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La honestidad masculina y el amor romántico

Publicado el 16 Junio 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Collage: Señora Milton

Coral Herrera Gómez en Pikara Magazin.

¿Por qué los hombres patriarcales mienten?, ¿por qué enamoran a las mujeres con promesas de futuro y en cuanto las conquistan salen corriendo?, ¿por qué creen que es normal e incluso necesario ocultar información a su pareja, pero no soportan que ellas hagan lo mismo?, ¿por qué defienden tanto su libertad pero limitan la de su compañera? .

¿Por qué un hombre puede ser buena persona con todo el mundo menos con su pareja?, ¿por qué los puticlubs están a rebosar de hombres casados todos los días de la semana?, ¿por qué en algunos países es habitual que los hombres tengan dos y hasta tres familias cuando han prometido ante el altar o ante el juez fidelidad hacia su pareja oficial?…

En las guerras del amor todo vale, porque es la batalla más importante de la guerra de los sexos. El régimen heterosexual está basado en un reparto de papeles en el que los hombres llevan siempre las de ganar: ellos diseñan e imponen las normas para que las cumplan ellas. Pactan monogamia, juran fidelidad, prometen ser sinceros, y en cuanto pueden juegan sucio y se enredan en cadenas de mentiras.

Las mentiras son consustanciales a la masculinidad patriarcal. El engaño y la traición a los pactos acordados es la consecuencia de firmar un contrato en el que aparentemente jugamos en igualdad de condiciones, pero en la realidad está diseñado para que nosotras seamos fieles y esperemos en casa mientras ellos se lo pasan en grande. La monogamia, pues, es un mito que crearon para nosotras, muy útil para asegurar su paternidad y la transmisión del patrimonio, y también muy útil para domesticarnos y encerrarnos en el espacio doméstico.

En la batalla del amor hetero el pacto es: “Yo no tengo sexo fuera de la pareja, tú tampoco”. Nos limitamos los dos, renunciamos los dos a la libertad sexual, o mejor: ellas creen que ellos se comprometen a cumplir con esta auto-prohibición. Pero no: la estrategia es que las mujeres nos auto-censuremos mientras ellos hacen lo que les apetece sabiendo que gozan de una relativa impunidad y que serán perdonados.

En esta guerra de los sexos, ellos llegan armados hasta los dientes, las mujeres vamos desnudas y enamoradas. Ellos juegan con ventaja y casi siempre ganan: la doble moral nos echa la culpa, y a ellos les disculpa. Para poder disfrutar de la diversidad sexual y amorosa típica del macho, los hombres saben que deben defender su libertad mientras limitan la de sus parejas. Y para ello tienen que prometer mucho, mentir, engañar y traicionar a las enemigas.

Porque las mujeres jamás somos las compañeras: nos tratan como a las adversarias a las que hay que seducir, domesticar, y mantener engañadas con el rollo del romanticismo y las bondades de la familia patriarcal.

La doble moral del patriarcado permite a los hombres a tener una doble vida: una como señores adultos responsables y comprometidos, y otra como niñatos mentirosos que jamás asumen las consecuencias de sus actos. Los hombres aprenden pronto que pueden abusar de su poder porque el mercado del amor está lleno de mujeres deseosas de ser amadas. Lo mismo que los empresarios abusan de la necesidad de sus trabajadores porque tienen muchísima mano de obra barata dispuesta a trabajar por muy poco, los hombres patriarcales saben que pueden mentir y aprovecharse porque el mundo está lleno de mujeres con baja autoestima y necesitadas de amor. Ellas prefieren aguantar mentiras y engaños que estar solas, y pocas veces identifican este trato como mal trato, es decir, no es fácil asumir este comportamiento como violento porque está normalizado en nuestra cultura patriarcal.

Los hombres patriarcales, sin embargo, se consideran buenas personas. El engaño forma parte de las estrategias de guerra, por eso traicionar y mentir a las mujeres con las que se relacionan no les hace sentir ni traidores ni mentirosos. Es simplemente una forma de dominar su mundo y de relacionarse con el enemigo. Y cuando el enemigo es una mujer, entonces no hay normas de caballerosidad ni principios ni ética que les detenga: en la cultura machista cualquier estrategia es válida. El objetivo es siempre someter a las mujeres para poder vivir bien, para salvaguardar el honor, para aumentar su prestigio delante de otros hombres.

Esta es la razón por la cual la honestidad no es cosa de hombres patriarcales. No hay contradicción, no les supone ningún problema. Es simplemente que siendo honesto uno no puede tener todo lo que desea, no puede tener varias amantes y una esposa fiel, no puede hacer lo que le da la gana sin tener que dar cuentas a nadie, no puede mentir, no puede acumular riqueza, no puede robar ni utilizar su poder para aprovecharse de los demás. La honestidad no calza con los valores de la masculinidad patriarcal, al menos no en el terreno de las guerras contra las mujeres.

La monogamia y la honestidad masculina

Ella: Cariño,  ¿qué haces?

Él: Estoy en la cama, a punto de dormirme, ¿y tú, mi amor?

Ella: Estoy en la barra de la discoteca, detrás de ti.

Este es uno de los esquemas básicos de los chistes machistas: él miente, ella le pilla. Es el juego del gato y el ratón: en las relaciones heteras nosotras somos las policías, juezas y carceleras, y ellos los chiquillos traviesos que se divierten haciendo sufrir a mamá.

La monogamia es un invento del patriarcado para tenernos encerradas y entretenidas. El engaño consiste en hacernos creer que el adulterio no es la norma sino la excepción, y que podemos evitarlo si somos complacientes con nuestros maridos, si obedecemos sus normas, si cubrimos sus necesidades, y si evitamos que otras mujeres se acerquen a ellos. Algunas viven resignadas a que de vez en cuando se les escape el pajarito de la jaula. Cuando descubren las infidelidades les mandan a dormir al sofá unos días, para pocos días después ser readmitidos en el lecho conyugal.

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Movimiento de hombres. Los hombres ante las dinámicas de poder y resistencia.

Publicado el 31 Mayo 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

VI COLOQUIO INTERNACIONAL EN RECIFE (BRASIL).

Autor: Juan Carlos Ramírez, profesor y corresponsal en México. Revista AHIGE mayo 2017

Del 3 al 5 de abril pasado, en la ciudad de Recife, Brasil, se llevó a cabo el VI Coloquio Internacional de Estudios sobre Hombres y Masculinidades. El tema que convocó fue “Masculinidades ante las dinámicas de poder/resistencia contemporáneas”. El objetivo general se orientó a “promover el intercambio de conocimientos y prácticas en el área de las políticas públicas, activismo político y producción académica dirigidas hacia hombres y/o masculinidades”.

Las actividades del Coloquio giraron en torno a nueve mesas de trabajo; cada una contó con un panel integrado por profesionales provenientes de distintos países, que discutió desde distintos puntos de vista los temas propuestos que fueron:

1) debates teóricos y metodológicos;

2) salud;

3) educación y trabajo;

4) paternidades y cuidados y derechos reproductivos;

5) derechos sexuales;

6) violencias;

7) transmasculinidades;

8) vulnerabilidades y,

9) los desafíos que plantean la interseccionalidad en contextos diversos.

Se expusieron más de 400 comunicaciones entre exposiciones orales y carteles. El programa se encuentra disponible en: http://www.masculinidades.org/programacao. Una posibilidad de continuar el debate en los distintos temas o iniciar una vinculación con quienes participaron en el Coloquio está a mano en el programa que proporciona título del trabajo, nombre y correo electrónico de la persona expositora. En corto tiempo se contará con acceso a los trabajos en extenso que estarán disponibles en el sitio web del Coloquio.

Las discusiones que se presentaron durante el Coloquio muestran una serie de continuidades respecto de las temáticas que fueron tratadas en los coloquios anteriores: Puebla (2004), Guadalajara (2006), Medellín (2008), Montevideo (2011) y Santiago (2015).

Asimismo, hay nuevas aproximaciones en el tema de las múltiples violencias y cómo se solapan entre sí; de paternidades que cada vez más incluye el área de la economía del cuidado; las distintas formas de configuración de género de los hombres en función del orden racial; de las diferentes identidades sexuales, en particular las más estigmatizadas e invisibilizadas como las identidades “trans”; la temática de políticas públicas que aporta experiencias diversas para acelerar el proceso de construir la igualdad entre hombres y mujeres; y también entre hombres, y en tal sentido, la importancia del trabajo con movimientos feministas y LGBTTTI entre otros.

Una llamada de atención constante fue la importancia de la “derechización” y las posturas conservadoras que se transforman en un obstáculo para el avance por la igualdad de género. De ahí un llamado a incluir el análisis de las religiones y su impacto en la reafirmación de posturas estereotipadas de los géneros.

Reunión de la red MenEngage de América Latina y Jornada sobre la violencia masculina contra mujeres

Como actividad Pre Coloquio se desarrolló la reunión de la Red MenEngage de América Latina en la que se presentaron avances de los distintos capítulos de la región, así como algunos de los retos organizativos y de planes de trabajo (Sobre la Alianza MenEngage consultar http://menengage.org/).

También tuvo lugar la “II Jornada sobre la Violencia Masculina contra las Mujeres” como una actividad post coloquio que tuvo un componente formativo y de socialización de experiencias (más información en violenciamasculinarecife@gmail.com).

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Cortarse el mambo

Publicado el 26 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Publicado por LUCAS PAULINOVICH on 24 MAYO, 2017

¿Qué hacer con las masculinidades? La pregunta resuena en el trasfondo de los acontecimientos cotidianos que llenan las páginas de diarios y portales web. La violencia nuclear de las relaciones sociales tiene en el machismo un componente fundante que fue desmenuzándose y puesto en cuestión al calor de las grandes movilizaciones de las mujeres y la agitación impugnativa y desafiante del feminismo. La guerra contra las mujeres tiene en la figura del varón un elemento crucial: no solo el rol de victimario, ostentador de privilegios y aplicador de los castigos, sino una pieza clave en los engranajes que hacen funcionar la gran maquinaria violenta que sostiene la producción y reproducción social.
Después del femicidio de Micaela, una consigna brotó con potencia interpelante hacia los varones: córtense el mambo. Recogiendo ese desafío, desde Mala Junta se organizó la primera asamblea de varones feministas que tendrá lugar el jueves en La Toma. Originalmente la cita iba a ser en el Abasto, el local de la organización, pero la gran cantidad de preinscriptos obligó a buscar un espacio de mayor dimensión: hasta ahora, hay más de 180 varones anotados para participar. Según cuenta Luciano Fabbri, uno de los organizadores, recibieron llamados de todo el país para sumarse a la iniciativa o consultar sobre la dinámica y metodología con el fin de reproducirla en distintas provincias del país.
“Las expectativas eran más bajas que las que estamos teniendo ahora. Nos proponíamos generar un espacio de encuentro y debate para los compañeros de Mala Junta y Patria Grande que venimos trabajando en el tema, organizaciones cercanas y compañeros de la periferia de la organización. Pero no esperábamos que adquiera este alcance y nos entusiasma que haya prendido, porque hablar de varones feministas es poner el piso más alto, en términos que vos estás convocando desde una identificación, con un movimiento político del cual los varones, en general, a lo sumo nos sentimos simpatizantes. Y esta respuesta ya nos habla de lo que viene pasando con el impacto del feminismo”, dice Fabbri, militante de Patria Grande y docente e investigador en la UNR.
—¿Qué cambios notás en el último tiempo en relación al impacto de las discusiones que instala el feminismo entre los varones?
—Desde hace algunos años presenciamos algo que llamamos feminismo popular y que da cuenta de cómo las discusiones, las acciones, la agenda del movimiento feminista fue permeando en organizaciones populares mixtas, que implican que otra multiplicidad de sujetos nos estemos repensando en relación al feminismo, como parte, como aliados, como atacados. Ya no te puede pasar por el costado como en otros momentos, no es ajeno ni exterior. Hemos ido avanzando en iniciativas y políticas específicas, como los colectivos de varones antipatriarcales, los encuentros nacionales de colectivos de varones, los encuentros latinoamericanos de varones antipatriarcales, las políticas de despatriarcalización que impulsamos hacia adentro con los varones como principales destinatarios. En general, uno veía que esa política era bastante marginal, que éramos un puñado de pibes que nos veíamos convocados. Creo que evidentemente hay un punto de inflexión con el movimiento Ni Una Menos, que hace que en dos años tengas una generación de pibes y pibas de entre 16 y 22 años que encuentran en el feminismo una referencia política muy cercana y lo consideran uno de los movimientos más dinámicos que han visto luchar en su juventud. En ese sentido, construyen una identificación y una mística que hace que te encuentres con que del total, el 70 por ciento no supera los 22 años. No suelo encontrar muchos interlocutores de mi edad. Y con esto se ve, como un síntoma, que las generaciones posteriores tienen otra apropiación.
—¿Tenés alguna hipótesis sobre esa apropiación generacional?
—Nosotros veníamos construyendo planteos históricos más macro sobre cómo entró en crisis el orden patriarcal, ya sea en el orden del mercado, en las relaciones afectivas o en la visibilidad y radicalidad del movimiento feminista o del LGTBI. Ya lo veíamos con el matrimonio igualitario o con la identidad de género. Se discutían estas temáticas. Pero eso ya nos queda viejo, pasó hace siete años. Con la movilización del Ni Una Menos, con el Encuentro Nacional de Mujeres –ENM- y con el Paro Internacional de Mujeres, eso cobra una dimensión aún mayor. A la vez, la paradoja que hace a esto más intenso es que a la radicalidad y la capacidad de organización y unidad hay una reacción patriarcal cada vez más cruel. Eso está significando que nos queda chico el posicionamiento simpático, del reconocimiento y la participación de alguna marcha o compartir una foto del Ni Una Menos. Hay un nivel de polarización y de crueldad que obliga a asumir posiciones más activas, por reacción y resistencia, o adhesión e involucramiento.

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Micromachismos, 25 años después . Algunas reflexiones

Publicado el 23 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Luis Bonino, abril de 2017

Fue a principios de los 90 cuando comencé a elaborar la temática de los micromachismos

Y lo hice residiendo en un país europeo, España, a partir de una réflex ión personal y una experiencia adquirida en mi trabajo con mujeres y hombres .

Mi ámbito particular de inserción profesional la asis tencia al malestar psicológico y el estudio de la s problemáticas de las subjetividades, me permitió tener un lugar privilegiado para observar y visibilizar los mM y tratar de entender sus efectos dañinos sobre algunas mujeres. Las que convivían con hombres y sentían que lejos de sufrir ningún tipo de violencia compartían sus vidas con “buenos compañeros”, relataban una y otra vez situaciones cotidianas que les resultaban dolorosas, confusas, por no poder detectar quién era el responsable e inclusive sintiéndose culpables de los malestares y reacciones que les generaban. No entendían porqué no se sentían dueñas de sus propias vidas. De ahí que comencé a centrar mi atención en aquellos hombres que no se consideraban machistas ni eran considerados así por sus entornos cercanos, por estar muy lejos de agredir física o verbalmente a las mujeres, o por haber asumido algunos cambios de roles, o por solidarizarse hasta públicamente con sus reivindicaciones. Según ellos los machistas y los violentos con las mujeres eran “esos otros” que se aferraban a la masculinidad hegemónica , con el abuso de poder, la discriminación, la impunidad posesiva que conlleva. “Esos otros ” de los que no cabe duda que anulan el desarrollo de la vida de las mujeres como personas con identidad propia, ciudadanas de primera, con deseos y necesidades propias y derecho a satisfacerlas.

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“Victiman”

Publicado el 8 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia contra las mujeres |

Miguel Lorente Acosta 6 de mayo 2017. blog Autopsia.

“Victiman” es el nuevo superhéroe del machismo, una especie de “primo de Zumosol” en versión “macho man” y con música de Village People de fondo. Ellos, tan acostumbrados a inventar nombres para sus miedos (“feminazi”, “hembrismo”, “mangina”…), han olvidado buscar uno para esa especie de héroe virtual que acude en su ayuda cuando la razón se pierde entre su impotencia.

El machismo está construido sobre una falacia, tan grande que hace normal la desigualdad y la violencia dentro de ella hasta el punto de invisibilizarlas y negarlas. De ese modo presenta la normalidad como algo neutral y adecuado para hombres y mujeres, y habla de todo lo que plantea corregirla como un ataque, de ahí que considere la Igualdad como una amenaza y la medidas desarrolladas en su nombre como una agresión.

Esa falacia sólo puede construirse sobre el valor y la credibilidad de la palabra y la voz de los hombres, capaces de ocultar la propia realidad tras su sonido y su monólogo, pues de lo contrario habría bastado una contra-argumentación crítica hacia ese modelo, o la simple descripción de una realidad caracterizada por la discriminación, el abuso y la violencia contra las mujeres para desmontar esa mentira irreal.

Pero a pesar de la solidez de esa estructura, el machismo ha tenido que cambiar de planes conforme la Igualdad ha avanzado y la sociedad se ha hecho más crítica con él. Y para ello, con independencia de contar con todo el arsenal de la cultura en forma de ideas, valores, creencias, mitos, estereotipos… ha introducido nuevas estrategias con las que contrarrestar las situaciones más delicadas, siempre contando con el peso y la gravedad de su palabra.

Una de esas estrategias es tomar una parte por el todo para esconder la realidad bajo el eco del relato que la acompaña, y transmitirla por el aire con la velocidad de la urgencia y la necesidad. Así, por ejemplo, para contrarrestar la violencia de género y sus homicidios, desde el machismo se dice que la mayoría de los casos conocidos son denuncias falsas o que las mujeres también maltratan; ante a las mayores tasas de paro femenino, afirma que se deben a que las mujeres prefieren quedarse en casa al cuidado de la familia; frente el bajo porcentaje de mujeres en puestos de decisión, indican que su biología las hace menos competitivas y que son ellas las que renuncian a asumir responsabilidades… De ese modo toman aquellos casos existentes bajo esas u otras razones, para a partir de ese pequeño margen de “verdad” construir toda la falacia que supone generalizarlos.

Pero esa estrategia no es suficiente. Al menos ya no es suficiente.

Antes podría serlo cuando su posición era incuestionada y todos los mecanismos de poder, desde la capacidad de influir al control social, reducían al mínimo su cuestionamiento. Pero ahora no sólo existe una conciencia crítica sobre las manifestaciones del machismo en todas sus formas, sino que también se conoce toda la estrategia desarrollada y el entramado social que hace de esa construcción cultura y normalidad. Por eso el machismo necesita algo más, y ese plus pasa por presentar a los hombres como víctimas de la situación que ellos mismos han creado y defienden. Y lo hacen, no para cuestionarla, sino todo lo contrario, para responsabilizar a las mujeres y quitar los argumentos que inciden en que la situación social de la desigualdad sólo les afecta ellas. De ese modo niegan el resultado y, sobre todo, niegan la desigualdad y el machismo como origen de estos resultados, al tiempo que sitúan las causas en las circunstancias aisladas de cada uno de los problemas, en lugar de incidir en los factores comunes que afectan a todos ellos.

Como ejemplo de la situación que los convierte en víctimas hablan de que los hombres, en general, sufren más violencia que las mujeres, que las custodias se las dan a las madres, que son ellos los que realizan los trabajos de más riesgo, que sufren más accidentes de tráfico y laborales, que tienen una menor esperanza de vida media… Pero esa lectura basada en la situación histórica no es suficiente, ya no les basta con presentarse como víctimas de la desigualdad, ahora lo amplían para mostrarse también como víctimas de la Igualdad, y aparecer como “doblemente víctimas”.

Y la explicación que dan para justificar que son víctimas de la Igualdad la estructuran sobre una doble referencia: por un lado afirman que el feminismo y la Igualdad niegan la realidad, y por otro que en esa negación se esconde la victimización de los hombres. Entre los argumentos que utilizan para presentar a los hombres como víctimas están todas las afirmaciones que repiten incansablemente en las redes sociales y allí por donde vayan. Algunos ejemplos son:

. Afirman que desde el feminismo se niega la existencia de denuncias falsas,cuando en realidad lo que se niega es que sean el 80%, como ellos afirman, y se reconoce que representan alrededor del 0’017%, dependiendo del año, tal y como recoge la FGE.

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Un compañero no se aparta

Publicado el 5 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Macarena Domaica  28/03/2017 en Doce Miradas

Esta semana me ha llegado por WhatsApp el video poema “Compañeras”, de Marwan. Os invito a verlo y a escucharlo con atención porque es muy bonito y muy emocionante. Esthttps://gizonduz.blog.euskadi.eus/wp-admin/post-new.php?lang=es#edit_timestampá escrito para eso, para rozarte adentro. Si eres hombre, para acompañarte en el reconocimiento a las mujeres de todos los tiempos; si eres mujer, para sentirte comprendida, valorada, reforzada, reconocida y para que pienses: hay hombres para los que no pasa desapercibido todo lo que cargamos.Mientras van sucediéndose los versos, una chica baila en un camino y un montón de mujeres de edades distintas y en ambientes variados se suceden con el poema de fondo. Hay algo en todo este montaje que me incomoda y me cuesta detectarlo. Así que vuelvo a verlo, con las emociones ya experimentadas y los sentidos predispuestos a una mayor objetividad. Comienza así:

“Lo mejor que puede hacer un hombre cuando ve a una mujer besar a su hijo, romperle la cara al invierno, partirse la espalda por el resto, es apartarse”.

No entiendo muy bien este “apartarse”. ¿Es por respeto, veneración? ¿Para no interferir en algo que no le corresponde? ¿Para no molestar? Entiendo que el autor intenta expresar algo así como: “observa qué grandes son las mujeres cuando hacen lo que hacen”. Pero lo que literalmente dice provoca en mí la imagen de hombres que admiran a las mujeres desde la barrera, aparte.

Sigue:

Decía Escandar que mirara por donde mirara solo veía mujeres luchando o mujeres cargando, mujeres abriendo, mujeres curando; madres que se crujen el alma para arrancar las piedras que le surgen a tu camino… Las verás siempre dispuestas –lobas que amamantan- cuidan a sus cachorros, cuidan todo. Madres de brazos abiertos, de pecho abierto, de alma abierta. Son perfectas por el simple hecho de existir, de haber nacido, de devolver ese regalo dándonos otra vida” (…) “Deberías aplaudirlas, con sus hijos (…) limpiando el mundo, a cargo de la casa, a cargo de la vida (…) trayéndote luz, borrando de tu frente los fantasmas…”.

Me reconozco y reconozco a muchas entre esas mujeres que “cuidan todo”. Y me cuesta entender por qué si nuestro aporte y soporte es tan evidente para  esos compañeros que hablan tan bien de nosotras, no los tenemos cuidando de todo junto a nosotras. En este segundo visionado del poema me revuelvo un poco, porque creo que no quiero esos aplausos de reconocimiento porque limpio el mundo, me encargo de la vida, traigo luz y borro los fantasmas de las frentes… ¿Hacemos todo esto las mujeres porque, como dice Marwan, somos perfectas? Me siento caer en una trampa: la de reconfortarme en el reconocimiento y sentir que con eso se alivia el peso descompensado de mi carga.

Lo que es perfecto para la perpetuación de la desigualdad es ese kit perverso de mensajes inhibidores de la promoción y el desarrollo que respiramos las niñas nada más nacer, cuando lloramos por primera vez. A partir de ahí nuestro viaje es la conciliación del cuidado de todo(s) y nuestra supervivencia, la búsqueda desesperada del equilibrio entre nuestro deber ser, las obligaciones reales y generadas, y la culpa en la recámara.

Me pregunto si valen este poema y otros (escritos con similar compromiso y las mejores intenciones) como reparación por tanto abuso. Me pregunto si reconocerle a una mujer lo estupenda que es, felicitarla el 8 de marzo y el primer domingo de mayo si es madre, no se nos queda un poco corto si no hay compañeros antes, durante y después dándole sentido a ese reconocimiento.

El trabajo más difícil del mundo

Hago un paréntesis para rescatar otro video que vi hace un par de años cuando se acercaba el día de la madre:

Presenta varias entrevistas para una oferta de trabajo imposible que son, finalmente, una excusa para otra loa a nuestra entrega y dedicación a la familia, y a nuestra desaparición sin reproches detrás de las sonrisas de los nuestros: “si ellos están bien, yo estoy bien”. Me pasa siempre con estos vídeos: que primero me cautivan y después me ponen triste.

Ilustración de Merche Escribano

¿Por qué se echan a reír todos y todas las candidatas cuando descubren que al perfil requerido para el puesto solamente se ajustan las madres? Les estaba pareciendo tan abusivo, tan terrible, tan ilegal, tan inhumano que les estuvieran proponiendo aceptar gratuitamente esa tarea demencial…  Y, sin embargo, ¿está todo bien si es para una madre? ¿A nadie le dan ganas de llorar? ¿Nadie siente una tremenda rabia por cada una de esas sonrisas cómplices con la losa que se nos pone a las mujeres sobre el pecho cuando somos madres?

Pues se ve que no. Se ve que si le escribes una carta a tu madre, ella se va a quedar tan contenta y ya está. Y así es en la mayoría de los casos. Porque nos han educado para que nos merezca la pena ser madres e, incluso, para que no veamos la pena casi por ninguna parte. Viñeta de Mafalda

No escapan al poeta Marwan las múltiples situaciones de injusticia que soportamos las mujeres de todo el mundo: la violencia machista, los techos de cristal, el trabajo no remunerado, la brecha salarial, “querer y callar”, la dictadura de los cosméticos, las mujeres como objetos para el goce, los matrimonios acordados… Dice “mujeres a las que obligamos a ser madres, amantes, florero, costilla, cenicientas, cocineras, putas (…) felpudo…”.

Y añade: “no tenemos el valor de reanudar el mundo con ellas al mando, con nosotros al mando, con todos al mando”. La verdad es que este poema es muy hermoso: la denuncia de la desigualdad está por todas partes y pongo en valor este texto por ello. Pero echo en falta una llamada a la desobediencia de los hombres ante las normas, las costumbres y las creencias manifiestamente abusivas y opresoras que viven sus compañeras. También, y sobre todo, acuso la ausencia de un posicionamiento de querer estar junto a nosotras en una reivindicación que no es nuestra, sino de toda la sociedad; de cualquier sociedad que se quiera llamar justa: “mujeres frenadas, mundo patriarcal, mundo enfermo”.

“Compañeras” es, precisamente, el nombre del video poema y esto es lo que dice Marwan en los últimos versos:

“Yo solo quiero que descansen, que las dejemos descansar; que este siglo, poco a poco, les devuelva lo perdido, sus horarios. Que dejen de limpiar nuestro camino, de resolver nuestro crucigrama, que ya tienen bastante con los suyos”.

Compañero Marwan: ¿no cabrían aquí unos versos para una llamada general que haga factible tu deseo? ¿Una llamada a “reanudar el mundo con ellas al mando, con nosotros al mando, con todos al mando”?

Nuestro descanso y las respuestas de los crucigramas no caerán del cielo, por mucho que haya hombres que se aparten para admirar cómo le rompemos la cara al invierno y nos partimos la cara por el resto.

Dices tú, compañero poeta: “Madres, mujeres, hermanas, pareja, compañeras, eternas, compañeras, milagro, compañeras, sin dueño, compañeras y siempre compañeras”. Digo yo: mejor un compañero que acompañe y no se aparte.

 

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