Publicado el 6 octubre 2017 en Feminismos, General |

En su primer viaje a España, la escritora nigeriana repasa la importancia de la lucha contra el machismo y el racismo con la que trufa sus obras

“Antes daba más vergüenza ser abiertamente racista, pero con este presidente puedes serlo sin problema”, opina Chimamanda Ngozi Adichie sobre Trump

El género de la ficción realista alcanza una nueva dimensión cuando quien nos transporta a su imaginación para contar la realidad del mundo es la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977). A día de hoy, sus novelas basadas en personajes ficticios conectan con la realidad de tal modo que hasta Beyoncé las ha utilizado para crear hits donde los mensajes feministas son ritmo para el cuerpo y conocimiento para la cabeza.

En su primera visita a España, Ngozi Adichie ha refrendado lo que sus célebres charlas TEDx, cuyas visitas se cuentan por millones en Internet, venían demostrando: su gran capacidad para tratar problemas universales a través de historias personales. El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona ha sido el escenario elegido por la editorial Penguin Random House para hospedar una charla que llenó las 700 plazas del auditorio.

Tanto en el encuentro previo con periodistas como en la charla posterior, la escritora nigeriana lanzó varias de las claves que la han colocado como una de las referentes a la hora de hablar de racismo, machismo y la intersección entre ambas discriminaciones que espera desaparezcan lo antes posible. “Mi objetivo es que declararse como feminista sea algo redundante, que todo el mundo lo pueda decir sin tener miedo a lo que digan”.

Ngozi Adichie tira constantemente de historias personales para explicar sus ideas, como que “hay mucha gente que es feminista sin definirse con esa palabra”. La nigeriana, que creció en el seno de una familia de seis hermanos en Nsukka, encaja a su madre en esa categoría. “Ella fue nombrada decana de su facultad, la primera en la historia. Cuando llegó al puesto y vio un cartel en su mesa que ponía ‘decano’ en vez de ‘decana’, uno de los trabajadores del centro quiso quitarlo, algo a lo que mi madre se negó. Ella no quería que se pensaran que su trabajo iba a ser diferente del de los hombres que estuvieron allí anteriormente”.

Cuando años después Chimamanda se trasladó a estudiar a los Estados Unidos, explica como una compañera feminista de allí criticó lo que hizo su madre. “Con algunas acciones hay que tener en cuenta el contexto, porque ese gesto sí fue feminista”, asegura.

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