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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

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Trump y los hombres “equi-equi”

Publicado el 6 septiembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia.

TRUMP Y LOS HOMBRES “EQUI-EQUI” (Machistas de Playa -V-)

La genėtica lo tiene claro, los hombres son XY y las mujeres XX, sin embargo la cultura es capaz de revolucionar las referencias de la biología para, en una especie de mutación social, crear los “hombres equi-equi”.

Son los hombres equidistantes, hombres creados por el machismo para que defiendan sus valores e ideas intentando confundir al resto de la sociedad con el objeto de que no se posicione a favor de la Igualdad y, por tanto, en contra de sus intereses.

Es parte de la estrategia de quienes ocupan posiciones de poder, pues para conseguirlo necesitan contar con el contexto de la normalidad y la credibilidad en sus palabras. Lo hemos visto estos días pasados en Donald Trump cuando, al condenar el ataque neonazi  ocurrido en Charlottesville, mantuvo una equidistancia entre el agresor y su ideología fascista y los manifestantes progresistas atacados. La situación ha sido tan descarada y trascendente que las críticas surgidas a su actitud desde todos los frentes, algo habitual cuando se justifica la violencia que amenaza al conjunto de la sociedad, como suele ocurrir con el neonazismo, lo han obligado a rectificar y a condenar el atentado.

Lo que el machismo hace cada día es algo similar. Los machistas “equi-equi” lanzan siempre que pueden mensajes que equiparan la violencia que sufren las mujeres con las violencias dirigidas contra los niños, los ancianos, los hombres… atendiendo al resultando, pero ocultando las circunstancias y su significado; y luego justifican la violencia de género con argumentos que hablan de que se trata de algo “ocasional”, de unos pocos “hombres malos”, de casos “individuales” relacionados con el “alcohol, las drogas o los problemas mentales”… Cualquier razón es buena para ocultar la violencia de género entre las otras violencias, y así conseguir que no haya posicionamiento crítico frente a ella y que esa normalidad cómplice que crea la cultura no se vea alterada. Y en esa estrategia la equidistancia resulta especialmente útil al transmitir la idea de que importan “todas las violencias”, no sólo una, como intentan hacer creer para presentar al feminismo y la Igualdad como planteamientos egoístas sólo a favor de las mujeres y, en consecuencia, en contra de los hombres.

Y mientras cuenten con la complicidad de lo normal conseguirán que esa equidistancia sea distancia frente a la violencia de género, y proximidad contra el resto de las violencias, puesto que nadie las justifica, ni minimiza, ni tampoco habla de “agresores malos, borrachos, drogadictos, locos…” en esas otras violencias, algo que, como hemos comentado, sí sucede con la violencia dirigida contra las mujeres. Sin esa equidistancia falsa no sería posible que una violencia que ocasiona el 20% de los homicidios anuales en España, y que los produce en “dulces hogares”, fuera de cualquier escenario de delincuencia y criminalidad, sólo sea considerada como problema grave por el 1’4% de la población (CIS, julio 2017). Y eso es lo que ocurre con los 60 hombres que asesinan a sus mujeres desde la normalidad, hasta el punto que el 75-80% de ellas han vivido esa violencia hasta el asesinato sin llegarla a denunciar.

Una equidistancia tan falsa que mientras que no se cuestiona ninguna de las leyes ni medidas dirigidas a combatir el resto de las violencias, ni a sus agresores se les considera víctimas de ellas, la Ley Integral contra la Violencia de Género es atacada sistemáticamente desde la sociedad y algunos foros de la propia administración de justicia, y los hombres (todos) son presentados como víctimas de esa norma.

Esta situación es el resultado de esa aparente equidistancia de los “hombres equi-equi”, una posición nada casual ni accidental, sino una meditada estrategia del posmachismo para potenciar la confusión y con ella la pasividad. Por eso no piden medidas contra las otras violencias, sólo que se quiten las que ya se han establecido para avanzar en la erradicación de la violencia de género. Todo como parte de una manipulación tan burda, y al mismo tiempo creíble por contar con la autoridad de su palabra, que la propia violencia machista que ellos ejercen se presenta como fracaso de las leyes y recursos desarrollados para acabar con ella bajo el mensaje de “siguen matándolas”, como si la promulgación de leyes supusiera un cambio en la mentalidad y en la cultura que da lugar a ella.

 

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Necesitamos poner fin a la invisibilidad intersex en las comunidades queer.

Publicado el 4 septiembre 2018 en General |

Por Hann Lindahl. Traducción: Laura Inter del artículo “We Need to End Intersex Erasure in Queer Communities” de Hann Linda Fuente: https://www.them.us/story/intersex-allyship-101

“Desesperadamente necesitamos un lugar en los espacios queer para sanar y para autoidentificarnos”.

ER DE GREY

La mutilación genital y las clitorectomías infantiles tienen lugar en los 50 estados [que conforman EUA]. Estos procedimientos son realizados diariamente en niñxs intersexuales, quienes nacen con características sexuales que rompen la comprensión social del sexo como algo binario. Algunxs de nosotrxs nacemos con genitales sanos y funcionales, pero un urólogo los puede querer “corregir”, debido a que tienen una apariencia fuera de la “típicamente masculina” o “típicamente femenina”. Otrxs cuentan con diferencias cromosómicas, gonadales u hormonales que aparecen más adelante durante la vida. Hay muchas formas de ser intersexual, pero a todxs nos unen los peligros que enfrentamos: Haber nacido intersexual es experimentar violencia a manos de un sistema médico que tiene la determinación de borrarte, cortando literalmente tus partes intersexuales por el bien de la “normalidad”.

Aunque no todas las personas intersexuales se identifican con la comunidad LGBTQ+ tan solo por contar con un status intersexual, la “I” ha comenzado a aparecer en el acrónimo LGBTQ+. Para algunxs de nosotrxs, la proximidad al acrónimo es una cuestión de seguridad. Cuando lidiamos con miembros de nuestra familia que son conservadores, con gobiernos conservadores, y con doctores que fuerzan nuestros cuerpos dentro de la heteronormatividad, a veces es necesario tomar distancia. Sin embargo, nuestra lucha con la vergüenza y el secreto por ser una minoría sexual, nos dice que las comunidades intersexuales y LGBTQ+ tienen cosas en común. El 75% de los miembros actuales de interACT Youthel único centro nacional (EUA) para jóvenes activistas intersexuales – además de ser intersexuales, se identifican como LGBTQ+.

La pregunta es: ¿Están los espacios queer listos para nosotrxs? Soy una persona queer no binaria e intersexual, y aún busco el lugar al que pertenezco. Existo en un área gris, en algún lugar entre lo cis y lo trans, el cual aún no sé cómo nombrar o navegar. Incluso viviendo en San Francisco, muchas de mis interacciones en espacios queer o trans no intersex, han sido decepcionantes, aisladas, o peor aún, fetichistas. Las historias intersex son poco conocidas en muchos espacios queer. Y cuando lo son, nos arriesgamos a que nuestras identidades sean acaparadas.

Los espacios queer son maravillosos, así como reconocidos por la empatía y apertura emocional de sus miembros. He tenido muchas experiencias positivas, pero la ignorancia lastima. Nunca olvidaré mi primer festival queer, cuando una persona no binaria se me acercó y me dijo: “¡Oh! ¿eres intersexual? Ese es mi argumento favorito”.

Claro, a muchxs de nosotrxs nos encanta destruir los binarios, pero las personas intersexuales no existen para ser argumentos. Ya tenemos suficiente luchando por nuestros propios derechos humanos básicos. No estamos aquí para validar la identidad de alguien. ¡Eres válido con o sin nosotrxs!

En otro evento, escuché por casualidad a una persona trans no binaria diciendo que desearía tener “genitales ambiguos” como en el libro Middlesex, que fue escrito por un hombre cis no intersexual y sin la participación de la comunidad intersex. Este comentario duele. Muchas personas que nacieron con tales diferencias genitales enfrentan trastornos de estrés post traumático, violencia sexual, cicatrices, inhabilidad para tener orgasmos, e infertilidad forzada, todo a manos de la industria médica.

Las personas intersexuales, en especial quienes tenemos traumas relacionados a los tratamientos de normalización forzados, sufrimos de ansiedad. ¿Están nuestros compañeros queer listos para nuestros cuerpos y los traumas que conllevan? Las preguntas y comentarios que nos mantienen despiertos por la noche usualmente provienen de personas en nuestras comunidades queer. Mis amigxs y mis compañerxs activistas intersexuales, lo han escuchado todo.

¿Puedes ser realmente lesbiana si eres intersexual?

Eres intersexual y no binario, así que tu cuerpo coincide con lo que te sientes, así que eres cisgénero.

Necesitas hacer una advertencia sobre “horror corporal”, antes de hablar sobre tu cuerpo.

¿Eres masculino, no binario y tienes pechos? ¿Cómo es que podrías tener una cita romántica?

La industria médica nos dice que somos nuestro diagnóstico; que nuestros cuerpos necesitan ser alterados. La sociedad nos dice que nuestros cuerpos no son nuestros. Muchos de nosotrxs nos preguntamos: ¿Con quien podría tener una cita romántica? ¿Quién me amará? Desesperadamente necesitamos un lugar en los espacios queer para sanar y para autoidentificarnos.

Las comunidades intersex, trans y queer, pudieran ser mejores aliadas. Tenemos mucho en común, y mucho que aprender unxs de otrxs. Las personas gay, lesbianas y trans, históricamente han sido patologizadas como trastornos mentales por la industria de la salud. La intersexualidad es patologizada como un trastorno físico. Enfrentamos dos caras de la misma moneda.

En el caso de las comunidades intersex y trans, los médicos han creado una brecha entre nosotrxs. Lxs niñxs intersexuales son sometidxs a la “normalización” no consensual de sus características sexuales, mientras que las personas trans adultas tienen que luchar con uñas y dientes para acceder a los procedimientos de afirmación de género que si consienten y desean.

De manera inquietante, la World Professional Association for Transgender Health (WPATH), sugiere eliminar los periodos de espera y los requisitos si la persona que está siendo tratada por disforia de género es intersexual. ¿Su razón? “La cirugía genital [para personas intersexuales] es bastante común en la infancia y adolescencia”.

“Si hubiéramos detectado ‘el problema’, no te hubieras convertido en transgénero”, dijeron los doctores a Dominic Luke Wolf, una persona queer, intersexual, trans y no binaria, en referencia a sus características intersexuales.

Las personas transfóbicas a menudo privilegian el estatus intersexual para acceder a los tratamientos de afirmación de género, así que no es de extrañar que varios de mis amigos trans no intersexuales me hayan dicho que “desearían ser intersexuales”. Muchos grupos intersex reciben consultas de personas trans no intersexuales que esperan descubrir que son intersexuales para obtener acceso a los tratamientos que necesitan. Por otro lado, la transfobia se muestra de maneras horribles en la comunidad intersexual. Algunas personas utilizan sus características físicas como argumentos para afirmar que son más “validas”. Todo esto rompe mi corazón, porque todxs somos validxs, y todxs merecemos autonomía corporal.

Es hora de acabar con el esencialismo biológico – por el bien de todxs.

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EZ beti da EZ/ No siempre es NO.

Publicado el 2 agosto 2018 en General |

EZ beti da EZ/ No siempre es NO.

Disfrutemos del verano y de las fiestas con respeto, en positivo, sin agresiones sexuales ni actitudes machistas.

BBJarreradun abestiak. Musika eremuan ari diren emakume apurtzaileak. Kultura matxistari kasurik egin ez eta gorputzen, sexualitatearen, harreman ereduen… inguruko betiko topikoak hautsi eta mezu alternatiboak dituztenak.

Canciones con ActitudBB.

https://open.spotify.com/user/beldurbarik/playlist/5nOPQl8ZNgz49sk4OynV6a

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Repensar la masculinidad para conseguir la igualdad en lo rural

Publicado el 25 julio 2018 en Los hombres ante la igualdad |

Luis González de Canales Almanatura

Sólo cuando los hombres se planteen su forma de estar en el mundo, podremos llegar a una igualdad real.

Al igual que la fibra óptica, la igualdad y su consecuente rotura de estereotipos de género, está tardando en llegar a las zonas rurales. Aunque esté comparando estas dos realidades, evidentemente no lo hago más que como un pequeño chascarrillo, ya que sin lo primero podemos vivir perfectamente en los pueblos, quizá con una calidad de comunicaciones baja, pero se puede; en cambio, lo segundo supone un derecho humano. Un derecho que aún hoy se niega a la mitad de la población.

Como he manifestado en repetidas ocasiones desde este blog al hablar de feminismo y desarrollo rural, así como de la necesaria unión de la ruralidad y el feminismo para el desarrollo de los pueblos, nunca he llegado a hacer mención de la otra parte importante de la población, aquella que sustenta el patriarcado y que, gracias a él, mantiene sus privilegios. Porque si lectores, habéis leído bien, aunque sea difícil reconocerlo para aquellos hombres que aún no se ha acercado un poco al movimiento feminista, tenemos privilegios.

Es cierto que hoy en día es difícil encontrarnos con hombres que renieguen explícitamente de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, también es cierto que podemos fácilmente dar con numerosos detractores del feminismo pues, a pesar de ser básicamente lo mismo, parece que las connotaciones que a la palabra “F” se le adscriben, hacen sentir incómodo a más de uno. Igualmente, quiero remarcar como aspecto positivo la importancia que está adquiriendo la igualdad como un derecho en el ideario colectivo, así como los avances que se están consiguiendo en igualdad a nivel social gracias a la lucha de las compañeras mujeres, como por ejemplo ese multitudinario apoyo que el 8M de este 2018 ha conseguido. Pero ya va siendo hora de que los hombres asumamos nuestro papel, y utilicemos nuestra situación privilegiada para apoyar la causa.

Sin menospreciar el trabajo de las mujeres, los hombres también tenemos una tarea muy importante, pero a la vez muy difícil: repensar nuestra masculinidad. Como todo cambio social importante, el comienzo siempre ha sido personal, ya que creo que hace falta revolucionarnos por dentro y creer en nuestra capacidad de cambio, para poder comenzar una revolución social, y este tiene que ser nuestro papel como hombres en la lucha por la igualdad.

Esta toma de conciencia personal, debe además estar acompañada con una revisión de los modelos de construir nuestra masculinidad, facilitando así que, sobre todo, las nuevas generaciones, puedan sumarse al cambio más eficazmente.

Imagino que a estas alturas os estaréis preguntando porqué vengo a hablaros de masculinidad en un blog desde el que luchamos por mantener vivos los pueblos, pero tiene una respuesta muy sencilla. Como comentaba al principio, en lo rural parece que todo tarda siempre mucho más en llegar, por lo que es necesario comenzar el tirón de orejas al hombre rural, para poder conseguir pueblos mucho más justos e igualitarios. Además, como he argumentado en todos los post que he escrito sobre feminismo, el arraigo de la tradición en el rural, es mucho más fuerte que en las ciudades, y la forma de ser “hombre” (al igual que la de ser “mujer”) forma parte de esa tradición, encontrándonos más en los pueblos que en la ciudad, con esa forma más tóxica y arcaica de masculinidad.

A esto, habría que sumar el hecho de que, en el caso de la despoblación, las mujeres son las primeras que se van de los pueblos, y más aún cuanto más pequeño es el municipio. Si lo pensamos, es lógico, por el simple hecho de ser mujer, la carga de los cuidados y la falta de corresponsabilidad, hace muy difícil un desarrollo personal y profesional, lo que provoca que quede relegada a las tareas que tradicionalmente se le atañen. Para evitar esto, los hombres hemos de entrar en acción, tenemos que replantear nuestra forma de estar en el mundo, porque la emancipación de la mujer no llegará a ser una realidad, hasta que seamos responsables y asumamos nuestra parte.

Cómo los hombres pueden ayudar a la emancipación de la mujer rural

Se que lo que estoy pidiendo hoy es difícil. Pero para facilitar un poco la labor, describiré pequeñas acciones que podemos aplicar en nuestro día a día, que no sólo nos ayudará a plantearnos un poco nuestra forma de estar en el mundo, sino que además pondremos nuestro granito de arena para que se fortalezca todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

  • Piensa y plantéate tu lugar. Quizá lo más importante de todo, intenta analizar los privilegios que tienes por el mero hecho de ser hombre, y súmate a una lucha por la igualdad verdadera.

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Los hombres que ejercen violencia no son enfermos

Publicado el 21 julio 2018 en General, Violencia machista |

 

| Foto: Mariana Greif

18 de julio de 2018 | Escribe: Belén Riguetti 

Heinrich Geldschläger, psicólogo especializado en violencia de género e intervención con varones.

Heinrich Geldschläger empezó a vincularse con una ONG que trabajaba con varones agresores en Barcelona en el año 2000. Por ese entonces comenzó una relación con una mujer feminista que lo motivó a pensar qué significa ser hombre, tanto a nivel personal como laboral.

Geldschläger es psicólogo y psicoterapeuta. En 2011 fundó, junto a otros especialistas, la Asociación Conexus: atención, formación e investigación psicosociales, una organización que tiene como objetivo promover la mejora de las relaciones afectivas y familiares, la erradicación de la violencia y la promoción de estilos de vida saludables e igualitarios.

La semana pasada visitó Uruguay para participar en el curso “Atención a varones que ejercen violencia a mujeres que son o fueron sus parejas”. También se reunió con el Consejo Consultivo por una Vida Libre de Violencia de Género hacia las Mujeres y brindó una conferencia. Las actividades fueron organizadas por Inmujeres, en el marco de un proyecto de Eurosocial, y contó con el apoyo del Centro de Formación de Cooperación Española.

Geldschläger asegura que si bien hay personas que llaman “tratamiento” a los programas que trabajan con hombres que ejercen violencia, él prefiere denominarlos “intervenciones”. “Hay quienes no están cómodos con el término ‘tratamiento’ porque implica una enfermedad y evidentemente [la violencia] no lo es”, dijo a la diaria. “Nosotros hablamos de intervención psicosocial, porque en el trabajo que hacemos hay una parte de transformación personal y emocional, que podríamos llamar terapéutico, pero siempre va acompañado de una reflexión sobre las ideologías y las desigualdades, a un nivel que implique el cuerpo, la emocionalidad y la identidad de cada hombre”.

En Uruguay la tasa de femicidios es alta. ¿Hay algún estudio que explique el porqué de estos asesinatos?

Hay algunas hipótesis, ninguna del todo confirmada. Probablemente muchos de los casos respondan a la idea “si no es mía, no es de nadie”. No está muy claro si la idea primero es matarla a ella y luego suicidarse para no tener que enfrentar las consecuencias, o si la decisión es suicidarse y de paso matar a “la culpable de todos sus males”.

¿Cuál es la ideología, consciente o inconsciente, que tienen estos hombres?

Que las mujeres están a nuestra disposición y tienen que cumplir con ciertas obligaciones y prestarnos ciertos servicios, domésticos, sexuales, emocionales; si no los cumplen, tenemos el derecho a castigarlas. Esto suena muy crudo, pero analizando las actitudes de violencia esa idea está detrás.

Todavía hay personas que siguen preguntando qué hace la mujer para que la agredan.

Ser mujer. La idea de la provocación y de “algo habrá hecho” está muy extendida.

También se dice que son personas enfermas.

Por los estudios que hay no podemos afirmar que los hombres que ejercen violencia son enfermos. Puede haber cierta tendencia a algunos trastornos, pero insisto: son dos problemas, uno puede ser una depresión y otro la violencia.

En España hay varios tipos de programas, algunos para personas judicializadas y otros para los que no tienen procesos.

Hay programas para hombres que están encarcelados. Se les ofrece la posibilidad de hacer un trabajo para poder rehabilitarse y no reincidir cuando recuperen la libertad. En España, las personas que por primera vez tienen una medida privativa de libertad –de menos de dos años– pueden llegar a cambiar su pena por una medida alternativa –que siempre incluye una orden de protección o alejamiento, a veces con tobillera– y la participación obligatoria en un programa para varones. Luego, en Europa, según la legislación, hay diferentes maneras de trabajar con hombres que no están en la cárcel.

¿Con qué disposición llegan los hombre a las instancias voluntarias?

Hay mucha variedad. El caso ideal, pero el menos frecuente, es el que realmente reflexionó y se dio cuenta de que tiene un problema y tiene una motivación para cambiar. A veces son hombres que han sufrido violencia en sus familias. Dicen que se juraron que nunca harían lo que les hizo su padre, pero después lo repiten. Son los menos, en nuestro programa rondan entre 10% y 15%. En las cárceles en España los hombres no están obligados a participar, pero las instituciones están obligadas, por ley, a ofrecer un programa.

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ALIADOS: HOMBRES POR LA IGUALDAD

Publicado el 17 julio 2018 en Los hombres ante la igualdad |

Fotos: Inaki Preysler

13/07/2018 • Paka Diaz.Mujeres a seguir.

EL LARGO Y AZAROSO VIAJE DE LOS HOMBRES FEMINISTAS

El 2018 pasará a los anales como el año de la mujer, sin que ninguna agencia oficial haya tenido que certificarlo. El 8 de marzo España vivió una explosión en las calles, a las que las mujeres volvieron a salir tras conocerse la sentencia de La Manada con un grito que se traducía en un hashtag: #YoSíTeCreo. Junto a ellas, como compañeros de lucha y sin reclamar el protagonismo, hombres que han decidido dar un paso adelante para clamar contra la desigualdad. La periodista y feminista Nuria Coronado ha dejado constancia de este movimiento en su libro Hombres por la igualdad, en el que entrevista a dieciséis aliados del feminismo como el profesor de Derecho Constitucional Octavio Salazar, el escritor Roy Galán, o el abogado León Fernando Del Canto. “Me sorprendió la necesidad que tenían de feminismo sin haber sido conscientes. Todos llegan a él por una necesidad vital, porque veían que sin él iban mal como seres humanos. El machismo también les ha negado ser quienes deseaban”, explica la autora, que reconoce que “necesitamos hombres feministas que entiendan que esto no va de capar a nadie, sino de ser más felices, sensibles y democráticos. Las mujeres llevamos una gran carga, que haya una persona a tu lado que te ayude y te entienda es fundamental”. Aunque es cauta, Coronado aprecia cierto cambio. “En la presentación de mi libro había desde ‘millennials’ hasta hombres de más de 50. Cada vez más entienden que los eventos feministas están abiertos a todo el mundo. Y en las manifestaciones, igual. Me parece buenísimo”. Además de invitarles a unirse a la lucha, les recomienda “que escuchen y aprendan. Callar es un paso adelante en el feminismo masculino porque siempre han estado hablando. Pero eso no significa apartarles, ojalá se sumen cada día más”.

El compromiso masculino por la igualdad ha sido un camino largo y complejo. Las primeras voces de hombres contra el sexismo comenzaron a escucharse tímidamente con cada ola feminista, pero no fue hasta los años setenta cuando en los países nórdicos comenzaron a organizarse en grupos y se iniciaron estudios de género propios. Este movimiento condujo a que, a finales de los ochenta, en Estados Unidos comenzara a reivindicarse la figura de un nuevo hombre, perfecto para el marketing pero que en realidad tenía poco de transformador. El feminismo lo advirtió: no se trata de maquillar la masculinidad, es necesario que el hombre se una a la lucha por la igualdad pero, para ello, debe renunciar a sus privilegios.

La escritora y activista feminista Bell Hooks plantea en su libro The will to change: men, masculinity and love (La voluntad de cambiar: hombres, masculinidad y amor) que “aprender a usar una máscara es la primera lección de masculinidad patriarcal que aprende un niño. Aprende que sus sentimientos centrales no se pueden expresar si no se ajustan a los comportamientos aceptables que el sexismo define como masculinos”. Con frases lapidarias como ‘los niños no lloran’, a los menores se les enseña a renunciar a su lado emocional para realizarse en el ideal patriarcal, recompensándoles cuando lo hacen. Esta castración cultural conlleva, según el terapeuta John Bradshaw, un malestar inherente: “La sensación de haber hecho algo mal, algo que realmente no sé qué es pero que me conduce a una sensación de total desesperanza”. Se trata de la trampa que el patriarcado reserva para los hombres. Cumplir el mandato machista supone alcanzar una serie de privilegios por el mero hecho de ser hombre. Romper con ello supone una liberación pero conlleva perderlos. Hacerlo no es fácil.

“El machismo es una cultura metida en cada pliegue de nuestra piel. Resituarte negando esos privilegios y, como dice Miguel Lorente, ser un ‘traidor’ a los tuyos tiene un coste”, explica Octavio Salazar, catedrático y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba, y miembro de la Red de Hombres por la Igualdad. Quienes lo hacen se colocan además en el punto de mira del neomachismo: comentarios homófobos, insultos sexistas, etcétera. “En las redes sociales hay una contestación inmediata de sectores de hombres muy organizados que están a la defensiva y te consideran un traidor. Yo no entro en diálogo con ellos porque no merece la pena. Son muy reaccionarios, atacan a las feministas y, de paso, a nosotros”, denuncia Salazar, “pero es importante que los hombres nos saquemos los colores, señalemos al compañero machista y tomemos partido. El silencio cómodo nos convierte en cómplices del machismo. Hay que perder el miedo y salir del armario feminista… Simplemente poner un tuit cuando haya un asesinato machista y empezar a ser un aliado”. Eso sí, es conveniente saber quiénes están comprometidos de verdad. Las redes esconden también a falsos aliados que pueden hacer mucho daño. Ana Bernal-Triviño, periodista y profesora en la Universitat Oberta de Catalunya experta en comunicación digital, advierte: “Por mi trabajo investigo el uso de las redes sociales y he analizado a periodistas que se presentaban como aliados pero luego decían que el #MeToo era una caza de brujas. Muchos se aprovechan del mensaje feminista, pero después ejercen el machismo desde el lenguaje o, en privado, incluso demandan vídeos pornográficos a compañeras. Lo sabemos porque nos comunicamos. Las mujeres hemos reforzado la sororidad. Cada vez es más difícil que nos engañen porque nos avisamos… y nos creemos”. Por eso, antes de empezar a tuitear, Bernal-Triviño considera que la verdadera revolución del hombre debería ser privada y de profunda autocrítica. Como en el caso de las mujeres, que “también hemos sido educadas para el machismo y estamos en ese proceso de deconstrucción”. Un consejo: dejar de estigmatizar el feminismo y entender que si se sienten comprometidos con los derechos humanos, los de la mujer lo son. “Si reconoces la Constitución española, has de ser consciente de que tenemos una asignatura pendiente con los derechos de la mujer, en todos sus frentes. Les pediría que dejen de blanquear el machismo”, concluye.

Para el escritor Roy Galán, autor de Irrepetible y La ternura, “si renuncias a ser feminista probablemente estés renunciando a algo muy cercano a la humanidad. Los hombres feministas somos aliados de la lucha y tenemos que deconstruir nuestra masculinidad para ayudar a que las cosas cambien”. Hace unos meses, Galán pidió públicamente a los hombres que cedieran sus privilegios, dieran un paso atrás y dejaran a las mujeres delante. “La respuesta mayoritaria fue que se sintieron atacados y negaron sus privilegios. Hay quien ante la simple afirmación de que por ser hombres nunca hemos tenido miedo al regresar solos a casa de noche, miedo a ser agredidos sexualmente, se defienden diciendo que ellos también. Y eso no es verdad. La cuestión es cómo hacerles entender que esto no es un ‘y yo más’”. Del mismo modo, Víctor M. Sánchez López empezó a cuestionarse su comportamiento. “Cuando te planteas cómo ha sido tu relación con las mujeres (no solo en el ámbito de la pareja) es inevitable encontrarte de frente con el feminismo”, asegura. Promotor para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, es además coautor con Justo Fernández de Diálogos Masculinos, un libro en el que ponen patas arriba la masculinidad ortodoxa. Reconoce que la respuesta al libro ha sido más efusiva por parte de las mujeres. “Los hombres no están todavía por la labor de mirarse con la necesaria reflexión crítica. ¡Si todavía negamos que tengamos privilegios! Nos vamos adaptando a los nuevos tiempos (feministas), pero sin la suficiente carga de interés, reflexión y trabajo necesarios”. Y, sin embargo, señala, hay una necesidad real de cambio: “Nuestras compañeras nos están pidiendo menos palabras y más acciones, que seamos agentes de cambio. Pero seguimos prácticamente inmóviles en nuestro corporativismo machista, y eso es una losa difícil de mover”. Para promover el cambio recomienda hacerse preguntas. “La primera, responder de forma sincera a si consideras que vives en una sociedad igualitaria donde mujeres y hombres tenemos, de verdad, los mismos derechos y oportunidades”.

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¿Por qué los hombres nos seguimos comportando como “hombres”?

Publicado el 9 julio 2018 en Los hombres ante la igualdad |

 Hernán Piñera | Trip | Creative Commons

Víctor M. Sánchez López. Pikara magazine.

O, mejor dicho: ¿Por qué los hombres nos seguimos comportando como hombres, cuando precisamente lo que pretendemos es precisamente todo lo contrario, cuestionar nuestras respectivas masculinidades, es decir, “dejar de ser hombres” tal y como lo entendemos hoy en día, y en el sentido más masculino y hegemónico del término o expresión?

¿Por qué somos incoherentemente coherentes, a pesar de nuestras -pretendidas- ganas de cambiar o transformarnos?

Una de las cosas de las que me siento más afortunado por cabalgar al lado del feminismo, es por mi incuestionable cuestionamiento de todo lo que me rodea, incluido, mi propio trabajo individual y quiero pensar, colectivo también, en los grupos, asociaciones y colectivos por los que transito habitualmente, a lo largo de los últimos años, como forma de nutrirme y de enriquecer mi tránsito hacia otro tipo o forma de “ser hombre” o de conseguir justo todo lo contrario, dejar de pensar en ello como un objetivo a perseguir (el de “ser hombre” de una determinada nueva manera, algo todavía difuso y lejos de imaginar siquiera).

Así que, cada cierto tiempo, es inevitable, revisar y cuestionar mi propio trabajo individual y colectivo de deconstrucción y reconstrucción de mi respectiva masculinidad, y llego como no, a la eterna pregunta de si estoy haciendo todo lo posible (repito, todo lo posible, no solamente todo lo que está al alcance de mi mano cuando “puedo y quiero”) por establecer una mirada crítica, reflexiva y feminista de mis comportamientos y acciones del día a día, para construir a mi alrededor, en mi entorno, a mi verdadero alcance o radio de acción, una nueva visión de ver la vida aportando mi pequeño granito de arena a esa ingente marea feminista que sirve de referente para tantas y tantas mujeres (y algunos -pocos, todavía a día de hoy- hombres).

Hoy pretendemos cambiar y transformar nuestras masculinidades desde la comodidad del “hogar” (nuestros círculos o grupos de reflexión masculinas de y con hombres “cercanos”) y a través de las redes sociales, en las que somos unos linces, a pesar de que pocos hombres nos sigan, nos hagan caso o nos comenten algo (y tampoco parece importarnos, parecemos cómodos con el simple halago que a veces nos llega desde las mujeres feministas por nuestra implicación para pensar que estamos haciendo algo por la “causa”).

Nos hemos convertido en unos expertos en ir a las manifestaciones y en vociferar por las redes cualquier comentario, post o publicación de marcado tinte feminista.

Ya.

¿Pero qué más estamos dispuestos a hacer?

¿Nos hemos planteado siquiera esta cuestión o nos conformamos con hacer todo lo que creemos que las mujeres feministas esperan que hagamos?

¿Seguimos pensando en términos de aprobación por parte de ellas o hacemos lo que hacemos porque creemos que lo tenemos que hacer por nosotros mismos?

¿Nos hemos molestado siquiera en saber lo que ellas esperan y demandan de nosotros?

¿Somos conscientes de que independientemente de lo que hacemos es posible que eso sea tremendamente insuficiente?

Me da la sensación de que incluso en nuestro más que pretendido activismo feminista, pensamos que estamos haciendo todo lo posible, y me temo, que una vez más, las mujeres nos demuestran, que eso, no es ni de lejos, ni suficiente ni medianamente satisfactorio.

Las revoluciones nunca fueron cómodas ni estaban construidas “a medida”.

Una revolución “controlada” no es una revolución. Es… otra cosa.

Y me da la sensación de que todo lo que hacemos o en todo lo que participamos (nosotros) está convenientemente controlado y mesurado.

La verdadera revolución tendrá que ser individual pero sumada. Pero nunca al revés.

Y es una reflexión que me lleva a cuestionar y reflexionar sobre TODOS los espacios masculinos no mixtos con los que he tenido el placer de cruzarme a lo largo de mis últimos años de vida.

Espacios excluyentes (aunque no lo pretendieran) en nuestras asociaciones o colectivos.

Espacios donde solo veo por todas partes hombres heterosexuales, cuestionándose sus privilegios desde el privilegio que supone tener la capacidad (y no la obligación) de cuestionar(se)los.

Sí, de diferentes edades, condiciones económicas y clases sociales.

Hasta ahí, bien. De acuerdo.

¿Pero, qué pasa con los hombres racializados (salvo escasísimas excepciones), orientaciones sexuales y diversidades funcionales diferentes?

¿Dónde están?

¿Sus luchas (masculinas) son diferentes a nuestras luchas?

 

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‘Muxe’, la identidad que cuestiona la división de géneros desde una región de México

Publicado el 30 junio 2018 en Diversidad de género |

Lukas Avendaño, artista mexicano y muxe MARIO PATIÑO

El artista mexicano Lukas Avendaño habla sobre su identidad muxe, propia de la cultura zapoteca y que no encaja en las categorías de hombre y mujer

Nacidos con sexo masculino, asumen un rol y una estética femenina, en una tradición que encuentra sus raíces en la época precolombina

Avendaño ha llevado la ‘muxeidad’ al arte escénico: “Partió de una necesidad de evidenciar que el mundo es más que una escala de grises”

Fue al salir de su región natal, el istmo de Tehuantepec (Oxaca), cuando Lukas Avendaño se dio cuenta de lo que era ser muxe. En el ambiente diverso de la facultad de Antropología de la Universidad de Veracruz, no fueron sus pendientes, ni su pelo largo, ni siquiera las faldas que a menudo llevaba, lo que le hizo sentir cierto rechazo. Fue al tratar de entregarle un ramo de flores a un amor platónico con el que compartía clases: “Me dijo que no las aceptaba, que no podía ser”, comenta.

Antes de que la teoría queer desmontara a partir de los 80 las etiquetas masculino y femenino, atribuyendo las identidades sexuales y de género a una construcción social, el pueblo zapoteco -etnia indígena mexicana- ha venido incluyendo en su seno.

un colectivo que desafía estos conceptos. Son muxes. “Ni los ni las muxes, porque en zapoteco no existe un artículo que distinga entre géneros”, precisa Avendaño.

Muxe es aquel que, habiendo nacido con sexo masculino, asume la estética y los roles reservados a mujeres. “Las familias lo asumen como algo natural; ‘así me lo trajo Dios’, dicen las madres, pero no como un castigo como se suele decir con los homosexuales, sino como algo bueno”, resume Avendaño. Dada la naturalidad con la que han vivido históricamente en su comunidad, en la zona de Tehuantepec, descartan etiquetas como la de transsexual o la del llamado tercer género.

“No es un tercer género, porque se asume el femenino”, resume Avendaño. A lo largo de los años, los jóvenes muxe han acompañado a madres y hermanas en las labores del hogar. “Es lo propio de un contexto agrario, donde no hay mucho donde escoger; ahora se ha diversificado todo y muxes como yo han ido a la universidad y viajado a Europa”, comenta este mexicano desde una de las estancias del colectivo La Xixa Teatre en el barrio del Raval de Barcelona.

Nacido en 1978 en una localidad de 50 habitantes, Avendaño creció sin que nadie le corrigiera cuando escogía la figuras femeninas en los juegos infantiles. “Esto me permitió pensar que uno podía ser hombre, mujer o cualquier otra cosa”, celebra. Antropólogo y artista de performance, se encuentra estos días en Barcelona impartiendo talleres de artes escénicas. Ha protagonizado además una protesta frente al Consulado de México, también mediante el arte de acción, para denunciar la situación de decenas de miles de desaparecidos en su país. Uno de ellos es su hermano Bruno, del que no tienen noticia desde el 10 de mayo.

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La justicia también tiene género

Publicado el 26 junio 2018 en Feminismos, Los hombres ante la igualdad |

Por Octavio Salazar.

Si algo tengo claro tras años de aprendizaje es que el feminismo es una propuesta crítica y transformadora del orden establecido, es decir, de las estructuras de poder patriarcales y de la cultura machista que las nutre. Las vindicaciones feministas encierran pues una lógica revolucionaria, de desmantelamiento de unas reglas del juego hechas a imagen y semejanza de los hombres, de contestación frente a unos pactos viriles que, hoy por hoy, continúan dominando la escena. Y todo ello, por si alguien a estas alturas todavía tenía dudas, acompañado de alternativas, de caminos por los que transitar hacia un nuevo sentido de la justicia, de palabras con las que armar un nuevo lenguaje, de herramientas con las que poner las bases de un nuevo contrato social.

El gran salto, no solo cuantitativo sino también cualitativo, que el feminismo ha experimentado en el curso que ahora termina ha sido justamente que esa ola emancipadora ha invadido las calles, se ha hecho central en el debate público y, lo que resulta más ilusionante, ha conseguido seducir a mujeres cada vez más jóvenes e incluso a algunos hombres que han empezado a perderle el miedo a las gafas violetas. Y tengo la sensación de que esta gozosa revolución ha llegado para quedarse. Así lo demuestra la inmediata reacción que el pasado jueves provocó la decisión judicial que ha puesto a los cinco machitos de ‘La Manada’ en la calle de manera provisional.

Nunca antes habíamos asistido a una reacción tan masiva y espontánea, tan horizontal y tan enredada, como la que ha provocado un caso que nos coloca frente a las mayores miserias del machismo. No seré yo quien discuta que en un Estado de Derecho las sentencias deben acatarse, ni que las garantías del sistema deban aplicarse a todos por igual, pero sí que reivindicaré hoy y siempre la voz de la ciudadanía para poner en cuestión las decisiones que dejan al descubierto al monstruo que sigue habitando en nuestras sociedades. El que, por más togas con las que se disfrace, o por más imperio de la ley con que se revista, e incluso con independencia del sexo que tenga entre las piernas, continúa reproduciendo esos que Celia Amorós llama “pactos juramentados” entre varones.

Decisiones como las del caso de ‘La Manada’, que a todos nos han escandalizado y alarmado, vienen a corroborar cómo el Derecho, y por supuesto la justicia que se administra en virtud de sus normas, ha sido y continúa siendo uno de los instrumentos esenciales que el patriarcado usa para mantener en los púlpitos a quienes siempre tuvimos el privilegio del verbo. El Derecho es una de esas esferas de poder que más se resiste a ser penetrado por las armas deconstructivas del feminismo y, por lo tanto, uno de los mayores obstáculos todavía para que alcancemos la igualdad real y efectiva. Y cuando hablo del Derecho no me refiero solo a lo que dicen las leyes, sino también, y sobre todo, a cómo se interpretan y a cómo se las dota de sentido por quienes las aplican.

Es por tanto una tarea urgente desmantelar una justicia patriarcal que continúa provocando indefensión para las víctimas, inseguridad para quienes son potenciales sufridoras del sistema sexo/género y alarma para una sociedad en la que ya afortunadamente empiezan a marcarse líneas rojas frente a lo que durante siglos se entendió como el orden natural de las cosas. Unos tribunales que no hayan entendido este momento evolutivo de la historia no están en condiciones de administrar la justicia que requiere una sociedad de iguales. Unos jueces y unas juezas que continúan pensando que el género es una ideología, en lugar de un instrumento esencial en su labor de tutela de los derechos, no deberían dictar sentencias. Porque un sistema judicial que no ampara de manera efectiva a la mitad de la ciudadanía no es digno de la sociedad democrática a la que se supone sirve y fundamenta.

Este post fue publicado originalmente en el Diario Córdoba

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