Publicado el 10 diciembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Abascal Caballo
Spot de Vox para la campaña andaluza. Foto: Twitter

 

Lionel S. Delgado El salto

¿Qué pasa con los hombres para que encuentren en la derecha radical un nicho de confianza? ¿Qué dice o hace la ultraderecha para conectar con un votante masculino?

Dos tercios de los votantes de Vox son hombres. Ocho de cada diez votantes de izquierda que se han pasado a Vox son hombres. Lo dice Narciso Michavila, sociólogo y presidente de GAD3, la empresa demoscópica que se ha hecho famosa por ser la única que acertó en los pronósticos de las elecciones andaluzas. No es nuevo: Metroscopia ya apuntaba que el 72% del votante estatal era varón. ¿Qué pasa con los hombres para que encuentren en la derecha radical un nicho de confianza? ¿Qué dice o hace la ultraderecha para conectar con un votante masculino?

El perfil del votante de Vox parece estar relacionado con edades medias, clases pudientes y con estudios superiores. Hoy nos interesa para profundizar en la relación que existe entre el auge de discursos conservadores y la crisis de valores de la masculinidad.

Los hombres ya no tenemos tan claro qué se supone que tenemos que hacer en el mundo: el papel del “ganapán” proveedor ha quedado en entredicho por la precarización sistemática de lo laboral y por la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. La figura del “padre protector” se tambalea cuando aparecen los nuevos modelos de paternidad y el viejo modelo del padre fuerte y dominante se muestra como más bien violento. También la figura del “hombre exitoso en lo sexual” se pone en el punto de mira al evidenciarse los elementos patriarcales y potencialmente agresivos del cortejo masculino. Así, los modelos antiguos se quedan vetustos y, cuando lo viejo (parece que) muere y lo nuevo no termina de aparecer, aparecen los monstruos.

Con esto no se trata de decir que es por culpa de los hombres que la ultraderecha avance. Sin embargo, algo específico pasa con los hombres para que un partido de ultraderecha obtenga dos tercios de su voto de este perfil. Es necesario entender correctamente cómo un fenómeno Vox puede construirse sobre el voto masculino y qué relación tiene con la crisis de la masculinidad.

LOS HOMBRES Y EL FEMINISMO

La presencia del antifeminismo en el discurso de Vox no es secundaria: es uno de los los tres pilares del partido de ultraderecha, junto al anticatalanismo (más que nacionalismo ya que se basa en el odio más que en un modelo de país claro) y la antiinmigración. Después de que Ciudadanos retirase de su programa la reforma integral de la LVG y de que el PP comulgase con parte del discurso contra la Violencia de Género (aunque Casado sea crítico con “la ideología de género”), se queda el campo libre para que Vox se apropie del marco crítico, hipertrofiando el discurso que acusa al feminismo de “culpar a los hombres por el hecho de ser hombres”.

No obstante, Vox no inventa nada en esta materia. Existe un malestar masculino, del cual se han escrito ya muchas páginas, proveniente de una crisis de los modelos de género ligados a unos contextos de cambio e inseguridad vital que han difuminado las reglas sobre lo que consiste ser hombre.

Por suerte, ya no estamos en el mundo del honor, la dignidad y el mérito. Ya no consiste todo en sacrificarnos estoicamente por nuestra familia y recibir la medalla del padre/marido/hijo del mes. Sin embargo, si ya no podemos ser “hombres de verdad”, ¿qué se supone que debemos ser? Ante esta pregunta surge la crisis de masculinidad donde los valores asociados a un rol masculino tradicional ya no estipulan cuál es nuestro lugar en el mundo.

El malestar que surge de esta crisis es muy volátil y es fácilmente convertible en un enfado indeterminado. Michael Kimmel, en su obra Angry White Men(Hombres blancos cabreados), vaticinando el auge de Trump habla de cómo lo que hay en el fondo es un enfado masculino dirigido a todo. Hombres cabreados con sus jefes, con las mujeres, con los inmigrantes, los políticos, con todos.

Es un malestar sin forma, generado por una sensación de incertidumbre generalizada: esto puede ser aplicado al perfil de votante de Vox, masculino, de clase acomodada y estudios superiores. Este votante proviene de un colectivo clásico que puede estar percibiendo el cambio como amenaza, relacionando esta amenaza a los colectivos sociales que van mejorando poco a poco su situación. “Si ellos mejoran yo empeoro”, por lo que pasan a ser enemigos que vienen a “robarnos el país”. “Para la izquierda, no tenemos derecho a tener un país”, dicen en Vox apelando a este sentimiento de “nación arrebatada”.

La derecha tiene gran facilidad para encarnar las formas más masculinas de la política: la agresividad, la bravuconería, la política “con dos huevos”. Abascal representa al Macho Ibérico cuando aparece a caballo declarando el comienzo de La Reconquista, la guerra a catalanes, inmigrantes y feministas. Y si alguien duda de lo tremendamente masculino del discurso de VOX, que vea cualquier entrevista a su líder: los valores del hombre heterosexual y de estatus digno están presentes en todo momento. Desprende dignidad, honor y mérito. Una apelación a la visión romántica del hombre haciendo “cosas de hombres”.

Este cabreo no es marca propia masculina. Las mujeres también pueden adscribirse a la ultraderecha, racista, xenófoba, anticatalana y machista. Al fin y al cabo, sigue habiendo un 33% de votantes de Vox que no son hombres. Las mujeres también pueden estar cabreadas. Pero creo que en las mujeres este cabreo no está ligado a su feminidad: no están cabreadas en tanto mujeres (salvo en perfiles que buscan la vuelta de los roles femeninos tradicionales relacionados con lo doméstico, los cuidados y la maternidad). Sin embargo, en los hombres este cabreo es históricamente una válvula de escape legítimamente masculina: es enfado masculino en tanto que se basa en la sensación de un “rol perdido” y un malestar de género.

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