Publicado el 30 mayo 2018 en Los hombres ante la igualdad |

El “primero las damas” tiene mucho que ver con considerar que las mujeres están en inferioridad de condiciones Crédito: Shutterstock

Paula Giménez. La nación.

El 95% de las veces que las mujeres vamos a subir a un colectivo y tenemos a un hombre adelante, pasamos nosotras primero. Es un gesto de caballerosidad al cual nos acostumbramos, siempre diciendo gracias, siempre con una sonrisa. Pero qué pasa cuando no querés subir antes que él. Una cree que con informárselo es suficiente, “no, no, pasá vos”, le decís amablemente. Él se niega, quiere que pases y dejar en claro que es un caballero. Volvés a decirle que no, que está todo bien, que entendés que es un caballero pero que pase él que estaba antes. Estoico, se niega. Mientras, la gente espera a que ese baile ridículo de “no no, pasá vos” se termine y con mucha frustración te das cuenta de que no te queda otra que obedecer y seguir adelante porque la gente de atrás te va a linchar.

Es cierto que la realidad ( una mujer muere por ser mujer cada 30 horas) no nos da respiro para observar lo secundario, los detalles mínimos que hacen a la cosa. Pero adivinen qué, lo secundario también es parte, quizás pequeña pero constante, de las fatalidades que nos dan miedo todos los días.

Y ahí, entre esas pequeñeces, está mi fastidio porque yo ya no quiero pasar más antes que ellos si estoy atrás y juro que intento de todas las maneras posibles hacérselos saber, pero nada funciona. Cada vez que me subo a un colectivo o que me ofrecen el asiento, tengo que obedecer aunque no quiera. Y escribo esto para ver si cuestionar esos gestos de caballerosidad que tan amablemente realizan el 80% de los hombres, sirve para que algunos de los que lean este artículo, la próxima que una chica les diga que no, entiendan que no es no.

Gestos que ya vencieron

“Se puede decir que el que te deja pasar en el colectivo o te cede el asiento es porque se considera dueño de tales decisiones: yo decido quién pasa primero y quién permanece de pie. Y en cierta forma metafórica de la etiqueta, la persona más elevada es la que entra más tarde y la que permanece de pie. No siempre estas conductas son indicio inmediato de una posición tomada en la cuestión de los géneros “, comenta sobre el tema el escritor y conductor de radio Alejandro Dolina.

¿Pero la caballerosidad tiene que ver con la gentileza? “Cada gesto, cada cortesía proviene de tradiciones milenarias que no siempre están relacionadas con el machismo. La idea del amor cortés que nace en la Occitania de los siglos XI y XII es la que todavía prevalece en nuestra idea del romance. Allí el caballero, muchas veces fuera de la institución matrimonial y a veces contraviniéndola, se ponía al servicio de una dama y dedicaba su vida a demostrar el amor que le profesaba con actos de valentía, de bondad y de renunciamiento”, explica Dolina, que agrega con ironía: “Me cuesta relacionar estos votos con las actitudes de los moscardones contemporáneos, aunque también aquí el protagonismo está de un solo lado”.

Por otro lado, para Luciano Fabbri, licenciado en Ciencia Política (UNR), docente universitario y educador popular en áreas de género, masculinidades y feminismos, la palabra “caballero” no tiene otras connotaciones que no sean machistas. “Caballero no es cualquiera que sea amable, cordial o gentil, como suelen decir quienes defienden la inocencia del término, y más aún, las prácticas asociadas a él. Caballero, primero, es un término asociado a los hombres. Y afirmo que es elitista, porque no a cualquier hombre. Supone la adecuación a un código de conductas que provienen de un ideal medieval, militar y cristiano, extendido con el paso del tiempo a hombres adultos, occidentales, probablemente blancos y seguramente heterosexuales”, indica.

“Primero las damas”

Pero no nos vayamos a creer igual que cualquier hombre es caballero con cualquier mujer, porque así como hay rangos para ellos, también los hay para nosotras que debemos ser dignas de tal atención. “Para merecer caballerosidad, se requiere ser una dama. En principio, no osar rechazar ese gesto de grandeza del hombre, aceptarlo gustosa, sonriente, agradecida. El gesto de caballerosidad, en general, lleva implícita una noción de superioridad y una alta dosis de paternalismo.´Primero las damas´, porque las dejamos, no porque puedan por sus propios medios, porque quieran o lo merezcan. Es una forma sutil de corroborar quién es el sujeto de poder y autoridad”, explica el licenciado.

Para contraponer con otra voz de los medios, charlé con el Coco Sily, de quién me sorprendió su claridad al respecto. Deconstruir es un verbo hoy muy usado y Sily, borrando con presunta convicción La cátedra del macho de sus trabajos que le dan orgullo, me contó qué opina sobre el tema. “La caballerosidad tiene que ver con una costumbre cultural indudablemente marcada por el patriarcado, pero a mi no me disgusta en cuanto a gesto de cortesía, no deberíamos acentuarlo en el hecho de que por ser mujer uno debería ser caballero. Si un hombre viene con dos bolsos en las manos o asistís a alguien que está en inferioridad de condiciones que vos, uno puede ser caballero sin importar el género”, sostiene.

Creo que en esa respuesta está la clave de lo que sucede con estos inocentes gestos de amabilidad: se realizan por y para alguien que, se cree, se encuentra en inferioridad de condiciones y la pregunta retórica que se me ocurre es: ¿por qué suponen que las mujeres estamos en inferioridad de condiciones?

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