Gizonduz

Logotipo institucional euskadi.net
Menú de Navegación

La I está empezando a salir del armari

Publicado el 19 mayo 2018 en Diversidad sexual |

Ilustración: V. Rico

Mer Gómez. Pikara Magazine

Dinamizamos un diálogo entre cinco mujeres intersexuales, sobre su forma de vivir el género y la sexualidad, la relación con sus cuerpos, con el feminismo y con el movimiento LGTBI. Apelan a la responsabilidad colectiva para seguir creando nuevos imaginarios que hagan visibles otros cuerpos y otras formas de ser posibles.

Protagonistas: Trece tiene 29 años, vive en Bilbao y es trabajadora social. Cristina, un año mayor, es de Tarragona y trabaja como actriz. Lola tiene 26 años y es periodista en Bilbao. Lilith, estudiante de 21 años, valenciana. Violeta, a sus 38 años, es química en Madrid.

Empezaré por dónde me han sugerido, por la definición de la I. De esa I que siempre estuvo pero que va sintiéndose cada vez más libre para ir saliendo del armario. Así que seguiré las instrucciones de Violeta, una de las entrevistadas, y expondré la definición que incluye el blog mexicano Brújula Intersexual. Las intersexualidades (en plural) se utilizan como término para nombrar a una variedad de situaciones del cuerpo, en las cuales una persona nace con una anatomía reproductiva o sexual —genitales, gónadas, niveles hormonales, o cromosomas— que no parece encajar en las definiciones típicas de cuerpos masculinos o femeninos. Será precisamente bajo este concepto donde se reconocen las protagonistas del reportaje: Trece, Cristina, Lola, Lilith, y Violeta. Hoy han querido poner palabras a su silencio para mostrarse libres y diversas en un espacio que las hace posibles. Se han atrevido a tomar la palabra como personas intersex y a convertirse en sujetos generadores de sus propios discursos. Estas cinco valientas abren la caja de pandora y nos hablan sobre su identidad, sus prácticas sexuales, sus necesidades, sus cuestionamientos y su relación con las categorías impuestas. En este caso, me referiré a ellas en femenino por petición de las cinco entrevistadas que se identifican como mujeres y como feministas «en proceso de deconstrucción constante». Aún así, también veíamos en el artículo Soy Lola y soy intersexual que hay múltiples identidades dentro del colectivo intersex.

Tras compartir inquietudes y debates interesantísimos en un grupo de Whatsapp comenzamos reflexionando juntas sobre los encuentros y desencuentros que se han dado a lo largo de su trayectoria vital con las categorías establecidas. Violeta —practica la meditación para encontrarse y canta boleros, a solas, en el ascensor— nos dice cómo el patriarcado y la influencia de la religión católica en nuestra sociedad le han hecho sentirse mujer de tercera división. A su vez, Cristina —reservada por derecho, activista por cojones (los que le extirparon)— habla de cómo vivió la pubertad: Cuando no me bajaba la regla, y al enterarme que era XY, que tenía una vagina ciega, y testículos feminizantes internos, se produjo un cortocircuito en mi cerebro: ¿Qué soy? ¿Qué farsa es ésta? ¿Qué van a pensar los demás? No me sentía digna de ser mujer ni de presentarme como tal. Este sentimiento lo comparten sus compañeras que, como en el caso de Cristina, fueron socializadas desde el nacimiento como mujeres y para las que el silencio fue su principal arma de resistencia. Lola —alma vieja y creadora intermitente de artículos— nos dice: “Imagínate que te diagnostican un síndrome, que siempre tuviste y que muy pocas personas tienen, te extirpan una gónada por miedo a que se genere un tumor y te dicen que no tienes útero, ni ovarios, ni tendrás la regla, ni eres fértil. Catorce años. Gestiónalo. Y sigue Trece —feminista, comunista y feliz—: “Al principio mi percepción del cuerpo era incompleta, no encajaba, las cicatrices tras las operaciones no ayudaban, no me consideraba una mujer real y en mi familia se normalizó como un tabú, mediante el silencio. Por su parte, Lilith —feminazi, piscis, y le encanta bailar (sobre todo tango)— también subraya esos silencios y afirma que, aunque en términos binarios se identifica como mujer, “tenemos que seguir trabajándonos lo queer para dejar atrás el dualismo sexual excluyente y los roles de género”.

Sexo, género, sexualidad

La sexualidad ha sido para ellas un tema tabú que mencionan cada vez que comparten experiencias. Ahora, como nos dicen Trece y Lilith, lo ven como algo líquido “que va fluctuando, que va cambiando” pero, aún así, la imposición de la heterosexualidad normativa a la hora de tener prácticas sexuales ha marcado sus cuerpos y la manera de construir sus relaciones. Trece se reafirma como bisexual pero se siente más libre teniendo relaciones bolleras: Aunque me hubiese gustado experimentar con hombres sexualmente, sé que tengo un conflicto hacia la forma fálica y la penetración debido al uso de los dilatadores impuestos tras la vaginoplastia. Lola se siente identificada con las palabras de Trece por haber sido sometida también a un aumento de la cavidad vaginal, y afirma que a pesar de haber disfrutado de prácticas con penetración placenteras, apuesta firmemente por otras alternativas sexuales y de autoerotismo. Aunque a Lilith su dificultad para tener penetración le llevó en la adolescencia a sentirse “la frígida, la estrecha, la infollable, con relaciones sexuales de segunda”, también le ayudó a descubrir una vida sexual más rica y otras formas de tener orgasmos; “es importante autoexaminarse, autocoñocerse, saber qué deseamos en nuestras relaciones”.

Leer completa 

Leer más

¿Y si las palabras salvasen vidas?

Publicado el 22 febrero 2018 en Diversidad de género, Diversidad sexual |

June Fernandez. Eldiario.es 20/02

La reciente muerte de Ekai, un adolescente trans, muestra la urgencia de cuestionar la tiranía del dualismo sexual.

Necesitamos nuevos imaginarios y lenguajes que incluyan la diversidad de género, porque el binarismo es una ficción que provoca sufrimiento.

¿Os acordáis de la polémica en redes sociales cuando Leticia Dolera ironizó con “el campo de nabos feminista precioso” que les había quedado a los presentadores de la gala de los Goya? En Twitter, algunas voces señalaron que ese tipo de expresiones son desacertadas porque establecer esa correlación entre penes y hombres sigue una lógica que invisibiliza a las personas trans; en concreto, a las mujeres con pene.

Leticia Dolera rectificó en Twitter, lo cual no gustó nada a un sector del feminismo. Yo publiqué un reportaje en Pikara en el que tres mujeres trans opinaban sobre ese tipo de expresiones tan socorridas para las feministas (incluidas consignas como ‘Polla violadora a la licuadora’), y tampoco gustó nada a cierto sector del feminismo. Nos dijeron que somos las defensoras de los nabos (me pregunto qué opinarán los machinazis de esto). Las más desacomplejadamente transfóbicas nos dijeron que somos las amigas de los hombres con vestido.

Os voy a contar un secreto: cuando, la mañana después de la gala de los Goya, vi el revuelo que se había formado por las palabras de Leticia Dolera, escribí airada en mi Facebook: “Pues yo voy a seguir diciendo ‘campo de nabos’. #hastaelcoñoya”. Estaba convencida de que apelar al falo como símbolo del poder patriarcal era efectivo y adecuado. Además, había asistido a situaciones que me habían indignado, como cuestionar que el feminismo utilice la vulva como símbolo de las mujeres o reivindique las tijeretas y los cunnilingus. Atribuía yo esas críticas al gusto millenial (nótese el adultismo de treintañera en mi prejuicio) por el despelleje cibernético que también se traslada a las asambleas y a las calles.

El caso es que, como llevaba meses con ese runrún, me pareció el momento perfecto para hacer ese reportaje que tenía pensado desde hace tiempo. Después de dudar un poco, decidí que las fuentes fueran únicamente mujeres trans feministas. Y aquí viene la segunda confesión: una parte de mí esperaba que el reportaje resultante confirmase mi posición de partida. La primera a la que entrevisté fue a Álex Portero, una de las tuiteras que criticó la expresión de Dolera (y que después aplaudió su reacción). Me gustó mucho escuchar su planteamiento por notas de audio: en resumen, que si entendemos que lo que se nombra no existe, seamos conscientes de las expresiones que construyen imaginarios que excluyen a las personas trans o que incluso las asocian a un estigma (cuando se habla de pollas violadoras, por ejemplo). Que está muy a favor de que las consignas y símbolos feministas celebren la vulva o el clítoris, pero que agradecería que incluyeran también referencias a otras anatomías: “Vivan las vaginas y vivan los penes de chica”.

Después, la maravillosa cantautora Alicia Ramos, al mismo tiempo que reconocía que ella usa sin complejos esas expresiones sin darse por aludida porque se refieren a los hombres machistas, me explicó que romper con la identificación atávica entre genitalidad e identidad sexual es un frente importante de la lucha por la despatologización de la transexualidad. En la misma línea, la sexóloga Aitzole Araneta señalaba que “asociar unos genitales a una identidad no es un error sólo porque pueda ser doloroso a las personas trans; es un error porque es mentira. Hay chicas con pene o chicos con vulva, hay personas con genitales intersexuados y personas que tienen accidentes que afectan a sus genitales, que no dejan de ser las personas que eran”.

Sentí la tentación de seguir entrevistando a mujeres trans hasta que alguna dijera lo que yo de entrada quería oír. En vez de eso, decidí comprender. Probablemente siga diciendo “campo de nabos”, al igual que muchas veces no me reprimo un “coñazo”, pero ahora soy consciente de su carga. Así como, cuando digo que alguien es un hijo de puta, me corrijo inmediatamente: “Las putas aclaramos que no somos su madre”, que dirían Hetaira.

La transfobia mata

El pasado viernes, una semana larga después de publicar el reportaje, supimos de la muerte de Ekai, un chico de Ondarroa de 16 años.

Leer completa

Leer más

“Lehenago egingo die uko bere pribilegioei klase burgesak, gizonok baino”

Publicado el 19 enero 2018 en Diversidad sexual, General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Argazkia: Dani Blanco.Argazkia: Dani Blanco.
ARGIAN. Z. OLEAGA 2018ko urtarrilaren 21a

Bakoitzak nondik hitz egiten duen adieraztea garrantzitsutzat du Jokin Azpiazu Carballok. Bera, akademian, kalean, tabernetan bizitutako hausnarketa eta ekintzetatik ari da. Feminismoekin, LGTB+/queer mugimenduekin eta gizon taldeekin garatutako harreman eta militantzietatik. Maskulinitateari pribilegioetatik eta boteretik heltzea proposatzen du Masculinidades y Feminismo liburuan [hemen PDFan irakurgai].

Zerk bultzatuta idatzi duzu liburua? Nori dago zuzendua eta zer nahiko zenuke sortzea bere irakurketak?

Liburuaren helburua ez da edozeinek irakurtzea. Saiatu gara larregi akademikoa izan ez zedin, hausnarketaren konplexutasuna ezkutatu gabe aldi berean. Asmoa da gai horren inguruan bueltaka ibili den jendeak izan dezala tresna bat gehiago. Erosotasunez irakurriko dena ulergarritasun aldetik, baina deserosotasuna ere sortu nahi duena aldi berean. Kariñoz, beti ere. Orduan, bai, segur aski gehiago dago zuzendua feminismoan interesa agertzen duten gizonei, feminismoan aritzen diren emakume eta genero ez bitarretako pertsonei, eta oro har eraldaketa sozialarekin lotuta dagoen pertsonei. Ez dago “guztiontzako maskulinitateak” klabean idatzia.

Zein da liburuaren marko politikoa? Gizonak klase soziala garela esan duzu inoiz.

Oso baieztapen potoloa eta borobila da. Beraz, ez guztiz egia, ezta guztiz gezurra ere. Azken urteetako joera bati buelta emateko baliatu nahi izan dut. Gizontasunaren diskurtsoa asko zentratzen ari da identitatearen inguruan. Eraldatu daitekeena, eraldatzen ari dena eta abar. Maskulinitatea niretzako ez da horrenbeste ni definitzen nauen zerbait identitate ikuspegitik, baizik eta nire botere posizioa markatzen duen zerbait. Eta horrek nire identitatea markatu dezake. Baina abiapuntua ez nuen identitatean jarri nahi, boterean baizik.

Behin irakurri nizun “apenas dago historian, bere pribilegioei boluntarioki uko egin dionik”. Ba al dago inongo arrazoirik pentsatzeko gizonezkook salbuespen izan gaitezkeenik?

Izatekotan, kontrakoa. Motibo gehiago dauzkat nik pentsatzeko klase burgesak uko egingo diela bere pribilegioei, gizonezkook baino. Hara zer esaten dizudan. Oso une politiko xelebrera heltzen ari gara, badirudi posizio ezberdinetatik pribilegioen aitortza egiten dugula: “Badakit pribilegiatua naizela zuria izateagatik, gizona izateagatik, tar tar tar”. Horrekin soilik ez goaz inora, ez badugu neurri zehatzik hartzen. Mugimendu feministak proposatzen dituen neurriak entzun behar ditugu, eta gure egin.

Geure burua ezkertiartzat dugun gizonok, ezberdinak ote?

Ezkerreko mugimenduek historia eta genealogia jakin bat dute. Esaterako, biktimizazioaren ideia oinarrizkoa da: elkartzen gara zapalkuntza bat pairatzen dugulako eta buelta eman nahi diogulako. Biktimaren paperarekin identifikatzen gara. Azken hamarkadetan bizitza konplikatu zaigu. Feminismoetatik edo begirada dekolonialetatik, adibidez, planteatu digutelako ez dela hain argia dimentsio orotan eta uneoro biktima bezala aurkezte hori. Gizonezkook ezkerreko mugimenduetan botere harremanak onartzeko ditugun erresistentziak, gure posizio zentral pribilegiatutik eratortzen dira. Zerbaitek gure biktima papera auzitan jartzea ez zaigu gustatzen, ez diogu heldu nahi.

Irakurri osoa

Leer más

“Es humillante que a las personas trans nos traten de enfermas para que nuestra identidad sea reconocida”

Publicado el 5 diciembre 2017 en Diversidad de género, Diversidad sexual, General |

Las personas trans pasan por un itinerario médico para cambiar su nombre y sexo legal en los documentos oficiales

El Congreso ha aprobado una iniciativa para modificar la ley, que también incluye a los menores, con el objetivo de eliminar estos requisitos

“Yo pensaba ¿pero qué hago aquí? ¿por qué tengo que hacer esto? Es incómodo”, dice Aitor sobre el proceso para conseguir el diagnóstico.

A Aitor le ha costado mucho llamarse Aitor. Lo consiguió hace un año, cuando tenía en sus manos el diagnóstico médico que todavía hoy la ley obliga a las personas trans a presentar en el Registro Civil para que modifiquen su sexo y su nombre legal. Este requisito se une al de estar un mínimo de dos años bajo tratamiento, que alarga un proceso administrativo que expone a muchas personas a situaciones incómodas: “A los meses tienes un poco de barba por la hormonación. Imagínate lo que supone pagar en una tienda con tarjeta de crédito y que te digan que tiene que ir la titular. Te obliga a dar explicaciones continuamente”, dice.

Llevaban años esperándolo. Lo celebran, aunque con la vista puesta en el camino que siguen recorriendo.  El Congreso ha aprobado con el voto en contra del PP la toma en consideración de una iniciativa que reformará la ley que regula el cambio de nombre y sexo legal en los documentos oficiales. Aunque ahora empieza el trámite parlamentario, el objetivo es que las personas trans no tengan que cumplir ningún requisito médico para acceder a la modificación, por ejemplo, del DNI.

El informe que les piden ahora les obliga a pasar por un procedimiento médico que acaba concluyendo que padecen disforia de género. Aitor mira el informe de la psicóloga privada a la que acudió –puede hacerse en la pública, aunque es mucho más lento– y todavía lee con sorpresa.

“Diagnóstico de un trastorno de la identidad sexual. Trastorno clínico: transexualismo”, concluye el estudio clínico junto a una cascada de frases entremezcladas con referencias a Aitor como mujer. “Su aspecto físico es muy delicado y propio de una mujer, sin embargo su vestimenta y corte de pelo es masculino. Oculta sus atributos femeninos. El resultado es un aspecto que podría llamarse híbrido entre los sexos masculinos y femeninos”.

“Yo pensaba ¿pero qué hago aquí? ¿por qué tengo que hacer esto? Es incómodo. Te hacen preguntas como si has pensado en suicidarte o si de pequeño jugabas con muñecas”, explica este joven madrileño de 24 años.

No es una experiencia poco frecuente la de las personas que enumeran preguntas y comentarios muy dirigidos a perpetuar los estereotipos de género. “Es como tener que demostrarle a un desconocido que eres un chico porque juegas al fútbol y llevas gorra y depende de lo que se entienda por hombre y mujer. Yo por ejemplo soy poco normativo. Si ser chico es ser lo que son los que van a mi gimnasio, yo no lo soy”.

Leer completa

Leer más

Iris arcoíris

Publicado el 11 julio 2017 en Diversidad de género, Diversidad sexual, General |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia

Hay quien todavía ve la realidad en blanco y negro, como si fuera el NODO de una España caducada que aún espera el comienzo de una película en tecnicolor en la que los héroes terminan por salvar a la patria de los malos. En las películas de mi infancia no hacía falta calificar al otro, bastaba con llamarlo “el malo”, daba igual que fuera un indio, un negro, un moro, un gánster o un soldado nazi o japonés, al final lo importante es que eran “los malos”, porque lo que se quería destacar es que “nosotros” éramos los buenos.

Y aunque la película ha cambiado, aún hay quien sigue el mismo guión y no entiende que la diferencia ya no es inferioridad, sino que forma parte de la igualdad, o sea, parte nuestra a través de una identidad que ya no se construye por contraste con las otras, ni tampoco resulta excluyente. Hoy ser hombre también es ser mujer, al igual que sucede con ser homosexual, trans o de cualquier otra identidad vivida, ninguna de ellas es excluyente en cuanto a los elementos identitarios, aunque cada apersona la viva y se comporte como considere a partir de ellas.

Y eso es lo que les molesta, porque antes ser hombre era no ser mujer, y ser mujer era tener una serie de características propias que los hombres no podían tener. Y a partir de esas identidades rígidas y acríticas, puesto que eran impuestas y aceptadas como parte del orden natural, se distribuían los roles, funciones, tiempos y espacios de unos y otros para hacer de la desigualdad condición y de la habitualidad normalidad. Desde esa construcción no es que los hombres y las mujeres hacían cosas distintas, es que los hombres hacían lo de los hombres y las mujeres lo de las mujeres.

Y no había nada más, puesto que todo lo que no encajaba en ese modelo era considerado patológico, aberrante, delictivo o vicio.

El movimiento LGTBI+ ha conseguido a través de una reivindicación cargada de civismo que la sociedad cuestione ese modelo tradicional, y acepte la diversidad y la pluralidad como una referencia más para la convivencia. No ha habido violencia, ni atentados, ni ataques a nadie, y todo ello a pesar de haber sido perseguidos, encarcelados, agredidos y condenados a una especie de cadena perpetua social como seres enfermos, perversos y viciosos, que amenazaban la vida en sociedad y sus valores de siempre, aunque nunca haya sido un verdadero espacio de convivencia.

A veces es más verdad y dice más de una persona o grupo lo que se niega que aquello que se reconoce. Nadie cree en lo que no necesita, y la mirada también es un acto de fe cuando se busca una confirmación de las ideas, los valores o las creencias.Por eso la realidad sólo es un ejemplo, una especie de hipótesis para confirmar lo que previamente se ha decidido que sea verdad con independencia de cualquier referencia.

De lo contrario no podría entenderse que una persona homosexual sea considerada como una persona enferma, viciosa o anormal, del mismo modo que no habría tanta pasividad y distancia a la violencia de género, con 60 mujeres asesinadas de medida cada año y 600 mil maltratadas.

El significado que se da a la realidad depende de la mirada, la mirada de la conciencia, y la conciencia de las referencias utilizadas para dar sentido a todo aquello que se percibe. Y cuando esas referencias vienen impuestas por el machismo, al final todo se interpreta por lo que los hombres han considerado que es lo correcto y lo necesario para que el mundo construido a su imagen y semejanza funcione. Por eso todo lo que no sea masculino no sólo es diferente, sino que además es inferior. Y por ello todo lo femenino es una amenaza y una especie de ataque a su posición de poder y a la identidad sobre la que se sustenta, aquella que hace que la realidad se interprete sobre la condición otorgada, no sobre Derechos Humanos. Según la construcción machista, primero está la persona con su condición, y luego los Derechos.

Esa es la razón por la que los hombres son tan violentos con los hombres homosexuales, mientras que las mujeres no lo son frente a otras mujeres lesbianas, porque la homosexualidad masculina cuestiona lo individual y lo social, y hace que los hombres se sientan atacados y cuestionados en su identidad sobre la que se sustenta todo su poder personal y público Y por ello también, la forma de cuestionar a los gays es llamarlos “afeminados”, puesto que esa superioridad de los hombres en esencia está construida sobre la inferioridad de la mujer.

Hoy debemos estar muy orgullosos y muy orgullosas de los movimientos y las personas que nos han enseñado a convivir en paz con la diversidad y la pluralidad, a pesar de todos aquellos que presentaban cada paso hacia la Igualdad como un salto al vacío, y de quienes aún viven la libertad como una amenaza y la diversidad como un ataque.

Hoy la sociedad es mejor, no porque permite que haya diferentes identidades que viven sobre el mismo espacio común, sino porque la mayoría de las personas formamos parte de esa comunidad diversa y plural, y miramos la realidad y el futuro con un “iris arcoíris”.

Leer más

El feminismo y la crítica a la masculinidad en el movimiento LGTB

Publicado el 4 enero 2017 en Diversidad sexual, General, Los hombres ante la igualdad |

Vicent Canet03 enero 2017. Miembro de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE)

El movimiento feminista y el de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) han compartido históricamente luchas y enfoques. Y pese a compartir eso, no siempre la relación ha sido fluida, ni siempre se ha visto clara una vinculación que ahora es para muchos transparente: la discriminación parte del mismo sistema social el heteropatriarcado. El machismo otorga roles y derechos en función del género y también delimita qué hombres y mujeres han de ser heterosexuales.

No fue siempre así. Todo el mundo ha visto esta interconexión. Hubo momentos históricos en los que el movimiento feminista no visibilizó el lesbianismo y, por otra parte, el movimiento lésbico tampoco siempre se sintió claramente feminista. La relación con el movimiento de hombres gays ha sido diferente: el movimiento gay no se ha postulado mayoritariamente como feminista, aunque pueda apoyar sus luchas por la igualdad o considerar al feminismo un aliado. Es un hecho, por ejemplo, que en las asociaciones y eventos mixtos LGTB suelen predominar los hombres, de una forma abrumadora. En muchas no se aplica una perspectiva feminista que promueva el empoderamiento a las mujeres bisexuales, lesbianas y transexuales a participar en unas asociaciones muy androcéntricas, aunque no necesariamente machistas.

En cambio, la tercera ola del feminismo se entrelaza con el movimiento queer (y con otros como el ecologismo, el antirracismo, etc) tanto desde un punto de vista teórico como de las mismas prácticas y de las asociaciones que se generan. En los nuevos movimientos alternativos no existe en muchas ocasiones separación por luchas ya que se consideran por igual feministas y a favor de las diferentes opciones del deseo, de los cuerpos y de los afectos. Incluso plantean, en algunos casos, nuevas formas de relación afectivo-sexual que superen la pareja tradicional, como el llamado “poliamor”. Con todo, esta tercera ola está muy circunscrita –al menos en el Estado español– a movimientos alternativos, sin ser todavía hegemónica. Aún perviven muchas asociaciones LGTB y feministas que trabajan en colaboración si hace falta, pero de forma separada y que no buscan espacios en común. La interrelación y la colaboración continuada o incluso el trabajo desde una misma entidad (por el feminismo y por los derechos del colectivo LGTB) no es lo hegemónico aún, pero sí una tendencia en crecimiento.

Feminismo en el colectivo gay

Y creo que donde menos conciencia hay de la conexión con el feminismo no es en el movimiento gay sino entre los gays (sobre todo si no son activistas). El colectivo de hombres gays, como tal, diría que comparte actitudes machistas e incluso misóginas en la misma medida que el colectivo de hombres heterosexuales. No creo que como colectivo seamos más machistas que los heterosexuales, pero no tengo claro que lo seamos menos. Tampoco creo que hayamos incorporado como colectivo (ni en algunas ocasiones como movimiento social) aprendizajes clave del feminismo como cuestionarnos las relaciones personales y pensar que lo personal es político.

Mucho ha reflexionado el movimiento gay sobre la discriminación que padecemos y la homofobia de la sociedad. Por pura necesidad: hasta hace nada nos mataban o encarcelaban en este país, y aún lo siguen haciendo en muchos otros países. El movimiento LGTB en sus inicios tenía como prioridad evitar la discriminación y la violencia que padecíamos en una sociedad hostil. Era lógico que el movimiento gay se centrara en conseguir que la sociedad asumiera la diversidad sexual: por pura supervivencia. Pero ahora, con las cotas de libertades conseguidas en este país -aunque todavía quede mucho por conseguir una igualdad real- es un buen momento para que los gays como movimiento y como colectivo trabajemos nuestra cotidianidad con las herramientas del feminismo. ¿Hasta qué punto reproducimos en nuestras relaciones con las mujeres y con otros hombres actitudes del machismo y de la masculinidad más tóxica y generamos violencias intragénero?

Leer completa

Leer más