Publicado por el 13 agosto 2015 en Violencia contra las mujeres, Violencia machista |

Posted on Miguel Lorente Acosta

El machismo va en serio, siempre hay a quien le pueden parecer graciosos algunos de sus chistes, comentarios y ocurrencias, pero cada una de esas sonrisas flota sobre lágrimas que llenan de sal los labios, y cierran la mirada a un futuro limitado por la amenaza de las palabras y los golpes.

El machismo va tan en serio que ha diseñado una estructura de poder exclusiva basada en la jerarquización a partir de la desigualdad entre hombres y mujeres, y ha puesto como guardián del campo de cultivo de sus privilegios a la propia normalidad con sus valores, ideas y creencias. De ese modo, como muestran los estudios sociológicos, los hombres creen que hay razones para utilizar la violencia contra las mujeres para restablecer el orden alterado por ellas, y las mujeres llegan a entender que esa violencia es algo bueno para la relación, y que se trata de una cuestión “menor y merecida”. Es lo que deja ver la Macroencuesta de 2015, cuando las mujeres que sufren violencia de género dicen no denunciarla porque “no fue lo suficientemente grave” (un 44% lo afirma), o por sentir vergüenza, como indica un 21%.

Este mecanismo permite dos grandes objetivos, uno a nivel individual y otro social. En el contexto individual, permite mantener el control de las mujeres y de los hijos e hijas, y lo hace tanto en la acción por medio de los golpes, como en la decisión a través de las ideas, pues la consecuencia directa de ese control es la interiorización del mismo sistema de valores patriarcales que lleva a ejercerlo. Y en el contexto social, posibilita el mantenimiento del “orden social” bajo las referencias que la cultura ha creado sobre la desigualdad, y las referencias que los hombres han considerado convenientes para la convivencia y la organización de las relaciones.

Por eso es tan importante la interacción entre lo individual y lo social cuando hablamos de violencia de género, y por dicha razón cada uno de los agresores toma esa doble referencia a la hora de valorar su conducta y decisiones: Ejerce la violencia para sentirse un “hombre de verdad”, según el modelo de masculinidad creado por la cultura, y la utiliza también para ser reconocido como tal por esa sociedad. Ser hombre y sentirse como tal es la clave para ellos.

En las últimas semanas hemos conocido una serie de casos en los homicidas ha tratado de simular el asesinato de sus mujeres con diferentes accidentes, ya lo recogimos en“Los hombres van de frente”. Y el suicidio tras el homicidio ha pasado de una media del 18% hace unos años al 29’6% en 2014, y por encima del 30% en lo que ha transcurrido de 2015 tras los últimos casos. Uno de estos últimos homicidios recoge las dos conductas, mostrando que entre ellas hay una interrelación y una base común, me refiero al ocurrido en Serra (Valencia), tal y como ha puesto de manifiesto la investigación. En un primer momento, según la información aparecida, el agresor mató a su mujer y después provocó un incendio para ocultar el homicidio, y tras ser descubierto y detenido, ya en prisión, se suicidó.

No debemos olvidar que el machismo es poder, y que el poder no está dispuesto a ceder. Hará todo lo que necesite para mantener sus referencias, esas ideas, valores y creencias propias, y con ellas la desigualdad que les proporciona los privilegios que puede disfrutar cada machista según sus circunstancias. Así ha sido durante siglos de “cambios para que todo siga igual”, y así será ahora si no somos conscientes de su estrategia y no desarrollamos medidas de prevención y protección.

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