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Machismo digital: la bestia machista se organiza en red

Publicado el 23 junio 2018 en Los hombres ante la igualdad |

 

 

Patricia Regero.el saltodiario.

El machismo no es tonto ni torpe a la hora de saber a lo que se enfrenta: es adaptativo y encuentra instrumentos de control y de poder adecuados a su contexto. Lo dice Miguel Lorente. Médico forense, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y experto en violencia de género, Lorente es un referente por su disección de las violencias machistas y su análisis de las masculinidades. En Los nuevos hombres nuevos (Destino, 2009), Lorente explicó cómo el “posmachismo” se disfraza de igualdad a partir de los años 80 para adaptarse a los tiempos posmodernos.

La última mutación del machismo, sin embargo, no tiene caretas. En la medida en la que el crecimiento de la igualdad y el feminismo ha sido mayor, y en combinación con las redes sociales, el posmachismo convive con una versión más beligerante y agresiva. “Es lo que yo llamo ‘machismo exhibicionista’, porque se presume de él para reivindicar espacio y referencias según el modelo tradicional”, dice Lorente, que señala un hito en la explosión de ese machismo abiertamente misógino. Un nombre propio.

¿Ideas?

Sí, Donald Trump.

Un personaje público que ostenta grandes cotas de poder y se permite ser racista, xenófobo y machista —y sale reforzado cuando lo hace— es la prueba de que la versión más nueva y conectada del machismo no se esconde. “Esa parte exhibicionista ahora es mucho más explícita, más directa y debe preocuparnos más porque claramente es una incitación al odio y a la violencia que no debe pasar desapercibida ni debe ser entendida como comentarios sin más”, argumenta Lorente.

En las webs que han publicado datos de la víctima de La Manada, la misoginia convive en armonía con la homofobia, xenofobia o la islamofobia

a marca Trump no es exclusiva de EE UU. Más cerca, el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke —autor de frases tan redondas como “las mujeres deben ganar menos porque son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes”— ya ha llevado su ración de odio a la institución europea en varias ocasiones. El eurodiputado de extrema derecha (sustituido en abril de 2018 después de ser sancionado en dos ocasiones) también se hizo conocido por llamar “basura humana” a los refugiados o hacer el saludo nazi en el Parlamento.

“El machismo se basa en entender que tu condición de hombre es superior, no solo en oposición a la de la mujer: el machista es también xenófobo, homófobo y racista, y así con el resto de elementos asociados a una identidad distinta a la suya”, explica Lorente a El Salto. Además, “conforme las sociedades se hacen más complejas, se van sumando factores de diferenciación y por tanto de discriminación, y el machismo es el origen de todo eso”.

El responsable de Burbuja.info cree que la difusión de datos es “una canallada”, pero considera que para buscar culpables hay que mirar a los medios

En las páginas del medio que publicó información de la víctima de la violación grupal en los Sanfermines de 2016, este compendio de odios convive pacíficamente bajo el mando de su director, que fue miembro de Falange. La asociación entre inmigración y delincuencia o las informaciones sobre partidos de ultraderecha (Democracia Nacional, Vox, Falange) comparten espacio con las noticias de supuestas denuncias falsas e injusticias contra los hombres por la Ley Integral de Violencia de Género, punching ball de cualquier grupo misógino que se precie.

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Masculinidades errantes. Sobre espejos rotos, automentiras y cambio

Publicado el 12 junio 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Imagen IVANO PETRUCC

LIONEL S. DELGADO . CTXT.ES

Deconstruirse como hombre no es fácil. El feminismo puede servir al hombre para arrojar luz sobre sus privilegios y, más importante aún, sobre en qué lucha puede volcar su esfuerzo.

Hablar sobre el hombre es coger la patata caliente que siempre rula de mano en mano. Y no rula por casualidad: la poca tradición de la masculinidad como tema hace que haya –con pasmosa diferencia– muchas más incógnitas que respuestas. Por ello, al hablar son inevitables los titubeos, los tumbos y las contradicciones. Si la masculinidad es contradictoria por definición, ¿cómo hablar de ella con certezas? Las líneas que siguen, en consecuencia, no son sino una crónica de la incertidumbre. Un caminar errante por un sendero que no me abandona, y que se incrusta en mi piel a cada paso, hasta tal punto que no entenderme como hombre es no entenderme en absoluto.

La tarea de hablar sobre masculinidades revela su importancia cuando, a pesar de que los éxitos del feminismo se noten cada día más, los hombres siguen (seguimos) utilizando sistemáticamente privilegios afectando o poniendo en riesgo a multitud de personas en situación de vulnerabilidad. Cómo esos privilegios se encarnan en los cuerpos y cómo son vividos por los hombres son temas que necesitan pensarse con calma pero sin pausa.

Evidentemente, los cambios en la vida personal de los hombres no van a conseguir destruir el patriarcado. Independientemente a los hombres, existen unas estructuras objetivas que siguen dinamitando las posibilidades de igualdad real. Pero el hombre puede decidir si intentar poner palos en la rueda del patriarcado y colaborar en la creación de espacios de igualdad, o aceptar el patriarcado y no hacer nada. Lógicamente, es mucho más interesante escribir sobre la primera opción.

Pensar sobre los privilegios masculinos desde un cuerpo masculino es complicado y, al hacerlo, me descubro bailando entre la facilidad para invisibilizar las relaciones de opresión que ejerzo, la certeza de que no soy “mala persona” y, sin embargo, la seguridad de que tengo privilegios y los uso constantemente, aunque a veces no sepa del todo qué privilegios son esos, cuántos tengo y cómo los ejerzo. Y aun con todo, tengo la suerte de haberme topado con un feminismo con el que inicié un proceso individual (y con algunos compañeros) para romper el trono de un sujeto autosuficiente que con conciencia y voluntad puede solucionarlo todo. Si yo, privilegiado hombre en deconstrucción, universitario concienciado y pretendido aliado del feminismo, tiene problemas incontables, imaginaos al que el feminismo le pilla lejos…

La tradición patriarcal por la cual el hombre renuncia al mundo de los sentimientos no sale gratis: nos pesa el analfabetismo emocional que nos vuelve incapaces para identificar, entender y gestionar emociones. Y eso supone una importante barrera para la conciencia de los privilegios. Contamos con un arsenal enorme de excusas que nos repetimos, a nosotros y a los demás, sobre nuestra situación. Por ello, la mitad de los privilegios no pueden considerarse plenamente conscientes: pululan en algo parecido a lo que Orwell llamaba doble-pensar por el que nos mentimos y seguidamente nos olvidamos de que nos hemos mentido.

Si bien cada uno es responsable de sus decisiones (y esto es una verdad como un templo), pasar por alto la dimensión estratégica del asunto (tenemos que conseguir llegar a la gente) y plantear el problema en términos de culpas es a veces complicado: aunque a un puñado de hombres de la izquierda moral nos gusta eso de lamentarnos por la incoherencia para buscar niveles cada vez más altos de congruencia, la mayoría no se sienten ni opresores ni mucho menos malas personas y antes morirán matando que caer en la desvalorización personal.

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Adiós al macho: sobre micromachismos y deconstrucción

Publicado el 8 junio 2018 en Los hombres ante la igualdad |

Por Raimon Ribera Josep Artés. El Salto Diario

A raíz de los acontecimientos recientes, algunos conceptos como “micromachismo” o “deconstrucción” han saltado a la luz pública con más presencia aún si cabe de la que ya tenían. En este artículo intentamos rastrear el origen filosófico de dichos conceptos.

Tras los recientes acontecimientos políticos hemos asistido a un incremento en el uso y puesta en circulación de algunos conceptos como “micromachismo” o “deconstrucción”, cuyo origen filosófico pretendemos rastrear en este artículo a modo de pequeño glosario. Nos limitamos a analizar los conceptos que desde el feminismo apelan directamente a la masculinidad y sus privilegios, exigiéndonos una toma de posición así como la puesta en marcha de una serie de acciones en vistas a poner en cuestión, minar y eliminar el modelo dominante de masculinidad.

“MICROMACHISMOS”

El término “micromachismo” —que, como el de “deconstrucción”, tiene su origen en el postestructuralismo— remite al de “microfascismo”, que desarrollaron Deleuze y Guattari en Mil Mesetas, y al que Guattari vuelve en La Revolución Molecular.

Su intención no es otra que la de mostrar cómo dentro de cualquier organización, comunidad o grupo social intervienen prácticas propias de los regímenes fascistas, que tienden a capturar el deseo e imponer formas de subjetividad a sus singularidades mediante distintos sistemas de control. Sin embargo, el microfascismo es, en general, una práctica tolerada por el Estado que permite que, allí donde la ley no llega, se extienda el orden del poder dominante. Por lo demás, los microfascismos, que se extienden por todo el campo social y se dan cita en todos los individuos, funcionan bajo distintas formas, en todos los estratos de la sociedad: desde responder al nombre propio a monopolizar una asamblea y desde presuponer la heterosexualidad de alguien a hacer chistes sobre violaciones.

Por eso mismo, nos dicen Deleuze y Guattari, el peligro está en que “los grupos y los individuos contienen microfascismos que siempre están dispuestos a cristalizar”; es decir, siempre existe el peligro de que estos microfascismos cristalizen en regímenes “macrofascistas”. Los regímenes fascistas, a su vez, no dejan de contener microfascismos; de hecho, los extienden y multiplican hasta que todo deseo queda recluido en sus nichos y agujeros, y es gracias a éstos que el fascismo adquiere tal poder sobre las masas.

“micromachismo”, que recoge aquellas prácticas que se cuelan en la cotidianidad como aparentemente insignificantes pero que, en definitiva, extienden el régimen heteronormativo-patriarcal a todos los ámbitos de la experiencia. Los micromachismos, como los microfascismos, operan en cualquier estrato de la sociedad, los reproducimos de manera naturalizada y quedan además fuera de la ley, que sólo responde con un silencio y, a lo sumo, con su ignorancia. Esto es precisamente lo que los sitúa en el plano de lo micro. Se trata de las prácticas que llevamos a cabo en nuestras relaciones sociales, en nuestros espacios de militancia y nuestros espacios de ocio, y que no se ven, es decir, se encuentran en un plano de no-visibilidad, en un plano distinto del machismo de los Estados o del machismo en términos representacionales o globales.

Es por eso que Guattari nos indica que la diferencia entre las prácticas fascistas (y machistas) micro y macro no se diferencian por la escala, por su magnitud, sino por su plano. Que las prácticas micro no sean visibles, que puedan parecer insignificantes, no las salva de ser censuradas del mismo modo como se censuran —o se esperaría que se censurasen— las demás.

“DECONSTRUCCIÓN”

Derrida se inspiró en Heidegger para elaborar su “método” de la deconstrucción —o, mejor dicho, afirmó que éste se encontraba ya explícito en la obra del alemán, aunque Derrida fue el encargado de “sistematizarlo” y difundirlo. Derrida se resistió a ofrecer una definición sistemática de la deconstrucción, alegando que toda definición del tipo “la deconstrucción es…”, al someterla a la esencia que conlleva el verbo “ser”, escondía ya una pulsión metafísica de la que precisamente se quería deshacer. Pero sí llegó a reconocer —y así podríamos empezar a definirla— que la deconstrucción supone, en todo caso, una acción, una de las herramientas que desde el llamado “postestructuralismo” se utilizaron para intentar desmontar el aparato epistemológico racional-idealista tradicional que se remonta a Platón y alcanza todo su esplendor con Hegel. Una tradición también llamada “dualista” por operar sobre todo a través de una serie de oposiciones que estructuran nuestro pensamiento de una forma pretendidamente “ahistórica”, “universal” o “natural”—habla/escritura, espíritu/materia, interior/exterior, significado/significante, identidad/diferencia, esencia/apariencia, natural/artificial y por supuesto hombre/mujer, lo masculino y lo femenino, etcétera— y en las que el concepto que se pretende aislar y privilegiar alcanza su valor y su poder en base a la exclusión y desvalorización del concepto opuesto.

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Postureo machista

Publicado el 4 junio 2018 en Los hombres ante la igualdad |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia

“A la tercera va la vencida” se dice para callar que es a la primera cuando se demuestra la verdadera intención de las decisiones, y eso es algo que vemos cada día en la manera “masculina” de interpretar la realidad y de posicionarse ante ella.

Nos quejamos de la conducta y de las consecuencias del machismo cuando se presenta en forma de violencia, de abuso, de acoso, de discriminación… pero en verdad todas esas expresiones sólo representan aquello que se filtra entre las rendijas de los días cubiertos con el manto de la normalidad machista. Un manto que pretende ocultar el escenario de este atardecer de los tiempos, en el que todavía hay quien confunde la longitud de las sombras con la grandeza de la realidad que las produce.

Lo vemos de forma clara en lo que sucede en la actualidad. Por ejemplo, hay un grupo de trabajo para estudiar la reforma del Código Penal, entre ellos los delitos contra la libertad sexual, constituido sólo por hombres, se pone de manifiesto que es una situación al margen de la realidad y de la legalidad y lo corrigen, pero sólo lo justo para incluir a mujeres juristas que actúen exclusivamente sobre la reforma de los delitos sexuales. Ante las nuevas críticas vuelven a modificar su decisión y, ahora sí, crean otro grupo con más mujeres que hombres para acallar todo lo ocurrido. En Cataluña se forma Gobierno y se llama la atención de que sólo se ha contado con tres conselleras, días después se constituye un nuevo Gobierno y su número se eleva a seis.

Unas semanas antes la huelga de mujeres y las manifestaciones del 8M eran consideradas como una iniciativa elitista y una “amenaza a la civilización de occidente”, y un día después era un ejemplo de democracia y una referencia hacia donde debemos caminar como sociedad. El Pacto de Estado contra la Violencia de Género se aprueba “a la fuerza” ante la gravedad de los casos que se suceden, pero luego se le asigna un presupuesto mínimo que después se reduce un 80% y se traslada la responsabilidad a las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos, a los que la reforma de las Entidades Locales les restó competencias en esta materia que ahora les piden que asuman sin presupuesto para hacerlo.

Todo ello, su sucesión en el tiempo y la repetición por parte de las mismas instituciones y sectores sociales, lo que refleja no es la toma de conciencia del problema de la desigualdad y sus consecuencias, sino la falsedad de las decisiones y el refuerzo en los valores del machismo de quien las toma. Es decir, puro postureo.

Es parte de la estrategia secular que ha seguido el machismo: “cambiar para seguir igual”. Ceder en lo irremediable ante la crítica social para no conceder nada en los elementos y valores que hacen de sus ideas cultura machista, para con esa cultura hacer normal al machismo.

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Por qué es un problema que me dejes subir primera al colectivo

Publicado el 30 mayo 2018 en Los hombres ante la igualdad |

El “primero las damas” tiene mucho que ver con considerar que las mujeres están en inferioridad de condiciones Crédito: Shutterstock

Paula Giménez. La nación.

El 95% de las veces que las mujeres vamos a subir a un colectivo y tenemos a un hombre adelante, pasamos nosotras primero. Es un gesto de caballerosidad al cual nos acostumbramos, siempre diciendo gracias, siempre con una sonrisa. Pero qué pasa cuando no querés subir antes que él. Una cree que con informárselo es suficiente, “no, no, pasá vos”, le decís amablemente. Él se niega, quiere que pases y dejar en claro que es un caballero. Volvés a decirle que no, que está todo bien, que entendés que es un caballero pero que pase él que estaba antes. Estoico, se niega. Mientras, la gente espera a que ese baile ridículo de “no no, pasá vos” se termine y con mucha frustración te das cuenta de que no te queda otra que obedecer y seguir adelante porque la gente de atrás te va a linchar.

Es cierto que la realidad ( una mujer muere por ser mujer cada 30 horas) no nos da respiro para observar lo secundario, los detalles mínimos que hacen a la cosa. Pero adivinen qué, lo secundario también es parte, quizás pequeña pero constante, de las fatalidades que nos dan miedo todos los días.

Y ahí, entre esas pequeñeces, está mi fastidio porque yo ya no quiero pasar más antes que ellos si estoy atrás y juro que intento de todas las maneras posibles hacérselos saber, pero nada funciona. Cada vez que me subo a un colectivo o que me ofrecen el asiento, tengo que obedecer aunque no quiera. Y escribo esto para ver si cuestionar esos gestos de caballerosidad que tan amablemente realizan el 80% de los hombres, sirve para que algunos de los que lean este artículo, la próxima que una chica les diga que no, entiendan que no es no.

Gestos que ya vencieron

“Se puede decir que el que te deja pasar en el colectivo o te cede el asiento es porque se considera dueño de tales decisiones: yo decido quién pasa primero y quién permanece de pie. Y en cierta forma metafórica de la etiqueta, la persona más elevada es la que entra más tarde y la que permanece de pie. No siempre estas conductas son indicio inmediato de una posición tomada en la cuestión de los géneros “, comenta sobre el tema el escritor y conductor de radio Alejandro Dolina.

¿Pero la caballerosidad tiene que ver con la gentileza? “Cada gesto, cada cortesía proviene de tradiciones milenarias que no siempre están relacionadas con el machismo. La idea del amor cortés que nace en la Occitania de los siglos XI y XII es la que todavía prevalece en nuestra idea del romance. Allí el caballero, muchas veces fuera de la institución matrimonial y a veces contraviniéndola, se ponía al servicio de una dama y dedicaba su vida a demostrar el amor que le profesaba con actos de valentía, de bondad y de renunciamiento”, explica Dolina, que agrega con ironía: “Me cuesta relacionar estos votos con las actitudes de los moscardones contemporáneos, aunque también aquí el protagonismo está de un solo lado”.

Por otro lado, para Luciano Fabbri, licenciado en Ciencia Política (UNR), docente universitario y educador popular en áreas de género, masculinidades y feminismos, la palabra “caballero” no tiene otras connotaciones que no sean machistas. “Caballero no es cualquiera que sea amable, cordial o gentil, como suelen decir quienes defienden la inocencia del término, y más aún, las prácticas asociadas a él. Caballero, primero, es un término asociado a los hombres. Y afirmo que es elitista, porque no a cualquier hombre. Supone la adecuación a un código de conductas que provienen de un ideal medieval, militar y cristiano, extendido con el paso del tiempo a hombres adultos, occidentales, probablemente blancos y seguramente heterosexuales”, indica.

“Primero las damas”

Pero no nos vayamos a creer igual que cualquier hombre es caballero con cualquier mujer, porque así como hay rangos para ellos, también los hay para nosotras que debemos ser dignas de tal atención. “Para merecer caballerosidad, se requiere ser una dama. En principio, no osar rechazar ese gesto de grandeza del hombre, aceptarlo gustosa, sonriente, agradecida. El gesto de caballerosidad, en general, lleva implícita una noción de superioridad y una alta dosis de paternalismo.´Primero las damas´, porque las dejamos, no porque puedan por sus propios medios, porque quieran o lo merezcan. Es una forma sutil de corroborar quién es el sujeto de poder y autoridad”, explica el licenciado.

Para contraponer con otra voz de los medios, charlé con el Coco Sily, de quién me sorprendió su claridad al respecto. Deconstruir es un verbo hoy muy usado y Sily, borrando con presunta convicción La cátedra del macho de sus trabajos que le dan orgullo, me contó qué opina sobre el tema. “La caballerosidad tiene que ver con una costumbre cultural indudablemente marcada por el patriarcado, pero a mi no me disgusta en cuanto a gesto de cortesía, no deberíamos acentuarlo en el hecho de que por ser mujer uno debería ser caballero. Si un hombre viene con dos bolsos en las manos o asistís a alguien que está en inferioridad de condiciones que vos, uno puede ser caballero sin importar el género”, sostiene.

Creo que en esa respuesta está la clave de lo que sucede con estos inocentes gestos de amabilidad: se realizan por y para alguien que, se cree, se encuentra en inferioridad de condiciones y la pregunta retórica que se me ocurre es: ¿por qué suponen que las mujeres estamos en inferioridad de condiciones?

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#ProbablyAllMen

Publicado el 15 mayo 2018 en Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Hernán Piñera | Exit | Creative Commons

Por: Un tío cishetero cualquiera. Pikara magazine

Vaya por delante que este texto va dirigido principalmente a los hombres cisheterosexuales (y está escrito por uno) y por ello uso en general el masculino en plural o singular. Igualmente cuando hablo de hombres es a ese colectivo al que hago referencia (y en el que voy incluido). Al lío.

–  Nunca he escrito un texto público, considero que hay gente que lo hace infinitamente mejor que yo y ya está bastante saturada la red con el ruido de miles de voces como para sumar a ese galimatías mis gruñidos. Pero con el tema de la “Manada” he querido añadir mi granito de arena a la avalancha de artículos de opinión que han salido estos días.

Y lo hago porque he leído y/o escuchado muchas opiniones masculinas. Todas ellas críticas, ya sea con la justicia y los jueces, los violadores en sí, su abogado, sus novias, el patriarcado, el gobierno, la sociedad en general, la pornografía, etc.

Pero de todas esas críticas henchidas de indignación, echo en falta la más importante; la autocrítica.

– Como decía, en esos artículos hay mucho de rasgarse las vestiduras ante la absurdez de la sentencia, criticando en especial la interpretación aberrante de los hechos que ha hecho uno de los jueces.

Sinceramente, en el país donde se condena a raperos y tiriteros pero la justicia no es capaz de dilucidar quién es un tal M.Rajoy, y donde las leyes están hechas mayoritariamente por hombres, interpretadas por hombres y ejecutadas por hombres todos ellos normalmente elegidos por otros hombres, pues parece poco probable que haya una especial sensibilidad en la judicatura por los casos de violencia sexual contra la mujer.

Pero aunque incluso se les hubiera condenado a la pena máxima o haciendo un ejercicio de fantasía, a cadena perpetua o pena de muerte. ¿Qué cambiaría exactamente eso?

Algunos dicen que con penas más duras los violadores se lo pensarían dos veces antes de cometer actos tan atroces. Pero probablemente ni los de la manada ni casi ninguno de los acusados de las más de mil violaciones denunciadas cada año en España se reconozcan como tal.

Prueba de ello son los numerosos vídeos que grabaron, que lo comentaran alegremente en un chat grupal y que siguieran de fiesta tranquilamente hasta poco antes de su detención. Probablemente el día que les dijeron de que les acusaban, pondrían cara de sorpresa pensando que exageraban, que eso no era una violación, que fue una orgía un poco desmadrada pero poco más. Que la chica lo quería, que les había acompañado, que se había besado con uno de ellos, que no dijo que no, ni hizo amago alguno por impedirlo.

Y a día de hoy seguramente sigan pensándolo, que están en la cárcel por una despechada, una loca de esas que denuncian falsamente.

– Comentaba al principio del artículo que he echado en falta autocrítica en las opiniones que he leído estos días. Todo el mundo hemos trazado una línea divisoria clara entre lo normal y lo monstruoso, lo aberrante, lo inhumano. Nos hemos posicionado en el lado correcto de esta línea y puesto a los miembros de la manada en el otro lugar. Nos hemos lavado las manos de esta agresión y nos hemos regocijado al ver el cabreo casi unánime que ha generado esto. Ha quedado claro que estos no son hombres, son bestias, animales, monstruos a exterminar, nada remotamente humano y nada masculino tampoco. Nos hemos quedado a gusto al poner la mayor distancia entre ellos y nosotros, porque reconocer que hubiera algo que nos uniera aunque fuera remotamente a ellos sería muy jodido de reconocer.

Ninguno nos reconocemos en ellos, no nos reconocemos en sus actos ni en sus palabras. No seriamos capaces de meter a una mujer en un sitio oscuro y forzarla contra su voluntad. Las mujeres no son objetos para nosotros, no son trozos de carne, no las vemos así. No le levantaríamos la mano a ninguna. Así que todo en orden.

El mundo y la sociedad son machistas, podemos reconocerlo sin mayor problema, pero nosotros no, a nosotros eso no nos afecta, nos resbala. Tenemos una especie de campo de fuerza feminista que impide que pase cualquier mierda machista. Hemos crecido en este mundo, pero de alguna manera hemos crecido perfectos sin que nos pringue nada. Casi se diría que somos ángeles inmaculados.

¿Pero si echamos la vista atrás y miramos nuestras relaciones con las mujeres (sexuales o no) qué veríamos?

¿Hemos buscado siempre el consentimiento activo de nuestras parejas o ligues a la hora de tener sexo o nos conformamos si no se niegan de alguna manera?

¿Hablamos en la cama de lo que nos gustaría hacer o que nos hicieran, o alguna vez o varias hemos ido probando hasta que nos han dicho que no, que eso no?

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