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Madres asesinas y buenos padres que matan

Publicado el 23 marzo 2018 en Violencia machista |

Miguel Lorente  

Entre los hechos y la realidad está el significado, que es lo que permanece y da sentido a la historia de cada día. Los acontecimientos sólo son la inspiración para redactar el relato, las referencias necesarias que permiten escribir el tiempo con continuidad y sin sobresaltos que rompan el sentido de lo vivido hasta el presente y el mañana esperado.

 Y esta situación que se observa en la forma de escribir la historia sobre el pasado y transmitirla, de manera especial a la hora de interpretar los conflictos, guerras, victorias y derrotas, sucede cada día en aquellos hechos que de una manera u otra tienen impacto directo en la forma de organizarnos y relacionarnos sobre las ideas, valores, creencias, mitos… que se han adoptado y considerado adecuadas para convivir.

Es lo que sucede con la violencia de género, una violencia estructural que surge de la propia “normalidad” que la cultura machista ha establecido y ha cargado de justificaciones para que sea interpretada como algo propio de las relaciones de pareja, no en el sentido de que sea una conducta “obligada”, pero sí bajo la idea de que “puede suceder”, y que si aparece es reflejo del “amor” y la “preocupación” que siente el hombre ante ciertas actitudes y conductas de la mujer que “pueden afectar a la pareja o a la familia”. Bajo esa idea, la violencia de género no se presenta con el objeto de dañar, sino de corregir algo que se ha alterado.

Lo vemos cuando la Macroencuesta de 2015 recoge que el 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia sufrida “no es lo suficientemente grave”, cuando en el Eurobarómetro de 2010 un 3% de la población de la UE dice que hay motivos para agredir a las mujeres, o cuando el 30% de la adolescencia de nuestro país afirma que cuando una mujer es maltratada se debe a que “ella habrá hecho algo”.

Y hablamos de una violencia que cada año asesina a una media de 60 mujeres, maltrata a 600.000, y permite que unos 840.000 niños y niñas sufran su impacto al vivir expuestos en los hogares donde el padre la lleva a cabo, ¡un 10% de nuestra infancia! (Macroencuesta, 2011).

A pesar de esa terrible y dramática situación para una sociedad, sólo alrededor del 1% de la población considera que se trata de un problema grave (CIS). Y no es casualidad que sea tan bajo, sino consecuencia del significado que se da a esta violencia, la cual es presentada como un descontrol producto de hombres con problemas con el alcohol, las drogas, alguna enfermedad mental o un trastorno psíquico. Sobre esta situación estructural, además, desde la “normalidad” machista se lanza una estrategia de confusiónque busca mezclar todas las violencias y reactualizar los mitos para seguir construyendo la realidad sobre el significado que ellos deciden.

El ejemplo más cercano lo tenemos en el asesinato cometido por Ana Julia Quezada sobre el niño Gabriel Cruz, un hecho terrible que comprensiblemente levanta todo el rechazo hacia su autora. La crítica, incluso en sus expresiones más emocionales, es perfectamente entendible como parte de los sentimientos que se han visto afectados por unos hechos y unas circunstancias tan dolorosas como las que se han vivido. Ese no es el problema, lo que sorprende es la bajeza de quienes lo utilizan y lo instrumentalizan para intentar, una vez más, confundir y cuestionar la violencia contra las mujeres a través de una doble estrategia:

  • Por un lado, generar confusión sobre las diferentes violencias y tratar de reducirlas sólo a su resultado, es decir, a las lesiones que ocasionan y a la muerte para concluir que todo lo que termina en el mismo final tiene el mismo sentido, algo que es absurdo. Sería como afirmar que todas las hepatitis son iguales y deben tratarse de la misma forma, sin considerar si son tóxicas o infecciosas, sin dentro de estas son producidas por bacterias o por virus, y dentro de las víricas si están ocasionadas por un tipo de virus u otro.
  • Y por otro lado, presentar la violencia que llevan a cabo las mujeres como consecuencia de la maldad y la perversidadque la cultura les ha otorgadocon mitos como el de “Eva perversa” o “Pandora”. En cambio, con la violencia que llevan a cabo los hombres ocurre lo contrario, ellos son los “buenos padres” que utiliza el Derecho como referencia para aplicar la ley, y por lo tanto, cuando agreden o matan es por el alcohol, las drogas o los trastornos mentales.

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Poliamor: ni líquido, ni neoliberal, ni promiscuo

Publicado el 21 marzo 2018 en General |

Alejandro Sánchez-Sicilia | 12 Mar, 2018 Revista Hombres Igualitarios.

Hace unos años la palabra poliamor pasaba en nuestro país desapercibida. Ahora, poliamor se ha convertido en una de las palabras más buscadas en Google en el último año; se le dedica un espacio en los medios digitales, las editoriales y librerías comienzan a ver una demanda por parte de sus clientes y la palabra poliamor empieza a “sonarnos” sin previamente haber tenido algún tipo de contacto directo con ella.

Pero, ¿sabemos realmente de qué estamos hablando? ¿Es poliamor lo que nos venden algunos medios? ¿Es poliamor aquello que esta en boca de todxs?

Hace unos meses me topaba con un artículo algo desafortunado de eldiario.es titulado “Poliamor: ¿amor libre o neoliberal?. El autor hace un buen resumen de lo que es el sistema neoliberal, pero confunde durante todo el artículo el poliamor con el amor líquido o de consumo. Y no solo el autor del artículo considera equivalentes los conceptos de poliamor y amor líquido, sino que la amplia mayoría de la población así lo cree, algo habitual con lo que me he ido encontrando.

ayamos por partes, ¿Qué es el neoliberalismo?

El neoliberalismo es una corriente económica y política, una fase del capitalismo que toma fuerza a partir de los años 80. En el sistema neoliberal el consumo se torna protagonista y aparece de forma Interseccional en múltiples contextos. El sistema neoliberal nos coloca en una situación de competición constante con los demás y con nosotros mismos por consumir la mayor cantidad de bienes, experiencias, conocimientos y personas posibles.  Para este sistema tenemos que ser “El/la que más…”. El que más sabe sobre un tema determinado, tenemos que estar en constante formación (para no ser menos que nadie); tenemos que ser emprendedores, el que más se desarrolla como individuo particular; el que más bienes apreciados consume, el que obtiene el último modelo de móvil recién puesto a la venta; ser el que mas viaja, el que más países visita; el que más experiencias tiene, el que más experiencias con otras personas tiene (sobre todo a nivel sexual, donde si encarnas una masculinidad tradicional, es común hacer gala de ello ante tu grupo de amigos). El sistema neoliberal nos “invita” a no apegarnos a lo que consumimos (experiencias, bienes, conocimientos…), pues si nos apegamos y nos sentimos cómodos con nuestro IPhone 8 no consumiríamos el IPhone X (aunque el 8 siga estando en perfecto estado) y el sistema se colapsaría. En el sistema neoliberal nos sentimos constantemente vacíos, y por mucho que consumamos, nunca nos llenamos del todo. El sistema neoliberal nos crea una necesidad innecesaria.

Ahora que tenemos una muy breve síntesis del sistema neoliberal, vamos a explicar que es el amor de consumo o amor líquido:

“Amor líquido” es un trabajo del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Amor líquido se incluye dentro de su obra sobre la modernidad líquida, un término acuñado para conceptualizar y visibilizar la nueva manera de relacionarnos y vincularnos interpersonalmente. Bauman hace referencia al modelo neoliberal del cual surge la modernidad líquida y que establece el consumismo como acuerdo social que resulta de reconvertir los deseos, ganas y/o anhelos humanos en la principal fuerza de impulso y de operaciones de la sociedad (Bauman, 2007). En la sociedad de consumo impregnada por el sistema neoliberal, las personas nos convertimos en agentes y objetos de consumo. El amor líquido hace referencia a la forma de relacionarnos y vincularnos interpersonalmente en la modernidad líquida, en lo que a las relaciones sexo – afectivas se refiere.

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Los hombres que se rindieron al feminismo: “Ser machirulos nos vuelve tóxicos”

Publicado el 12 marzo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

El Confidencial 7/03/2018

Ahige ayuda a hombres a cuestionarse la hegemonía de la masculinidad tóxica en la sociedad actual y a preguntarse por su papel en la era del feminismo.

El discurso hegemónico de la masculinidad es la segunda teta de la que el hombre mama de manera casi involuntaria después de la de su madre. Los mitos del macho ibérico nos rodean conforme crecemos y si uno sale de la norma que define al modelo de hombre, un vómito de palabras vacías del calibre de ‘nenaza’, ‘marica’ o ‘calzonazos’ le inundan los oídos, amenazando con correr su misma suerte a cualquiera que le defienda. Menos de 10 metros cuadrados en un piso de la calle Montera de Madrid hacen de asociación para hombres que quieran cuestionar al macho alfa y lograr que otros lo hagan, que busquen su parte de responsabilidad en el machismo y que quieran descubrir cuál es su papel como hombres en la nueva era del feminismo.

Se trata de Ahige, siglas de Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, aunque bien podría ser acrónimo de aliados del feminismo contra la masculinidad tóxica. El primer paso para ser miembro, lo tienen claro: “Aceptar que todos somos machistas“. Varios de sus socios se han reunido con El Confidencial para discutir sobre esta y otras cuestiones que nos afectan a los hombres, en particular a los que quieren tomar responsabilidades de cara a la manifestación y huelga feminista del 8 de marzo.

“No se nace mujer, se llega a serlo”, decía Simone de Beauvoir. Lo mismo arguyen en esta asociación: “No se nace hombre, somos un resultado”. “¿Y es sana la manera en que los hombres crecemos?”, se preguntan desde este grupo de hombres. En este proceso influye todo. “Ser machirulos nos vuelve tóxicos y ponerse la etiqueta de machista no es fácil”, es su primera premisa. Pero también saben que difundir entre hombres las ideas que han tomado prestadas del feminismo y que reproducen no es una tarea sencilla.

Desde la asociación, explican, se dedican a aplicarse el discurso que “durante cientos de años” las mujeres han estado hilvanando para “luchar por sus derechos” y tratar que llegue a cuantos más hombres sea posible. “Nosotros nos aplicamos ese discurso para dar nuestro paso —y ayudar a que otros lo hagan— hacia abajo en ese escalón de privilegios”. Un escalón incómodo cuando lo pisas, ya que “hace replantearte todo y ponerte de frente a los privilegios que te han permitido estar donde estás”. Básicamente, luchar contra tu zona de confort.

“Buscamos romper el discurso dominante de la testosterona, de que somos violentos y de la masculinidad tóxica”, explican. De esta manera, creen poder ayudar a otros hombres y tratan de “sensibilizar a otros” intentando desafiar los estereotipos de “la masculinidad hegemónica”. Buscan promover un cambio a nivel colectivo desde lo individual de lo que es ser hombre.

“Este no es un problema que dependa tanto de las mujeres solucionar, sino nuestro”, sostienen. Tienen claro que su “responsabilidad como hombres es interiorizar su discurso” y se lamentan de que hayan tenido que pasar cientos de años hasta que “hayamos comenzado a darnos por enterados“. Pero saben bien por qué el discurso feminista no cala entre muchos hombres: “No es atractivo. Vende mejor la historia de que el feminismo lo que busca es dominar a los hombres”.

Pero opinan que difícilmente serán hombres nuevos sin abandonar la toxicidad de muchas masculinidades. Si no “aprendemos y asumimos” lo que es el feminismo: una “teoría social, económica y política que busca la igualdad efectiva”. Aunque también tienen claro que es más fácil que el ideario cale en otros hombres si son ellos quienes les explican qué esta mal.

Si el machismo perdura, critican, es porque “somos cómplices y lo somos con nuestro silencio. Cada vez que vemos una situación en la que la mujer es discriminada, no hacemos nada por remediarlo o hasta nos reímos de ello”. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la “sociedad desigual en la que vivimos y dejar de ser aliados”.

 

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Los hombres necesarios

Publicado el 6 marzo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Juan I. Pérez. el independiente de Granada

LA NUEVA MASCULINIDAD QUE CONLLEVA EL FEMINISMO, IMPRESCINDIBLE PARA CONSTRUIR UNA SOCIEDAD JUSTA

La lucha por la Igualdad, imprescindible para construir una sociedad justa, precisa de hombres que den un paso al frente. Comprometidos con la Igualdad, intolerantes con el machismo, El Independiente de Granada ha publicado y seguirá publicando informaciones, análisis, reportajes para tratar de convencerte de que te sumes a esta lucha. Esta vez dirigido a los hombres. ¿Te comprometes?

i el machismo perdura es porque los hombres hemos sido permisivos, cómplices, aunque no seas el típico acosador o un maltratador. En la lucha por alcanzar la Igualdad real y efectiva, imprescindible para construir una sociedad justa, en una democracia del siglo XXI, la neutralidad a estas alturas es un acto cobarde, como si pudiéramos ser imparciales ante el racismo, la xenofobia, la homofobia…

El Feminismo ya no se defiende, lucha. Y en esa lucha debe contar con el Hombre. Cómo si no poder hacer cambiar el rumbo de la sociedad. Ya es hora. Es el tiempo de participar activamente en la revolución global pendiente más necesaria, que se demora desde tantos y tantos años.

No crees que es necesario superar al hombre troglodita, caracterizado con un garrote y arrastrando a una mujer de los pelos? ¿Ese que ya con otras ropas sigue marcando el terreno de la mujer y no cede espacio ni poder, vive sujetos a los roles y se cree superior?

En la década de las redes sociales, las luchas sociales y la democratización de (algunos) medios de comunicación en los que es posible expresarse libremente, hombres y mujeres de todo el mundo se cuestionan esa forma primitiva de virilidad. Acaso, ¿no lo haces tú?

Si ese hombre no nos representa y ni siquiera gusta, ¿por qué sigue dominando la sociedad? Despierta, nace la nueva masculinidad.

Esta concepción renovada de lo que significa ser un hombre abarca múltiples planos, pero empieza por mirarnos al espejo y comprobar, para desterrarlo, el machismo que nos invade.

El machismo, tan fácil de identificar. Como cuando escuchas las consignas feministas y sientes que no es tu lucha (por favor), o, incluso, hasta la palabra feminismo te provoca rechazo. Si das por descontado que es tu pareja la que tiene que cuidar a los niños, dejar su trabajo o encargarse de las cosas del hogar, y te disguste que prospere en el ámbito laboral. Si pensaste por un momento que la vida posterior a la violación de una joven en los Sanfermines minimizaba el delito de los cinco hombres que la violaron. Si le has dicho algo obsceno a una mujer por la calle… Háztelo mirar para cambiar. Radicalmente.

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