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Decálogo de mi diálogo con mi lado feminista

Publicado el 13 noviembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Juan Miguel Garrido. Lavozdelsur.es

De acuerdo, quiero intentar ser un hombre igualitario. Qué tengo que hacer.

1. Piensa de forma empática

Bien, primero comienza por pensar en nosotras las mujeres, no como tú objeto sexual, madre, novia, esposa, cuidadora, o seres débiles que necesitan  vuestra protección, a pensar en nosotras como personas que al igual que tú, tenemos derechos, obligaciones, deseos, pasiones, necesidades, dolores, enfermedades, alegrías, desempleo, depresiones, amores, aspiraciones. Pero no lo hagas desde esa superioridad moral que te otorga tú cómoda posición patriarcal, hazlo como si fueses una de nosotras, practica eso que llamamos empatía, deja de poner tantas excusas, cuestionarnos, y buscar justificación a todo.

2. Practica la escucha activa

Escúchanos, no como quien oye llover, porque nada te interesa lo que te diga, y solo esperas, si eres capaz de no interrumpir, que deje de hablar para largarme tú parrafada, como si no hubiese hablado, o ni tan siquiera estuviese frente a ti. Escucha lo que pensamos, como vemos este mundo, y ejercita la escucha activa. No os viene mal.

3. No te creas el centro del mundo

Deja de creerte el ombligo del mundo, y que tenemos que estar pendientes de ti, no pretendas imponer siempre tú razón, monopolizar la conversación, y ocupar todo el espacio. No estás solo. Da un pasito adelante, y por ejemplo, deja de desayunar con tus compañeros, y hazlo de vez en cuando con tus compañeras, tendrás otra visión de las cosas, esa que te falta. No pienses que no pintas nada, o que solo hablamos de trapitos, colegios, y cotilleos. No nos humilles. Abstente por unos días de darnos tú opinión sobre política, fútbol (nosotras también entendemos), las cilindradas de tú moto, o poner cara de idiota cuando hablas de los caballos del coche que te vas a comprar.

4. Acepta la maternidad como una opción

Acepta la maternidad como una opción, que no se es ni más, ni menos mujer por no ser madre, o por tener una sexualidad distinta a la que tú piensas que debemos tener.

5. Recapacita sobre cuál es tu papel en las tareas del hogar

Se sincero, honesto, y recapacita qué sería de tú vida familiar, social y laboral, sin las mujeres, y cuál es tú participación real en las tareas del hogar. Memoriza y apunta los permisos, vacaciones, y reducciones de jornada que disfrutaste en el trabajo para atender necesidades familiares, o las veces que fuiste al colegio porque tus hijos se hicieron pis, y había que cambiarlos. Calcula el tiempo que cada semana dedicas a tu ocio personal. Recuerda quien se tomó todos los descansos por maternidad, haz un ejercicio de inteligencia, esa de la que tanto presumes, y evalúa tú carrera profesional, las subidas salariales, los ascensos y promociones, y la de tú pareja.

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El Hombre nuevo

Publicado el 23 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Durante los dos últimos siglos la filosofía feminista ha ido desmenuzando en sus teorías los métodos opresivos a los que han sido sometidas las mujeres a lo largo de la historia. Para el feminismo radical, a partir de la segunda ola, el problema iba más allá del sexismo institucionalizado expresado de forma directa en el ámbito legislativo, comprendía todo un mecanismo estructurado capaz de impregnar todas las capas de la vida.

Por ello, más allá de las respuestas legales exigidas por las feministas de la primera ola, comenzó a tomar valor el análisis de las relaciones de poder, el trato informal, el estudio de las desventajas de las mujeres respecto al hombre y el sistema sexo/género fuertemente enraizado en las sociedades patriarcales. La teoría feminista tomará el concepto “género” como eje fundamental para poder llegar a la raíz de la desigualdad sexual existente entre hombres y mujeres. El género parte de la idea de que lo “femenino” y lo “masculino” no son hechos pertenecientes a la naturaleza humana biológica, sino construcciones sociales y culturales vividas empíricamente y divididas simbólicamente que actúan de manera jerárquica provocando que las diferencias anatómicas formen la desemejanza sexual a través de lo que Seyla Benhabib denomina sistema género – sexo como reseña del ensayo sobre género de Rosa Cobo.

El filósofo francés François Poullain de La Barre publicó en 1671 ” La educación de las damas para la conducta del espíritu en las ciencias y las costumbres”, obra que suscitó una enorme polémica debido a sus pensamientos adelantados al discurso preponderante de la Ilustración al intentar mostrar que, a través de la educación, la desigualdad sexual podía ser combatida haciendo célebre la frase ” La mente no tiene sexo”. O lo que viene a ser lo mismo, el mítico ” No se nace mujer, se llega a serlo”  de la filósofa francesa Simone De Beauvoir.

También en la idea central de Poulain de la Barre podemos leer que la desigualdad social entre hombres y mujeres no es consecuencia de la desigualdad natural, sino que es “la propia desigualdad social y política la que produce teorías que postulan la inferioridad de la naturaleza femenina.”

Las teorías desarrolladas respecto al género de Simone De Beauvoir determinan que “ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino. Únicamente la mediación de otro puede constituir a un individuo como un Otro.”

Simone De Beauvoir está afirmando que la posición social que ocupa la mujer como sujeto político es determinado por la asimetría producida en el reparto hegemónico de los roles de género hacia el constructo de lo “masculino”, “se trata de saber lo que la humanidad ha hecho con la hembra humana”. La mujeres llevan intentando desligarse de los estereotipos de género durante décadas, empiezan a ser conscientes de que los valores atribuidos al concepto de lo ” femenino” sitúa la condición de hembra humana en seria desventaja con el hombre socializado a través del constructo de lo ” masculino” propiciando de esta manera sociedades androcéntricas.

El hombre constituye el sujeto de referencia y las mujeres quedan invisibilizadas o excluidas, por lo que no es difícil entender el rechazo hacia aquellos varones cuyos comportamientos masculinizados consolidan el sistema género – sexo en su propio beneficio debido a los privilegios que supone. Alexandra Kolontai definía a la “mujer nueva” como un sujeto liberado no solo a través del trabajo, sino a través de su propia revolución. La revolución que necesitaban las mujeres era la revolución de la vida cotidiana, de las costumbres y, sobre todo, de las relaciones entre los sexos. Pero ¿Qué hay del hombre nuevo?

Es necesaria la participación activa de hombres que cuestionen los cambios de las masculinidades actuales y venideras, la sociedad contemporánea ya no admite comportamientos aceptados hace treinta años como masculinos, por lo que encontramos implícita una demanda transformadora que permita la adaptación total. Muchos hombres profeministas llevan años re-construyendo su propia masculinidad, rechazando la normativa impuesta alejándose así del rol establecido socialmente. A lo largo de la historia se ha ido plasmando el papel del hombre y la mujer a través del arte; desde la escultura, la pintura, la literatura hasta el cine.

El arte, como componente de la cultura, refleja en su concepción las bases económicas y sociales, y la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo, por lo que a través de ellas podemos hacer una lectura clara del comportamiento entre sexos en el transcurso de la temporalidad humana.

El “hombre nuevo” tendrá que adaptarse a los tiempos, le tocará mirarse frente a su propio espejo y hacerse consciente de las desventajas y la pérdida de privilegios que supone el replanteamiento de su propio status quo establecido y aceptado por confortabilidad. Por poner solo uno ejemplo y hacer referencia a un campo artístico donde el papel de la masculinidad y la feminidad lo encontramos bastante definido, ese sería el cine. El otro día, sin pretenderlo, y sin que el argumento de la película tuviera que ver con esta temática, pude comprobar este aspecto acerca de la masculinidad de forma muy latente, pudiendo pasar fácilmente desapercibido si no estamos atentos.

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HOMBRES REVOLUCIONADOS

Publicado el 21 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

LAS HORAS .Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez

Si el XX fue calificado como el siglo de las mujeres, no tengo duda de que el XXI merece ya el título de siglo del feminismo. No creo que haya una propuesta emancipadora tan ilusionante y global como la que reclama la superación de un orden, el patriarcal, y de la cultura en la que se apoya, y que no es otra que el machismo. Una propuesta, teórica y vindicativa, que justamente ahora nos interpela de manera singular a los hombres. Es decir, a esa mitad de la Humanidad que nunca antes estuvo tan desorientada y desubicada ante la imparable revolución de la otra mitad. Es innegable que la progresiva conquista de autonomía por parte de las mujeres está provocando en algunos hombres, me gustaría pensar que los menos, una actitud reaccionaria, la cual los lleva a situarse a la defensiva, celosos de sus privilegios y de un lugar que saben que ya nunca volverán a tener. De ahí que un machismo cada vez más beligerante, y amparado en fratrías de machos que se resisten a perder su hegemonía, esté tratando de ocupar el discurso público. Algunas redes sociales como twiter son buen ejemplo de ello, de la misma forma que ciertas proclamas de intelectuales varones ponen en evidencia el malestar de algunos al sentir que pierden el monopolio de los púlpitos. Esos que ahora irremediablemente tienen que empezar a compartir con voces y palabras de mujer.

Sin embargo, me gustaría pensar que una gran mayoría de hombres estamos dispuestos a llevar a cabo un ejercicio de autocrítica, que desenmascare los privilegios de los que seguimos gozando y que desvele nuestra complicidad, por acción u omisión, con el machismo. Sin este proceso de transformación masculina, que pasa por adquirir conciencia de género y por perderle el miedo al feminismo, mucho me temo que las conquistas de nuestras compañeras seguirán siendo parciales y frágiles. En este siglo, los hombres deberíamos pues hacer lo que no hemos hecho a lo largo de la historia, es decir, iniciar un proceso que suponga la renuncia a nuestra posición de comodidad. Ello implica superar un modelo de masculinidad hegemónica que nos educa para el poder, la violencia y el dominio. Que nos convierte, aunque en muchas ocasiones no seamos conscientes, en depredadores del otro y, sobre todo, de la otra. Un modelo que también genera costes para nosotros mismos, en cuanto que supone renunciar a la dimensión más humana de nuestro ser, que no es otra que la que nos reconcilia con nuestra vulnerabilidad.

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20-21octubre miles de hombres se manifiestan contra violencia machista en 35 ciudades

Publicado el 19 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Tribuna feminista

La Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) convoca ruedas de hombres contra la violencia machista en más de 35 ciudades de toda España

La Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) y diferentes grupos de hombres feministas han convocado ruedas de hombres contra la violencia machista en más de 35 ciudades españolas.

Desde hace diez años el movimiento de hombres por la igualdad convoca al público masculino a participar en estas concentraciones, siempre alrededor del 21 de octubre, para que visibilicen su rechazo de la violencia machista.

La rueda es un acto simbólico en el que un grupo de personas forman un círculo alrededor de un gran lazo blanco en cuyos bordes se encienden velas. Además, se leerá un manifiesto de rechazo al machismo y de apoyo y recuerdo a las víctimas. El acto terminará guardando un minuto de silencio.

La entidad quiere sumar el apoyo del público masculino a la lucha contra la violencia machista porque, como se repite en los lemas de estas concentraciones, “el silencio nos hace cómplices” y “el maltrato es incompatible con la crianza”.

Se han convocado 35 ruedas de hombres organizadas mayoritariamente por la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género. Se desarrollarán la mayoría de ellas entre el 20 y 21 de octubre en diferentes ciudades de las provincias de Alicante, Barcelona, Cádiz, Cantabria, Ciudad Real, Huelva, Las Palmas, Lleida, Madrid, Málaga, Tenerife, Toledo, Valladolid y Vizcaya.

En Madrid, la concentración será el viernes 20 de octubre a las 19:00 en la Puerta del Sol.

En algunas ciudades llevan ya diez años organizando ruedas de hombres, un tipo de concentraciones que se han extendido también por toda Latinoamérica especialmente Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador y Chile.

Orígenes del 21 de octubre

El 21 de octubre es un símbolo para el movimiento de hombres por la igualdad ya que en 2006 se organizó en Sevilla la primera manifestación de participantes exclusivamente masculinos contra la violencia de género, en el marco de un encuentro estatal.

Con todo, no fue hasta el 2011 con la “Declaración de Barcelona” cuando las entidades de todo el territorio español situaron el 21 de octubre como el día en el que los hombres se visibilizan contra la violencia machista. En la actualidad, el de los hombres por la igualdad se ha convertido en movimiento social en crecimiento que ha permitido que haya ruedas de hombres contra la violencia machista en todo el Estado español y en diferentes países latinoamericanos.

AUTORARedacción Tribuna

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Crearon en la escuela un taller para “sacarse” el machismo y entender que el “no es no”

Publicado el 10 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Miriam Lewin

Tienen entre 14 y 17 años y reflexionan sobre las nuevas maneras de ser varón. Lo hicieron para acompañar el proceso de sus compañeras feministas y abandonar las conductas machistas que les enseñaron desde chicos.

Se los ve pasar, entusiasmados, codo a codo con las pibas. Algunos llevan las uñas pintadas, el pelo teñido de colores, piercings, tatuajes. Son los nuevos varones, los que no dieron por sentado que no es de hombres llorar, los que son capaces de regalarles a sus hermanitos muñecas y de vestirse con pollera por gusto o para protestar, los que lavan los platos, los que hablan con lenguaje inclusivo. Son los que aceptan un no por respuesta y no insisten. Los que no se sienten amenazados por el poder de las mujeres. No les parece mal que se pueda amar a cualquiera, sin que importen sus genitales, y edifican día a díauna masculinidad diferente.

 

Son alumnos del María Claudia Falcone -un colegio público de Buenos Aires- y sintieron la necesidad de cambiar. Probablemente la ola feminista, el “empoderamiento de las pibas”, les haya hecho tomar conciencia de que ellos también tenían que modificar su forma de ser varones para acompañar ese cambio. Se reúnen cada dos jueves o viernes al mediodía, cuando se encuentran el turno tarde y el turno mañana, en un aula común, en el salón del centro de estudiantes o en el patio. El primer encuentro del Taller de Nuevas Masculinidades, como lo llamaron, tuvo quince participantes. El segundo, más de veinticinco.

Francisco ‘Pancho’ Martínez empezó a cuestionarse sus propias actitudes del día a día con las que no se sentía cómodo, aprendidas desde muy chico en su casa o en la calle. No le gustaban y le parecía que chocaban con sus ideales. La salida lógica fue consultar con sus compañeras, que estaban comprometidas con la movida del Niunamenos y el aborto legal. “Estamos en unasociedad patriarcal y machista y hay siempre situaciones y comentarios que yo sentía que no iban más. No a todos los varones les pasaba lo mismo. Pero a mí y a otros, por dar un ejemplo, las situaciones de acercamiento forzado en el boliche nos ponían incómodos”, recuerda.

Sebastián González estaba en séptimo grado cuando se dio cuenta de que las chicas estaban cambiando y que no se callaban. De a poco, hablando con ellas, se fue informando y fue aclarando dudas. Los comentarios machistas que siempre se daban en reuniones de amigos, las formas de tratar a las mujeres: sentía que “no iban más”.

Lucas ‘Chon’ Colagiovanni, también, como los otros, empezó a notar que sus compañeras estaban comprometiéndose con el feminismo y que él como varón, tenía que dejar atrás actitudes equivocadas y acompañar el proceso.

Lucas Naón dice que hasta el año pasado (tiene 15 años) era “muy machista” porque había crecido en una familia que lo era. Llegó de Bariloche y se hizo amigo de Pancho y de Sebastián. Los escuchaba hablar de feminismo, veía a sus amigas nuevas y decidió informarse y no quedarse atrás. “Googleaba textos feministas y leía lo que aparecía. Leía y aprendía”, explica.

El de la idea de armar un taller fue Francisco. Se conectó con compañeros del colegio Nicolás Avellaneda -también público- que ya había empezado con una experiencia similar, pero con otro nombre. “Se llamaba algo así como Varones antipatriarcales. Estaba buenísimo. Era lo que necesitábamos. Lo hablé con una compañera, discutimos mucho. Decidimos que fuera solo para varones. No copiamos el material que ellos usaban, lo reformulamos. Le dimos el punto de vista de las pibas, que son las que sufren el machismo todos los días. Nosotros nacimos, nos dijeron que éramos varones y nos condenaron a reproducir el sistema”, sostiene.

Nadie se tenía que quedar afuera, se iba a abarcar a todos, no se condenaría a nadie por su pensamiento. Se llamaría a los que creían que “con las chicas, ahora, no se puede hablar más, porque enseguida te marcan si dijiste algo mal” y también a los que tenían miedo. La propuesta era empezar a cambiar. Lucas y a Sebastián “son dos muy buenos aliados”, señaló. No se equivocaba. En la primera charla, cuando escucharon el proyecto “explotaron de felicidad”.

La primera convocatoria fue un éxito. Hablaron durante dos horas y media. Algunos chicos revelaron que habían cometido abuso sexual o escrachos (habían difundido imágenes de esos abusos por las redes). Se habían acercado buscando modificar sus actitudes. “Les preguntamos cómo eran sus vidas antes, qué se les había pasado por la cabeza para hacer eso, por qué lo habían hecho, si le habían pedido perdón a la víctima. Vemos juntos qué es lo que cambió. Primero, nos deconstruimos, buscamos sacar toda la construcción machista que tenemos y, a partir de ahí, empezar a reconstruirnos de manera menos tóxica, más sana”, dice Francisco.

Sebastián explica que al principio se sienten sorprendidos, pero entienden a esos pibes porque a los varones “nos implantan un montón de cosas”. Los acompañan, tratan de que se den cuenta de que lo que hicieron no está bien.

No es no

¿Pero cómo son las nuevas formas de relacionarse de chicos y chicas? ¿Cómo es el levante actual? Se ríen. Contestan que ese término no se usa más, que es horrendo. “No existe una manera especial de relacionarse. Lo hacemos con el mismo respeto que se merece cualquier persona, independientemente de su género. Una palmada o un beso son un abuso”.

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Trump y los hombres “equi-equi”

Publicado el 6 septiembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia.

TRUMP Y LOS HOMBRES “EQUI-EQUI” (Machistas de Playa -V-)

La genėtica lo tiene claro, los hombres son XY y las mujeres XX, sin embargo la cultura es capaz de revolucionar las referencias de la biología para, en una especie de mutación social, crear los “hombres equi-equi”.

Son los hombres equidistantes, hombres creados por el machismo para que defiendan sus valores e ideas intentando confundir al resto de la sociedad con el objeto de que no se posicione a favor de la Igualdad y, por tanto, en contra de sus intereses.

Es parte de la estrategia de quienes ocupan posiciones de poder, pues para conseguirlo necesitan contar con el contexto de la normalidad y la credibilidad en sus palabras. Lo hemos visto estos días pasados en Donald Trump cuando, al condenar el ataque neonazi  ocurrido en Charlottesville, mantuvo una equidistancia entre el agresor y su ideología fascista y los manifestantes progresistas atacados. La situación ha sido tan descarada y trascendente que las críticas surgidas a su actitud desde todos los frentes, algo habitual cuando se justifica la violencia que amenaza al conjunto de la sociedad, como suele ocurrir con el neonazismo, lo han obligado a rectificar y a condenar el atentado.

Lo que el machismo hace cada día es algo similar. Los machistas “equi-equi” lanzan siempre que pueden mensajes que equiparan la violencia que sufren las mujeres con las violencias dirigidas contra los niños, los ancianos, los hombres… atendiendo al resultando, pero ocultando las circunstancias y su significado; y luego justifican la violencia de género con argumentos que hablan de que se trata de algo “ocasional”, de unos pocos “hombres malos”, de casos “individuales” relacionados con el “alcohol, las drogas o los problemas mentales”… Cualquier razón es buena para ocultar la violencia de género entre las otras violencias, y así conseguir que no haya posicionamiento crítico frente a ella y que esa normalidad cómplice que crea la cultura no se vea alterada. Y en esa estrategia la equidistancia resulta especialmente útil al transmitir la idea de que importan “todas las violencias”, no sólo una, como intentan hacer creer para presentar al feminismo y la Igualdad como planteamientos egoístas sólo a favor de las mujeres y, en consecuencia, en contra de los hombres.

Y mientras cuenten con la complicidad de lo normal conseguirán que esa equidistancia sea distancia frente a la violencia de género, y proximidad contra el resto de las violencias, puesto que nadie las justifica, ni minimiza, ni tampoco habla de “agresores malos, borrachos, drogadictos, locos…” en esas otras violencias, algo que, como hemos comentado, sí sucede con la violencia dirigida contra las mujeres. Sin esa equidistancia falsa no sería posible que una violencia que ocasiona el 20% de los homicidios anuales en España, y que los produce en “dulces hogares”, fuera de cualquier escenario de delincuencia y criminalidad, sólo sea considerada como problema grave por el 1’4% de la población (CIS, julio 2017). Y eso es lo que ocurre con los 60 hombres que asesinan a sus mujeres desde la normalidad, hasta el punto que el 75-80% de ellas han vivido esa violencia hasta el asesinato sin llegarla a denunciar.

Una equidistancia tan falsa que mientras que no se cuestiona ninguna de las leyes ni medidas dirigidas a combatir el resto de las violencias, ni a sus agresores se les considera víctimas de ellas, la Ley Integral contra la Violencia de Género es atacada sistemáticamente desde la sociedad y algunos foros de la propia administración de justicia, y los hombres (todos) son presentados como víctimas de esa norma.

Esta situación es el resultado de esa aparente equidistancia de los “hombres equi-equi”, una posición nada casual ni accidental, sino una meditada estrategia del posmachismo para potenciar la confusión y con ella la pasividad. Por eso no piden medidas contra las otras violencias, sólo que se quiten las que ya se han establecido para avanzar en la erradicación de la violencia de género. Todo como parte de una manipulación tan burda, y al mismo tiempo creíble por contar con la autoridad de su palabra, que la propia violencia machista que ellos ejercen se presenta como fracaso de las leyes y recursos desarrollados para acabar con ella bajo el mensaje de “siguen matándolas”, como si la promulgación de leyes supusiera un cambio en la mentalidad y en la cultura que da lugar a ella.

 

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