en castellano por la editorial Capitán Swing y que tuvo mucha repercusión en prensa, hasta el punto de ser destacado como uno de los mejores libros sobre feminismo del 2016 en nuestro país. Y no pierde vigencia, aunque viene de atrás. Los textos son versiones editadas de trabajos previamente publicados por la autora, Rebecca Solnit (San Francisco, 1961), de los que se han suprimido estadísticas y citas para aligerar la lectura, pero que pueden consultarse en los originales disponibles en internet. El libro toma el título del primero de estos ensayos, que está basado en una experiencia personal de la propia autora y que no tiene desperdicio, aunque antes conviene saber que Rebecca Solnit es historiadora, activista, editora y colaboradora en distintos medios. Que ha escrito sobre ecología, derechos humanos, política y arte, entre otros muchos temas. Que también ha ganado premios y becas, y que en 2010 la revista Reader Magazine la nombró “una de las 25 visionarias que están cambiando el mundo”.

Rebeca Solnit cuenta cómo en una fiesta a la que fue con una amiga hace unos años conoció a un hombre que empezó a hablarle de un libro que ella misma había escrito, sin tener en cuenta que ella era la autora, aunque lo sabía, y que quizá tenía muchas más cosas que decir sobre el tema que él, que ni siquiera se lo había leído. Después de la fiesta, la autora y su amiga se echaron unas risas y el incidente pasó a ser una anécdota que rememoraban de vez en cuando, hasta que Rebecca Solnit decidió escribir sobre el asunto con el objetivo de que otras mujeres pudieran reconocerse en la misma situación. A raíz de aquel pequeño ensayo, que tuvo un éxito brutal y que desde entonces no ha parado de compartirse por las redes, se acuñó el término “mansplaining”: cuando un hombre explica algo a una mujer de manera condescendiente, asumiendo que sabe más que ella del tema. La situación se vuelve ridícula hasta el extremo cuando el hombre sabe poco y la mujer es experta, porque esta cuestión es irrelevante para la soberbia del hombre: él tiene que explicar algo y eso es lo único que cuenta. No fue Solnit quien inventó la palabra, pero el reconocimiento de que ese tipo de situaciones era bastante generalizada puso en evidencia que hacía falta ponerle un nombre.

Aunque Rebecca Solnit deja claro que no son todos los hombres los que se comportan de esta manera: “Sí, claro que hay personas de ambos géneros que aparecen de repente en cualquier evento para pontificar acerca de cosas irrelevantes y con teorías conspirativas, pero la total confianza en sí mismos que tienen para polemizar los totalmente ignorantes está, según mi experiencia, sesgada por el género. Los hombres me explican cosas a mí y a otras mujeres, independientemente de que sepan o no de qué están hablando. Algunos hombres”. Y argumenta por qué hay que darle a este tipo de situaciones la importancia que merecen: “Todas las mujeres saben de qué les estoy hablando. Es la arrogancia lo que lo hace difícil, en ocasiones, para cualquier mujer en cualquier campo; es la que mantiene a las mujeres alejadas de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; la que sumerge en el silencio a las mujeres jóvenes indicándoles, de la misma manera que lo hace el acoso callejero, que este no es su mundo. Es la que nos educa en la inseguridad y en la autolimitación de la misma manera que ejercita el infundado exceso de confianza de los hombres”

La gravedad de este asunto pasa a un segundo plano cuando llegan la violación y el asesinato, temas que aborda el siguiente ensayo, ‘La guerra más larga’, y que desgraciadamente están siempre de plena actualidad. “Constituyen un dique que algunos hombres construyen en sus intentos de controlar a algunas mujeres, y este miedo a la violencia machista limita a la mayor parte de las mujeres de tal manera que muchas de ellas se han acostumbrado tanto que apenas se dan cuenta de ello, y nosotros difícilmente lo identificamos”. Por supuesto que hay mujeres violentas, pero aquí también aparecen las estadísticas para dejar claro que los hombres lo son más. “Las mujeres entre los quince y los cuarenta y cuatro años tienen más posibilidades de morir o de ser lesionadas o desfiguradas debido a la violencia masculina que debido al cáncer, la malaria y los accidentes de tráfico juntos.”

Leer más

Leer más

Singularidad, queja y vindicación en las nuevas masculinidades

Publicado el 28 Marzo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

José Mª Lozano Estella. Revista Hombres igualitarios de Ahige.

María Pazos me recordó, a través de Celia Amorós, que el movimiento feminista se inicia cuando se pasó de la queja de las mujeres a sus vindicaciones, lo que se produjo con la primera ola del feminismo a finales del siglo XVIII, con la revolución francesa y la industrial. Esa concepción de inicio de un movimiento me hizo plantear cuándo podríamos datar el inicio del movimiento de hombres por una nueva masculinidad, un hecho que ha surgido por la toma de conciencia que nos ha generado el movimiento feminista. La revolución de la masculinidad es hija del movimiento feminista. Surgimos, por tanto, como cualquier ser humano del útero materno.

Pero todo inicio tiene un proceso de gestación. Por ello, como hombres, es importante conocer la prehistoria del movimiento feminista, ese tiempo previo a las reivindicaciones de la primera ola del feminismo, unas demandas que obedecían a unas prohibiciones y faltas de derechos que soportaban las mujeres. En esa prehistoria emergen dos aspectos cruciales; por un lado, la singularidad de mujeres que muestran una capacidad de actuación mas allá de los roles asignados por su condición de mujer; una demostración de cualidades equiparables a los hombres cuando es preciso por necesidades de cualquier tipo y, por otro lado, la queja de no valorar esas singularidades como motor de cambio, una queja por desvalorizar el papel atribuido a las mujeres, como una demanda evidente de conseguir una valoración e igualdad entre todos y todas

Las singularidades en la historia de las mujeres nos hablan de unos tiempos remotos (en cuanto a los inicios del movimiento feminista), donde las mujeres salían del papel que les había sido asignado socialmente para demostrar su valía en cualquier arte u oficio que las necesidades requerían. Nacen mujeres singulares, como nos señala Cristina de Pizan en su obra “La ciudad de las Damas”, como reinas, guerreras, literatas, poetas, científicas, gobernantas, santas, mártires, médicas y un largo etcétera. Mujeres singulares que emergen por distintos caminos para demostrar que no están limitadas ni incapacitadas para afrontar los mismos retos que los hombres.

Tantas singularidades inevitablemente darán paso a la queja, una queja que fue creciendo con los tiempos, una queja que inicialmente pide un reconocimiento a la valía de las mujeres, una queja que amplia su resonancia hasta llegar inevitablemente desde la no-escucha a la vindicación, porque ya no se puede sostener tanta incomprensión ni injusticia. Porque ellas desde su libertad, también reivindican el derecho a escoger su propio destino, a tener acceso a la cultura, al trabajo público, al reconocimiento de su potencial. En esos momentos, el feminismo emerge demandando derechos, cambios de leyes y una igualdad social y política.

Aún dos siglos después, esas reivindicaciones siguen presentes, los ecos de las singularidades y las quejas no sólo no se extinguen, sino que van creciendo por las vías abiertas de los cambios, haciendo que la queja vaya subiendo de grado, dando más credibilidad a la injusticia de las realidades desigualitarias, posibilitando cambios en las leyes, las políticas y en la sociedad. Un proceso que, sin embargo, avanza muy lentamente, porque existe un muro o techo de cristal que se opone. Una oposición gestionada por hombres, una negación por nuestra parte para derribar la separación de los espacios públicos y privados-domésticos, una resistencia para que cualquier lugar o espacio sea ocupado sin mirada de géneros, ni asignaciones por sexos.

¿Derechos de los hombres?

El movimiento de hombres debe observar esa prehistoria de singularidades del feminismo, para poder acceder a las reivindicaciones, porque no se trata tan solo de apoyar las justas demandas surgidas del feminismo, sino que también debemos vindicar nuestros derechos. La pregunta por consiguiente es: ¿Cuáles son esos derechos? Porque desde nuestra cómoda posición de poder podría parecer que no tengamos más lucha que la condescendencia en que las mujeres también se puedan encontrar en esa cima del poder. De hecho es una forma de igualdad. ¿Pero qué perdemos con ello, qué vindicaciones propias debemos hacer?

Leer completa

Leer más

La mística de las nuevas paternidades

Publicado el 22 Marzo 2017 en Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Octavio Salazar 11-03-2017.

Soy padre de un hijo adolescente y no creo que exagere si afirmo que esta es una de las aventuras más complejas que he tenido que asumir en mi vida. A falta de libro de instrucciones, y nadando permanentemente en un mar de dudas e inseguridades, intento no naufragar en exceso y asumir todo el proceso como un aprendizaje del que, no solo él, sino también yo salgamos más empoderados. Lo cual no quiere decir que nos convirtamos en hombres heroicos e imbatibles sino más bien todo lo contrario, es decir, en individuos que hayamos aprendido que la vulnerabilidad y la necesidad del otro/la otra es lo que otorga fortaleza ética a nuestra existencia.

Este hondo compromiso me ha regalado algunos de los mejores momentos de mis últimos 15 años, pero también me ha restado tiempo y energías, por lo que no siempre ha sido ese estado ideal que ahora me meten por los ojos en blogs y redes sociales. He intentado, e intento, ser un buen padre, o sea, un padre dubitativo, generoso y cómplice que no amigo de mi hijo, pero eso no me ha llevado a uno de esos paraísos que parecen sacados de un anuncio y en los que la paternidad se nos vende como si fuera la única vía posible para la felicidad. Al contrario, yo en muchos instantes me he sentido con ganas de tirar la toalla, me he arrepentido de parte de las decisiones de vida y hasta he soñado con dimitir de mi función. Y, por supuesto, he seguido construyendo otras muchas facetas de mi vida que me generan satisfacciones, que multiplican mis energías y que me ayudan a crecer como el hombre de coraje y ternura que un día me propuse ser. Todas ellas tan relevantes como mi paternidad porque sin ellas estoy seguro que mi hijo no tendría cerca al aprendiz de casi todo que continuo siendo. Todo esto, además, me ha permitido comprobar de primera mano que ser padre es un deseo no un derecho.

 Por todo ello siento de entrada tanta desconfianza hacia todo ese movimiento, que no sé si no pasa de ser una moda o, en el peor de los casos, una manera de revestir de manera políticamente correcta un neomachismo soft, que insiste en mostrarnos una imagen brillante de nuevos padres, la cual parece ser, para algunos, el primer paso hacia la construcción de masculinidades mucho más igualitarias y empáticas. Es cierto que esa dimensión de lo privado es casi la única en la que muchos hombres hemos empezado a compartir responsabilidades y a asumirlo como un espacio que nos permite desarrollar habilidades y capacidades que durante siglos pensamos que eran propias de mujeres.
 No seré yo quien dude de esos padres tiernos que cada vez veo con más frecuencia en los parques o de esos hombres con cochecito que generan una expectación por donde pasan digna de la portada de la revista para mujeres más “exigente”. Sin embargo, y como hace ya tiempo que asumí eso de que el feminismo es una permanente “filosofía de la sospecha”, no dejo de preguntarme si detrás de esa fachada hay o no una auténtica transformación, y no solo de ellos, sino sobre todo de las relaciones de género, o sea, de poder, que siguen dando forma al sistema sexo/género. Me gustaría saber cómo es el reparto de autoridad en su ámbito familiar, o cómo esos padres amorosos actúan en sus entornos laborales o si perpetúan las fratrías viriles de siempre aunque hayan cambiado los escenarios.
Leer más
Leer más

¡Feliz día del padre feminista! (y los 364 días que quedan para demostrarlo)

Publicado el 20 Marzo 2017 en Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Ritxar Bacete. El país 19 marzo 2017

En muchos lugares del mundo, el 19 de marzo se celebra el día del padre. ¡Qué bueno! Más allá de celebrar la vida, las relaciones, reconocer a nuestros ancestros o aumentar las ventas de taladros, zapatos o perfumes de determinadas empresas, es una ocasión extraordinaria para hacer una revisión crítica de las paternidades y el papel que tenemos los hombres en los cuidados, en clave feminista.

Todas las estadísticas constatan que implicación de los padres en los trabajos reproductivos y de cuidados sigue siendo dolorosamente desigual. Y aunque la tendencia hacia posiciones y prácticas más igualitarias ha ido en un lento pero paulatino aumento en las últimas décadas, es especialmente visible en el escaso número de padres que reducen su jornada o se acogen a excedencias para cuidar (menos del 7%). Es por eso que el Día del Padre, más allá de la celebración, debería convertirse en una fecha para la reflexión sobre las relaciones de género que establecemos los hombres con las mujeres con las que compartimos la vida, y el compromiso con el cambio hacia actitudes y prácticas más igualitarias. O lo que es lo mismo, reivindicar en clave igualitaria aquello que vamos a hacer los 364 días restantes.

En el mensaje de Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, nos recordaba que demasiadas mujeres y niñas de todo el mundo dedican un número excesivo de horas a las responsabilidades del hogar. Habitualmente destinan a los trabajos reproductivos y de cuidado más del doble de tiempo que los hombres y niños. Esta división desigual del trabajo no remunerado, fundamental para que la vida sea posible, está directamente relacionada con la limitación de las posibilidades de empoderamiento y empleo de las mujeres y niñas.

Aproximadamente el 80% de los hombres serán padres biológicos en algún momento de sus vidas y prácticamente todos los hombres tenemos alguna interacción socializadora con las niñas y los niños. Como nos recuerda Silvia Nanclares, las opciones de las personas que optan por el “extincionismo” son tan legítimas como las de quienes hemos decidido reproducirnos. Pero para que la vida siga, los padres importan e impactan. Lector, lectora, os invito a que reflexionemos unos segundos sobre nuestro padre, y pensemos y sintamos cómo influyó, el padre que tuvimos (o el que se ausentó), el tipo de relación que estableció con nosotras, en lo que hoy somos y hacemos. (Vaya de paso mi pequeño homenaje al mío, un buen hombre, un buen padre).

Sean padres biológicos, padrastros, padres adoptivos o sustitutos o tutores; sean hermanos, tíos o abuelos; sean parte de una relación de pareja del mismo sexo o del sexo opuesto; y vivan o no con sus hijos, la participación de los hombres en el cuidado diario de otros tiene una influencia duradera en las vidas de las niñas, los niños, las mujeres y los hombres, así como un impacto permanente en el mundo que los rode

leer más

Leer más