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Iris arcoíris

Publicado el 11 julio 2017 en Diversidad de género, Diversidad sexual, General |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia

Hay quien todavía ve la realidad en blanco y negro, como si fuera el NODO de una España caducada que aún espera el comienzo de una película en tecnicolor en la que los héroes terminan por salvar a la patria de los malos. En las películas de mi infancia no hacía falta calificar al otro, bastaba con llamarlo “el malo”, daba igual que fuera un indio, un negro, un moro, un gánster o un soldado nazi o japonés, al final lo importante es que eran “los malos”, porque lo que se quería destacar es que “nosotros” éramos los buenos.

Y aunque la película ha cambiado, aún hay quien sigue el mismo guión y no entiende que la diferencia ya no es inferioridad, sino que forma parte de la igualdad, o sea, parte nuestra a través de una identidad que ya no se construye por contraste con las otras, ni tampoco resulta excluyente. Hoy ser hombre también es ser mujer, al igual que sucede con ser homosexual, trans o de cualquier otra identidad vivida, ninguna de ellas es excluyente en cuanto a los elementos identitarios, aunque cada apersona la viva y se comporte como considere a partir de ellas.

Y eso es lo que les molesta, porque antes ser hombre era no ser mujer, y ser mujer era tener una serie de características propias que los hombres no podían tener. Y a partir de esas identidades rígidas y acríticas, puesto que eran impuestas y aceptadas como parte del orden natural, se distribuían los roles, funciones, tiempos y espacios de unos y otros para hacer de la desigualdad condición y de la habitualidad normalidad. Desde esa construcción no es que los hombres y las mujeres hacían cosas distintas, es que los hombres hacían lo de los hombres y las mujeres lo de las mujeres.

Y no había nada más, puesto que todo lo que no encajaba en ese modelo era considerado patológico, aberrante, delictivo o vicio.

El movimiento LGTBI+ ha conseguido a través de una reivindicación cargada de civismo que la sociedad cuestione ese modelo tradicional, y acepte la diversidad y la pluralidad como una referencia más para la convivencia. No ha habido violencia, ni atentados, ni ataques a nadie, y todo ello a pesar de haber sido perseguidos, encarcelados, agredidos y condenados a una especie de cadena perpetua social como seres enfermos, perversos y viciosos, que amenazaban la vida en sociedad y sus valores de siempre, aunque nunca haya sido un verdadero espacio de convivencia.

A veces es más verdad y dice más de una persona o grupo lo que se niega que aquello que se reconoce. Nadie cree en lo que no necesita, y la mirada también es un acto de fe cuando se busca una confirmación de las ideas, los valores o las creencias.Por eso la realidad sólo es un ejemplo, una especie de hipótesis para confirmar lo que previamente se ha decidido que sea verdad con independencia de cualquier referencia.

De lo contrario no podría entenderse que una persona homosexual sea considerada como una persona enferma, viciosa o anormal, del mismo modo que no habría tanta pasividad y distancia a la violencia de género, con 60 mujeres asesinadas de medida cada año y 600 mil maltratadas.

El significado que se da a la realidad depende de la mirada, la mirada de la conciencia, y la conciencia de las referencias utilizadas para dar sentido a todo aquello que se percibe. Y cuando esas referencias vienen impuestas por el machismo, al final todo se interpreta por lo que los hombres han considerado que es lo correcto y lo necesario para que el mundo construido a su imagen y semejanza funcione. Por eso todo lo que no sea masculino no sólo es diferente, sino que además es inferior. Y por ello todo lo femenino es una amenaza y una especie de ataque a su posición de poder y a la identidad sobre la que se sustenta, aquella que hace que la realidad se interprete sobre la condición otorgada, no sobre Derechos Humanos. Según la construcción machista, primero está la persona con su condición, y luego los Derechos.

Esa es la razón por la que los hombres son tan violentos con los hombres homosexuales, mientras que las mujeres no lo son frente a otras mujeres lesbianas, porque la homosexualidad masculina cuestiona lo individual y lo social, y hace que los hombres se sientan atacados y cuestionados en su identidad sobre la que se sustenta todo su poder personal y público Y por ello también, la forma de cuestionar a los gays es llamarlos “afeminados”, puesto que esa superioridad de los hombres en esencia está construida sobre la inferioridad de la mujer.

Hoy debemos estar muy orgullosos y muy orgullosas de los movimientos y las personas que nos han enseñado a convivir en paz con la diversidad y la pluralidad, a pesar de todos aquellos que presentaban cada paso hacia la Igualdad como un salto al vacío, y de quienes aún viven la libertad como una amenaza y la diversidad como un ataque.

Hoy la sociedad es mejor, no porque permite que haya diferentes identidades que viven sobre el mismo espacio común, sino porque la mayoría de las personas formamos parte de esa comunidad diversa y plural, y miramos la realidad y el futuro con un “iris arcoíris”.

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Solo el 0,4% de las denuncias por violencia machista son falsas

Publicado el 7 julio 2017 en General, Violencia machista |

JORGE G. GARCÍA. el pais

Un informe del Poder Judicial detalla que cuatro de cada cinco mujeres asesinadas no había denunciado previamente.

Un informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) determina que solo el 0,4% de las denuncias por violencia machista son falsas. Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio, asegura que estas cifras evidencian “la inconsistencia de la alegación de que las mujeres denuncian en falsas

Las denuncias por malos tratos se han convertido en uno de los caballos de batalla de algunas asociaciones que afirman que las mujeres lo hacen solo para beneficiarse en los procesos judiciales. Según sus argumentos, la ley contra la violencia de género, aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, está pensada para incriminar a los hombres.

En una guía del CGPJ de 2013, el organismo precisaba que los agresores aludían a las denuncias falsas como una estrategia procesal con demasiada frecuencia. “Estas afirmaciones carecen del mínimo fundamento”, argumenta el Poder Judicial en el informe.

De las 500 sentencias estudiadas por el Consejo entre 2012 y 2014, solo en dos de ellas se abrió un proceso de falso testimonio contra dos mujeres que dijeron que no habían sido maltratadas; aunque en uno de los casos los agentes habían presenciado las agresiones. “La mujer supuestamente mintió para proteger al agresor”, ha explicado Carmona, quien ha destacado que con estos datos se puede “desterrar el mito de las denuncias falsas”.

Varios expertos han pedido una reforma legal aplicar la libertad vigilada a los agresores desde el momento en que una mujer denuncia malos tratos. Es el momento de mayor riesgo debido a que es cuando pueden tomar las mayores represalias. La ley prevé que se pueda adoptar cuando hay una condena, pero no con anterioridad.

Sensibilizar a la sociedad

Tal y como expone el Observatorio, cuatro de cada cinco mujeres asesinadas por violencia machista no habían denunciado previamente. Según este organismo, estos datos evidencian la necesidad de “continuar sensibilizando a la sociedad de que se trata de un asunto público y no de algo meramente privado”.

Este dato aportado por el CGPJ contrasta con el último que publicó la semana pasada. Según su informe anual de 2015, las denuncias por malos tratos con respecto a 2014 habían repuntado levemente, un 1,9% hasta situarse en un total de 129.123; es decir, 347 al día.

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