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‘Masculinidad precaria’ y conciliación de la vida familiar y laboral

Publicado el 5 Junio 2017 en General, Paternidad Igualitaria |

José Andrés Fernández CornejoProfesor Titular de Economía Aplicada, Universidad Complutense de Madrid.

Lorenzo Escot MangasProfesor Titular de Economía Aplicada. Doctor en Economía (UCM)

En España, los padres trabajadores usan las medidas de conciliación de la vida laboral y familiar mucho menos que las madres trabajadoras. Por ejemplo, tomemos un indicador muy general, como es el trabajo a tiempo parcial. En España, trabajar a tiempo parcial se asocia en gran medida con la precariedad laboral y, en determinadas franjas de edad, con el intento de conciliar la vida laboral y familiar. Según la Encuesta de Población Activa, el porcentaje de hombres (ocupados entre 30-44 años) que trabajaban a tiempo parcial en el primer trimestre de 2017 era del 6,9%, mientras que el porcentaje de mujeres que hacían lo mismo era del 31,5%.

El escaso uso de las medidas de conciliación por parte de los padres trabajadores queda más específicamente ilustrado en el siguiente gráfico, obtenido a partir de una encuestaque realizamos en 2016 entre 1.785 parejas con hijos pequeños de la Comunidad de Madrid. Por ejemplo, un 37,8% de las madres de nuestra encuesta solicitaron una reducción de jornada o trabajar a tiempo parcial al reincorporarse a sus trabajos, mientras que tan solo un 4,4% de los padres hicieron eso mismo.

  • Fuente: ENCUESTA SOBRE LA CONCILIACIÓN DE LA VIDA FAMILIAR Y LABORAL ENTRE LAS PAREJAS CON HIJOS DE LA COMUNIDAD DE MADRID. 2016.
    Los padres (varones) concilian muy poco y, sin embargo, sería muy beneficioso que lo hicieran en mayor medida, al menos por tres razones: porque para que las madres trabajadoras desarrollen plenamente sus carreras profesionales es necesario que sus parejas masculinas se impliquen plenamente en las tareas del hogar y en el cuidado de los hijos (usando más las medidas de conciliación); porque para un adecuado desarrollo emocional y cognitivo de los niños es bueno que sus progenitores estén con ellos; y porque es bueno para los propios hombres (como veremos a continuación).

    Además, parece que la mayoría de padres (varones) quieren realmente utilizar las medidas de conciliación más de lo que lo hacen. Las normas sociales y las actitudes referentes a la paternidad están cambiando. Hoy día, ser un buen padre no solo se identifica con la necesidad de ser un proveedor financiero del hogar (y una figura disciplinaria, etc.), sino también con la necesidad de ser un padre plenamente implicado, desde el principio, en el cuidado y el desarrollo cognitivo y afectivo de sus hijos/as (véase por ejemplo el estudio de los superdads llevado a cabo por Gayle Kaufman)

    Entonces, ¿por qué hay muchos padres que no utilizan las medidas de conciliación (existentes en sus empresas) cuando en realidad parece que querrían usarlas? Intentemos hacer un poco de explicación teórica. Una posible hipótesis es la que se basa en el efecto conjunto de dos factores: la figura o norma del “trabajador ideal” y la teoría de la “masculinidad precaria”.

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La mística de las nuevas paternidades

Publicado el 22 Marzo 2017 en Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Octavio Salazar 11-03-2017.

Soy padre de un hijo adolescente y no creo que exagere si afirmo que esta es una de las aventuras más complejas que he tenido que asumir en mi vida. A falta de libro de instrucciones, y nadando permanentemente en un mar de dudas e inseguridades, intento no naufragar en exceso y asumir todo el proceso como un aprendizaje del que, no solo él, sino también yo salgamos más empoderados. Lo cual no quiere decir que nos convirtamos en hombres heroicos e imbatibles sino más bien todo lo contrario, es decir, en individuos que hayamos aprendido que la vulnerabilidad y la necesidad del otro/la otra es lo que otorga fortaleza ética a nuestra existencia.

Este hondo compromiso me ha regalado algunos de los mejores momentos de mis últimos 15 años, pero también me ha restado tiempo y energías, por lo que no siempre ha sido ese estado ideal que ahora me meten por los ojos en blogs y redes sociales. He intentado, e intento, ser un buen padre, o sea, un padre dubitativo, generoso y cómplice que no amigo de mi hijo, pero eso no me ha llevado a uno de esos paraísos que parecen sacados de un anuncio y en los que la paternidad se nos vende como si fuera la única vía posible para la felicidad. Al contrario, yo en muchos instantes me he sentido con ganas de tirar la toalla, me he arrepentido de parte de las decisiones de vida y hasta he soñado con dimitir de mi función. Y, por supuesto, he seguido construyendo otras muchas facetas de mi vida que me generan satisfacciones, que multiplican mis energías y que me ayudan a crecer como el hombre de coraje y ternura que un día me propuse ser. Todas ellas tan relevantes como mi paternidad porque sin ellas estoy seguro que mi hijo no tendría cerca al aprendiz de casi todo que continuo siendo. Todo esto, además, me ha permitido comprobar de primera mano que ser padre es un deseo no un derecho.

 Por todo ello siento de entrada tanta desconfianza hacia todo ese movimiento, que no sé si no pasa de ser una moda o, en el peor de los casos, una manera de revestir de manera políticamente correcta un neomachismo soft, que insiste en mostrarnos una imagen brillante de nuevos padres, la cual parece ser, para algunos, el primer paso hacia la construcción de masculinidades mucho más igualitarias y empáticas. Es cierto que esa dimensión de lo privado es casi la única en la que muchos hombres hemos empezado a compartir responsabilidades y a asumirlo como un espacio que nos permite desarrollar habilidades y capacidades que durante siglos pensamos que eran propias de mujeres.
 No seré yo quien dude de esos padres tiernos que cada vez veo con más frecuencia en los parques o de esos hombres con cochecito que generan una expectación por donde pasan digna de la portada de la revista para mujeres más “exigente”. Sin embargo, y como hace ya tiempo que asumí eso de que el feminismo es una permanente “filosofía de la sospecha”, no dejo de preguntarme si detrás de esa fachada hay o no una auténtica transformación, y no solo de ellos, sino sobre todo de las relaciones de género, o sea, de poder, que siguen dando forma al sistema sexo/género. Me gustaría saber cómo es el reparto de autoridad en su ámbito familiar, o cómo esos padres amorosos actúan en sus entornos laborales o si perpetúan las fratrías viriles de siempre aunque hayan cambiado los escenarios.
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¡Feliz día del padre feminista! (y los 364 días que quedan para demostrarlo)

Publicado el 20 Marzo 2017 en Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Ritxar Bacete. El país 19 marzo 2017

En muchos lugares del mundo, el 19 de marzo se celebra el día del padre. ¡Qué bueno! Más allá de celebrar la vida, las relaciones, reconocer a nuestros ancestros o aumentar las ventas de taladros, zapatos o perfumes de determinadas empresas, es una ocasión extraordinaria para hacer una revisión crítica de las paternidades y el papel que tenemos los hombres en los cuidados, en clave feminista.

Todas las estadísticas constatan que implicación de los padres en los trabajos reproductivos y de cuidados sigue siendo dolorosamente desigual. Y aunque la tendencia hacia posiciones y prácticas más igualitarias ha ido en un lento pero paulatino aumento en las últimas décadas, es especialmente visible en el escaso número de padres que reducen su jornada o se acogen a excedencias para cuidar (menos del 7%). Es por eso que el Día del Padre, más allá de la celebración, debería convertirse en una fecha para la reflexión sobre las relaciones de género que establecemos los hombres con las mujeres con las que compartimos la vida, y el compromiso con el cambio hacia actitudes y prácticas más igualitarias. O lo que es lo mismo, reivindicar en clave igualitaria aquello que vamos a hacer los 364 días restantes.

En el mensaje de Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, nos recordaba que demasiadas mujeres y niñas de todo el mundo dedican un número excesivo de horas a las responsabilidades del hogar. Habitualmente destinan a los trabajos reproductivos y de cuidado más del doble de tiempo que los hombres y niños. Esta división desigual del trabajo no remunerado, fundamental para que la vida sea posible, está directamente relacionada con la limitación de las posibilidades de empoderamiento y empleo de las mujeres y niñas.

Aproximadamente el 80% de los hombres serán padres biológicos en algún momento de sus vidas y prácticamente todos los hombres tenemos alguna interacción socializadora con las niñas y los niños. Como nos recuerda Silvia Nanclares, las opciones de las personas que optan por el “extincionismo” son tan legítimas como las de quienes hemos decidido reproducirnos. Pero para que la vida siga, los padres importan e impactan. Lector, lectora, os invito a que reflexionemos unos segundos sobre nuestro padre, y pensemos y sintamos cómo influyó, el padre que tuvimos (o el que se ausentó), el tipo de relación que estableció con nosotras, en lo que hoy somos y hacemos. (Vaya de paso mi pequeño homenaje al mío, un buen hombre, un buen padre).

Sean padres biológicos, padrastros, padres adoptivos o sustitutos o tutores; sean hermanos, tíos o abuelos; sean parte de una relación de pareja del mismo sexo o del sexo opuesto; y vivan o no con sus hijos, la participación de los hombres en el cuidado diario de otros tiene una influencia duradera en las vidas de las niñas, los niños, las mujeres y los hombres, así como un impacto permanente en el mundo que los rode

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Por la reforma ’16 más 16′ de igualación de los permisos de paternidad y maternidad

Publicado el 29 Diciembre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

A partir del próximo 1 de enero se añadirán dos semanas más al permiso de paternidad (éste pasará a ser de 4 semanas). Esta ampliación del permiso de paternidad no es sino aplicar lo que la Ley de Igualdad de 2007 contemplaba que tenía que suceder desde el 1 de enero de 2011, y que se ha venido posponiendo sucesivamente “por razones presupuestarias” (como si dicha medida fuera un lujo). Además la ministra Báñez sostiene que impulsará el diálogo parlamentario para la elaboración de un Pacto Nacional para la conciliación y la racionalización de horarios (incluyendo el cambio de huso horario).

Pero la medida verdaderamente histórica -complementada con las mencionadas anteriormente- y que actuaría sobre el mismo núcleo de la desigualdad de género y de los problemas de conciliación es la equiparación del permiso de paternidad con el de maternidad. Este es el sentido de la proposición no de ley aprobada el pasado 18 de octubre de 2016 por el pleno del Congreso de los Diputados, que insta al Gobierno a estudiar dicha reforma.

La propuesta consiste en igualar gradualmente el permiso de paternidad (ahora mismo de 2 semanas) con el de maternidad (actualmente de 16 semanas). De esta manera se alcanzaría un sistema de permisos parentales “16+16”, en donde cada uno de los progenitores dispondría de 16 semanas de permiso, no trasferibles al otro progenitor, bien remuneradas, y con un amplio margen de flexibilidad (en los plazos, etc.) en el uso de las mismas. Si saliera adelante esta reforma, la ampliación del permiso de paternidad a 4 semanas de 2017 habría constituido el primer paso en el proceso que conduciría a un permiso de paternidad de 16 semanas.

A veces como mejor se trasmite una idea es con un ejemplo. Consideremos el caso de una pareja heterosexual en donde ambos trabajan como asalariados estando ya en vigor el sistema 16+16. Esta pareja tiene un primer hijo, tras lo cual la madre utiliza su permiso de maternidad de 16 semanas, más 2 semanas más en concepto de permiso de lactancia acumulado, más 4 semanas más de vacaciones que utiliza para cuidar de su bebé. Al cabo de 5 meses y medio la madre se reincorpora a su trabajo.

Por su parte, el padre utiliza 2 de sus 16 semanas durante las dos primeras semanas inmediatamente posteriores al parto (un período crítico para el hogar y de recuperación física de la madre); sin embargo, se reserva las otras 14 semanas de su permiso de paternidad y las utiliza tras la reincorporación de la madre a su trabajo, una vez que el bebé tiene casi 6 meses (y quizás ha dejado de recibir la lactancia materna). De esta manera el padre de nuestro ejemplo, añadiendo también sus semanas de vacaciones, cuida en exclusiva del bebé durante varios meses (mientras la madre trabaja), con lo que este niño/niña habría sido cuidado consecutivamente por sus dos progenitores hasta prácticamente tener un año de edad (momento en el cual empezaría a ir a la guardería).

En realidad este ejemplo es muy parecido a lo que ya realizan la mayoría de parejas en Islandia, y que se podría hacer realidad aquí si se aprobara la reforma 16+16. Ahora bien, ¿y si otras parejas quisieran tomarse los permisos de manera simultánea? O si, por ejemplo, un padre (o una madre) no quisiera desligarse totalmente de su trabajo y prefiriera tomarse la baja a tiempo parcial (trabajando a media jornada) y doblando el periodo total de baja? Pues perfecto. La idea es que el sistema de permisos 16+16 debería ser totalmente flexible en plazos, secuencias y dedicación, de manera que se pudiera adaptar a las restricciones y a las preferencias de cada pareja.

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El run-run de las paternidades igualitarias

Publicado el 17 Diciembre 2016 en Paternidad Igualitaria |

A las puertas de 2017 seguimos viviendo en sociedades donde las paternidades distan mucho de ser igualitarias y equitativas. Por ello, bienvenidas sean otras formas de paternidades que se desvinculen y alejen cada vez más de una manera concreta de entender y ejercer qué es ser padre. Paternidades más igualitarias y equitativas que sean alternativas a las paternidades sexistas.

Sin quitarle ni un ápice de importancia al papel que las paternidades tienen o deben de tener en la construcción de sociedades más justas e igualitarias, últimamente me encuentro con un ‘run-run’ constante de artículos, investigaciones, jornadas, comentarios en redes sociales, etc., que nos hablan de las grandes bondades de las paternidades igualitarias en el avance hacia la igualdad entre mujeres y hombres. Es como si hubiéramos dado con la fórmula mágica para conseguir la igualdad real entre mujeres y hombres. Y reitero, no seré yo quien niegue que abordar la construcción de paternidades (y maternidades) más igualitarias es importantísimo parar lograr sociedades más justas, equitativas e igualitarias.

Pero parece que podríamos estar intentando reproducir en los hombres aquello que el movimiento feminista ve como algo peligroso y dañino para las mujeres: la imposición de la maternidad, la ’esclavitud’ de la maternidad. De acuerdo a esta idea para que una mujer se realice ‘cien por cien’ como persona tiene que pasar sí o sí, por la maternidad. Claramente se trata de una maternidad muy concreta, que en nuestra cultura y sociedades se impone con características como: abnegadas, súper-madres, entregadas, conciliadoras, bondadosas, etc.

¿Es que acaso ser padre se está convirtiendo en un requisito imprescindible para construir relaciones igualitarias entre mujeres y hombres? Y es ahí donde mi ‘run-run’ se acentúa.  Ser padre es y debería de ser una opción, no un deber, una imposición social y cultural. Ser padre o no serlo no debe condicionar el logro de relaciones equitativas e igualitarias entre mujeres y hombres. Las paternidades (y las maternidades) no deben ser el elemento transversal en las relaciones entre mujeres y hombres, como pudiera parecer últimamente. Los seres humanos, al margen de ser madres o padres, somos seres sociales en múltiples espacios, papeles y funciones: en el ámbito de las amistades, en al ámbito laboral, en la calle, en la política, en la cultura, entre muchos otros. En definitiva debemos ser partícipes desde perspectivas que incluyan a las paternidades y las maternidades como uno de los elementos a tener en cuenta, no como eje central, en la construcción de sociedades justas e igualitarias entre mujeres y hombres.

Quizás, el foco de atención debería estar en los cuidados. Es decir, ubicar el análisis, la reflexión y el trabajo sobre las paternidades y maternidades dentro de la organización social de los cuidados. Para ello, deberíamos entender los cuidados como proponen las miradas feministas sobre la economía. Leer a Amaia Pérez Orozco o Nancy Fraser nos puede ayudar a identificar qué elementos debemos tener presentes al abordar el complejo tema de los cuidados y como estos elementos se relacionan con las maternidades y paternidades. Que sean los cuidados el tema transversal, ya que nos increpan directamente en todas las facetas de nuestras vidas.

Sabemos y somos conscientes, o deberíamos serlo, de que la falta de corresponsabilidad en nuestras sociedades es un hecho con graves consecuencias sobre todo para las mujeres. Son ellas quienes mayoritariamente realizan las labores de los cuidados. Pero es necesario entender la corresponsabilidad en un sentido amplio, donde actores y actrices son las mujeres, los hombres, el mercado y el Estado. Y los escenarios donde interactúan estos actores y actrices son las esferas públicas y privadas. Es en este esquema donde las paternidades son una cuestión más a tener en cuenta. Al fin y al cabo, lo que autoras como Amaia Pérez Orozco plantean es que los cuidados sean el eje de un modelo de desarrollo productivo-reproductivo sostenible.

Ubicar el debate, el análisis y las reflexiones sobre las paternidades en este contexto nos permite abordar y tener presentes cuestiones relacionadas directamente con las paternidades, como por ejemplo: la relación de los hombres con la corresponsabilidad, con las relaciones de poder y los privilegios, la relación de las masculinidades y las feminidades con los cuidados, los sistemas de cuidados, etc.  Incluso con un tema que se obvia al hablar sobre paternidades y maternidades: la relación entre quienes son madres o padres con quienes no lo so

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“Pensamos que la paternidad es una experiencia vital clave en la vida de cualquier hombre”.

Publicado el 15 Septiembre 2016 en General, Grupos de hombres, Paternidad Igualitaria |

Rafa Pérez y Juanma Feito, impulsores de “Aitalaguna”

AITALAGUNA- ¿Quiénes sois? ¿De dónde surge esta iniciativa? ¿Quiénes colaboran en ella?

Somos Rafael Pérez y Juanma Triku Guerrero, miembros de dos asociaciones bilbaínas: Modulo de Asistencia Psico-social de Deusto-San Ignacio, y Piper Txuriak: grupo de hombres por la igualdad y contra el sexismo. En ambas asociaciones nos dedicamos a proponer y coordinar actividades de sensibilización y concienciación sobre la igualdad, y sobre una masculinidad sin violencia ni patriarcado. Enfocamos gran parte de nuestra labor a trabajar con hombres apoyándonos mutuamente para desmontar la masculinidad tradicional que coloniza nuestra manera de pensar, sentir y de actuar. Por ello que el contexto por el que se nos conoce socialmente sea “igualdad y nuevas masculinidades”. Las instituciones siempre apoyan nuestras iniciativas, y en este caso, contamos con el apoyo y la financiación de Emakunde y de la Diputación Foral de Bizkaia.

Aitalaguna ha sido el fruto de un sueño que no guardamos en un cajón, sino que creímos en su poder e importancia, a la vez que creímos en nuestra capacidad de ponerlo en marcha. El proceso duró dos años, pues en el camino apareció la frustración, la confusión, el desánimo, el miedo a lo desconocido. Algo clave fue pedir ayuda, y la recibimos por parte de algunas personas. Finalmente Ritxar Bacete aceptó el encargo, aportando su ilusión, su experiencia, su bagaje, su generosidad, y su tiempo.

AITALAGUNA- Sin pensarlo mucho…¿Qué significa para vosotros Aitalaguna?

Pensamos que la paternidad es una experiencia vital clave en la vida de cualquier hombre, pues con ella profundas y determinantes partes de tu construcción masculina de género se cuestionan o aparecen como algo a resolver. De esta reflexión (y pensándolo un poco) nos surgen algunas cuestiones que nos parecen fundamentales:

Cuánta importancia das a la relación con otra persona y a cuidarla…en qué punto sitúas esta actividad en tu escala de prioridades comparándola con las otras actividades que hasta el momento han ocupado un lugar principal en tu vida.

Cuánta importancia das a la intimidad, cercanía y amor con otra persona, es decir, se cuestiona cuánto de preparado estás para gestionar y entender una relación comprometida con otro ser humano; qué sentimientos te surgen de una manera notoria ante tal vivencia…tu habilidad para gestionar tu mundo emocional se cuestiona.

Estas y otras muchas cuestiones son las que trata de enfrentar Aitalaguna, para entre todos aportar aprendizajes y herramientas, para no dejar solo a los hombres ante una experiencia para la que no está entrenado, preparado, ni cognitiva ni emocionalmente. Crianza, cuidado, reparto igualitario de responsabilidades…nada de eso es una pieza del programa masculino que todos nos hemos visto obligados a aceptar.

AITALAGUNA- ¿En qué consiste esta iniciativa?

Aitalaguna es un espacio solidario, acogedor, de empatía, de apoyo…

Es un intercambio solidario de vivencias, sentimientos, pensamientos, teorías entre un grupo de personas (en su mayoría hombres) interesadas en un tema común: la crianza, tocando todos los aspectos que ello conlleva. Es un proceso de transformación y aprendizaje, en lo personal, pero conscientes de que en el camino transformamos lo común-social.

Es un intento de ir más allá de límites, costumbres, creencias, supersticiones, dogmas, normas, imposiciones o falsedades en uno de los temas más importantes y valiosos existentes en este Universo: nuestro nacimiento, crianza y desarrollo como seres humanos. Un espacio basado en la sinceridad para pensar con amplitud y valentía sobre lo que nos ocurre a nivel psicológico-emocional-físico-cognitivo durante el tiempo que estamos dedicados a la crianza o nos planteamos dedicarnos a ello.

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