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LOS PADRES EN EL ESCAPARATE

Publicado el 7 enero 2019 en General, Paternidad Igualitaria |

Octavio Salazar. Diciembre 2018

Nunca negaré que ser padre es una de las experiencias que más ha influido en que cuestione mi identidad masculina, aunque solo haya sido porque tenía muy claro lo que no quería ser. Cosa distinta es que lo haya conseguido. Cada día, y mucho más ahora que mi hijo es adolescente, me doy cuenta de los errores que repito, de las incertidumbres y de la penosa ausencia de un manual que me diga cómo ser un padre presente, responsable y cuidadoso. Quizás sea una de las luchas que con más frecuencia provocan que me sitúe delante del espejo y me enfrente a mis impotencias. Entonces descubro que tal vez alumbrar una nueva masculinidad sea justamente eso, asumir la vulnerabilidad, renunciar al heroísmo, darte cuenta de que no hace falta controlarlo todo y de que la vida no es otra cosa que ir buscando un tesoro con frecuencia sin mapa que nos guíe.

En los últimos tiempos se ha puesto de moda hablar de las paternidades, de las nuevas paternidades, de esos nuevos modelos de hombres que lucen niños en los parques, o a los que ya no les resta virilidad mostrarse cariñosos con ellos en público. Se ha ido creando incluso una mística en torno a estos varones que, una vez más, y con el pretexto de mostrar al mundo lo buenos que son, ocupan portadas y aparecen como protagonistas heroicos. Todo ello mientras que en paralelo la maternidad continúa sin tener la centralidad que debiera en las políticas públicas y mientras que para las mujeres tener hijos continúa siendo un obstáculo para su realización personal y profesional, al tiempo de que por determinados sectores no deja de alimentarse una visión esencialista que las hace siervas de su papel de reproductoras. En este complejo contexto, al que habría que sumar la interesada reivindicación como un derecho de lo que es solo un deseo, el de ser padre o madre, continuamos sin dar respuestas adecuadas a lo que es el gran reto del siglo XXI: el reconocimiento social y económico de los trabajos de cuidados, la efectiva garantía de la corresponsabilidad como un derecho/deber y, en definitiva, la firma de un nuevo pacto de convivencia entre mujeres y hombres en el que superemos la división jerárquica entre lo público y lo privado.

Es decir, mucho me temo que de nuevo los hombres, o al menos una parte de nosotros, estemos usando el discurso de la paternidad para elevar nuestro prestigio social y para, bajo esa cobertura de amantes progenitores, apenas estemos renunciado a nuestro lugar privilegiado.

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Hombres al borde de un ataque de nervios

Publicado el 3 diciembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Miguel Lorente Acosta

Muchos hombres están de los nervios, eso de ver cuestionados sus privilegios y de poner en evidencia que toda su fortaleza, racionalidad, entereza, criterio y valor era el cuento que ellos mismos habían inventado para impedir que las mujeres pudieran demostrar que era falso, lo llevan fatal y no saben muy bien qué hacer. Por eso mientras que muchos hombres, conscientes de esa injusticia, están saliendo del redil de la desigualdad, otros prefieren vivir acorralados en el machismo y desde allí tratar de lanzar sus mensajes y agresividad para mantener sus posiciones de poder.

Es un ejercicio de resistencia y contraataque.

Y el último ejemplo lo hemos visto en las reacciones a las críticas a la sentencia del Tribunal Supremo,que obliga a una madre y a sus hijos a abandonar el domicilio donde vivían tras la separación, por haber iniciado una relación de pareja con otro hombre. Nada nuevo, salvo la decisión del Supremo, puesto que se trata de una antigua reivindicación del machismo después de fracasar en su estrategia de control histórica. No olvidemos que todo esto viene de una realidad en la que la ley obligaba a las mujeres a pedir permiso al marido para cualquier cosa que hicieran en la vida pública. La misma realidad en la que les resultaba prácticamente imposible divorciarse  hasta que llegaron las llamadas “leyes de divorcio no culpable” en los 70, pero después, aunque lograban divorciarse, su vida seguía dependiendo de su ex marido porque él decidía cuando y cuánto dinero pasar para que sus hijos pudieran cubrir las necesidades básicas, una situación de abuso tan evidente y grave que se tuvo que desarrollar una normativa específica para obligar a pagar lo que sólo era parte de la responsabilidadde esos “buenos padres”. Pero como la situación no era un problema de legalidad sino de mentalidad,esos “buenos padres” inventaron estrategias para seguir hasta hoy sin pagar lo que se derivaba de sus responsabilidades, por eso han utilizado otras vías para continuar con el control de las mujeres y castigarlas por su decisión de separarse, sin importarles el daño causado a sus hijos.  

Por eso ahora están tan contentos de que el Tribunal Supremo les “haya dado la razón”, y se ponen tan nerviosos cuando se critica esa decisión y, sobre todo, su significado. Gracias a esa sentencia pueden volver a mandar un mensaje de fondo muy claro y directo hacia sus ex mujeres: “Si te quedas en casa cuidado de mis hijos no tendrás problemas, pero si metes a otro hombre en casa te irás a la calle con tus hijos”.

Esas referencias demuestran que muchos hombres construyen la familia sobre la idea de posesión, no sobre el compromiso, la responsabilidad y el amor,  de lo contrario no tendría sentido que la decisión para que sus hijos y la ex mujer salgan de la casa se base en que ella inicie una nueva relación de pareja. Es la idea del “tú eres mía o de nadie”trasladada a la familia y resuelta de diferente forma, pero siempre bajo el criterio de la posesión y de la legitimidad para “romper” aquello que consideran propio.

Las consecuencias para los hijos y las hijas es una especie de “daño colateral” del que siempre será responsable la madre por meter a otro hombre en la casa. Es el argumento habitual de los hombres y su Derecho para resolverlo todo con la culpa de las mujeres, y en este caso si ella no hubiera metido a nadie en casa sus hijos seguirían viviendo en ella. Ocurre como en la violencia de género, en la que a pesar del daño que sufren los hijos e hijas por vivir en ese contexto donde el padre maltrata sistemáticamente a la madre, la mayoría de las veces delante de ellos, como demuestran los estudios, el último de ellos la tesis doctoral “Menores y violencia de género: Nuevos paradigmas”, defendida el 30-11-18 por la ya doctora Paula Reyes y dirigida por la catedrática Juana Gil, el Derecho y la Administración de Justicia miran para otro lado y son capaces de “abstraer” de ese hogar violento a los niños para decir que “un maltratador no tiene por qué ser un mal padre”y otorgar custodia y visitas sin problema. Y si los niños y las niñas se rebelan frente a esa decisión y no quieren ver al padre maltratador, pues tiran de manual, echan la culpa a las madres y les aplican el inexistente SAP(Síndrome de Alienación Parental).

 

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Reforma de los permisos: una batalla crucial

Publicado el 25 junio 2018 en Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

– Autora de “Contra el patriarcado. Economía feminista para una sociedad justa y sostenible” el diario.es

Por fin el Pleno del Congreso de los Diputados va a debatir la reforma de los permisos propuesta por la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPIINA) y recogida en una Proposición de Ley por Unidos Podemos-En Comu-Podem-En Marea. La reforma es una demanda social y aparentemente no tiene detractores. Pero en la tramitación se evidenciará el modelo de sociedad que defiende cada partido, y de la atención pública a esas diferencias depende el resultado.

Tradicionalmente, bajo la asunción de que a nosotras se nos da de maravilla y a ellos se les da fatal, se nos ha adjudicado a las mujeres la tarea de “criar ciudadanos” (Rousseau); y por supuesto la ciudadanía plena a los hombres. Hoy hemos comprendido que, si queremos una sociedad de personas sustentadoras y cuidadoras en igualdad, debemos potenciar que los hombres cuiden tanto como las mujeres. Y para ello es crucial un sistema de permisos que se lo permita. No estamos hablando de obligar (cada persona es libre) sino de permitir. Permitir a los hombres ser corresponsables por encima de las presiones sociales, educacionales y empresariales que hoy empujan a las mujeres a ser las principales cuidadoras y a los hombres a ser “ayudantes”.

En nuestro país todos los partidos políticos reconocen de palabra estos principios, y ahí están las ya numerosas votaciones en el Congreso de los Diputados, algunas por unanimidad, en las que se ha admitido el principio propuesto por la PPIINA: los permisos deben ser, para cada persona progenitora, iguales, intransferibles y remunerados al 100% del salario. Hasta el Tribunal Constitucional ha admitido a trámite un recurso de amparo al respecto.

La pregunta es: ¿por qué no se ha aprobado aún la Proposición de Ley que la PPIINA tiene escrita desde 2011? ¿Por qué, si ningún partido ha explicado públicamente qué es lo que rechaza de esa PL, hay ahora propuestas en el Congreso nada menos que 3 reformas diferentes del sistema de permisos?

Unidos Podemos-En Comu-Podem-En Marea ha asumido el diseño de la PPIINA, que es muy simple: un permiso, completamente intransferible y pagado al 100%, de 16 semanas para cada persona progenitora: dos a partir del nacimiento (“permiso parental inicial”) y las otras 14 dentro del primer año (“permiso parental para la crianza”).

Ciudadanos sigue proponiendo los permisos transferibles (o “de libre distribución entre progenitores”), que son lo contrario de la “libertad de elección”: las mujeres se ven presionadas a tomárselos y los hombres a no tomárselos. Un truco muy propio del actual “patriarcado de consentimiento”.

El PSOE nunca puso objeciones a la PL de la PPIINA, pero registró calladamente otra que, cambiando unos “pequeños detalles”, cambia el diseño en dos aspectos fundamentales: obliga a que las primeras 6 semanas sean simultaneas y abre la puerta a otro truco que llamaremos “el truco del tiempo parcial”. Esos dos aspectos, que también están presentes en la PL de C’s, son dos líneas rojas para la PPIINA. ¿Por qué?

Sobre las semanas del padre que, al tener que ser “ininterrumpidas”, coinciden necesariamente con el permiso de la madre ya tenemos experiencia: es el caso de las 4 actuales de paternidad; y también de las 5 previstas en los PGE 2018, de las 10 intransferibles propuestas por Ciudadanos y de las 6 semanas propuestas por el PSOE a partir del nacimiento. ¿Por qué no permiten a los padres que lo deseen guardarse una parte para sustituir a la madre cuando ella vuelva a su puesto de trabajo? ¿Cómo es posible que los mismos partidos que hablan de libertad de elección sean los que impiden a las personas progenitoras turnarse para cubrir el máximo periodo de cuidado, si así lo deciden?

Por otro lado, el “truco del tiempo parcial” consiste en llamar “permiso a tiempo parcial” a un permiso el doble de largo con la mitad de paga; una modalidad que se toman las mujeres, y no los hombres (por ejemplo en Islandia). En España actualmente el reglamento impide esa opción, pero bastaría con cambiarlo para que muchas mujeres españolas se vieran atrapadas en ese modelo por mor de la falta de alternativas. ¿Por qué el PSOE se ha negado rotundamente a la propuesta de la PPIINA de blindar esa disposición del actual reglamento en la Ley, dejando así la puerta abierta a ese truco?

 

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“Ez didazu eskatu”: etxeko lanak ez egiteko gizonek erabiltzen dituzten aitzakiei buruzko komikia

Publicado el 31 julio 2017 en Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Interesante e ilustrativo cómic de la artista Emma Clit sobre la ‘carga mental’ que soportan las mujeres: “Significa que siempre tienes que estar en alerta y acordarte de todo”

“Cuando un hombre espera que sea su pareja la que le pida que haga determinadas cosas la está viendo como la coordinadora de las tareas del hogar”, dice

Cómic completo:

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“Si el Gobierno no equipara los permisos de paternidad es porque no hay interés en hacerlo”

Publicado el 27 junio 2017 en General, Paternidad Igualitaria |

FOTO: Fernando Sánchez.

La economista Carmen Castro publica “Políticas para la igualdad”, donde reivindica el papel de los permisos por nacimiento como motor para el cambio social hacia más igualdad.

La economista Carmen Castro ha estudiado el funcionamiento de los permisos de paternidad en más de 25 países. Fruto de su investigación nace ‘Políticas para la igualdad’ (Catarata), un libro en el que desmenuza la influencia que esta política pública tiene en la sociedad y en la construcción de igualdad. Islandia es el referente, pero ni siquiera el país nórdico tiene un modelo plenamente equiparado e intransferible. Es por eso, defiende Castro, que España tiene la oportunidad de liderar el cambio si se aprueban unos permisos por nacimiento iguales, intransferibles y pagados al cien por cien para cada persona progenitora independientemente de su sexo o identidad sexual. Esa es la propuesta que la Plataforma por unos Permisos de Nacimiento y Adopción Iguales e Intransferibles (PPiiNA) lleva años reivindicando y que Unidos Podemos llevó al Congreso en forma de una proposición de ley que fue aprobada. El Gobierno ya ha vetado en dos ocasiones su tramitación.

Uno de los punto de partida de su libro es el 15M y las demandas ciudadanas de más democracia. Dice que es imposible democratizar la sociedad sin hacerlo previamente con la familia. ¿No son las familias instituciones democráticas?

Hay varios niveles de respuesta. Por una parte, no, no todas las familias son estructuras con acuerdos democráticos. Cuando se gestiona la cotidianidad y hay responsabilidades familiares y los poderes públicos no atienden eso es cuando más se siente el peso del sistema de roles. Por otra parte, es que el hecho de que no se explicite y que no se piense en cómo se reparten los papeles dentro de los núcleos de convivencia ya es de por sí un elemento de alerta. Debería hacernos pensar en si no estaremos volviendo a repetir lo que pasó con el sufragio: se hablaba de derecho al sufragio universal cuando las mujeres no tenían derecho al voto. Esto es igual, construimos la democracia desde lo público, desde la representación pero sin pensar en cómo estamos en las células base, en las familias. Hay un sustrato que forma parte del lado oculto del iceberg de la sociedad que de alguna manera se tiene que estar resolviendo, y ahí entran las familias diversas, porque de lo único que nos ocupamos es de la representación y de la acción politizada.

La propuesta que centra su libro y que en España ha llegado de la sociedad civil al Parlamento son los permisos parentales por nacimiento o adopción. ¿Por qué esta propuesta concretamente? ¿cuál es su potencial, su papel en esa democratización de la familia de la que habla?

El interés que tienen los permisos por nacimiento es que es una pequeña pieza de políticas públicas que tiene la capacidad primero, de incidir en el cambio de comportamientos desde la cotidianidad. Se trata de un cambio masculino fundamentalmente, porque en el tema de repartos de tareas y usos del tiempo tenemos que provocar muchos cambios pero hay uno fundamental, el del comportamiento masculino. Es decir, que ellos desaprendan su sistema de cómo se construye la paternidad patriarcal y asuman la responsabilidad de los cuidados como algo a compartir en la vida cotidiana. Partiendo de comportamientos individuales se construye otro mensaje y otro sistema de representación política y pública.

La suma de comportamientos individuales genera un efecto multiplicador a nivel social, con el tiempo, que permite avanzar hacia otro imaginario de sociedad. Otro modelo en el que hay un reparto equilibrado de cuidados y éstos no son algo colateral que ocurre además de todo lo que ocurre en la vida. La importancia del sistema de permisos por nacimiento es que influye en lo individual y en lo colectivo. Tiene una potencialidad transformadora que va de lo cotidiano a lo simbólico y a lo estructural porque incide en la división sexual del trabajo. Es una reforma que está muy estudiada y que es viable respecto a cómo se puede hacer y a su impacto económico. Obviamente no es lo único, para reforzar su efecto necesita otras reformas a corto plazo para llegar a un cambio a medio y largo plazo.

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‘Masculinidad precaria’ y conciliación de la vida familiar y laboral

Publicado el 5 junio 2017 en General, Paternidad Igualitaria |

José Andrés Fernández CornejoProfesor Titular de Economía Aplicada, Universidad Complutense de Madrid.

Lorenzo Escot MangasProfesor Titular de Economía Aplicada. Doctor en Economía (UCM)

En España, los padres trabajadores usan las medidas de conciliación de la vida laboral y familiar mucho menos que las madres trabajadoras. Por ejemplo, tomemos un indicador muy general, como es el trabajo a tiempo parcial. En España, trabajar a tiempo parcial se asocia en gran medida con la precariedad laboral y, en determinadas franjas de edad, con el intento de conciliar la vida laboral y familiar. Según la Encuesta de Población Activa, el porcentaje de hombres (ocupados entre 30-44 años) que trabajaban a tiempo parcial en el primer trimestre de 2017 era del 6,9%, mientras que el porcentaje de mujeres que hacían lo mismo era del 31,5%.

El escaso uso de las medidas de conciliación por parte de los padres trabajadores queda más específicamente ilustrado en el siguiente gráfico, obtenido a partir de una encuestaque realizamos en 2016 entre 1.785 parejas con hijos pequeños de la Comunidad de Madrid. Por ejemplo, un 37,8% de las madres de nuestra encuesta solicitaron una reducción de jornada o trabajar a tiempo parcial al reincorporarse a sus trabajos, mientras que tan solo un 4,4% de los padres hicieron eso mismo.

  • Fuente: ENCUESTA SOBRE LA CONCILIACIÓN DE LA VIDA FAMILIAR Y LABORAL ENTRE LAS PAREJAS CON HIJOS DE LA COMUNIDAD DE MADRID. 2016.
    Los padres (varones) concilian muy poco y, sin embargo, sería muy beneficioso que lo hicieran en mayor medida, al menos por tres razones: porque para que las madres trabajadoras desarrollen plenamente sus carreras profesionales es necesario que sus parejas masculinas se impliquen plenamente en las tareas del hogar y en el cuidado de los hijos (usando más las medidas de conciliación); porque para un adecuado desarrollo emocional y cognitivo de los niños es bueno que sus progenitores estén con ellos; y porque es bueno para los propios hombres (como veremos a continuación).

    Además, parece que la mayoría de padres (varones) quieren realmente utilizar las medidas de conciliación más de lo que lo hacen. Las normas sociales y las actitudes referentes a la paternidad están cambiando. Hoy día, ser un buen padre no solo se identifica con la necesidad de ser un proveedor financiero del hogar (y una figura disciplinaria, etc.), sino también con la necesidad de ser un padre plenamente implicado, desde el principio, en el cuidado y el desarrollo cognitivo y afectivo de sus hijos/as (véase por ejemplo el estudio de los superdads llevado a cabo por Gayle Kaufman)

    Entonces, ¿por qué hay muchos padres que no utilizan las medidas de conciliación (existentes en sus empresas) cuando en realidad parece que querrían usarlas? Intentemos hacer un poco de explicación teórica. Una posible hipótesis es la que se basa en el efecto conjunto de dos factores: la figura o norma del “trabajador ideal” y la teoría de la “masculinidad precaria”.

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