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«El horizonte de la igualdad es algo que nos queda muy lejos»

Publicado el 10 noviembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Entrevista a Octavio Salazar . Diario de Córdoba

«El feminismo no es solo cosa de mujeres». Así de claro lo deja el profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba Octavio Salazar, que ha sido reconocido recientemente Hombre Progresista 2017 por su labor docente e investigadora sobre la igualdad de género, nuevas masculinidades, diversidad cultural y derechos Lgtbi.

-¿Qué significa para usted este reconocimiento?

-Lo entiendo no solo como un reconocimiento de lo que he podido hacer en materia de igualdad los últimos años, sino que también tengo ahora una especial responsabilidad en seguir trabajando en esa dirección como docente, investigador y como ciudadano.

-¿Qué se entiende por igualdad de género hoy en día?

-Primero tendríamos que responder a la pregunta de qué sentido tiene hoy seguir hablando de igualdad de género y seguir trabajando en este tema. Y la respuesta, yo creo, es muy evidente: cualquier día que veamos un medio de comunicación observamos que sigue existiendo una gran desigualdad entre hombre y mujeres.

en cualquier punto del planeta y tenemos que seguir trabajando para derribar esos obstáculos. Por ello, creo que el horizonte de la igualdad aún nos queda muy lejos. Hemos hecho avances, pero todavía hay una realidad insistente que nos sigue demostrando que las mujeres están discriminadas.

-¿Cree que la sociedad es consciente de esa realidad?

-Yo, que trabajo en la facultad con jóvenes, me doy cuenta de que una gran mayoría de mujeres viven en un espejismo de igualdad. Creen que ya está todo conseguido y no se plantean ningún problema en cuanto a las oportunidades que van a tener cuando se lancen al mercado laboral. Una realidad totalmente falsa. En cuanto a los chicos, lo que sí observo en los últimos años es una especie de repunte de determinadas actitudes machistas, comportamientos muy tradicionales. Y hay una especie de reacción al avance de las mujeres, reforzando su machismo y su sentido más patriarcal. En esos dos contextos creo que no hay consciencia de la evidente desigualdad y la necesidad de cambiar esa realidad. Aunque siempre suelen haber excepciones.

-¿A qué cree que se puede deber este «repunte» de machismo?

-Por un lado, a los avances que han ido haciendo las mujeres. Hay una reacción de muchos hombres de defender sus privilegios. Es como un mecanismo de autodefensa. Y por otra parte, estamos en una sociedad muy mediatizada, donde se transmiten constantemente valores y estereotipos machistas. Es un ámbito en el que no hemos conseguido avanzar.

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El chivo expiatorio

Publicado el 27 octubre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

 

Miguel Lorente. blog Autopsia. Octubre 2017

Weinstein ha sido repudiado por Hollywood y por toda la sociedad, el gran Harvey Weinstein, dueño de sueños y señor de realidades, el magnífico anfitrión de fiestas interminables, el hombre que bajaba las estrellas hasta las aceras del bulevar…de repente ha pasado a ser el “asqueroso” Weinstein.

Da igual que organizara parte de sus juegos para amigos, que utilizara el sexo como moneda de cambio con tantas jóvenes actrices a quienes les hicieron creer que todo eso forma parte del oficio, y que incluso demuestra personalidad y estar por encima de prejuicios, que hay que vivir como se actúa y actuar como se vive. Como también dio igual que lo denunciaran con anterioridad y que tuviera que arreglarlo con dinero, otro “poderoso caballero” más en el club machista.

Pero lo de Weinstein es lo mismo que lo del profesor que acosa a sus alumnas en la universidad, tal y como conocimos en la condena del caso ocurrido en la Universidad de Sevilla, como el del maltratador que calla a su mujer a golpes y silencia al resto con esa normalidad diseñada a medida para que se ajuste a las circunstancias de cada momento, o como la del empresario que abusa de sus empleadas ante las miradas huidizas del grupo.

Es la ventaja de vivir en una comunidad en la que las normas están hechas para “no molestar”, para que nadie rompa el silencio que los hechos delatan, y de ese modo conseguir que todo el escándalo del machismo suceda, pero en silencio.

Una comunidad organizada sobre esas referencias  y a partir de los privilegios de quienes ocupan la condición de socios, es decir, de los hombres, es mucho mas que la suma de cada uno de ellos, por eso el interés principal está en defender sus reglas y referencias comunes, no tanto a los miembros de manera individual, ni mucho menos si uno de ellos es descubierto por un exceso o por un fallo. En esos casos lo que interesa es que la irremediable quiebra del silencio se centre y se limite a él, al hombre descubierto, para evitar que afecte a la comunidad y, de esa forma, que esta pueda seguir bajo su esquema y su modelo.

Por eso las propias normas establecen que ante el descubrimiento de uno de ellos será la misma comunidad quien reaccione atacándolo y dejándolo solo, de manera que todo parezca como un caso aislado propio de las características de ese hombre y de las circunstancias que lo envuelven y, ante todo, que lo ocurrido ha sucedido al margen de la comunidad.

Es la estrategia del “chivo expiatorio” propia del machismo, de la que ya hablé hace más de 20 años en mis primeras publicaciones sobre el tema, y que cada día se reproduce ante la necesidad de evitar la crítica al modelo de sociedad patriarcal. El ataque al hombre descubierto justifica lo ocurrido en proximidad con los hechos y tranquiliza a distancia al resto de la sociedad.

Forma parte de la camaradería de los hombres, de ese “todos para uno y uno para todos”tan clásico. Camaradas hasta que haya que sacrificar a alguno para salvar al resto y su modelo de sociedad beneficioso para todos.

Y para ello, a pesar de la objetividad de los hechos que llevan a cuestionar y a exponer al camarada hombre, no desaprovechan la oportunidad para atacar a las víctimas y criticar a las mujeres. Y con tal de lograr ese objetivo se recurre, desde el argumento basado en que ellas “sabían lo que hacían”, que “tratan de aprovecharse”, que son ellas las que “han provocado o se han insinuado”…hasta la propia negación de los hechos, o la duda sobre “por qué ha denunciado tan tarde”, o “por qué de repente salen tantas víctimas”… para jugar con la sempiterna idea de las denuncias falsas.

 

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ENTREVISTA JOKIN AZPIAZU

Publicado el 20 octubre 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

 

Revista Hombres igualitarios.AHIGE.Posted by Roger Gras Pacheco | 17 Oct, 2017

Antes de empezar, Jokin, felicitarte por tu personal trabajo sobre la relación entre masculinidades y feminismo (nos referimos al libro Masculinidades y feminismo del cuál podéis leer la siguiente reseña). Las dichas “nuevas masculinidades” beben del feminismo. A menudo son un espejo de ese movimiento político que pertenece a las mujeres. Los grupos de hombres no dejan de ser una imitación “sana” de los grupos de autoconciencia feministas.

¿Crees que estos grupos, en los que tú has participado, son una herramienta útil para crear un nuevo sujeto político?

Creo que no podemos establecer generalidades respecto a los grupos de hombres. Algunos grupos han partido de posiciones cercanas al feminismo y se han ido distanciando en algunos momentos, otros han hecho el camino opuesto. Opino que los grupos de hombres plantean un principio muy importante de responsabilidad: la necesidad de tomar en nuestras propias manos la reflexión sobre el machismo y las relaciones de poder y pensar qué se puede hacer desde esa posición tan particular de los hombres en las sociedades actuales, que es una posición de privilegio estructural.

Lo importante, por lo tanto, es que esta responsabilidad y este hacer algo por nosotros mismos no se traduzca en un diagnóstico hecho desde nuestra propia mirada que puede terminar convirtiéndose en una práctica y discurso autocomplaciente y poco transformador. Es una tarea difícil que los grupos de hombres no deriven en una auto-victimización y en generar políticas auto-referenciales.

 “Muchas veces las cuestiones feministas en relación con los hombres se han planteado desde una auto-victimización («el patriarcado nos ha hecho así y somos sus víctimas asimismo») o desde una especie de culpabilización («somos lo peor») que tiene mucho de pose.”

Tendemos a pensar en sujetos políticos cuando buscamos procesos de empoderamiento para colectivos oprimidos que se convierten en sujeto de cambio. Sin embargo, las implicaciones de un sujeto político hombre son bastante distintas, puesto que no hablaríamos de procesos de empoderamiento, sino de más bien todo lo contrario.

¿Cómo podemos los hombres hacer pedagogía de los valores del feminismo?

La agenda feminista no es una y nada más que una, es importante estar atentos a las diferentes propuestas y puntos de vista e intentar plantearnos la pregunta: ¿es el movimiento y la política feminista en general nuestro punto de referencia? Y, si es así, ¿cómo nos relacionamos con su complejidad y diversidad interna?

¿Es el movimiento y la política feminista en general nuestro punto de referencia? Y, si es así, ¿cómo nos relacionamos con su complejidad y diversidad interna?

Creo que es importante plantearnos qué tipo de pedagogía necesitamos, si es una pedagogía que se base en la comodidad (las propuestas que se nos hacen más cómodas de escuchar y asumir) o en una suerte de incomodidad (aquellas que nos importunan más) y cómo, en base al espacio en el que queramos incidir, tenemos que combinar estos dos ingredientes.

Es importante pensar que la construcción cultural del patriarcado, esa que nos otorga privilegios, no es tan sólo una serie de valores que introducimos y reproducimos. Es también y sobre todo un sistema material (desde lo económico hasta lo simbólico) que nos sostiene y nos mantiene en el lado privilegiado. Por ello es importante señalar que «renunciar a los privilegios» no significa solamente tener voluntad personal para ello, sino ser capaces de contribuir a dinámicas que cambien las estructuras de poder y sus formas de funcionar.

Hay una dificultad para encarnar y vivir un espacio de responsabilidad que genere malestar. Por eso a menudo tratamos de simplificar y buscar fórmulas rápidas para sentirnos «fuera de culpa», sin reconocer que los procesos de cambio, si son profundos, son largos.

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LOS HOMBRES NOS MANIFESTAMOS CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA. 21 DE OCTUBRE

Publicado el 18 octubre 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Toni Soler
Miembro de la Comisión de violencia de género de AHIGE| 13 Oct, 2017 |

Según los datos oficiales, desde 2003 se han producido en nuestro país 911 víctimas por violencia de género. Esta cifra solo es la punta del iceberg de otras muchas formas de violencia contra la mujer que son mucho más sutiles, menos visibles para la población en general. Los motivos que originan estas violencias hunden sus raíces en nuestra propia cultura.

TOMA PARTIDO: EL SILENCIO NOS HACE CÓMPLICES

El 21 de octubre de 2006 se celebró en Sevilla, bajo una convocatoria unitaria de todo el movimiento de hombres por la igualdad, la primera manifestación de hombres contra la violencia machista celebrada en España. Desde entonces, año tras año, más y más hombres rompen su silencio, el miedo y la supuesta “solidaridad machista” para salir a la calle. No queremos que la violencia machista nos atenace. Nos reunimos en ruedas en las que los hombres nos damos la mano solidariamente para escuchar un manifiesto de repulsa contra la violencia machista mientras unas velas nos recuerdan a las mujeres asesinadas ese año.

Queremos dejar claro que, como dijo José Saramago, la violencia de género es un problema de los hombres que sufren las mujeres y que por tanto, como hombres, tenemos una responsabilidad especial en hacer frente a la violencia. No es el protagonismo el que nos mueve, sino dejar de ser cómplices de la violencia machista.

Que el silencio no te haga cómplice, asiste acompañado de tus familiares y amistades a la rueda de hombres que se convoca en tu población y muestra claramente tu posición y tu firme voluntad para erradicar esta violencia. Si en tu población no hay convocada una Rueda de Hombres, nosotros te apoyamos en su convocatoria.

Los medios de comunicación visualizan los casos de violencia hacia la mujer más espeluznantes y brutales: los asesinatos. Esta información que se produce generalmente de forma puntual ayuda a que buena parte de la sociedad los perciba como casos aislados que se producen en el seno de la pareja en un momento de locura, por el excesivo consumo de alcohol o drogas, por una niñez traumática o por la actitud de la mujer hacia el hombre. No es cierto, ninguno de estos supuestos justifican la perdida momentánea del control masculino sobre sus actos.

PROPICIAR EL CAMBIO

Las leyes favorecen la igualdad, pero no son suficientes, por si solas no van a producir el cambio social que todos deseamos, los hombres debemos renunciar a los privilegios que la sociedad nos ofrece por el mero hecho de ser hombres. Tenemos que identificar esos privilegios y renunciar a ellos. Por ejemplo, al supuesto sentimiento de superioridad del hombre sobre la mujer, acabar con la misoginia y/o la exaltación de la virilidad masculina. Debemos aprender a identificar las formas más sutiles de violencia en el hogar, en el trabajo, en la calle, evitando el uso del lenguaje sexista, los chistes machistas, las opiniones que algunos pronuncian en voz alta sobre el cuerpo de las mujeres sin conocerlas de nada. Debemos ser menos tolerantes con estos comportamientos.

El reto ya no es que los hombres digamos que estamos a favor de la igualdad con las mujeres, debemos practicar diariamente la igualdad en nuestra vida cotidiana, en las tareas del hogar, en el cuidado y la educación de nuestros hijos e hijas, también en nuestro propio cuidado. Son tareas que, al realizarlas, nos harán crecer como persona y mejoraran nuestras relaciones de pareja, con nuestras hijas e hijos y con el resto de personas que nos rodean.

La violencia no es algo inherente al hombre. Con esfuerzo constante y consciente, podemos controlarla, podemos modificar nuestros impulsos, nuestra educación. Participando con otros hombres, reuniéndonos, reflexionando sobre nuestros comportamientos y sentimientos; y viendo, con la ayuda de otros hombres, cómo podemos modificarlos para contribuir entre todos a la construcción de una sociedad más igualitaria.

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Krzysztof Charamsa contra las masculinidades sagradas

Publicado el 4 octubre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Octavio Salazar. 03/10/2017. The Huffington.post

El patriarcado no es solo una estructura de poder o un sistema que reparte de manera asimétrica derechos y oportunidades en función del sexo, sino que es también, y ante todo, un orden cultural. Es decir, el patriarcado ha necesitado siempre y continúa necesitando hoy un andamiaje construido sobre discursos, imaginarios y relatos colectivos en los que sostener el binomio supremacía masculina/subordinación femenina. A lo largo de la historia los hombres han ido construyendo narraciones que han sido determinantes en la configuración de las subjetividades de unos y de otras. Ahí está la mitología clásica como buena muestra de cómo entender por ejemplo la masculinidad heroica y violenta. Estos relatos fueron posteriormente asumidos y multiplicados por las religiones, muy especialmente por las monoteístas, que han sido las que no han duda en santificar los “pactos juramentados” entre varones. El dios hombre ha servido para avalar la absoluta monarquía masculina y ha justificado la expulsión de Eva no solo de paraíso sino también de los espacios comunes en los que no debería tener ni voz ni palabra.

 

En esa construcción de las masculinidades sagradas, tal y como las define con acierto el teólogo Juan José Tamayo, ha sido esencial la expulsión a las afueras de quienes rompían con la norma heterosexual y, en consecuencia, con los pilares de un orden hecho a imagen y semejanza de los patriarcas. De ahí que la homofobia haya sido y sea un componente esencial en la construcción de una masculinidad hegemónica que tradicionalmente han considerado traidores a los que se apartaban del régimen heteronormativo. No hace falta recordar aquí cómo la homosexualidad ha sido pecado, delito y enfermedad: las tres grandes herramientas de poder disciplinario mediante las que en una sociedad se marca lo que vale y lo que no, quien está dentro y quién fuera.

A estas alturas del siglo XXI, y cuando las sociedades han ido superando en gran medida esos lastres homófobos, resulta especialmente alarmante y doloroso que la Iglesia Católica continúe manteniendo sus dogmas tradicionales y no se haya movido ni un centímetro con respecto a lo que siempre ha pensado de quienes han hecho uso de su libertad afectiva y sexual. Una discriminación que, lógicamente, está muy ligada al mantenimiento de las mujeres en un estatus devaluado con respecto a los hombres. Al final la homofobia, en un sentido amplio, no es otra cosa que la expresión radical del rechazo a lo femenino, a lo que se identifica con las mujeres. De ahí el valor simbólico de un insulto tan habitual entre varones: eres un maricón, un mariconazo, una nenaza.

Como tampoco el Papa Francisco ha sabido remover con valentía esos lodos, tiene tantísimo valor el testimonio que nos ofrece Krzysztof Charamsaen su libro La primera piedra.

Charamsa, que estaba situado en uno de los más altos escalones del poder eclesiástico – era oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe – saltó a todos los medios cuando en 2015 hizo pública su homosexualidad y presentó a su pareja. El Vaticano reaccionó expulsándolo y tratando de silenciar el asunto. Sin embargo, el efecto fue el contrario: la experiencia de este sacerdote polaco servía para sacar a la luz la enorme responsabilidad de la Iglesia Católica en mantener la humillación de tantos seres humanos a los que desprecia por razón de su orientación sexual.

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“Hay que llamar al orden a los hombres que, bajo el camuflaje de la fiesta, justifican la agresión”

Publicado el 29 septiembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Carmen Bachiller. el diario.es

El profesor y médico forense aboga por “responder” al machismo que lleva a la mujer a creer que la violación en cita no es “reprobable” sino una lógica de la “hombría”

Hablar de “feminazis” o de “denuncias falsas” es, a su juicio, una “reacción” del machismo para preservar sus privilegios frente al avance de la igualdad hombre-mujer.

Miguel Lorente (Serón/Almería. 1962) es profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada además de médico forense. Fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género y en una entrevista con  eldiarioclm.es analiza la campaña que, por segundo año, ha emprendido el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha contra la llamada ‘violación en cita’ y las reminiscencias sociales de un machismo enraizado en la cultura española y que todavía hay que seguir combatiendo para lograr la igualdad real hombre-mujer.

Una campaña contra la violación en cita en las zonas rurales y en el contexto de las fiestas locales ¿Qué le parece?

Hay dos elementos interesantes. Por un lado, poner de manifiesto una realidad que está presente y que, por tanto, hay que abordar con todas las medidas posibles para evitar el impacto y las consecuencias terribles que tienen todas las agresiones sexuales. Otra, enfatizar y poner el acento en la figura del agresor. Hay que llamar al orden a los hombres que bajo el camuflaje de  la diversión, de la fiesta…entienden que el abuso, la agresión y la violación pueden estar justificados en un momento determinado.

Hay que dar respuesta con información, poniendo  de manifiesto que eso existe.  Las denuncias por violencia sexual representan un 10% o un 15% pero la inmensa mayoría de las agresiones no se denuncian. Últimamente vemos cómo se incrementa el uso de sustancias tipo ‘burundanga’ para facilitar anular la voluntad de las víctimas. Hay un riesgo alto y tenemos que responder.

El año pasado se realizaba por primera vez esta campaña en España ¿Se debe incidir más en dar a conocer este concepto entre los jóvenes?

Sí porque el problema de la violación, a diferencia de lo que se piensa en la sociedad, es que se produce en contextos de relación cercanos y conocidos para las víctimas. Esa figura de película del agresor que aborda a una víctima en un lugar oscuro, en un parking…Eso existe pero es menos frecuente que el amigo, el conocido que, aprovechando las circunstancias y la  relación, lleva a cabo la violación. Todo lo que sea cuestionar desde la normalidad la existencia de la violación es muy importante porque  muchas veces se juega con estereotipos y mitos para que sea el contexto el que justifique que no es una violación.

“Las mujeres dicen no cuando quieren decir sí”; “ella iba provocando”, “me dijo que no le importaría que fuéramos más lejos”…Siempre se utilizan estas frases. Llamar la atención sobre el contexto de la violación es muy importante.

¿El machismo es cuestión de edad y de sexo?

El machismo es cuestión de identidad y comienza en el minuto cero e influye, con un mensaje diferente, en hombre y en mujeres. Es una construcción machista de los hombres para beneficiar a los hombres. El machismo es cultura no es conducta. Es decir, se produce porque la cultura ha facilitado que se justifiquen y se minimicen ese tipo de conductas. Como tal cultura, crea mensajes para que las mujeres crean que aquello que está ocurriendo es algo normal. Les han dicho que es normal que su marido les pegue.

A los chicos se les dice que en la forma de entender la relación te pueden tocar,  te pueden forzar o intimidar y que eso es ser hombre. Aquella expresión de “oye tío, como no le metas mano se va a pensar que eres marica”. Todo eso es cultura y lleva a la mujer a creer que ese tipo de conductas no son agresivas o reprobables del todo sino que forman parte de esos ‘pedazo’ de hombres que tenemos como amigos.

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