Publicado el 5 diciembre 2017 en Diversidad de género, Diversidad sexual, General |

Las personas trans pasan por un itinerario médico para cambiar su nombre y sexo legal en los documentos oficiales

El Congreso ha aprobado una iniciativa para modificar la ley, que también incluye a los menores, con el objetivo de eliminar estos requisitos

“Yo pensaba ¿pero qué hago aquí? ¿por qué tengo que hacer esto? Es incómodo”, dice Aitor sobre el proceso para conseguir el diagnóstico.

A Aitor le ha costado mucho llamarse Aitor. Lo consiguió hace un año, cuando tenía en sus manos el diagnóstico médico que todavía hoy la ley obliga a las personas trans a presentar en el Registro Civil para que modifiquen su sexo y su nombre legal. Este requisito se une al de estar un mínimo de dos años bajo tratamiento, que alarga un proceso administrativo que expone a muchas personas a situaciones incómodas: “A los meses tienes un poco de barba por la hormonación. Imagínate lo que supone pagar en una tienda con tarjeta de crédito y que te digan que tiene que ir la titular. Te obliga a dar explicaciones continuamente”, dice.

Llevaban años esperándolo. Lo celebran, aunque con la vista puesta en el camino que siguen recorriendo.  El Congreso ha aprobado con el voto en contra del PP la toma en consideración de una iniciativa que reformará la ley que regula el cambio de nombre y sexo legal en los documentos oficiales. Aunque ahora empieza el trámite parlamentario, el objetivo es que las personas trans no tengan que cumplir ningún requisito médico para acceder a la modificación, por ejemplo, del DNI.

El informe que les piden ahora les obliga a pasar por un procedimiento médico que acaba concluyendo que padecen disforia de género. Aitor mira el informe de la psicóloga privada a la que acudió –puede hacerse en la pública, aunque es mucho más lento– y todavía lee con sorpresa.

“Diagnóstico de un trastorno de la identidad sexual. Trastorno clínico: transexualismo”, concluye el estudio clínico junto a una cascada de frases entremezcladas con referencias a Aitor como mujer. “Su aspecto físico es muy delicado y propio de una mujer, sin embargo su vestimenta y corte de pelo es masculino. Oculta sus atributos femeninos. El resultado es un aspecto que podría llamarse híbrido entre los sexos masculinos y femeninos”.

“Yo pensaba ¿pero qué hago aquí? ¿por qué tengo que hacer esto? Es incómodo. Te hacen preguntas como si has pensado en suicidarte o si de pequeño jugabas con muñecas”, explica este joven madrileño de 24 años.

No es una experiencia poco frecuente la de las personas que enumeran preguntas y comentarios muy dirigidos a perpetuar los estereotipos de género. “Es como tener que demostrarle a un desconocido que eres un chico porque juegas al fútbol y llevas gorra y depende de lo que se entienda por hombre y mujer. Yo por ejemplo soy poco normativo. Si ser chico es ser lo que son los que van a mi gimnasio, yo no lo soy”.

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