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Masculinidades errantes. Sobre espejos rotos, automentiras y cambio

Publicado el 12 junio 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Imagen IVANO PETRUCC

LIONEL S. DELGADO . CTXT.ES

Deconstruirse como hombre no es fácil. El feminismo puede servir al hombre para arrojar luz sobre sus privilegios y, más importante aún, sobre en qué lucha puede volcar su esfuerzo.

Hablar sobre el hombre es coger la patata caliente que siempre rula de mano en mano. Y no rula por casualidad: la poca tradición de la masculinidad como tema hace que haya –con pasmosa diferencia– muchas más incógnitas que respuestas. Por ello, al hablar son inevitables los titubeos, los tumbos y las contradicciones. Si la masculinidad es contradictoria por definición, ¿cómo hablar de ella con certezas? Las líneas que siguen, en consecuencia, no son sino una crónica de la incertidumbre. Un caminar errante por un sendero que no me abandona, y que se incrusta en mi piel a cada paso, hasta tal punto que no entenderme como hombre es no entenderme en absoluto.

La tarea de hablar sobre masculinidades revela su importancia cuando, a pesar de que los éxitos del feminismo se noten cada día más, los hombres siguen (seguimos) utilizando sistemáticamente privilegios afectando o poniendo en riesgo a multitud de personas en situación de vulnerabilidad. Cómo esos privilegios se encarnan en los cuerpos y cómo son vividos por los hombres son temas que necesitan pensarse con calma pero sin pausa.

Evidentemente, los cambios en la vida personal de los hombres no van a conseguir destruir el patriarcado. Independientemente a los hombres, existen unas estructuras objetivas que siguen dinamitando las posibilidades de igualdad real. Pero el hombre puede decidir si intentar poner palos en la rueda del patriarcado y colaborar en la creación de espacios de igualdad, o aceptar el patriarcado y no hacer nada. Lógicamente, es mucho más interesante escribir sobre la primera opción.

Pensar sobre los privilegios masculinos desde un cuerpo masculino es complicado y, al hacerlo, me descubro bailando entre la facilidad para invisibilizar las relaciones de opresión que ejerzo, la certeza de que no soy “mala persona” y, sin embargo, la seguridad de que tengo privilegios y los uso constantemente, aunque a veces no sepa del todo qué privilegios son esos, cuántos tengo y cómo los ejerzo. Y aun con todo, tengo la suerte de haberme topado con un feminismo con el que inicié un proceso individual (y con algunos compañeros) para romper el trono de un sujeto autosuficiente que con conciencia y voluntad puede solucionarlo todo. Si yo, privilegiado hombre en deconstrucción, universitario concienciado y pretendido aliado del feminismo, tiene problemas incontables, imaginaos al que el feminismo le pilla lejos…

La tradición patriarcal por la cual el hombre renuncia al mundo de los sentimientos no sale gratis: nos pesa el analfabetismo emocional que nos vuelve incapaces para identificar, entender y gestionar emociones. Y eso supone una importante barrera para la conciencia de los privilegios. Contamos con un arsenal enorme de excusas que nos repetimos, a nosotros y a los demás, sobre nuestra situación. Por ello, la mitad de los privilegios no pueden considerarse plenamente conscientes: pululan en algo parecido a lo que Orwell llamaba doble-pensar por el que nos mentimos y seguidamente nos olvidamos de que nos hemos mentido.

Si bien cada uno es responsable de sus decisiones (y esto es una verdad como un templo), pasar por alto la dimensión estratégica del asunto (tenemos que conseguir llegar a la gente) y plantear el problema en términos de culpas es a veces complicado: aunque a un puñado de hombres de la izquierda moral nos gusta eso de lamentarnos por la incoherencia para buscar niveles cada vez más altos de congruencia, la mayoría no se sienten ni opresores ni mucho menos malas personas y antes morirán matando que caer en la desvalorización personal.

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«¿Cómo vamos a acabar con el machismo sin intentar cambiar a los hombres?»

Publicado el 11 mayo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Juan luis Pavón . El Correo de Andalucía

“A mí me ha salvado y me ha perdido el hecho de no haber dejado de ser nunca un militante, sin adscripción política de un partido u otro, porque eso ha hecho que no me calle nunca nada. Aunque me cueste perder el trabajo e impedirme ganar dinero”. Los 66 años de biografía de José Angel Lozoya son un enorme cúmulo de experiencias donde percuten entre sí legalidad y moralidad, política y justicia. Los desequilibrios entre hombres y mujeres en nuestra sociedad, dentro y fuera del sexo, son el tema de máxima actualidad y controversia en las últimas semanas, por el caso de los cinco sevillanos conocidos como ‘La Manada’. La polémica sobre el machismo en España se ha convertido en noticia de alcance internacional. Y fue en Sevilla, con José Angel Lozoya, donde se pensó por vez primera en articular un Foro de Hombres por la Igualdad.

Nació en Valencia en 1951. Fue el segundo de los ocho hijos en una familia cuya madre era modista y su padre guardia civil, como quinta generación familiar con tricornio. Había entrado con 14 años, justo al terminar la guerra incivil donde su padre murió. Y en 1942, otro agente de más edad le desveló que su madre no le había dicho la verdad cuando quiso protegerlo del hambre y la represión: no lo habían matado los ‘rojos’ sino que lo habían fusilado los sublevados franquistas. Pedro Lozoya Cué, con 18 años, decidió darse de baja y dedicarse a la lucha contra la dictadura, tanto en la clandestinidad sindical, que le supuso múltiples despidos y periodos en prisión, como después desde el exilio en Holanda. Fue de los impulsores de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) desde España y de UGT desde el exilio. Tras la muerte de Franco, fue amnistiado, readmitido en la empresa de los tranvías y autobuses de Valencia, y presidió su fundación. Durante el golpe del 23-F en 1981, Milans del Bosch ordenó poner un tanque delante de la ventana de su despacho.

Nuestro entrevistado, José Ángel Lozoya, vivió una infancia de familia felizmente unida ante la adversidad, afrontando noches sin nada que comer. Su primer trabajo, en 1966, fue de botones en un banco. Tenía 14 años y a los pocos meses se fueron al exilio, afincándose en la ciudad holandesa de Dordrecht, entre Rotterdam y Breda. Cuando cumplió 15 años, entró en la escuela de aprendices de una factoría metalúrgica. Así comenzó a ganarse la vida, logró en esa empresa el rango de oficial de primera ajustador-montador. Aprendió rápido la lengua neerlandesa, ayudó como intérprete a muchos emigrantes españoles y comenzó su actividad política desde las Juventudes Socialistas en el exilio.En Francia conoció a jóvenes socialistas diez años mayores que él como Felipe González.Ya emancipado de sus padres, regresó a España en 1971 y creó en Valencia, trabajando en fábricas del metal, la estructura clandestina del PSOE y de UGT, que era inexistente.

La primera vez que estuvo en Sevilla fue en enero de 1972. La televisión holandesa le localizó para ofrecerle trabajar como intérprete de un equipo del programa de investigación ‘Tras lo nuevo’. Querían viajar por España de modo secreto para hacer dos reportajes: sobre el giro progresista de la Iglesia española con el cardenal Tarancón al frente, y sobre la dimensión del PSOE como fuerza política dentro del país. Hicieron muchas entrevistas, por un lado a teólogos como José María González Ruiz, y al cura obrero de una parroquia de las ‘casitas bajas’ erigidas para los damnificados por la riada del Tamarguillo en 1961, que también ejercía de corrector en ‘El Correo de Andalucía’. Por otro lado, a dirigentes del partido como Felipe González, Pablo Castellano o Enrique Múgica. Tras la emisión del programa en Holanda, sufrió su primera detención en Valencia y su primer juicio ante el Tribunal de Orden Público.

Participó en 1974 como delegado de Valencia en el Congreso que en Suresnes (Francia) propició el relevo generacional en el PSOE, asumiendo el control González, Guerra, etc. Pero, disconforme con su decisión de introducir directamente para mandar en el partido en Valencia al jurista José Luis Albiñana, fue depurado por el comité ejecutivo. Antes de morir Franco en 1975, José Angel Lozoya pasó a ser militante de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Durante los años de Transición, entraron en contacto con él amigas feministas que abogaban por el derecho al aborto y por llevarlo a cabo de modo clandestino. En 1979, le pidieron su piso para meter mujeres y practicarles los abortos. Sin miedo a ser condenado a seis años de cárcel por su complicidad, se implicó más y aprendió a hacerlos, y se convirtió en su modo de tener ingresos.

Desde enero de 1980 vive en Sevilla. Con dos malagueñas de dicho grupo alquiló una vivienda en la calle Mateos Gago y la acondicionaron para practicar en ella los abortos, tres al día. Se llamaba Centro de Planificación Familiar Los Naranjos. Era ilegal y cada vez menos clandestino. Hablaron en Sevilla con casi todos los partidos políticos y sindicatos, y con numerosos foros culturales y sociales, sobre lo que hacían. Acudían de incógnito mujeres desde toda España. Llegó a estar dada de alta en el Colegio de Médicos a través del ginecólogo Manuel Vergara. Tenían apoyo del Hospital Policlínico y de miembros de la cátedra de Ginecología de la Universidad de Sevilla. Publicaban una revista mensual. En octubre de 1980, él y su grupo fueron detenidos por la Policía. Hasta 1989 no se celebró el juicio. Habían cambiado los gobiernos y las leyes, pero no había efecto retroactivo. En primera instancia fueron condenados a cuatro años de cárcel, después el Tribunal Supremo rebajó la pena a un año, y, aunque ya con esa sanción no iban a entrar en prisión, el Consejo de Ministros les indultó.

 

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FEMINISTAS. INTENSAS , DIVERSAS , IMPRESCINDIBLES .

Publicado el 3 abril 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

José Ángel Lozoya Gómez
Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad
Crecí rodeado de mujeres fuertes, de mujeres que la guerra dejó viudas o solteras, de mujeres que superaron dificultades difícilmente imaginables. De niño me dormía escuchando la máquina de coser de mi madre, una modista que también fue dependienta, frutera, portera, metalúrgica…

El franquismo nos empujó al exilio político y económico. A los 14 años mamá me asignó tareas domésticas y se negó a enseñar a coser a mis hermanas, por la sobrecarga de trabajo que suponía para la mujer de un obrero. Llevó pistola en el bolso hasta que volvió a España y fue la primera concejala de su ciudad. Su último gesto político, en solidaridad con las procesadas de Bilbao, fue la firma de un documento en el que afirmaba haber abortado.

En el exilio conocí a hombres que figuran en los libros de historia y a feministas reivindicando el derecho al aborto o a la iniciativa sexual. Y fue una poetisa catalana, que recitaba como nadie “El crimen fue en Granada”, la que me animó a volver a Valencia para luchar contra la dictadura.

Mientras la prioridad fue la conquista de las libertades yo me enamoraba de mujeres a las que admiraba por su valor y por su capacidad para cuestionarme. Muerto Franco los hombres copamos la dirección de los partidos y los sindicatos, y nos creímos capaces de decidir hasta lo que tenían que decir nuestras compañeras en las asambleas de mujeres que empezaban a surgir. Con eso provocamos que muchas antifranquistas orillaran sus diferencias partidarias para construir un movimiento de mujeres que, para afirmar su autonomía, rechazaba a los hombres en sus actividades y cuestionaba a las feministas que militaban en organizaciones mixtas.

Mis dificultades con el centralismo democrático y mis relaciones con el movimiento de liberación sexual favorecieron que aceptara integrarme en el primer grupo feminista que buscaba imponer en la práctica el derecho al aborto. Esto me dio una perspectiva privilegiada de las relaciones heterosexuales y sus consecuencias. Aposté por la educación sexual cuando vi que la demanda de “Anticonceptivos para no abortar, aborto libre para no morir” era un parche si no cuestionaba la sexualidad masculina.

El feminismo cambió las relaciones entre los sexos sin que la mayoría de los hombres se sintieran aludidos y yo, que me relacionaba con feministas y envidiaba la intimidad que lograban en los grupos de autoconocimiento, decidí convocar a un grupo de hombres (en 1985) para ver cómo nos afectaba el cambio y cómo podíamos contribuir a acelerarlo, dando sin saberlo un impulso al Movimiento de Hombres por la Igualdad.

Desde su aparición el feminismo aporta enfoques nuevos a temas viejos. Sin que nadie les regale nada han reivindicado, frente  a todo tipo de descalificaciones, temas como el divorcio, la promiscuidad, la noche, la anticoncepción, el aborto, la igualdad de derechos y oportunidades, las cuotas, los cambios legislativos, la discriminación positiva, el trabajo doméstico… Reivindicaciones acompañadas de todo tipo de movilizaciones, siempre pacíficas, en las que han asumido riesgos y superado periodos de desmovilización que acabaron con muchos movimientos de la transición. Superado momentos en los que solo se veían rescoldos en la universidad y las instituciones, mientras aumentaba el reguero de víctimas que quedaban en la cuneta de la historia. Pero de tanto en tanto pasaba algo que las hacía resurgir. A finales de los 90 fue la indignación ante el asesinato de Ana Orantes el que puso en la agenda la violencia que padecían en las relaciones de pareja.

La victoria del PP y la desmovilización social que provocó las medidas anti“crisis” llevaron a pensar en el escenario ideal para recortar el derecho al aborto, la conquista más peleada por el feminismo desde la transición, y el tren de la libertad fue el broche a una respuesta del movimiento feminista que provocó la dimisión de Gallardón y un relevo generacional que, con los socialistas en la oposición, no se pudo controlar con ayudas a los colectivos afines.

La manifestación de Madrid del 7N de 2015 hizo saltar por los aires el corsé legal que mantenía las violencias machistas en el ámbito de la pareja, y el 25N de 2017 el movimiento feminista demostraba su implantación territorial con manifestaciones masivas en más de 50 ciudades, contra “la manada” y los intentos de cuestionar a su víctima.

El pasado 8 de marzo la de mujeres fue la primera huelga política de la democracia, y las manifestaciones de la tarde una demostración sin precedentes de fuerza del movimiento feminista, que ha metido en la agenda política temas como la brecha salarial o los cuidados, que parecían tener más capacidad descriptiva que de movilización.

Ya podemos decir que la mayoría de los hombres se sienten aludidos, que son capaces de identificar muchos de sus privilegios y abundan los que comparten la necesidad del cambio, como demuestran su presencia creciente en las manifestaciones feministas, los miles de hombres que asumieron los cuidados en sus hogares para que sus compañeras vivieran el 8M, o los que atendieron los puntos de cuidados que se montaron ese día en muchos pueblos y ciudades.

Tras una vida acompañando a las feministas, con algunos desencuentros sobre el lugar que debemos ocupar los hombres en la lucha por la igualdad, he de admitir que siguen siendo el motor del cambio de los hombres porque se necesita su presión para que renunciemos a muchos de nuestros privilegios.

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Los hombres que se rindieron al feminismo: “Ser machirulos nos vuelve tóxicos”

Publicado el 12 marzo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

El Confidencial 7/03/2018

Ahige ayuda a hombres a cuestionarse la hegemonía de la masculinidad tóxica en la sociedad actual y a preguntarse por su papel en la era del feminismo.

El discurso hegemónico de la masculinidad es la segunda teta de la que el hombre mama de manera casi involuntaria después de la de su madre. Los mitos del macho ibérico nos rodean conforme crecemos y si uno sale de la norma que define al modelo de hombre, un vómito de palabras vacías del calibre de ‘nenaza’, ‘marica’ o ‘calzonazos’ le inundan los oídos, amenazando con correr su misma suerte a cualquiera que le defienda. Menos de 10 metros cuadrados en un piso de la calle Montera de Madrid hacen de asociación para hombres que quieran cuestionar al macho alfa y lograr que otros lo hagan, que busquen su parte de responsabilidad en el machismo y que quieran descubrir cuál es su papel como hombres en la nueva era del feminismo.

Se trata de Ahige, siglas de Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, aunque bien podría ser acrónimo de aliados del feminismo contra la masculinidad tóxica. El primer paso para ser miembro, lo tienen claro: “Aceptar que todos somos machistas“. Varios de sus socios se han reunido con El Confidencial para discutir sobre esta y otras cuestiones que nos afectan a los hombres, en particular a los que quieren tomar responsabilidades de cara a la manifestación y huelga feminista del 8 de marzo.

“No se nace mujer, se llega a serlo”, decía Simone de Beauvoir. Lo mismo arguyen en esta asociación: “No se nace hombre, somos un resultado”. “¿Y es sana la manera en que los hombres crecemos?”, se preguntan desde este grupo de hombres. En este proceso influye todo. “Ser machirulos nos vuelve tóxicos y ponerse la etiqueta de machista no es fácil”, es su primera premisa. Pero también saben que difundir entre hombres las ideas que han tomado prestadas del feminismo y que reproducen no es una tarea sencilla.

Desde la asociación, explican, se dedican a aplicarse el discurso que “durante cientos de años” las mujeres han estado hilvanando para “luchar por sus derechos” y tratar que llegue a cuantos más hombres sea posible. “Nosotros nos aplicamos ese discurso para dar nuestro paso —y ayudar a que otros lo hagan— hacia abajo en ese escalón de privilegios”. Un escalón incómodo cuando lo pisas, ya que “hace replantearte todo y ponerte de frente a los privilegios que te han permitido estar donde estás”. Básicamente, luchar contra tu zona de confort.

“Buscamos romper el discurso dominante de la testosterona, de que somos violentos y de la masculinidad tóxica”, explican. De esta manera, creen poder ayudar a otros hombres y tratan de “sensibilizar a otros” intentando desafiar los estereotipos de “la masculinidad hegemónica”. Buscan promover un cambio a nivel colectivo desde lo individual de lo que es ser hombre.

“Este no es un problema que dependa tanto de las mujeres solucionar, sino nuestro”, sostienen. Tienen claro que su “responsabilidad como hombres es interiorizar su discurso” y se lamentan de que hayan tenido que pasar cientos de años hasta que “hayamos comenzado a darnos por enterados“. Pero saben bien por qué el discurso feminista no cala entre muchos hombres: “No es atractivo. Vende mejor la historia de que el feminismo lo que busca es dominar a los hombres”.

Pero opinan que difícilmente serán hombres nuevos sin abandonar la toxicidad de muchas masculinidades. Si no “aprendemos y asumimos” lo que es el feminismo: una “teoría social, económica y política que busca la igualdad efectiva”. Aunque también tienen claro que es más fácil que el ideario cale en otros hombres si son ellos quienes les explican qué esta mal.

Si el machismo perdura, critican, es porque “somos cómplices y lo somos con nuestro silencio. Cada vez que vemos una situación en la que la mujer es discriminada, no hacemos nada por remediarlo o hasta nos reímos de ello”. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la “sociedad desigual en la que vivimos y dejar de ser aliados”.

 

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Los hombres necesarios

Publicado el 6 marzo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Juan I. Pérez. el independiente de Granada

LA NUEVA MASCULINIDAD QUE CONLLEVA EL FEMINISMO, IMPRESCINDIBLE PARA CONSTRUIR UNA SOCIEDAD JUSTA

La lucha por la Igualdad, imprescindible para construir una sociedad justa, precisa de hombres que den un paso al frente. Comprometidos con la Igualdad, intolerantes con el machismo, El Independiente de Granada ha publicado y seguirá publicando informaciones, análisis, reportajes para tratar de convencerte de que te sumes a esta lucha. Esta vez dirigido a los hombres. ¿Te comprometes?

i el machismo perdura es porque los hombres hemos sido permisivos, cómplices, aunque no seas el típico acosador o un maltratador. En la lucha por alcanzar la Igualdad real y efectiva, imprescindible para construir una sociedad justa, en una democracia del siglo XXI, la neutralidad a estas alturas es un acto cobarde, como si pudiéramos ser imparciales ante el racismo, la xenofobia, la homofobia…

El Feminismo ya no se defiende, lucha. Y en esa lucha debe contar con el Hombre. Cómo si no poder hacer cambiar el rumbo de la sociedad. Ya es hora. Es el tiempo de participar activamente en la revolución global pendiente más necesaria, que se demora desde tantos y tantos años.

No crees que es necesario superar al hombre troglodita, caracterizado con un garrote y arrastrando a una mujer de los pelos? ¿Ese que ya con otras ropas sigue marcando el terreno de la mujer y no cede espacio ni poder, vive sujetos a los roles y se cree superior?

En la década de las redes sociales, las luchas sociales y la democratización de (algunos) medios de comunicación en los que es posible expresarse libremente, hombres y mujeres de todo el mundo se cuestionan esa forma primitiva de virilidad. Acaso, ¿no lo haces tú?

Si ese hombre no nos representa y ni siquiera gusta, ¿por qué sigue dominando la sociedad? Despierta, nace la nueva masculinidad.

Esta concepción renovada de lo que significa ser un hombre abarca múltiples planos, pero empieza por mirarnos al espejo y comprobar, para desterrarlo, el machismo que nos invade.

El machismo, tan fácil de identificar. Como cuando escuchas las consignas feministas y sientes que no es tu lucha (por favor), o, incluso, hasta la palabra feminismo te provoca rechazo. Si das por descontado que es tu pareja la que tiene que cuidar a los niños, dejar su trabajo o encargarse de las cosas del hogar, y te disguste que prospere en el ámbito laboral. Si pensaste por un momento que la vida posterior a la violación de una joven en los Sanfermines minimizaba el delito de los cinco hombres que la violaron. Si le has dicho algo obsceno a una mujer por la calle… Háztelo mirar para cambiar. Radicalmente.

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“Lehenago egingo die uko bere pribilegioei klase burgesak, gizonok baino”

Publicado el 19 enero 2018 en Diversidad sexual, General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Argazkia: Dani Blanco.Argazkia: Dani Blanco.
ARGIAN. Z. OLEAGA 2018ko urtarrilaren 21a

Bakoitzak nondik hitz egiten duen adieraztea garrantzitsutzat du Jokin Azpiazu Carballok. Bera, akademian, kalean, tabernetan bizitutako hausnarketa eta ekintzetatik ari da. Feminismoekin, LGTB+/queer mugimenduekin eta gizon taldeekin garatutako harreman eta militantzietatik. Maskulinitateari pribilegioetatik eta boteretik heltzea proposatzen du Masculinidades y Feminismo liburuan [hemen PDFan irakurgai].

Zerk bultzatuta idatzi duzu liburua? Nori dago zuzendua eta zer nahiko zenuke sortzea bere irakurketak?

Liburuaren helburua ez da edozeinek irakurtzea. Saiatu gara larregi akademikoa izan ez zedin, hausnarketaren konplexutasuna ezkutatu gabe aldi berean. Asmoa da gai horren inguruan bueltaka ibili den jendeak izan dezala tresna bat gehiago. Erosotasunez irakurriko dena ulergarritasun aldetik, baina deserosotasuna ere sortu nahi duena aldi berean. Kariñoz, beti ere. Orduan, bai, segur aski gehiago dago zuzendua feminismoan interesa agertzen duten gizonei, feminismoan aritzen diren emakume eta genero ez bitarretako pertsonei, eta oro har eraldaketa sozialarekin lotuta dagoen pertsonei. Ez dago “guztiontzako maskulinitateak” klabean idatzia.

Zein da liburuaren marko politikoa? Gizonak klase soziala garela esan duzu inoiz.

Oso baieztapen potoloa eta borobila da. Beraz, ez guztiz egia, ezta guztiz gezurra ere. Azken urteetako joera bati buelta emateko baliatu nahi izan dut. Gizontasunaren diskurtsoa asko zentratzen ari da identitatearen inguruan. Eraldatu daitekeena, eraldatzen ari dena eta abar. Maskulinitatea niretzako ez da horrenbeste ni definitzen nauen zerbait identitate ikuspegitik, baizik eta nire botere posizioa markatzen duen zerbait. Eta horrek nire identitatea markatu dezake. Baina abiapuntua ez nuen identitatean jarri nahi, boterean baizik.

Behin irakurri nizun “apenas dago historian, bere pribilegioei boluntarioki uko egin dionik”. Ba al dago inongo arrazoirik pentsatzeko gizonezkook salbuespen izan gaitezkeenik?

Izatekotan, kontrakoa. Motibo gehiago dauzkat nik pentsatzeko klase burgesak uko egingo diela bere pribilegioei, gizonezkook baino. Hara zer esaten dizudan. Oso une politiko xelebrera heltzen ari gara, badirudi posizio ezberdinetatik pribilegioen aitortza egiten dugula: “Badakit pribilegiatua naizela zuria izateagatik, gizona izateagatik, tar tar tar”. Horrekin soilik ez goaz inora, ez badugu neurri zehatzik hartzen. Mugimendu feministak proposatzen dituen neurriak entzun behar ditugu, eta gure egin.

Geure burua ezkertiartzat dugun gizonok, ezberdinak ote?

Ezkerreko mugimenduek historia eta genealogia jakin bat dute. Esaterako, biktimizazioaren ideia oinarrizkoa da: elkartzen gara zapalkuntza bat pairatzen dugulako eta buelta eman nahi diogulako. Biktimaren paperarekin identifikatzen gara. Azken hamarkadetan bizitza konplikatu zaigu. Feminismoetatik edo begirada dekolonialetatik, adibidez, planteatu digutelako ez dela hain argia dimentsio orotan eta uneoro biktima bezala aurkezte hori. Gizonezkook ezkerreko mugimenduetan botere harremanak onartzeko ditugun erresistentziak, gure posizio zentral pribilegiatutik eratortzen dira. Zerbaitek gure biktima papera auzitan jartzea ez zaigu gustatzen, ez diogu heldu nahi.

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