Gizonduz

Logotipo institucional euskadi.net
Menú de Navegación

Monstruos S.A.

Publicado el 26 enero 2018 en General, Violencia contra las mujeres, Violencia machista |

Miguel Llorente. Blog Autopsia

Ya tenemos un nuevo monstruo en la sociedad, José Enrique Babuín Gey, conocido como “El Chicle” y detenido por el asesinato de Diana Quer, se ha incorporado a la lista de “monstruos” que cada año se elabora para tranquilizar conciencias y desviar miradas de las circunstancias comunes a todos los hombres que actúan con un objetivo similar, aunque las formas de alcanzarlo sean diferentes.

La primera en llamarlo de ese modo ha sido su madre, quizás la única persona legitimada para hacerlo por el impacto emocional que produce ser consciente de que el niño aquel ha sido el hombre ese que aparece en los medios de comunicación como autor de unos hechos tan terribles. Mirar a la vida y encontrar a ese hombre en cada recuerdo de aquel niño es “monstruoso” para una madre y para un padre.

Pero el resto de la sociedad rápidamente también lo ha considerado como un monstruo bajo un argumento diferente, pues mientras que la familia lo califica de ese modo por ser “uno de los nuestros”, la sociedad lo llama monstruo para decir que “no es uno de los nuestros”. Por ello no han perdido tiempo en acudir a todo tipo de personas expertas para que expliquen algunas de sus características y rasgos de personalidad sin conocer nada de él ni haberlo examinado, tan sólo con las informaciones y referencias que aparecen en los medios de comunicación, algunas de ellas claramente contradictorias. Pero todo eso da igual, lo importante no es que sea verdad lo de “El Chicle”, sino que sea mentira que se trataba de un hombre “normal”, como sí han coincidido en definirlo personas de su entorno laboral, social, relacional, amistades…

Los estudios forenses nos dirán cómo es “El Chicle”, cuáles son los rasgos de su personalidad y si tiene algún elemento que tenga un significado especial en su comportamiento, pero lo que sí sabemos ya es que se trata de un machista violento, igual que otros agresores que han cometido crímenes similares, incluso peores en sus formas y consecuencias por asesinar a varias víctimas, y ninguno de ellos era un enfermo mental ni tenía trastornos de personalidad, cómo tampoco ninguno de sus conocidos decía nada de ellos ni de “El Chicle” antes de que se conociera su responsabilidad en los hechos. En cambio, nadie ha dicho de él algo tan sencillo como que “es un machista violento” .

El análisis de un caso no puede basarse en la repercusión que tenga en los medios de comunicación, ni concluir sobre sus elementos a partir de las informaciones, pues las conclusiones y la información con toda probabilidad serán erróneas.

¿Qué es lo que hace, según toda esa gente, que un hombre sea un monstruo?. Veámoslo.

Llevar a una mujer joven a un lugar apartado para agredirla sexualmente no debe serlo, puesto que, por ejemplo, es lo mismo que hicieron los integrantes de “la manada” y no sólo no los han considerado “monstruos”, sino que hay quien los defiende y culpabiliza a la víctima. Haberla asesinado tampoco debe ser la razón de la monstruosidad, porque cada año en España alrededor de 100 mujeres son asesinadas bajo las diferentes formas de violencia de género y no se refieren a sus asesinos como monstruos. Ocultar el cuerpo tras el homicidio, aunque sea menos frecuente, tampoco ha llevado a considerar monstruos a los asesinos de Marta del Castillo o al marido de María Puy en Navarra, que la asesinó, descuartizó y enterró durante meses.

Al final todo indica que se es monstruo por necesidad, por una combinación de circunstancias que van desde los propios hechos hasta la alarma social generada, situación esta que necesita una negación del machismo y su violencia al tiempo que una afirmación de lo ocurrido. Al final, tener un monstruo a mano ayuda mucho a distorsionar lo ocurrido y a tranquilizar muchas conciencias y algunos ánimos.

¿Cuántos monstruos hay ahora mismo en las calles, en sus casas, en hospitales, juzgados, empresas, comercios… que son considerados como buenos compañeros, buenos amigos, buenos vecinos, buenos trabajadores… y que mañana serán “monstruos”?

Leer completa

Leer más

“Lehenago egingo die uko bere pribilegioei klase burgesak, gizonok baino”

Publicado el 19 enero 2018 en Diversidad sexual, General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Argazkia: Dani Blanco.Argazkia: Dani Blanco.
ARGIAN. Z. OLEAGA 2018ko urtarrilaren 21a

Bakoitzak nondik hitz egiten duen adieraztea garrantzitsutzat du Jokin Azpiazu Carballok. Bera, akademian, kalean, tabernetan bizitutako hausnarketa eta ekintzetatik ari da. Feminismoekin, LGTB+/queer mugimenduekin eta gizon taldeekin garatutako harreman eta militantzietatik. Maskulinitateari pribilegioetatik eta boteretik heltzea proposatzen du Masculinidades y Feminismo liburuan [hemen PDFan irakurgai].

Zerk bultzatuta idatzi duzu liburua? Nori dago zuzendua eta zer nahiko zenuke sortzea bere irakurketak?

Liburuaren helburua ez da edozeinek irakurtzea. Saiatu gara larregi akademikoa izan ez zedin, hausnarketaren konplexutasuna ezkutatu gabe aldi berean. Asmoa da gai horren inguruan bueltaka ibili den jendeak izan dezala tresna bat gehiago. Erosotasunez irakurriko dena ulergarritasun aldetik, baina deserosotasuna ere sortu nahi duena aldi berean. Kariñoz, beti ere. Orduan, bai, segur aski gehiago dago zuzendua feminismoan interesa agertzen duten gizonei, feminismoan aritzen diren emakume eta genero ez bitarretako pertsonei, eta oro har eraldaketa sozialarekin lotuta dagoen pertsonei. Ez dago “guztiontzako maskulinitateak” klabean idatzia.

Zein da liburuaren marko politikoa? Gizonak klase soziala garela esan duzu inoiz.

Oso baieztapen potoloa eta borobila da. Beraz, ez guztiz egia, ezta guztiz gezurra ere. Azken urteetako joera bati buelta emateko baliatu nahi izan dut. Gizontasunaren diskurtsoa asko zentratzen ari da identitatearen inguruan. Eraldatu daitekeena, eraldatzen ari dena eta abar. Maskulinitatea niretzako ez da horrenbeste ni definitzen nauen zerbait identitate ikuspegitik, baizik eta nire botere posizioa markatzen duen zerbait. Eta horrek nire identitatea markatu dezake. Baina abiapuntua ez nuen identitatean jarri nahi, boterean baizik.

Behin irakurri nizun “apenas dago historian, bere pribilegioei boluntarioki uko egin dionik”. Ba al dago inongo arrazoirik pentsatzeko gizonezkook salbuespen izan gaitezkeenik?

Izatekotan, kontrakoa. Motibo gehiago dauzkat nik pentsatzeko klase burgesak uko egingo diela bere pribilegioei, gizonezkook baino. Hara zer esaten dizudan. Oso une politiko xelebrera heltzen ari gara, badirudi posizio ezberdinetatik pribilegioen aitortza egiten dugula: “Badakit pribilegiatua naizela zuria izateagatik, gizona izateagatik, tar tar tar”. Horrekin soilik ez goaz inora, ez badugu neurri zehatzik hartzen. Mugimendu feministak proposatzen dituen neurriak entzun behar ditugu, eta gure egin.

Geure burua ezkertiartzat dugun gizonok, ezberdinak ote?

Ezkerreko mugimenduek historia eta genealogia jakin bat dute. Esaterako, biktimizazioaren ideia oinarrizkoa da: elkartzen gara zapalkuntza bat pairatzen dugulako eta buelta eman nahi diogulako. Biktimaren paperarekin identifikatzen gara. Azken hamarkadetan bizitza konplikatu zaigu. Feminismoetatik edo begirada dekolonialetatik, adibidez, planteatu digutelako ez dela hain argia dimentsio orotan eta uneoro biktima bezala aurkezte hori. Gizonezkook ezkerreko mugimenduetan botere harremanak onartzeko ditugun erresistentziak, gure posizio zentral pribilegiatutik eratortzen dira. Zerbaitek gure biktima papera auzitan jartzea ez zaigu gustatzen, ez diogu heldu nahi.

Irakurri osoa

Leer más

“No a la guerra”. “Sí al acoso”.

Publicado el 16 enero 2018 en General, Violencia machista |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia.

Nadie, ni en Hollywood ni en Europa, dijo que se podía caer en una especie de buenismo ni de debilidad general por defender la paz frente a la guerra. Ninguno de los actores y actrices que en su día ocuparon las plateas y escenarios protestando contra la guerra de Irak se encontraron con manifiestos pidiéndoles “prudencia”, o hablando del riesgo de caer en una especie “ñoñería global” que restara intensidad y sentido a las relaciones internacionales.

Nadie duda de que hablar de la guerra es diferente a hablar de lanzar misiles de prueba, a comentar el diámetro del botón nuclear o a lanzar amenazas sobre el estallido de un posible enfrentamiento. Y tampoco nadie deduce que hablar contra la guerra se va a traducir en un abuso por parte de los pacifistas para denunciar “falsas guerras”por todas las esquinas del planeta.

Y tampoco se entiende que situaciones previas a las guerras, como cuando se produce algún ataque aislado, o se lleva a cabo un bloqueo comercial, o se invade parte de un territorio… forman parte de una estrategia de “negociación” de buen rollo, de esas que “ponen cantidad” y despiertan el interés en quien en un principio no lo tenía, hasta finalmente llegar a un encuentro maravilloso entre las dos partes. Todo lo contrario, cada una de esas acciones se ven como actos violentos necesarios para desarrollar y avanzar en una violencia más grave, y serán reprobados individualmente con independencia de que tras algunas de estas acciones pueda surgir un acuerdo y una buena relación comercial entre los países implicados.

Y no tiene sentido, porque no estamos hablando de “formas de relacionarse” en libertad e Igualdad, sino de agresiones y de guerra.

En cambio, cuando se habla de violencia sexual y de acoso, se plantea que de lo que se habla es de flirteo, y que no aceptar la violencia históricamente normalizada puede llegar a afectar a las relaciones hasta acabar en un “puritanismo sexual”.

Este planteamiento que, ¡oh casualidad!, una vez más surge de manera “espontánea” por parte de un grupo de mujeres que en todos estos años de acoso y violencia sexual no sólo no han sacado ningún manifiesto contra el machismo, sino que entre las firmantes hay quien ha apoyado a Roman Polansky tras reconocer la violación cometida sobre una menor, sólo tiene sentido si se dan por válidas dos premisas:

  1. La primera es situar los límites en el propio acosador, al entender que en una relación es normal la “insistencia” y el “exceso” intimidatorio y violento, siempre y cuando que quien lo lleve a cabo no lo vea así.
  2. La segunda es aceptar la idea de que las mujeres son “manipuladoras, perversas y poco inteligentes”, hasta el punto de no saber diferenciar una relación de una agresión, y de utilizar la situación para denunciar falsamente a los “pobres y bien intencionados hombres”.

Como se puede comprobar, ambos planteamientos son una trampa, pues, en definitiva, suponen aceptar lo que ya la cultura machista ha dicho que es normal bajo los mitos e ideas que llevan a entender que en un encuentro entre un hombre y una mujer, “no es sí tras la correspondiente insistencia”.

Todo está relacionado con una visión romántica del amor que acepta que la violencia forma parte de él, hasta el punto de plantearlo en frases como, “los celos son amor”, “quien bien te quiere te hará llorar”, “hay que aguantar y perdonar por amor”… Y esa misma visión romántica es la que lleva a presentar la guerra como un “acto de amor”: amor a la patria, a unas ideas o valores, a un modelo de sociedad, a la libertad… no como un instrumento de odio y poder de quienes pudiendo utilizar sus posiciones privilegiadas para negociar e influir, prefieren atacar, imponer y someter. Exactamente lo mismo que prefieren en las relaciones de pareja.

Todo forma parte del machismo omnipresente e invisible, por eso no es casualidad que esa misma cultura concluya que “en el amor y en la guerra todo vale”. Es justo lo que necesita para desarrollar sus estrategias.

Leer completa

Leer más

Interrogatorio a la virilidad

Publicado el 13 enero 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

 Ciro Morales Rodriguez en elsaltodiario.com

El hombre blanco, heterosexual y rico mira la realidad de los grupos oprimidos desde el poderoso burladero, y no estará viendo nada, porque para él no existe.

Hombres, hombres, y más hombres (cis*, entiéndase en todo el artículo). Se abren grietas y aparecemos hombres. Se oyen voces y son de hombres. Sonrisas seguras de hombres, perdones hipócritas de hombres. Carros tirados por imprescindibles espaldas, opiniones vertidas para rellenar un silencio incómodo y ajeno. Repúblicas proclamadas por hombres y Estados golpeando con hombres. Manos tendidas manchadas de autocomplacencia, lágrimas de incomprensión por falta de voluntad. Porque tenemos toda la iniciativa del mundo menos cuando se trata de rajarnos el traje masculino para ver de qué hilos está hecho, ¿acaso el rey se preocupa de dónde le llegan las monedas de oro?, ¿quién osa complicarse la vida cuando la comodidad es una gran compañera de viaje?

El hombre blanco, heterosexual y rico mira la realidad de los grupos oprimidos desde el poderoso burladero, y no estará viendo nada, porque para él no existe; su ignorancia es ceguera, y provoca placer. La experiencia que no es suya no le regala seguridad, ni un marco plausible de análisis.

Además de las gafas del marxismo, que nos complace y motiva porque nos iguala por arriba, existen otras igual de necesarias que son las del feminismo, pero estas nos fragilizan, nos igualan por abajo y nos dejan en una especie de limbo desconocido –para nosotros– por un tiempo indeterminado… el de la respiración.

No pretendo negar la diversidad, madre de todo lo bueno; masculinidades no hegemónicas han existido, hostigadas, toda la vida; pero tampoco negaré el mínimo común denominador que nos ha generado como vara de medir de toda experiencia sensible. Saltarán quejas que alegan opresiones personales, intersecciones varias que inferiorizan… porque no todos cabemos en ese modelo blanco, heterosexual y rico. Pero de momento las tildaré de escudo fraudulento, de tapón de oídos, de intento desesperado que no quiere captar el protagonismo en la dominación sexual.

Se nos hará grande el reto, porque no estamos acostumbrados a la lucha contra uno mismo; nos ahogaremos y querremos tirar la toalla, porque el insight patriarcal no es grato, ni fácil ni beneficioso para nosotros. Pero entonces no podremos hablar de mundos nuevos en nuestros corazones, ni de comunidades, repúblicas o alianzas feministas; y sí de mantenimiento del Poder.

A los hombres no nos gustan las preguntas, nos es más fácil movernos entre certezas. Ante cualquier duda, sentenciamos… no hay posibilidad de vacilar porque se resquebrajaría nuestro molde bien acabado. De esta manera, si pretendo ir abordando y deshilachando nuestra masculinidad en las siguientes colaboraciones, qué mejor forma que una ristra larga de interrogaciones, para que nos vayamos haciendo el cuerpo… a ver si así nos moldeamos a la plasticidad y abandonamos la rigidez que tanto nos caracteriza.

Sin embargo, cuidado con las trampas al solitario, porque, como bien apunta uno de mis referentes principales en esto de la masculinidad, Jokin Azpiazu en Masculinidades y Feminismo (Virus, 2017) (¿Veis? Un hombre que cita a otro hombre), no se trata de ir poniendo el foco en la manera amable y no normativa de ser hombres –que también–, sino de alumbrar con luces de neón –y purpurina– todas y cada una de las aplicaciones prácticas de nuestros privilegios (ya tardaba en aparecer el término estrella que tanto enerva a los guardianes de la modernidad).

Leer completa

Leer más

Esplotazioaren B aldea

Publicado el 11 enero 2018 en General |

 

Xabier Landabidea Urresti. doce miradas. blog

Egia esan behar dizuet: zalantza handiak ditut hau idazten ari naizelarik. Ez dakit gaiari buruz esateko zerbait dudan, eta izatekotan ere ezer esan beharko ote nukeen hemen eta orain. Gainera gero eta sarriago pentsatzen dut isildu eta entzuteko garaia bizi dugula; gehiegi idazten ari garela irakurtzen dugunerako, gehiegi hitzegiten dugula entzutera ausartzen garenerako, eta abar. Zer esanik ez gizonezkook feminismoaz iritzia emateari buruz ari bagara.

Zalantzak hor jarraitzen du, baina gonbidatu egin nautenez (mila esker, Lorena) ausartu egingo naiz ditudan zalantza intimo batzuk ordenatu eta zuekin konpartitzera, gizarte patriarkal honen gizonezkoon bizipenak kapital feministaren parte direnaren hipotesiaeta horrek sortzen dizkidan ezbai batzuk mahai gainera ekartzeko.

Pernandoren egia batekin hasi nahi nuke: arras esperientzia diferentea da goikoena eta behekoena, dominatzailearena eta dominatuarena, esplotatuarena eta esplotatzailearena, baina biek dute esplotazioaren esperientzia.

Gizarte honek emakumeak mila eratara esplotatzen ditu. Har dezagun lan mundua, adibidez: gutxiago kobratzen dute lan bera egiteagatik, lan asko inolako diru-saririk gabe egitera behartzen ditu, goi mailako erabaki esparruetatik kanpo kokatzen ditu… Baina, nire ustez garrantzitsuena ez da zenbat esplotazio ezberdin eragiten duen, baizik eta gizarte patriarkalak guzti hau naturala dela esaten digula. Despolitizatu, desproblematizatu egiten du, esan behar ez den “gauzak horrela dira” ilun, oker, bihurri baina boteretsu horrekin.

Nik horrela irudikatzen dut patriarkatua: “gauzak horrela dira” errepikatzen duen mantra oro-ahaltsu bat, forma ezberdinak hartu ditzakeena, moldatzen dakiena, ikasten duena, beti ere “gauzak horrela dira” hori ezartzeko. Ordena biolento, hiltzaile, zapaltzaile baina ikusezin horrek amorratzen nau gehien. Gela erdian dugun elefanteak.

Gizonezkoon patriarkatuaren esperientzia feminismoen kapital politikoaren parte dela proposatzen dut ez emakumeon ikuspegia ordezkatzeko ahaleginik legitimatzeko, baizik eta gela erdian dugun elefantea ikusgarriago, bisibleago egin dezakeela uste dudalako. Gizonezkoon genero bereizkeriaren eguneroko esperientziak uste baino gehiago dira eta emakumeen esperientziaren B alde bat eskaini dezakete, gizarte ordenaren irakurketa osagarriak, patriarkatuaren helduleku gehiago eskainiz. Agian.

Esplotazio sistema honek, gizarte patriarkal honek gizonok emakumeen gainetik jartzen gaitu, eta pribilegio konkretuak eskaintzen dizkigu, baina horrek ez du esan nahi sistema horrek on egiten digunik. Mesede bai, baina onik ez. Alderantziz, estrukturalki bortxatzen, hiltzen eta lansaririk gabeko zaintza lanetara nahitaez kondenatzen ez gaituen arren, nire iritziz patriarkatuak mutilok ere mutilatzen gaitu binarismo sexual batean oinarritutako genero rolen banaketa bidegabe horrekin.

Nire genitalen konfigurazioan oinarrituta gizarte honek erakutsi dit, adibidez, harreman sexual asko izatea (eta lagunei kontatzea) ona dela, azkenetarikoa izango naizela bai amomari ipurdia garbitzen zein familiara jaio berria eskuetan hartzen, ezin dudala lasai negarrik egin (ezta, 36 urtetara iritsita, bakarrik egonda ere), ospea intimitatea baino inportanteagoa dela, edo nor-ago naizela bizitza publikoan bizitza pribatuan baino. Zenbat eta zenbat gauza, naturaltzat eman ditugunak, natural egin ditugunak, “gauzak horrela dira” amaigabe eta zentzugabe horretan.

Uste dut -uste dudalako susmoa dut- zuriak, gazteak, lanpostudunak eta heterosexualak izan arren, orduan ere, patriarkatua gure haragian sentitzen dugula gizonok, ahazten, pasatzen uzten ikasi dugun arren. Pribilegiodunak izanda ere sentitzen ditugula ordena patriarkalaren haginak gure okelan. Edo ez ditugula sentitzen, naturaltzat dauzkagulako. hor izan ditugulako hasieratik… gabezia horiek gure abiapuntuak bailiran hartzen ditugulako. Naturalki.

Eta noski, horrek ez du esan nahi emakumeak esplotatzeari uzten diogunik. Bizardun batek aspaldi utzi zuen idatzita langilerik zapalduenak ere emaztea zapal dezakeela. Esplotatzaileak gara. Zuek esplotatzen jarraitzen dugu, jarraituko dugu egunero eta orduro. Baina aldi berean esplotazio sistema horren biktima ere bagara, borrero izateak horixe bihurtzen baikaitu: borrero.

Finean esan nahi dudana zera da: gizartearen, ezagutzaren, boterearen konpartimentalizazio genitalak denok zauritzen gaituela. Gu ere zapaltzen gaitu bereizkeria sexualak. Zuek zapaltzen zaituztegunero (hau da, uneoro) zapaltzen gaitu. Eta zapalketa bikoitz (eragindako eta jasandako) horren mina ez dugu adierazten ikasi, prezisoki sistema honek perpetuatzen duen “gauzak horrela dira” horren katekesian heziak izan garelako, ordena sinboliko horretan hartu dugulako gizon forma.

Irakurri osoa

Leer más

Examinamos la relación entre masculinidad y salud mental

Publicado el 7 enero 2018 en General |

Imagen. Isabella Cotier

Por Dulcie Menzie traducido por Eva Cañada 

Este artículo fue publicado originalmente en i-D UK.

Desde que mi padre se suicidó el año pasado, he estado pensando mucho en la masculinidad y me siento personalmente agradecida por cada una de las personas que están alzando la voz y sincerándose acerca de su vulnerabilidad, desafiando nuestras claustrofóbicas nociones de género e incluso replanteándose sus tareas diarias en casa.

Afortunadamente, vivimos en una época en la que cuestionarse las anticuadas ideas sobre la masculinidad es un imperativo. Sin embargo, debemos tener cuidado para no pasar por alto mencionar que el género todavía nos tiene agarrados por el cuello.

Mi padre pasó a formar parte de lo que el British Columbia Medical Journal ha bautizado como “epidemia silenciosa” de suicidios masculinos. No se puede hacer suficiente hincapié en la importancia de este problema. CALM, una asociación benéfica dedicada a prevenir el suicidio masculino, afirma que esta es la principal causa de muerte entre los hombres de menos de 45 años.

Pero, como sucede con todas las estadísticas, estas cifras nos parecen ajenas: los números no comunican que, a menudo, estas muertes se llevan a hombres sin historial previo conocido de enfermedades mentales, dentro de familias que nunca lo vieron venir.

La muerte de mi padre me ha hecho darme cuenta de lo intratable y persuasiva que es en realidad lo que CALM denomina “la barrera cultural que impide que los hombres busquen ayuda”. Incluso en nuestra bulliciosa, abierta y expresiva familia, mi padre fue incapaz de encontrar un modo de comunicar lo que estaba sucediendo dentro de su cabeza.

Lo repentino de tantos de estos suicidios indica una parte clave del problema. Sin que nosotros nos diéramos cuenta, mi padre estaba encerrado dentro de una masculinidad que solo tiene dos opciones: ser un hombre o ser un fracaso. Este hombre debe ser “fuerte” hasta que se rompe, un reino donde la violencia o el suicidio se vuelven posibles. Necesitamos una masculinidad que sea flexible, resiliente, porosa… Incluso permeable.

Quiero formular una pregunta, que espero que pueda ayudar a que empecemos a avanzar hacia este tipo de mentalidad evitando caer en la trampa de autofelicitarnos por nuestro progresista enfoque del género. Mediante la exposición I’M FINE, comisariada por Max Hayter y Sophia Compton, hemos preguntado a 50 artistas qué aspecto tendría una masculinidad que animara de forma activa a los hombres a mostrar su vulnerabilidad.

Merece la pena, por un momento, ahondar en la historia personal de mi padre. Mi abuela paterna falleció de cáncer cuando él tenía 16 años. Sus desolado padre se suicidó unos años más tarde, otro nombre que añadir a la larga lista de hombres cuyas vidas han terminado de este modo.

A mi padre jamás se le animó a que profundizara en las complejas emociones ―pérdida, rechazo, ira― que poblaban su corazón. Ni siquiera conmigo, años más tarde, fue capaz de hablar abiertamente sobre la muerte de su padre como un suicidio: el tema siempre se resumía con la frase “el abuelo murió porque tenía el corazón roto”.

Esto me ha hecho ser íntimamente consciente del poder de las palabras. Puede que suene trivial, o incluso algo pedante, pero los términos individuales que utilizo para hablar sobre la muerte de mi padre son importantes.

Me han brindado la oportunidad de aceptar y en cierto modo tomar posesión de su pérdida: elijo qué elementos deseo registrar. He llegado a estar en desacuerdo con la idea de que mi padre “cometió” algo (un crimen, que es lo que implica la palabra) o que activamente “se quitó” la vida.

La primera vez que alguien siente un impulso suicida es la peor: si pueden superar eso, pueden recurrir a la certeza de su supervivencia cada vez que aparece un episodio. Así que he decidido no ver la muerte de mi padre como el inevitable final de su historia, porque las circunstancias podrían haber tomado un rumbo diferente aquel día.

leer completa

Leer más