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Sobre la campaña #CambiáElTrato

Publicado el 28 noviembre 2018 en Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Luciano Fabbri analiza la campaña de la Fundación Avón. Su acierto: cuestionar las relaciones de complicidad machista entre varones y hacerse eco de una exigencia hacia los varones, “cortense el mambo entre ustedes”. También tiene puntos problemáticos: la lógica del bueno y el malo, los costos de cuestionar la impunidad y el prestigio de los varones agresores; y la ausencia de mujeres en escena, quienes al ser representadas como víctimas, se restituye la superioridad viril de los varones denunciantes. Es urgente seguir pensando los recursos para cuestionar los lazos de complicidad machista entre varones.

Hace unos diez días que entraron en circulación los spots de la Campaña #CambiáElTrato, promovida por la Fundación Avon, y aún siguen dando que hablar. Apoyos y críticas por doquier; algunos más taxativos, incitan a aplaudir o desechar, otros matizados, invitan a problematizar sus limitaciones, desafiándonos a trascenderlas.

Hay muchas aristas a analizar en este tipo de campañas. Reparar en quién produce y financia el mensaje, con quien se alía y con qué intereses, puede resultarnos más o menos esclarecedor, pero no será objetivo de esta nota. Analizar la recepción, interpretación y circulación del mensaje, sobre todo entre quienes parecen ser sus principales destinatarios, podría ser mucho más enriquecedor, pero de momento está fuera de nuestro alcance.

Sí quisiera, respondiendo a algunas consultas recibidas y haciéndome eco de algunos intercambios de opiniones, compartir algunas observaciones que me inspiran estos videos.

Las tres piezas publicitarias están protagonizadas por varones (aparentemente cis, hetero, y en su mayoría sub-30) en escenas donde alguno de ellos señala al otro -amigo, padre- que está ejerciendo algún tipo de violencia hacia una mujer. Porque la está acosando en la calle, porque envía fotos de ella desnuda sin su consentimiento, o porque la menosprecia y maltrata como mujer y pareja.

En primer lugar quisiera señalar lo que considero un acierto; apuntar a erosionar y cuestionar las relaciones de complicidad machista entre varones. Entiendo que en esa elección hay diagnóstico compartido; las violencias machistas gozan de impunidad, entre otras cosas, porque son naturalizadas y avaladas por el silencio cómplice hacia el interior de la corporación cis-masculina. Los varones somos los principales policías de la masculinidad de otros varones, los que legitimamos o deslegitimamos las actuaciones y credenciales de género de nuestros pares.

Reconocer este pilar de la socialización masculina en la reproducción de las violencias y privilegios patriarcales no supone necesariamente avalarlo, considerarlo justo o ético. Sino más bien, tener un análisis del campo de relaciones y vectores de poder sobre el que se busca intervenir.

Florencia Yanuzzio, directora de la Fundación Avon, lo expresa de la siguiente manera; “Hay que terminar con eso de decirle a las mujeres que se cuiden, que ojo con la ropa que se ponen, que el horario… A los que hay que hablarles es a los varones, y la idea es que escuchen, porque son la raíz del problema” (Clarín, 17-11-2018).

Al mismo tiempo, y aún en la ausencia en escena de las voces y cuerpos de las mujeres, la orientación de la campaña se hace eco de una de sus principales exigencias para con los varones; “cortense el mambo entre ustedes”, “no necesitan un lugar dentro del feminismo, lleven los reclamos de los feminismos a sus espacios compartidos con otros varones”, “las feministas no somos responsables de educar a los hombres”.

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Los hombres deben dar un paso al frente y ser incómodos para los machistas

Publicado el 21 noviembre 2018 en General |

Sufren las mujeres, pero el problema es de los hombres.© ‘Big Little Lies’ (HBO, 2017 –

Octavio Salazar en GQ.

Cerca de 1.000 mujeres asesinadas desde 2003. Una cifra que debería bastar para que la violencia de género fuera percibida como el problema más grave de nuestra sociedad. Un tipo de violencia que es sólo una más de las muchas que podemos calificar como machistas, las cuales son perpetradas por sujetos de todas las edades, de todas las nacionalidades, de todos los estratos sociales y económicos.

Dicho de otra manera: el único rasgo que comparten todos estos sujetos es que son de sexo masculino. Es decir, hombres que reproducen hasta el extremo más brutal una cultura machista. Individuos que han sido socializados para el dominio y para el ejercicio de la violencia con el objetivo de mantener o restaurar un orden en el que nosotros somos los privilegiados.

Unos machitos que también conciben el amor y la sexualidad desde el control y el dominio. Unos tipos que son incapaces de reconocer la equivalente autonomía de sus compañeras. Los que hacen posible la permanente reinvención del patriarcado desde la asunción acrítica de que ellos han nacido para ser los amos, los putos amos.

La violencia de género es, pues, un problema masculino que sufren las mujeres. Con ello no quiero decir que todos los hombres seamos maltratadores, como tampoco que todos seamos ni violadores ni puteros. A lo que me refiero es a que la raíz de este drama social se halla en un modelo de masculinidad que en el siglo XXI continúa prorrogando nuestro estatus privilegiado y, ligado a él, el uso de múltiples violencias mediante las cuales mantenemos nuestro poder. Todo ello aderezado con los mitos del amor romántico que tanto ayudan a que las mujeres sigan entendiendo que su lugar es el de la sumisión y que nosotros hemos nacido para ser conquistadores. No sólo de los territorios, sino también de los cuerpos y hasta de las vidas de quienes durante siglos fueron educadas para el silencio.

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“Los privilegios de los hombres llevan al sufrimiento y al desastre”

Publicado el 19 noviembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

María Pazos,

La matemática, investigadora y activista feminista acaba de publicar ‘Contra el patriarcado: Economía feminista para una sociedad justa y sostenible’.

La economía sólo tiene en cuenta a la mitad de la población: la que conforman los hombres. Así lo denuncian desde hace años las economistas feministas como María Pazos Morán, ya que dentro del sistema económico no se tienen en cuenta los cuidados de las personas dependientes o las tareas del hogar, realizadas en su mayoría por mujeres de manera gratuita.

¿Cómo se podría llegar a un sistema económico igualitario? Es decir, un sistema que sí se acuerde de las mujeres a la hora de tomar medidas y hacer políticas públicas. ¿Qué es lo que está fallando para que aún, en 2018, exista una división sexual del trabajo, que es “la base del patriarcado”? Es lo que se pregunta Pazos Morán en su nuevo libro Contra el patriarcado: Economía feminista para una sociedad justa y sostenible. En él explica que el sistema fiscal actual fomenta la desigualdad de género y perpetúa que las mujeres sigan responsabilizándose de los cuidados.

Pazos señala que, además, la economía actual no sólo se olvida de las mujeres sino que “pone medidas para que esta situación continúe”. Pone de ejemplo el sistema de cuidados: “Que la mujer se quede en casa es también un sistema de cuidados fomentado la falta de permisos paternales”.

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Decálogo de mi diálogo con mi lado feminista

Publicado el 13 noviembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Juan Miguel Garrido. Lavozdelsur.es

De acuerdo, quiero intentar ser un hombre igualitario. Qué tengo que hacer.

1. Piensa de forma empática

Bien, primero comienza por pensar en nosotras las mujeres, no como tú objeto sexual, madre, novia, esposa, cuidadora, o seres débiles que necesitan  vuestra protección, a pensar en nosotras como personas que al igual que tú, tenemos derechos, obligaciones, deseos, pasiones, necesidades, dolores, enfermedades, alegrías, desempleo, depresiones, amores, aspiraciones. Pero no lo hagas desde esa superioridad moral que te otorga tú cómoda posición patriarcal, hazlo como si fueses una de nosotras, practica eso que llamamos empatía, deja de poner tantas excusas, cuestionarnos, y buscar justificación a todo.

2. Practica la escucha activa

Escúchanos, no como quien oye llover, porque nada te interesa lo que te diga, y solo esperas, si eres capaz de no interrumpir, que deje de hablar para largarme tú parrafada, como si no hubiese hablado, o ni tan siquiera estuviese frente a ti. Escucha lo que pensamos, como vemos este mundo, y ejercita la escucha activa. No os viene mal.

3. No te creas el centro del mundo

Deja de creerte el ombligo del mundo, y que tenemos que estar pendientes de ti, no pretendas imponer siempre tú razón, monopolizar la conversación, y ocupar todo el espacio. No estás solo. Da un pasito adelante, y por ejemplo, deja de desayunar con tus compañeros, y hazlo de vez en cuando con tus compañeras, tendrás otra visión de las cosas, esa que te falta. No pienses que no pintas nada, o que solo hablamos de trapitos, colegios, y cotilleos. No nos humilles. Abstente por unos días de darnos tú opinión sobre política, fútbol (nosotras también entendemos), las cilindradas de tú moto, o poner cara de idiota cuando hablas de los caballos del coche que te vas a comprar.

4. Acepta la maternidad como una opción

Acepta la maternidad como una opción, que no se es ni más, ni menos mujer por no ser madre, o por tener una sexualidad distinta a la que tú piensas que debemos tener.

5. Recapacita sobre cuál es tu papel en las tareas del hogar

Se sincero, honesto, y recapacita qué sería de tú vida familiar, social y laboral, sin las mujeres, y cuál es tú participación real en las tareas del hogar. Memoriza y apunta los permisos, vacaciones, y reducciones de jornada que disfrutaste en el trabajo para atender necesidades familiares, o las veces que fuiste al colegio porque tus hijos se hicieron pis, y había que cambiarlos. Calcula el tiempo que cada semana dedicas a tu ocio personal. Recuerda quien se tomó todos los descansos por maternidad, haz un ejercicio de inteligencia, esa de la que tanto presumes, y evalúa tú carrera profesional, las subidas salariales, los ascensos y promociones, y la de tú pareja.

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La risa subalterna de las bertsolaris

Publicado el 5 noviembre 2018 en General |

 

Uxue Alberdi y Maialen Lujanbio escuchan el tema tema que les va a proponer la conductora. / Foto: Xenpelar Dokumentazio Zentroa.

Uxue Alberdi Estibaritz. Pikara Magazine

Las mujeres han logrado amoldarse al bertsolarismo (el arte de cantar en verso en euskara de manera improvisada siguiendo unas reglas de rima y métricas concretas), que cuenta con un estructura predefinida por hombres y para hombres.

Apenas han pasado cuatro décadas desde que las mujeres bertsolaris de la era moderna empezaron a improvisar en espacios públicos. Antes, los bertsolaris eran hombres que improvisaban para hombres, a menudo en espacios vetados para las mujeres (bares, sidrerías, sociedades gastronómicas…). Pero, en el ámbito privado, las mujeres han improvisado desde tiempos inmemoriales y han sido las grandes transmisoras del bertsolarismo. Incluso cantaban en público. El Fuero Nuevo de Vizcaya (1526) recoge menciones directas a las mujeres improvisadoras del Señorío: Título 8. Ley 1. “[…] y sobre mujeres, que son conocidas por desvergonzadas, y revolvedoras de vecindades, y ponen coplas, y cantares a manera de libelo infamatorio (que el Fuero llama profazadas).” Es esta ley del año 1452 la primera noticia escrita que tenemos de las antiguas improvisadoras, y es justamente una prohibición —“bajo multa de mil maravedíes”— la que manifiesta su existencia.

Para quien no conozca el bertsolarismo (bertsolaritza en euskera) quizás convendría aclarar que se da ese nombre al arte de cantar en verso de manera improvisada en forma conversacional o discursiva siguiendo unas reglas de rima y métrica concretas. A pesar de la diversidad de públicos, temas, registros y contextos (campeonatos, festivales, actuaciones de sobremesa, jornadas feministas, ferias del ganado, actos reivindicativos, etc.), el humor siempre ha tenido gran relevancia en él y goza de una larga y masculina tradición.

Así lo asevera la periodista y bertsolari Estitxu Eizagirre: “El bertsolarismo ha sido, y en gran medida es aún, una práctica estructurada por hombres y a la manera de los hombres”, según sus necesidades, posibilidades, intereses y costumbres. Las mujeres han sabido amoldarse a esa estructura predefinida y han conseguido, a veces, incluso sobresalir y destacar por su talento (como es el caso de Maialen Lujanbio, ganadora del campeonato de Euskal Herria en 2009). Pero jugar en campo ajeno tiene sus consecuencias. Hoy las mujeres bertsolaris rondamos el 20% del total, cifra que varía según el contexto y el formato de actuación.

El corsé de la mujer correcta

El bertso improvisado siempre es efímero. Precisa de ideas breves y concisas que el público en general pueda captar al instante, un código unificado fácil de comprender: imaginarios comunes y referencias compartidas, sean culturales, humorísticas, sociales, temáticas, lingüísticas o visuales, que tejan lazos entre quienes improvisan y el público. En ese sentido, tiene mucho en común con un chiste o un comentario ocurrente: si precisa aclaraciones, es señal de que no ha funcionado.

Ese lenguaje común, ese hilo conductor, ese puente, es diferente en la ciudad o en el campo, entre la gente joven y la gente mayor… Pero resulta que el código asumido, con significados unificados de forma colectiva, ha sido conformado exclusivamente por hombres y compartido, consumido e interiorizado por todo el mundo, hasta el punto de considerarlo neutro y universal.

Es preciso recordar que dicho código implica además el plano corporal: comportamiento, movimiento y escenificación que también deben comprenderse y aceptarse al instante. Recordemos a Arantzazu Loidi, una de las primeras bertsolaris que se aventuró a cantar en plaza pública en los años 80 del siglo XX y cuya voz, fina y aguda, no encajaba con el estilo y la corporeidad exigidos entonces.

“A LA MUJER BERTSOLARI SE LE HA EXIGIDO MANTENER CUALIDADES CONSIDERADAS MASCULINAS”

A la mujer bertsolari se le ha exigido mantener cualidades consideradas masculinas (“arranque para responder, seguridad, contundencia, cierta desfachatez…”, enumera Lujanbio) sin perder la “sagrada feminidad” y, por consiguiente, ejercer con mesura y moderación: ser pícara sin llegar a ser desvergonzada; ser seductora sin llegar a parecer puta; ser firme sin mostrarse arrogante; ser agradable, pero no dulzona; alegre, pero no casquivana; crítica, pero no demasiado transgresora; con carácter, pero no colérica; contundente, pero no basta; graciosa, pero no frívola. Ese juez inquisitorio externo o interiorizado que delimita los márgenes de la “mujer correcta” estrangula sin remedio la risa, ya que es casi imposible reírse con un corsé tan prieto.

Temario común androcéntrico

Esta reflexión nos lleva a pensar sobre el canon presente: ¿qué es hoy un o una “bertsolari normal”? Vendría a tipificarse como hombre (guipuzcoano, joven, heterosexual, independentista, de estudios universitarios y de clase media), que canta en el estilo bertsolarístico “normal”, con una voz “normal”, que hace “humor normal” sobre “temas normales” desde un cuerpo “normal”. O sea, que lo “normal” es intercambiable por “masculino hegemónico”. En el reverso estarían el resto de las bertsolaris, estilos, voces, risas, cuerpos o temas subalternos. El código unificado y preestablecido va cambiando y “lo normal” se va redefiniendo cada día, pero la visión androcéntrica sigue siendo claramente dominante.

Es habitual y “humorísticamente eficaz” reírse de la calvicie masculina, pero tratar sobre la depilación femenina no resulta tan gracioso. Es frecuente referirse a la pulsión sexual masculina; sin embargo, la femenina es harina de otro costal. En los campeonatos de bertsolaris es tarea habitual que tengamos que dar continuación a un primer punto dado (se da un primer verso de una estrofa para que el o la bertsolari continúe improvisando hasta completarla) sobre caza, rugby, fútbol, baloncesto, etc., pero en raras ocasiones se nos proponen temas como el ganchillo, el punto cruz, el ballet, el yoga o las plantas medicinales. El temario común en el que el y la bertsolari se tienen que desenvolver es el relativo al espacio público, el que se expone en medios de comunicación o en bares. Y luego están los demás temas, temas de menor relevancia: las “cosas de mujeres” y de otros grupos subalternos que, en los márgenes invisibles, producen risas inaudibles.

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