Gizonduz

Logotipo institucional euskadi.net
Menú de Navegación

Testosterona cómplice

Publicado el 27 Diciembre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Dos hechos terribles pero trágicamente habituales han saltado a los diarios en los últimos días. Un conocido periodista catalán –Alfons Quintà— asesinó a una doctora en Medicina en Barcelona y escribió en una carta de despedida antes de suicidarse, que ella, que era su pareja, quería dejar de serlo. Pocos días después, una diputada del Parlamento andaluz, portavoz de su grupo político, es abordada en una reunión institucional en la Cámara de Comercio de Sevilla y, en presencia del presidente de la Cámara y de otros empresarios, un consejero de la Cámara – Manuel Muñoz Medina— se abalanza sobre Teresa Rodríguez y entre risas le tapa la boca y la besa. Estaban con unas copas de más, dan como disculpa lo que debiera ser un agravante.

¿Qué tienen que ver una y otra agresión? Pues tienen mucho que ver porque forman parte del hilo conductor que hace posible que las mujeres acaben muertas en manos de los hombres que dicen amarlas, que dicen desearlas. Porque estos hombres que acosan quiebran la voluntad de las mujeres; y en algunos casos, la vida. A Quintá ya no le quedaba más que impotencia e ira que volvió, tras matar a Victoria Bertrán, contra su propia vida. No siempre ocurre así.

El empresario sevillano actuó frente a los palmeros que reían sus gracias, sus atrevimientos, todos ellos miembros de la Cámara de Comercio, tan divertidos.

Es la misma  lógica de aquellos jóvenes que en las fiestas de Pamplona hace unos meses violaron a una joven entre todos y compartieron su hazaña en las redes para darse postín. Un postín que los ha llevado a los tribunales como delincuentes de la peor calaña.

Tras la muerte de Victoria Bertrán,  numerosos periodistas varones y algunos medios en los que trabajó  el asesino, Alfons Quintà, que fuera director de TV3, han escrito de él que fue un abusador, un misógeno, un acosador, un maltratador. Hubo quien citó que la madre  de Victoria hace ya varios lustros se acercó al escritor Quim Monzò y le dijo que temía por su hija.  Nadie hizo nada. Silencio cómplice, risas complacientes con el jefe. Machismo en vena. Copitas de más. Testosterona cómplice en las redacciones donde tantos periodistas siguen encontrando gracioso el abuso de poder contra las mujeres.

Quintà continuó al frente de equipos, ejerciendo su poder y su maltrato, abusando ante la complicidad de todos. ¿A cuantas mujeres acosó? A cuantas, solas o ante otros, ridiculizó, humilló, a cuantas acorraló o agredió desde el poder de jefe omnímodo, del silencio de los otros, de tu palabra contra la mía? A otras asedió, a Victoria además, la mató.

Leer completa

Leer más

Masculinidades tóxicas

Publicado el 21 Diciembre 2016 en General, Violencia machista |

Octavio Salazar Profesor Titular de Derecho Constitucional, Universidad de Córdoba

Leo sobrecogido el relato de cómo Antonio Peñalver, el subcampeón olímpico de Barcelona 92, sufrió abusos sexuales a mano de su entrenador Miguel Ángel Millán y pienso en cuántos enormes armarios quedan todavía por abrir en nuestras sociedades neomachistas. Las palabras de Peñalver, que se suman a las que poco a poco van dejando al descubierto el dolor de tantos que un día se sintieron “puñeteros héroes” gracias a un guía todopoderoso al que con frecuencia se encontraban encima al despertarse, nos desvelan uno de los muchos rincones oscuros del patriarcado. El que tiene que ver con el abuso del poder y el dominio erotizado, el que se usa y del que se abusa sobre los y las más débiles, el que alimenta monstruos y genera víctimas de por vida.

La masculinidad hegemónica, construida históricamente sobre el íntimo vínculo poder-violencia y que se ha traducido siempre en relaciones jerárquicas entre el que está en el púlpito y aquéllos y aquéllas que están a sus pies, no sólo ha convertido a las mujeres en las principales sufridoras de los excesos del macho sino que también ha herido de muerte a los hombres disidentes y a aquéllos que se han encontrado en una posición subordinada. Para mantener el estatus de dominio, el jerarca ha tenido que usar siempre sus poderes de seducción, tan ligados al poder que ha ejercido, y en última instancia la violencia, en cualquiera de sus formas: física, psicológica, emocional, sexual o puramente simbólica. Este brutal ejercicio del poderío masculino no solo se ha proyectado, insisto, con respecto a las mujeres consideradas por naturaleza desiguales y entregadas siempre a las necesidades del varón, sino también en aquellos círculos de hombres en los que se han generado vínculos de una cierta intimidad y que habitualmente han carecido de transparencia. Ahí está la vergonzante historia de la pederastia en la Iglesia Católica para demostrarlo: la más demoledora expresión de eso que el teólogo Juan José Tamayo ha denominado “masculinidades sagradas”

Durante siglos, en seminarios, colegios, parroquias y noviciados, los hombres sagrados -obispos, diáconos, sacerdotes- han actuado como dioses, capaces por tanto de someter y denigrar, de exigir y de abusar, de dictar la ley y de callar ante el pecado propio. El poder sobre las almas acaba siendo poder sobre los cuerpos y todo ello en un contexto de moral represiva con la libertad sexual, con la expresión de las emociones y con la diversidad de género. Los mismos hombres enjaulados que interpretan las escrituras y lanzan proclamaciones dogmáticas acaban convertidos en monstruos que rezan por las mañanas en público y usan el látigo de sus placeres ocultos por las noches. Todo ello, además, con el silencio cómplice de todos los que sabiendo han callado.

Esa concepción de la virilidad, que con frecuencia se acompaña de homofobia interiorizada y de una brutal represión de la propia identidad, se nutre y se multiplica en espacios de homosocialidad en los que existe una fuerte estructura jerárquica, ya sea explícita o implícita, y en los que se reafirma hasta la exasperación que ser hombre implica sobre todo no ser mujer. No cabe duda de que tradicionalmente el deporte ha sido uno de esos ámbitos en los que la virilidad dominante era la que marcaba las reglas e imponía fronteras en los espacios. Unos espacios en los que individuos singularmente vulnerables -menores de edad en general, chicos con problemas de identidad o con dificultades socioeconómicas en particular- son las principales víctimas de un sistema en el que es muy fácil sublimar lo que en un momento determinado puede dar sentido la vida. En el caso de Antonio Peñalver, y de otros muchos que en estos días se atreven a dar la cara, es evidente: “en esos momentos mi vida y mi religión era el atletismo”. Una religión en la que existía un sumo sacerdote que se creía dios, en las pistas y fuera de ellas, y una vida en la que el aprendiz de todo que entonces era Antonio se sentía dependiente del que consideraba “un puñetero Dios”.

Leer completa

Leer más

“Machomáticas”

Publicado el 2 Noviembre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Miguel Lorente Acosta blog Autopsia. 29 octubre 2016

Sin duda se trata de un gran descubrimiento, algo así como la Piedra Rosetta del machismo, las claves que permiten descifrar parte de su lenguaje. Hablamos de las “Machomáticas”, el conjunto de reglas y procedimientos que utiliza el machismo para alcanzar los números exactos y las conclusiones necesarias para que todo encaje en su universo XY, desde el que poder hacer pasar una realidad por otra con la fuerza de su palabra.

El tema viene de lejos. ¿Recuerdan aquello de “…y el verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros?, pues algunos lo han seguido al pie de la letra, y desde su deidad han elaborado un sistema propio de cálculo con el que concretar lo abstracto de sus ideas en números enteros y decimales con los que cuadrar las cuentas. Y claro, como las palabras tienen sinónimos, estos hombres tan divinos, en su omnipotencia y omnipresencia, no se han cortado un pelo para dar también “sinónimos” a los números en ese lenguaje “machomático”.

Podría parecer algo imposible, pero no lo es. Hay que recordar que el poder del machismo se concentra en dos grandes elementos; por una parte, en la capacidad de condicionar la realidad para que las cosas sean como tienen que ser según el orden, las ideas y valores que ellos han decidido que deben actuar como referencia. Y por otra, en la capacidad de dar significado a la realidad, especialmente cuando se aparta de su modelo, que es cuando podría ser cuestionada. Por ejemplo, cuando un hombre agrede a otro hombre es una agresión, pero cuando un hombre agrede a la mujer con la que mantiene una relación es un asunto privado y algo normal, a no ser que el resultado sea especialmente grave. Y cuando se produce ese resultado y las consecuencias traspasan el umbral de la normalidad, pues recurren a otro significado, y si el hombres es un anciano dicen que se le fue la cabeza, si es un joven fue por celos, y si se trata de un hombre adulto comentan que fue por el alcohol consumido. De ese modo la violencia de género no existe, y cuando se comprueba que sí existe y que está presente como parte de las relaciones, se dice que no es así, que es producto de determinadas circunstancias que afectan a algunos hombres o, incluso, de la provocación de la mujer, del famoso “algo habrá hecho”.

Y ese significado está construido sobre el valor de la palabra de los hombres, de esa capacidad de crear realidades sólo con pronunciarlas o de borrarlas al silenciarlas. La palabra de los hombres se convierte así en el instrumento más poderoso del machismo, y por ello la idea de “palabra de hombre” o de un “hombre de palabra” se presenta como referencia del valor de una cultura patriarcal asentada en esa combinación “hombre-palabra” hecha voz. Y para darle un reconocimiento añadido, la propia cultura no sólo le quita ese significado a la palabra de las mujeres, sino que es presentada como lo contrario, como algo falso, pasajero e interesado, cuando no directamente dirigida contra ellos, como recogen algunas expresiones que tanto me repetían los maltratadores cuando actuaba como médico forense: “sí, yo le he pegado… pero es que mi mujer se empeña en llevarme la contraria”.

Todo forma parte de las combinaciones y significados que han instaurado como claves para que la realidad tenga sentido y sea armónica con su concepción de modelo de sociedad. Por ello utiliza la fuerza y su influencia a través de la capacidad de darle significado para presentarse como merecedores de su superioridad al hacer creer que “tener razón” es ser inteligente. Y para conseguirlo imponen su razonamiento a través de la violencia (explícita o como amenaza), y concluyen que son muy inteligentes al ver que todo el mundo asiente ante sus posiciones. Por eso luego se producen tantas sorpresas cuando algunos destapan el “tarro de las esencias” y no sale nada.

Pero esa construcción, como tantas otras, es falaz. Ya lo expresó Don Miguel de Unamuno con aquello del “vencer y el convencer”; el machismo podrá vencer con la violencia e influir con su poder, pero no convencer con la razón que no tiene.

Y en su desesperación han llegado a los números y a las “machomáticas” para intentar callar las palabras que los cuestionan, de ahí que hayan inventado un lenguaje particular a base de cifras para que luego las letras les sigan dando la razón. Es una lengua muerta que ni siquiera ellos entienden, pero la presentan como una divinidad, como algo en lo que necesitan creer para darle sentido y trascendencia a unas vidas construidas sobre la mentira del machismo.

Y al margen de sus cálculos y de sus cuentas, como decía antes, han cambiado la literatura por la aritmética para darle sinónimos a los números y, de ese modo, convertir esas cuentas en cuentos. Así, por ejemplo, para el 0’014% de las denuncias falsas utiliza el sinónimo del 80%, y cuando hablan de que este tipo de denuncias representan el 80% en verdad no están mintiendo, sólo que aplican un sinónimo. Otro ejemplo, al hablar de hombres asesinados por sus parejas dicen que cada uno de estos últimos años han matado a 30, cuando los datos del CGPJ hablan de cifras entre 4 y 8, pero no debemos entender sus palabras como una falacia, tan sólo que han aplicado otro sinónimo numérico dentro de su lenguaje “machomático”. Es algo similar a cuando hablan de que se producen más de 8000 suicidios de hombres por “divorcios abusivos”, a pesar de que el número total de suicidios masculinos está alrededor de 3500; no piensen que es un intento de manipular, nada de eso, es otro sinónimo dentro de su literatura aritmética que convierte las cuentas en cuentos.

Leer completa 

Leer más

Pilar del Río “Los hombres deben romper las reglas que les hacen esclavos pese a creerse que son libres”

Publicado el 24 Octubre 2016 en General, Violencia machista |

Olivia Carballar La marea.com

“Voy a proponer algo que quizá pueda parecer un poquito raro y que es sencillamente lo siguiente: que en toda España, por no decir en toda la Península Ibérica, en toda Europa o en todo el mundo, se organicen manifestaciones de hombres, sólo de hombres. Las mujeres se quedarán en las calles, en las aceras, aplaudiendo el paso de los hombres. Manifestaciones de hombres, sólo de hombres, protestando contra esa infamia que es el maltrato a la mujer”. Era 2005. Zapatero aún tenía el pelo negro. Chaves era presidente de la Junta de Andalucía y hacía apenas dos años que se habían comenzado a publicar estadísticas oficiales de los asesinatos machistas. Las palabras de José Saramago en un acto en Granada ante los dos dirigentes políticos fueron recibidas con aplausos. “Ojalá, ojalá”, concluyó el Premio Nobel de Literatura.

Un año más tarde, el 21 de octubre de 2006, un grupo de hombres de Sevilla, unidos en el Foro de hombres por la igualdad, convocó lo que parecía una utopía y, desde entonces, las manifestaciones que propuso Saramago se han ido sucediendo hasta este mismo 21 de octubre. Este año, el colectivo entrega su Reconocimiento Hombre por la Igualdad al escritor portugués. La Marea conversa con la presidenta de la Fundación Saramago, Pilar del Río, momentos antes de la recogida del premio y de la manifestación en Sevilla.

¿Por qué los hombres matan a las mujeres?

Matan, y antes maltratan, por mala educación, porque se creen hegemónicos, porque no entienden lo que es respeto ni humanidad. Porque son víctimas de una educación patriarcal, machistas y delincuentes y no lo saben. Ellos deben romper las reglas que les hacen esclavos pese a creerse que son libres. Tienen que comenzar a andar.

¿Por qué siguen sucediendo casos como el de Olivares, en el que una mujer con denuncia ha sido asesinada?

Porque la sociedad todavía no es consciente de la aberración que es la desigualdad. Por eso hay impunidad. ¿Nadie ve nada? ¿Hubo barreras entre la mujer-víctima y la pareja-agresora? Creo que no. Todos tenemos que reflexionar.

Los colectivos que trabajan en violencia de género denuncian que muchos errores se cometen por la nula formación de jueces y policías. ¿Pero están formados los profesores y profesoras que educan en los colegios? ¿Cómo se combate la desigualdad en una familia cuyo padre -y puede que incluso la madre- sea machista?

Están formados para seguir reproduciendo la educación patriarcal y machista. Siglos y siglos de historia, de humillación, de considerar inferiores a las mujeres, indignas, culturas religiosas afectas con las mujeres -qué manía tienen todas con taparnos y hacernos “puras”- es difícil de combatir. Pero ya es hora, así que a la calle. Hay que ocupar espacios cueste lo que cueste.

¿Por qué no se termina de entender que un crimen machista es un crimen machista y no un suceso más? El Ayuntamiento de Frigiliana llegó a homenajear a la vez a la víctima y al asesino. Y el de Olivares calificó a la mujer de “heroína que sufre en silencio”.

Una de las cosas más preocupantes que han pasado en España en los últimos tiempos es que retiraran Educación para la Ciudadanía. Sin personas con conciencia de serlo, es decir, seres humanos libres para intervenir y tomar decisiones, difícilmente dejará de ser una anécdota un crimen machista. Hace falta pensar para situarse en la apabullante dimensión de la realidad. Los crímenes son los dolorosos síntomas de la insoportable enfermedad que padecemos.

¿Por qué no se hace de una vez por todas un pacto de Estado contra la violencia machista?

Porque tendríamos que ser conscientes de la la gravedad del problema y eso el poder no lo permite. Miremos el poder: es masculino. Desde la iglesia, o las iglesias, a la banda, multinacionales y gobiernos. Busquemos las fotos. Las religiones ayudan al poder y conforman la sociedad. Y nos dicen que hay que resignarse: “Es la cruz que Dios te ha dado, hija, llévala con dignidad”…

¿Por qué es posible en pleno siglo XXI que Donald Trump sea candidato a presidir EEUU?

Es posible, es patético. Y no es el único, miremos otros países, Putin, los gemelos [en Polonia], Berlusconi… La política no es lo que pensamos.

Usted considera que no se puede ser no feminista. ¿Por qué el término feminismo sigue tan denostado?

Porque los tipos del poder explican el feminismo como les interesa. O tal vez están tan enfermos que ya no entienden los conceptos de respeto e igualdad. Hacen caricaturas sin darse cuanta de que quien pare caricaturas es porque es una caricatura en sí mismo, una caricatura sin belleza e inteligencia.

leer completa

Leer más

ENTRE TODOS LAS MATAMOS

Publicado el 15 Octubre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

José Ángel Lozoya Gómez .Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad.Sevilla, septiembre de 2016

A veces sospecho que me estoy quedando sin argumentos. Que estoy dejando de creer en las promesas y hasta en las palabras. Que la posibilidad de que dejen de matar a mujeres hombres que un día dijeron amarlas es una quimera.

No soy de natural conformista y nunca he sido de esos fatalistas que aseguran que no hay nada nuevo bajo el sol, que siempre ha habido ricos y pobres y que siempre los habrá, del mismo modo que guerras o racismo. No hace tantos años llegué incluso a creer que al menos en nuestro país la igualdad entre los sexos se atisbaba en el horizonte y que el machismo se encontraba en franca retirada.

La igualdad era el discurso social hegemónico, las leyes que la promovían se aprobaban por unanimidad, las mujeres destacaban en lo académico y se incorporaban al mercado de trabajo garantizando sus ansias de autonomía. Los hombres aceptaban estos cambios con naturalidad y era más fácil observar sus resistencias en su falta de iniciativa, en el modo en que las dejaban hacer en público o en cómo se escaqueaban en lo doméstico, que en su defensa de los discursos conservadores. Tal era el optimismo que interpretábamos el incremento de las denuncias por violencia de género como el resultado del aumento de la sensibilidad ante un fenómeno en retroceso que llevaba a las víctimas a denunciarlo en cuanto mostraba sus primeros síntomas. Cada año crecían los recursos para proteger a las víctimas, se empezó a formar a quienes las acompañaban en el proceso (policías, jueces) e incluso a intervenir psicopedagógicamente con algunos victimarios. Al rechazo social a los ejecutores de maltrato se unía una protección efectiva de las víctimas que buscaba ayudarlas a cortar con los lazos de dependencia económica y emocional que las hacían volver con los agresores, y la presencia creciente de hombres en las manifestaciones cuestionaba el silencio cómplice en el que se apoyaban los agresores para justificar culturalmente su comportamiento con las mujeres. Las críticas contra la Ley de violencia de género hablaban de sus insuficiencias, de que al limitar su aplicación a la violencia en las parejas heterosexuales parecía cuestionar el carácter de género del resto de las violencias machistas contra las mujeres (el acoso sexual, la violación, el asesinato…), de no hablar de las violencias que sufren los colectivos LGTB.

Hablo de una época en la que predominó la idea de que bastaba con que la acción política denunciara los privilegios masculinos, al tiempo que empoderaba a las mujeres, para que la sororidad entre estas y el aislamiento de los hombres más refractarios nos fuera llevando a un contrato social más igualitario. Una época en que la unanimidad lograda en torno a la Ley contra la violencia de género creó la sensación de que la lucha por la igualdad y contra las violencias machista había dejado de tener color político y nos hizo confundir la crisis de legitimidad del machismo con el principio del fin de su derrota, subestimando su capacidad de adaptación.

Hubo voces, apenas escuchadas, que sin cuestionar que lo prioritario era acabar con las desigualdades que sufren las mujeres, alertaban de lo injusto y peligroso que era olvidar a los hombres, de lo importante que era apoyarlos en el cambio que se les exigía para transformar su desconfianza en conciencia de los beneficios universales de la igualdad. Se ignoró el temor, no siempre consciente, de muchos hombres que creen que lo que busca el feminismo es invertir las relaciones de poder entre los sexos, y fue un error creer que se puede posponer indefinidamente el abordaje de la violencia de género que sufren los niños en su proceso de socialización para que sean homófobos, repriman sus emociones, se expongan a riesgos innecesarios, usen la violencia en la resolución de los conflictos… No se vio que al incorporar los problemas de los hombres a las políticas de igualdad no se pretende igualar sus problemas a los de las mujeres, ni supone un reparto de los recursos, sino que busca que vean que se cuenta con ellos en el diseño del futuro en igualdad que propone el feminismo. Que lo que se precisa es combatir las resistencias de los hombres, animándoles a que abandonen sus privilegios, a que dejen de soportar el precio que pagan por los mismos y a que vean la necesidad de deconstruir las masculinidades. Después, la Crisis acabó con muchos espejismos; primero fue la supresión del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha y la del Ministerio de Igualdad, a las que siguieron los recortes del Gobierno del PP que dieron paso a un discurso neo- y postmachista que, haciendo bandera de la igualdad efectiva frente a las medidas de discriminación positiva, logró ponernos a la defensiva.

Faltan recursos para apoyar a unas víctimas sobre las que se ha extendido la sospecha de las denuncias falsas, pese a que la mitad de las que resultan asesinadas lo son pese a haber denunciado su situación, sin que nadie, ni jueces ni delegaciones de gobierno, asuman ninguna responsabilidad por dejarlas desprotegidas. Se trata de un retroceso de consecuencias incalculables.

Hartas ya de estar hartas, las feministas convocaron el 7N de 2015 a cientos de miles de personas que recorrieron las calles de Madrid para exigir una lucha sin cuartel contra las violencias machistas. El 21 de octubre de 2006 celebramos en Sevilla la primera manifestación de hombres contra la violencia machista para acabar con el silencio cómplice de la mayoría, y en el tiempo transcurrido se ha avanzado mucho en este terreno, pero el número de las asesinadas no desciende y la experiencia de los países más igualitarios nos demuestra que no va a descender si no logramos una implicación más activa y consciente de los hombres.

Por eso, el próximo 21 de octubre, diez años después de aquella primera manifestación, hemos vuelto a convocar en Sevilla a hombres de todo el Estado para demostrar que, a pesar de todo, somos muchos los que vemos que el machismo es violencia. Aspiramos a ser muchos, pero nuestro éxito será lograr que quienes no acudan se sientan con la necesidad de justificar su ausencia.

 

Leer más

Guía básica para dejar de ser machista

Publicado el 13 Octubre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

El pais.Raul Limon.12 octubre.

Poco se ha avanzado desde que, hace algo más de 10 años, el premio Nobel José Saramago lanzara un desafío contra la violencia machista: que los hombres convocaran una manifestación contra esta lacra que cuesta la vida a más de medio centenar de mujeres cada año solo en España. Un grupo andaluz aceptó el reto y creó un foro masculino por la igualdad que, una década después de la primera movilización, ha convocado otra para el próximo 21 de octubre a las siete de la tarde en la Puerta de Jerez de Sevilla. La primera pretendía romper el silencio. Ahora el objetivo es involucrarlos definitivamente en la consecución de una sociedad igualitaria. Esta es una guía básica de la plataforma para ser un hombre.

Reconoce la existencia de privilegios. Como en toda patología, y el machismo es una social, el primer paso es admitir la existencia de la enfermedad. José Ángel Lozoya, educador sexual y monitor de los primeros talleres institucionales para hombres, que organizó el Ayuntamiento de Jerez, explica que los privilegios masculinos existen en todos los ámbitos (familiar, sexual, laboral y en cualquier organización) y que estos, más evidentes para quien los sufre, ocultan un nivel de violencia. “Hay muchos hombres que se sienten ajenos a este problema”, advierte el presidente de la fundación Iniciativa Social, Hilario Sáez, que forma parte del foro.

Sé consecuente y actúa. No basta con ser consciente de la existencia de la desigualdad. Es necesario “reparar” la situación, “transformar la reflexión en acción”, destaca Lozoya, quien aboga por eliminar esos privilegios en los ámbitos donde reconozcamos su existencia. “No te pongas las pilas, ponte el delantal”, reclama el educador.

No consientas. De poco sirve el esfuerzo individual si no se traslada al entorno. No se trata solo de denunciar casos evidentes de violencia, sino también de recriminar actitudes machistas, desde comportamientos habituales hasta chistes o conversaciones. “¿Quién no ha escuchado a amigos y conocidos bromear con las declaraciones de Trump [el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos]?”, se lamenta Lozoya.

No busques excusas. La primera reacción de quien se beneficia de un privilegio es justificarlo. El foro lo traslada a modo de ejemplo al ámbito más doméstico y detalla cómo muchos hombres excusan su falta de colaboración en el hogar en que no les han enseñado

Cariño y ternura. Son las características del mundo que reclama Benito Zambrano, el cineasta andaluz que participa en el foro. “Los hombres hemos pisoteado el corazón que ponen las mujeres”, resume.

Ventajas

El reto es convencer a los hombres de que la supresión de sus privilegios solo conlleva ventajas. El profesor de Derecho Constitucional Octavio Salazar las resume: “Una sociedad igualitaria es más justa, más pacífica y aporta mayor bienestar”. “Beneficia en todo”, añade Lozoya, quien concreta algunos aspectos más tangibles, que van desde la prostitución hasta la sexualidad.

 

Leer completa.

Leer más