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¿HOMBRES FEMINISTAS?

Publicado el 14 Julio 2017 en Feminismos, General, Los hombres ante la igualdad |

José Ángel Lozoya Gómez Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad.

Es posible que ser “hombres por la igualdad” (HX=) nos haga feministas, pero llamarnos “hombres feministas” ni siquiera nos hace hombres por la igualdad.

Comparto la necesidad de incorporar la opresión de los hombres por parte del Patriarcado al análisis del mismo que se hace desde los feminismos, y veo la importancia que esta opresión tiene en las políticas públicas que es necesario impulsar, especialmente en el ámbito de la educación y de la prevención de riesgos; pero no participo de la necesidad de compartir el adjetivo “feminista”, que tanta historia atesora en el movimiento de mujeres, ni veo la necesidad de reivindicar nuestro protagonismo en una historia y unos cambios sociales de los que llevamos tan poco tiempo participando.

Creo firmemente en que cualquier mujer tiene derecho a reivindicarse como feminista (aunque ese derecho no la exima de considerar que no basta con ser mujer); pero, con la historia que arrastramos, me parece razonable exigir que los hombres sí tengamos que demostrar hasta qué punto somos igualitarios antes de que algunas feministas nos reconozcan como parte de su movimiento de liberación.

Sé que los HX= hemos tenido que soportar que otros hombres, a los que a veces hemos considerado amigos, nos llamen quintacolumnistas por defender las reivindicaciones del movimiento de mujeres y oponernos a los privilegios masculinos, al mismo tiempo que algunas feministas nos vean como a uno de esos muchos semblantes con los que el Patriarcado demuestra cada día su tremenda capacidad de adaptación a los cambios, logrando que parezca que todo cambia para que todo siga igual.

También he visto que, a fuerza de coherencia en nuestra lucha contra las violencias machistas y los privilegios masculinos, hemos conseguido en unas pocas décadas ir venciendo las resistencias y desconfianzas de aquellas feministas que nos veían como a los mismos perros con distinto collar. Hemos logrado que muchas feministas nos reconozcan como una novedad histórica porque, sin negar nuestra pertenencia al colectivo que disfruta del poder Patriarcal, los HX= hemos declarado nuestra disposición a renunciar a nuestros privilegios y estamos dando pasos en ese sentido. Con ello hemos conseguido que muchas feministas nos reconozcan como actores permanentes y necesarios que han llegado para quedarse; hemos conseguido que se planteen el lugar que ocupamos en la lucha por la igualdad y el tipo de relación que quieren tenercon nosotros.

Hoy son mayoría las que nos ven como cómplices del feminismo, y cada vez son más las que nos consideran sus aliados; este proceso de confluencia a largo plazo es de lo más prometedor, porque un cómplice suele compartir objetivos y a veces llega a ser colaborador necesario, pero siempre es un actor secundario, mientras que un aliado suele ser una suerte de socio con quien es necesario contar, hablar y llegar a acuerdos, en una relación que, aunque no sea entre iguales, es casi de tú a tú. Este diálogo ha dado lugar a cierto reparto de papeles, no siempre explícito, por el que los HX= siempre hemos reconocido que las feministas lideran el cambio social mientras que nosotros dedicamos la mayor parte de nuestras energías a convencer al resto de los hombres de la necesidad de que se incorporen al mismo.

Nuestro movimiento no ha crecido tanto como para pensar que sea necesario alterar el equilibrio logrado. Tampoco debería ser necesario recordar que los HX= seguimos teniendo dificultades para ver muchos de los privilegios que tenemos más naturalizados, porque hemos sido socializados en el machismo y la misoginia, y porque en nuestra vida cotidiana no solemos ser tan coherentes como en nuestros discursos. Los HX= pagamos un precio por alejarnos del modelo hegemónico de masculinidad, pero sería abusivo decir que hayamos sufrido el machismo y la misoginia, que hayamos tenido que soportar lo que la mayoría de las mujeres: que se nos deje de escuchar por ser mujeres, que se nos haya agredido sexualmente hasta en el autobús, que nos hayan enseñado la polla por la calle…

Sabemos además que necesitamos mantenernos siempre en guardia, ser permanentemente críticos con lo que decimos, con lo que pensamos y con lo que hacemos, porque seguimos perteneciendo al grupo de los opresores, seguimos disfrutando de los privilegios estructurales que dependen de la pervivencia del Patriarcado y seguimos siendo vistos como agresores potenciales en muchas situaciones cotidianas.

Por todo esto me cuesta llamarme feminista, y porque me siento cómodo tratando de asumir la responsabilidad que supone seguir experimentando nuevas formas de deconstrucción de la masculinidad, visibilizando algunos de los inconvenientes que se derivan de convertir la masculinidad en el referente de la igualdad entre los sexos, y procurando consolidar un discurso capaz de contrarrestar la influencia neomachista (que aspira a convencer a los sectores más vulnerables de que pueden compensar su pérdida de poder real incrementando el poder de los hombres sobre las mujeres).

No quisiera llegar a confundir los derechos de las feministas con los nuestros. Por eso, y por mucho que me halague que una feminista me considere o me presente como feminista, no me siento legitimado para reivindicar que se me reconozca como tal.

Sevilla, julio de 2017

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‘Los hombres me explican cosas’: del ‘mansplaining’ al asesinato en nueve ensayos

Publicado el 5 Abril 2017 en Feminismos, General, Los hombres ante la igualdad |

Ana Blé en Pikara magazine.

Rebeca Solnit muestra con su libro la pendiente resbaladiza que conecta los ejemplos cotidianos de paternalismo machista con la violencia sexual o el feminicidio.

‘Los hombres me explican cosas’ es una recopilación de nueve ensayos sobre la desigualdad de género y la violencia machista que fue publicado el año pasado en castellano por la editorial Capitán Swing y que tuvo mucha repercusión en prensa, hasta el punto de ser destacado como uno de los mejores libros sobre feminismo del 2016 en nuestro país. Y no pierde vigencia, aunque viene de atrás. Los textos son versiones editadas de trabajos previamente publicados por la autora, Rebecca Solnit (San Francisco, 1961), de los que se han suprimido estadísticas y citas para aligerar la lectura, pero que pueden consultarse en los originales disponibles en internet. El libro toma el título del primero de estos ensayos, que está basado en una experiencia personal de la propia autora y que no tiene desperdicio, aunque antes conviene saber que Rebecca Solnit es historiadora, activista, editora y colaboradora en distintos medios. Que ha escrito sobre ecología, derechos humanos, política y arte, entre otros muchos temas. Que también ha ganado premios y becas, y que en 2010 la revista Reader Magazine la nombró “una de las 25 visionarias que están cambiando el mundo”.

Rebeca Solnit cuenta cómo en una fiesta a la que fue con una amiga hace unos años conoció a un hombre que empezó a hablarle de un libro que ella misma había escrito, sin tener en cuenta que ella era la autora, aunque lo sabía, y que quizá tenía muchas más cosas que decir sobre el tema que él, que ni siquiera se lo había leído. Después de la fiesta, la autora y su amiga se echaron unas risas y el incidente pasó a ser una anécdota que rememoraban de vez en cuando, hasta que Rebecca Solnit decidió escribir sobre el asunto con el objetivo de que otras mujeres pudieran reconocerse en la misma situación. A raíz de aquel pequeño ensayo, que tuvo un éxito brutal y que desde entonces no ha parado de compartirse por las redes, se acuñó el término “mansplaining”: cuando un hombre explica algo a una mujer de manera condescendiente, asumiendo que sabe más que ella del tema. La situación se vuelve ridícula hasta el extremo cuando el hombre sabe poco y la mujer es experta, porque esta cuestión es irrelevante para la soberbia del hombre: él tiene que explicar algo y eso es lo único que cuenta. No fue Solnit quien inventó la palabra, pero el reconocimiento de que ese tipo de situaciones era bastante generalizada puso en evidencia que hacía falta ponerle un nombre.

Aunque Rebecca Solnit deja claro que no son todos los hombres los que se comportan de esta manera: “Sí, claro que hay personas de ambos géneros que aparecen de repente en cualquier evento para pontificar acerca de cosas irrelevantes y con teorías conspirativas, pero la total confianza en sí mismos que tienen para polemizar los totalmente ignorantes está, según mi experiencia, sesgada por el género. Los hombres me explican cosas a mí y a otras mujeres, independientemente de que sepan o no de qué están hablando. Algunos hombres”. Y argumenta por qué hay que darle a este tipo de situaciones la importancia que merecen: “Todas las mujeres saben de qué les estoy hablando. Es la arrogancia lo que lo hace difícil, en ocasiones, para cualquier mujer en cualquier campo; es la que mantiene a las mujeres alejadas de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; la que sumerge en el silencio a las mujeres jóvenes indicándoles, de la misma manera que lo hace el acoso callejero, que este no es su mundo. Es la que nos educa en la inseguridad y en la autolimitación de la misma manera que ejercita el infundado exceso de confianza de los hombres”

La gravedad de este asunto pasa a un segundo plano cuando llegan la violación y el asesinato, temas que aborda el siguiente ensayo, ‘La guerra más larga’, y que desgraciadamente están siempre de plena actualidad. “Constituyen un dique que algunos hombres construyen en sus intentos de controlar a algunas mujeres, y este miedo a la violencia machista limita a la mayor parte de las mujeres de tal manera que muchas de ellas se han acostumbrado tanto que apenas se dan cuenta de ello, y nosotros difícilmente lo identificamos”. Por supuesto que hay mujeres violentas, pero aquí también aparecen las estadísticas para dejar claro que los hombres lo son más. “Las mujeres entre los quince y los cuarenta y cuatro años tienen más posibilidades de morir o de ser lesionadas o desfiguradas debido a la violencia masculina que debido al cáncer, la malaria y los accidentes de tráfico juntos.”

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El movimiento de hombres por la igualdad: Una mirada desde el ecofeminismo.

Publicado el 7 Febrero 2017 en Feminismos, General, Los hombres ante la igualdad |

Alicia H. Puleo en  HOMBRES IGUALITARIOS Revista Digital de AHIGE

El movimiento de hombres igualitarios es una necesaria y bienvenida reacción a las injusticias sexistas. Pero no es sólo eso. Desde mi perspectiva ecofeminista, creo que puede realizar una inestimable contribución a la lucha contra estereotipos de virilidad y modelos androcéntricos relacionados con actitudes destructivas hacia la naturaleza.

Antes de entrar en esta cuestión, me gustaría hacer una breve referencia, en primer lugar, a lo que veo como algunos de los riesgos inherentes al movimiento y, en segundo lugar, a lo que considero como uno de sus aspectos más prometedores. Le acechará siempre el peligro de sucumbir a ciertas inercias patriarcales: desplazar a las mujeres de los espacios propios conquistados con gran esfuerzo; invisibilizar las raíces feministas en los estudios teóricos; y seguir obedeciendo la norma patriarcal que dicta (como observaba ese sociólogo pionero que fue Josep Vicent Marqués) que “ser varón es ser importante”. A este último respecto, un buen test de feminismo real es examinar, por ejemplo, en una conversación, si el hombre que se declara feminista sabe callar, escuchar y aprender (en una palabra, dialogar verdaderamente) como lo hace, por lo general, una mujer. Es decir, no estar concentrado, mientras la otra persona habla, en pensar qué va a decir para impactar. Esta sencilla observación podría ser un buen auto-test para evaluar el grado de internalización de los ideales de igualdad conseguido por cada miembro gracias a la pertenencia a este movimiento.

Entre los numerosos e incuestionables aspectos positivos del movimiento de hombres por la igualdad figura el apoyo que brinda a las demandas feministas, un apoyo que puede facilitar mucho el cambio social. Con esta acción de honestidad y justicia, se une a lo que he llamado, hace tiempo, “la genealogía de hombres por la igualdad”.

Sin embargo, posee algo aún más inédito. A mi juicio, su enorme riqueza y originalidad reside en la realización de un examen crítico y constructivo de la identidad masculina desde dentro. Y ahí es donde veo la conexión con los objetivos del ecofeminismo en una época caracterizada por el cambio climático antropogénico patente y acelerado, la desertización, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación ambiental… La profunda irracionalidad de la devastación medioambiental tiene causas tanto económicas como ideológicas. La globalización neoliberal revela la desmesura de un sistema económico que requiere crecer sin cesar para mantenerse. Toda consideración social o ecológica que implique alguna limitación del lucro es desestimada en nombre de la eficacia y la libertad. La publicidad se encarga de crear el tipo de individuos más convenientes para la aceleración del círculo de la producción y el consumo sirviéndose, a menudo, de estereotipos de género. La búsqueda del lucro como único objetivo propio de esta dinámica económica es una configuración moderna de los antiguos sesgos culturales del androcentrismo y del antropocentrismo extremo.

Androcentrismo es un concepto clave para la comprensión de la ideología patriarcal del dominio. El sesgo androcéntrico de la cultura proviene de la bipolarización histórica extrema de los papeles sociales de mujeres y hombres. En la organización patriarcal, la dureza y carencia de empatía del guerrero y del cazador se convirtieron en lo más valorado, mientras que las actitudes de afecto y compasión relacionadas con las tareas cotidianas del cuidado de la vida fueron asignadas exclusivamente a las mujeres y fuertemente devaluadas. En el mundo moderno capitalista, el antiguo deseo de poder patriarcal toma la forma de la búsqueda insaciable de dinero y el omnipresente discurso de la competitividad. Por esta razón, la crítica a los estereotipos masculinos y la propuesta de modelos alternativos son muy importantes para alcanzar una cultura ecológica y no violenta. Es hora de reconocer como valiosas las capacidades y actitudes de la empatía y del cuidado atento, enseñarlas desde la infancia a todos los seres humanos y aplicarlas no sólo a los individuos de nuestra especie, sino también a los ecosistemas y a los animales, hoy esclavizados y exterminados a una escala sin precedentes. En la causa de los animales subyace una ineludible redefinición de la masculinidad. Los varones que defienden a los animales no humanos son disidentes de lo que llamo orden patriarcal especista. Lo son, consciente o inconscientemente, al menos en ese aspecto.

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Feminizar la política

Publicado el 5 Diciembre 2016 en Feminismos, General |

03/12/2016 | Justa Montero

Feminizar la política incluye muchas cosas distintas, desde la mayor presencia de mujeres en el espacio público, la propia consideración de la ética y lo político, al contenido mismo de la política feminista. Se trata por tanto de un concepto equívoco y ambivalente, sujeto a muy variadas interpretaciones en sus dos componentes, el de la feminización y el de la política.

Más mujeres y otras políticas

En este debate existe un punto de partida común que es la importancia de la presencia de mujeres en la política, aunque sea como un síntoma de “normalización” del actual sistema de representación. Pero el debate ha adquirido nuevos aires con la potente irrupción, desde hace un par de años, de mujeres en los Ayuntamientos y distintos Parlamentos. La presencia de mujeres en estos espacios de poder no es algo nuevo; sí lo es que muchas de ellas sean mujeres comprometidas con dar un nuevo sentido a la política, deudoras del 15M como movimiento que enarboló el “no nos representan”.

Si alguien tuviera alguna duda sobre la dimensión del cambio y la importancia simbólica que tiene la mayor presencia de mujeres en política, no hay más que fijarse en las reacciones que desata. Hasta ahora, los hombres, políticos, que consideran la presencia de mujeres como algo estético e inevitable, habían mantenido una actitud condescendiente. Pero con la presencia de más mujeres, más jóvenes, y muchas decididamente feministas, se les ha caído la careta y con su reacción, sus brutales campañas para intentar deslegitimar, desvalorizar y ridiculizar a concejalas y parlamentarias (a las que han sabido darle la vuelta con humor e inteligencia), han dejado clara su profunda convicción de que ese espacio público les pertenece (como otros hombres consideran que les pertenece la calle). Y esto tiene un nombre: es machismo, patriarcado en estado puro.

Pero ampliando el plano del debate, si consideramos la política como un instrumento de transformación, desde una perspectiva feminista la presencia de mujeres, en sí misma, no es una garantía de cambio. La historia está llena de ejemplos de mujeres que, como el manido caso de Margaret Thacher o Rita Barberá pasando por muchas otras de menor renombre, impulsan políticas y valores profundamente heteropatriarcales y neoliberales con formas de hacer política jerárquicas y autoritarias. No me resisto, por aquello de la memoria colectiva y aunque se trate de contextos políticos radicalmente distintos, a recordar a aquellas mujeres de la Sección Femenina, que durante el franquismo ejercían un enorme poder para garantizar el sometimiento y sumisión de las mujeres a los varones y al régimen.

En el panorama actual muchas mujeres incorporan otras formas de hacer política a partir de otras prácticas, más participativas, más horizontales, más relacionales, frente a las agresivas y competitivas que marca la práctica masculina hegemónica. Se explica por la socialización y la consiguiente construcción de la subjetividad particular de unas y otros. En el caso de las mujeres, más vinculada al mundo relacional por la responsabilidad asignada de los trabajos de cuidados, y en el caso de los hombres más vinculada a la realización del logro individual y su proyección en el espacio público. No es nada nuevo, tiene que ver con la dicotomía entre los espacios público y privado establecida por la modernidad. Esta permite pensar en una particular forma de aproximarse a la política de las mujeres, en otra mirada en las formas y en los contenidos, no en vano el movimiento feminista, el pasado siglo, levantó la consigna de “lo personal es político”, ampliando y disputando desde entonces (y en ello seguimos), el sentido de “lo político”.

Todo esto se refleja también, como recoge Silvia Gil, en el tipo de luchas protagonizadas mayoritariamente por mujeres: luchas en defensa de los recursos, la vivienda, en defensa de derechos humanos, del cuerpo, por otra forma de entender las relaciones libres de violencias, la democracia en el ámbito doméstico y un largo etcétera. En esta acción colectiva se destaca la potencialidad positiva que tienen los valores asociados a una “cultura subalterna” (en palabras de Giulia Adinolfi), como la sensibilidad, solidaridad, empatía, la falta de agresividad competitiva, valores opuestos al individualismo y a la competitividad del mundo capitalista. Ponen sobre el tapete lo que sería un objetivo común: un mundo en el que mujeres y hombres se liberen de esa visión fragmentada de la vida entre lo público y lo privado, la razón y la emoción, la cultura y la naturaleza.

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MUJERES, HOMBRES, PODER. SUBJETIVIDADES EN CONFLICTO

Publicado el 4 Agosto 2015 en Feminismos, General |

HERNANDO GONZALO, ALMUDENA – AGUILAR, PILAR – ARRANZ, FÁTIMA – HERCE, JULIA – SAN MIGUEL, MAITE. Editorial Traficantes de Sueños. 2015.

Si hay un mundo en el cual el patriarcado se atrinchera más que en ningún otro, donde resiste casi incólume a los embates del feminismo, ese es el de las emociones y sentimientos, el de la subjetividad. Ese territorio imaginario y simbólico que se asienta en lo más profundo, en aquello que no se dice pero se siente, en aquello de cuyo poder no somos conscientes aunque, finalmente, sea lo que nos haga actuar de una u otra forma.

Este volumen, editado por Almudena Hernando, recoge cinco artículos en torno a la construcción de las subjetividades de género. Al cine y la literatura infantil se dedican los dos primeros, entendidos como dispositivos de reproducción de la desigualdad en tanto colocan en el centro a personajes, deseos y necesidades masculinos. En los conflictos entre las subjetividades creadas como masculinas y femeninas se centran los dos últimos capítulos, mostrando que las diferentes expectativas de identidad y relación con las que crecemos limitan nuestro potencial de entendimiento y encuentro.

Este libro nos muestra cómo desvelar el orden patriarcal no es solo sino el comienzo del proceso de emancipación que propone el feminismo y que implica un modo de reflexión constante de los dispositivos que este orden despliega en nuestra vida diaria. A través de textos potentes y breves las autoras van enlazando claves para desmontar las estrategias de dominación que enredan nuestras relaciones como hombres y mujeres.

Muy recomendable lectura para el verano.

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HOMBRES POR LA IGUALDAD. ¿FEMINISTAS O ALIADOS DEL FEMINISMO?

Publicado el 29 Enero 2015 en Feminismos, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

MIKEL OTXOTORENA FERNÁNDEZ, 

(forma parte de la asociacion para la igualdad On:Giz Elkartea.)

Son ya muchos los años que las mujeres llevan trabajando, a través del movimiento feminista y de otros movimientos que sufren otros tipos de discriminaciones (como el LGTBIQ+, por ejemplo[1]), en la transformación de los modelos que la sociedad sexista impone. Siempre con un mismo objetivo: la creación de una sociedad justa, equitativa, democrática e igualitaria.

Comenzando por la legislación internacional, pasando por los distintos estados y terminando en las normativas de las instituciones más cercanas a la ciudadanía, encontramos multitud de leyes, acuerdos y acciones que proponen, regulan y promocionan la igualdad entre las mujeres y los hombres. Algunos de estos ejemplos serían: la CEDAW (Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer), Declaración de Beijing en 1995 en la Cuarta Conferencia Internacional sobre las Mujeres, los acuerdos de defensa de los Derechos Humanos, las distintas leyes que se han promulgado en contra de la violencia contra las mujeres a todos los niveles, o las campañas de sensibilización y concienciación ciudadana… entre otras muchas.

Especialmente en la última década, se han multiplicado en el seno de las organizaciones internacionales las opiniones, acuerdos y documentos en favor de la igualdad que señalan la necesidad de que los hombres se integren en estos procesos como sujetos activos en la construcción de sociedades más equitativas. Unas sociedades en las que mujeres y hombres tendrán los mismos derechos y deberes, y en las que la igualdad se traducirá en logros. Una de las acciones mediáticas más recientes en esta línea es el discurso que la actriz británica Emma Watson pronunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York en el marco de la presentación de la campaña He for She[2].

Centrándonos en Euskal Herria, mi realidad más cercana, puedo decir que en las últimas décadas son cada vez más los hombres que se están implicando en el trabajo por la igualdad entre mujeres y hombres. Con formas y formatos diversos, desde asociaciones y grupos a iniciativas individuales, encontramos a hombres que están ya construyendo igualdad, con distintos enfoques y puntos de vista. Y aunque hay mil maneras de hacer el trabajo y comprenderlo, todos ellos confluyen en un mismo objetivo: el trabajo contra el sexismo y la construcción de una sociedad más igualitaria tanto con respecto a lo personal como a lo colectivo y social, que promueva relaciones más justas entre hombres y mujeres.

Tal es el caso, entre otros, de la Asociación On:Giz o de la Cooperativa Arremanitz, entre otros, colectivos mixtos que promueven el trabajo sobre la construcción social de las masculinidades mediante la reflexión y la incidencia. Para ello se sirven de herramientas y estrategias diversas como la sensibilización, la creación de conciencia, la formación, la dinamización de grupos de hombres, el apoyo de procesos o la asesoría.

Por otro lado, existen también grupos de hombres que se reúnen periódicamente en ciudades y pueblos de Euskal Herria. Grupos que, en este caso también, tienen naturalezas diversas y caracteres propios. Así, mientras algunos grupos cuentan con dinamización externa, otros son auto gestionados por sus miembros; el número de participantes varía dependiendo del grupo, algunos se reúnen de forma habitual, otros de manera más esporádica. Existen grupos que centran su trabajo exclusivamente en el ámbito interno, mientras otros priorizan el activismo social. También hay grupos que trabajan de manera simultánea los dos aspectos, el interno y el social. Entre estos grupos (con diferentes niveles de actividad y permanencia de sus integrantes) se encuentran: el grupo de hombres de Santurtzi; Pipertxuriak, de Bilbo; Zipriztintzen, de Ermua, los grupos de hombres de Ondarroa, Hernani, Iruñea y Zarautz; los cuatro grupos que se han creado alrededor de On:Giz en Gasteiz, o el grupo Biok de Laudio.

Debemos contemplar también los distintos programas y actividades que las instituciones públicas vascas están promoviendo en favor de los hombres y la igualdad, como el Programa Gizonduz del Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde, o las distintas actividades que se están impulsando desde ayuntamientos como los de Getxo, Ondarroa o Ermua. También encontramos a hombres que están trabajando individualmente, en el ámbito académico o como asesores. Por último, es importante mencionar, en este repaso rápido, la existencia de una red conformada por grupos, asociaciones y hombres a título personal: Gizon Sarea.

A pesar de todas estas iniciativas, seguimos encontrándonos, una y otra vez, con la desconfianza y el debate en torno a la implicación de los hombres en el trabajo por la igualdad por parte de algunos sectores del movimiento feminista y por la de algunos hombres. Los argumentos en contra o a favor de la participación de los hombres son comprensibles en muchos casos.

Para superar la situación

Sería casi imposible analizar de forma rigurosa cada una de las argumentaciones a favor y en contra en un espacio tan limitado como éste, por lo que intentaré mencionar cuáles son, desde mi punto de vista, las cuestiones que podrían ser tomadas en cuenta en el futuro si se quiere superar la situación actual. Unas cuestiones en torno a las cuales se han construido multitud de opiniones y críticas y que, en este caso, se refieren al contexto de Euskal Herria, por lo que no siempre se corresponden con otras realidades de otros puntos del estado.

Para ello, es imprescindible mencionar una actividad que está muy relacionada con la temática de este artículo: los encuentros que, bajo el título Feminismoak eta gizonak, bidegurutzean3 se celebraron a finales de 2013 y comienzo de 2014 en Donostia. Participaron mujeres representantes del movimiento feminista de Euskal Herria, tanto de instituciones públicas como de grupos de mujeres, así como hombres que están trabajando a favor de la igualdad en asociaciones, administraciones públicas, individualmente, etc.

La iniciativa Feminismoak eta gizonak, bidegurutzean tenía un objetivo modesto, por lo que no pudieron participar ni todas ni todos los que son, por cuestiones de cupos y agendas. A pesar de ello, se intentó encontrar un equilibrio en la participación de hombres y mujeres, así como en la diversidad de procedencias, ámbitos de trabajo, generaciones y puntos de vista. Fue, sencillamente, un intento de facilitar una primera toma de contacto entre los distintos colectivos, promover el intercambio de experiencias, permitir que se dieran a conocer y pudieran descubrir sus puntos de encuentro y desencuentro, dejando así una puerta abierta, tal vez, para colaboraciones futuras.

La valoración general fue muy positiva, algo que quedó reflejado en la evaluación que hicieron las y los participantes. A principios de 2015 se volverá a celebrar en Donostia un nuevo encuentro con las y los participantes de la edición de 2014, con el objetivo de dar seguimiento a las cuestiones que quedaron pendientes y dar continuidad a los procesos en el futuro, siempre y cuando se quiera o se pueda.

Lo que se encuentra en el trasfondo de estos encuentros fue, y es, reflexionar, analizar, debatir y acordar si los hombres debemos tener un papel activo en la construcción de la igualdad, o por el contrario, si debemos estar en un segundo plano en este camino. Si esta participación debe ser dentro del movimiento feminista, como feministas, o de forma paralela.

En resumen, podríamos decir que en Euskal Herria nos encontramos aún en los inicios del debate en torno a estas temáticas, por lo que consideramos que es importante establecer de forma pausada, cuidadosa y constructiva unas bases sólidas. Para ello, será indispensable no perder de vista la diversidad dentro del movimiento feminista y de los hombres que trabajamos a favor de la igualdad. Una diversidad que se refleja, como hemos expuesto, en las distintas y diversas formas, metodologías, herramientas y perspectivas de trabajo que hombres y mujeres están desarrollando. Deberemos dejar a un lado la idea de bloques hegemónicos y trabajar con las diversidades que nos presenta la realidad.

Por otro lado, es importante destacar que una igualdad real entre hombres y mujeres sólo será posible desde la integración del trabajo y las perspectivas feministas, una condición imprescindible en el proceso de construcción de sociedades igualitarias reales. Sólo así se garantizará que los hombres y grupos neomachistas, que han integrado en su discurso unas argumentaciones pseudo-igualitarias, no tengan cabida en este proceso. Los grupos y hombresneomachistas están teniendo mucha presencia en los últimos años y pueden ser muy perjudiciales para los colectivos que estamos trabajando por la construcción de sociedades igualitarias desde las perspectivas y estrategias feministas.

Pero, cuidado, esta última afirmación no presupone, ni mucho menos, que los colectivos que estamos trabajando desde perspectivas y estrategias feministas lo estemos haciendo todo bien. También tenemos nuestras meteduras de pata, nuestras dificultades y aciertos, que hemos encontrado en el camino y que seguiremos encontrando. Desde ahí debemos contextualizar las críticas, desconfianzas y debates que nos encontramos sobre la participación de los hombres.

Así, tomando este contexto como punto de partida, es imprescindible hacer este trabajo desde una perspectiva y estrategia feminista, siendo el próximo paso a dar el definir dónde, cómo y desde qué lugar nos colocamos los hombres. Es decir, ¿debemos ser parte activa dentro del feminismo o nos ubicamos como aliados desde espacios paralelos? A la vez, será imprescindible que iniciemos trabajos y reflexiones conjuntas con las mujeres que integran el movimiento feminista (sean institucionales, activistas o académicas), para así poder responder a esas preguntas.

No hay fórmulas mágicas, pero tal vez la construcción de alianzas y puentes en torno a temáticas concretas puede ser una forma de comenzar a recorrer este camino. Por ejemplo, desarrollar entre hombres y mujeres estrategias sencillas y con impacto en cuestiones como la paternidad responsable, la violencia sexista o la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

En el camino hacia la construcción de una igualdad real estamos atrayendo poco a poco cada vez más hombres. El que comencemos a hacernos presentes y a participar en espacios que hasta ahora han sido casi exclusivos de las mujeres ha traído, como se ha mencionado a lo largo del artículo, más de una metedura de pata, malentendido, desacuerdo, desconfianza y prejuicio. Pero ha habido, y sigue habiendo también, logros y avances muy valiosos.

Las mujeres tienen realizado ya un largo camino y un gran trabajo. Los hombres también hemos iniciado esa senda, que no tiene vuelta atrás. No será un camino fácil. Encontraremos muchos obstáculos antes de llegar a la meta. Los hombres y las mujeres nos encontraremos en ese camino, que en algunos momentos recorreremos juntas y en otros los unos al lado de las otras. Eso sí, siempre desde los feminismos. Por lo tanto, sigamos trabajando por esa sociedad realmente igualitaria, equitativa, justa y democrática.

Artículo publicado en el nº64 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2014.

Euskaraz: “Berdintasunaren aldeko gizonak: feministak ala feminismoaren aliatuak?”

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