Publicado el 5 noviembre 2018 en General |

 

Uxue Alberdi y Maialen Lujanbio escuchan el tema tema que les va a proponer la conductora. / Foto: Xenpelar Dokumentazio Zentroa.

Uxue Alberdi Estibaritz. Pikara Magazine

Las mujeres han logrado amoldarse al bertsolarismo (el arte de cantar en verso en euskara de manera improvisada siguiendo unas reglas de rima y métricas concretas), que cuenta con un estructura predefinida por hombres y para hombres.

Apenas han pasado cuatro décadas desde que las mujeres bertsolaris de la era moderna empezaron a improvisar en espacios públicos. Antes, los bertsolaris eran hombres que improvisaban para hombres, a menudo en espacios vetados para las mujeres (bares, sidrerías, sociedades gastronómicas…). Pero, en el ámbito privado, las mujeres han improvisado desde tiempos inmemoriales y han sido las grandes transmisoras del bertsolarismo. Incluso cantaban en público. El Fuero Nuevo de Vizcaya (1526) recoge menciones directas a las mujeres improvisadoras del Señorío: Título 8. Ley 1. “[…] y sobre mujeres, que son conocidas por desvergonzadas, y revolvedoras de vecindades, y ponen coplas, y cantares a manera de libelo infamatorio (que el Fuero llama profazadas).” Es esta ley del año 1452 la primera noticia escrita que tenemos de las antiguas improvisadoras, y es justamente una prohibición —“bajo multa de mil maravedíes”— la que manifiesta su existencia.

Para quien no conozca el bertsolarismo (bertsolaritza en euskera) quizás convendría aclarar que se da ese nombre al arte de cantar en verso de manera improvisada en forma conversacional o discursiva siguiendo unas reglas de rima y métrica concretas. A pesar de la diversidad de públicos, temas, registros y contextos (campeonatos, festivales, actuaciones de sobremesa, jornadas feministas, ferias del ganado, actos reivindicativos, etc.), el humor siempre ha tenido gran relevancia en él y goza de una larga y masculina tradición.

Así lo asevera la periodista y bertsolari Estitxu Eizagirre: “El bertsolarismo ha sido, y en gran medida es aún, una práctica estructurada por hombres y a la manera de los hombres”, según sus necesidades, posibilidades, intereses y costumbres. Las mujeres han sabido amoldarse a esa estructura predefinida y han conseguido, a veces, incluso sobresalir y destacar por su talento (como es el caso de Maialen Lujanbio, ganadora del campeonato de Euskal Herria en 2009). Pero jugar en campo ajeno tiene sus consecuencias. Hoy las mujeres bertsolaris rondamos el 20% del total, cifra que varía según el contexto y el formato de actuación.

El corsé de la mujer correcta

El bertso improvisado siempre es efímero. Precisa de ideas breves y concisas que el público en general pueda captar al instante, un código unificado fácil de comprender: imaginarios comunes y referencias compartidas, sean culturales, humorísticas, sociales, temáticas, lingüísticas o visuales, que tejan lazos entre quienes improvisan y el público. En ese sentido, tiene mucho en común con un chiste o un comentario ocurrente: si precisa aclaraciones, es señal de que no ha funcionado.

Ese lenguaje común, ese hilo conductor, ese puente, es diferente en la ciudad o en el campo, entre la gente joven y la gente mayor… Pero resulta que el código asumido, con significados unificados de forma colectiva, ha sido conformado exclusivamente por hombres y compartido, consumido e interiorizado por todo el mundo, hasta el punto de considerarlo neutro y universal.

Es preciso recordar que dicho código implica además el plano corporal: comportamiento, movimiento y escenificación que también deben comprenderse y aceptarse al instante. Recordemos a Arantzazu Loidi, una de las primeras bertsolaris que se aventuró a cantar en plaza pública en los años 80 del siglo XX y cuya voz, fina y aguda, no encajaba con el estilo y la corporeidad exigidos entonces.

“A LA MUJER BERTSOLARI SE LE HA EXIGIDO MANTENER CUALIDADES CONSIDERADAS MASCULINAS”

A la mujer bertsolari se le ha exigido mantener cualidades consideradas masculinas (“arranque para responder, seguridad, contundencia, cierta desfachatez…”, enumera Lujanbio) sin perder la “sagrada feminidad” y, por consiguiente, ejercer con mesura y moderación: ser pícara sin llegar a ser desvergonzada; ser seductora sin llegar a parecer puta; ser firme sin mostrarse arrogante; ser agradable, pero no dulzona; alegre, pero no casquivana; crítica, pero no demasiado transgresora; con carácter, pero no colérica; contundente, pero no basta; graciosa, pero no frívola. Ese juez inquisitorio externo o interiorizado que delimita los márgenes de la “mujer correcta” estrangula sin remedio la risa, ya que es casi imposible reírse con un corsé tan prieto.

Temario común androcéntrico

Esta reflexión nos lleva a pensar sobre el canon presente: ¿qué es hoy un o una “bertsolari normal”? Vendría a tipificarse como hombre (guipuzcoano, joven, heterosexual, independentista, de estudios universitarios y de clase media), que canta en el estilo bertsolarístico “normal”, con una voz “normal”, que hace “humor normal” sobre “temas normales” desde un cuerpo “normal”. O sea, que lo “normal” es intercambiable por “masculino hegemónico”. En el reverso estarían el resto de las bertsolaris, estilos, voces, risas, cuerpos o temas subalternos. El código unificado y preestablecido va cambiando y “lo normal” se va redefiniendo cada día, pero la visión androcéntrica sigue siendo claramente dominante.

Es habitual y “humorísticamente eficaz” reírse de la calvicie masculina, pero tratar sobre la depilación femenina no resulta tan gracioso. Es frecuente referirse a la pulsión sexual masculina; sin embargo, la femenina es harina de otro costal. En los campeonatos de bertsolaris es tarea habitual que tengamos que dar continuación a un primer punto dado (se da un primer verso de una estrofa para que el o la bertsolari continúe improvisando hasta completarla) sobre caza, rugby, fútbol, baloncesto, etc., pero en raras ocasiones se nos proponen temas como el ganchillo, el punto cruz, el ballet, el yoga o las plantas medicinales. El temario común en el que el y la bertsolari se tienen que desenvolver es el relativo al espacio público, el que se expone en medios de comunicación o en bares. Y luego están los demás temas, temas de menor relevancia: las “cosas de mujeres” y de otros grupos subalternos que, en los márgenes invisibles, producen risas inaudibles.

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