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Solo el 0,4% de las denuncias por violencia machista son falsas

Publicado el 7 Julio 2017 en General, Violencia machista |

JORGE G. GARCÍA. el pais

Un informe del Poder Judicial detalla que cuatro de cada cinco mujeres asesinadas no había denunciado previamente.

Un informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) determina que solo el 0,4% de las denuncias por violencia machista son falsas. Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio, asegura que estas cifras evidencian “la inconsistencia de la alegación de que las mujeres denuncian en falsas

Las denuncias por malos tratos se han convertido en uno de los caballos de batalla de algunas asociaciones que afirman que las mujeres lo hacen solo para beneficiarse en los procesos judiciales. Según sus argumentos, la ley contra la violencia de género, aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, está pensada para incriminar a los hombres.

En una guía del CGPJ de 2013, el organismo precisaba que los agresores aludían a las denuncias falsas como una estrategia procesal con demasiada frecuencia. “Estas afirmaciones carecen del mínimo fundamento”, argumenta el Poder Judicial en el informe.

De las 500 sentencias estudiadas por el Consejo entre 2012 y 2014, solo en dos de ellas se abrió un proceso de falso testimonio contra dos mujeres que dijeron que no habían sido maltratadas; aunque en uno de los casos los agentes habían presenciado las agresiones. “La mujer supuestamente mintió para proteger al agresor”, ha explicado Carmona, quien ha destacado que con estos datos se puede “desterrar el mito de las denuncias falsas”.

Varios expertos han pedido una reforma legal aplicar la libertad vigilada a los agresores desde el momento en que una mujer denuncia malos tratos. Es el momento de mayor riesgo debido a que es cuando pueden tomar las mayores represalias. La ley prevé que se pueda adoptar cuando hay una condena, pero no con anterioridad.

Sensibilizar a la sociedad

Tal y como expone el Observatorio, cuatro de cada cinco mujeres asesinadas por violencia machista no habían denunciado previamente. Según este organismo, estos datos evidencian la necesidad de “continuar sensibilizando a la sociedad de que se trata de un asunto público y no de algo meramente privado”.

Este dato aportado por el CGPJ contrasta con el último que publicó la semana pasada. Según su informe anual de 2015, las denuncias por malos tratos con respecto a 2014 habían repuntado levemente, un 1,9% hasta situarse en un total de 129.123; es decir, 347 al día.

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¿Por qué yihadismo sí y machismo no?. POR UN “PACTO DE ESTADO CONTRA EL MACHISMO”

Publicado el 5 Junio 2017 en General, Iniciativas institucionales, Violencia machista |

Miguel Lorente en Tribuna Femisnta

 

La respuesta contra cada uno de los atentados del terrorismo yihadista es inmediata y contundente, no sólo contra el grupo, célula o persona que lo haya llevado a cabo, lo es contra todo lo que representa y frente a todos los que de una forma u otra amparan y justifican ese tipo de actos criminales.

Nadie interpreta que los autores sean hombres con problemas con el alcohol o las drogas, ni dicen que tengan un trastorno mental o enfermedad psíquica que anule o condicione su conducta. En ninguna ocasión se ha comentado que las organizaciones que trabajan para acabar con la instrumentalización de las ideas y las creencias que justifican los ataques o que ayudan a las víctimas, en realidad buscan beneficiarse económicamente con sus actividades y vivir de las subvenciones, ni menos aún dicen que estas personas en realidad lo que pretenden es atacar el orden existente y las referencias dadas para convivir en sociedad. Por eso tampoco se les ocurre plantear que cuando se toman medidas para abordar el problema del terrorismo yihadista o se llega a un pacto de Estado contra él, en realidad se trata de una discriminación frente a otras víctimas, otras violencias y otras formas de terrorismo.

Y si surgiera una voz con alguno de los argumentos anteriores, se encontraría de manera inmediata con una respuesta contundente criticándola y, posiblemente, con una serie de medidas policiales y judiciales para aclarar si forma parte de una acción de “apología del terrorismo”.

Todo el mundo entiende que cada uno de los atentados yihadistas es consecuencia del yihadismo que los envuelve a todos, pues es este el que permite que se inicie el proceso por el que cada autor planifica y lleva a cabo los ataques.

Con la violencia machista ocurre justo lo contrario, y todo se reduce a cada uno de los machistas que comete una agresión o un asesinato, como si fueran seres de otro planeta o cultura, y, además, con frecuencia son presentados como hombres con problemas con el alcohol o las drogas, o con algún tipo de trastorno o enfermedad mental. Y las personas que trabajan para erradicar esta violencia son atacadas, las llaman “feminazis” y las presentan como interesadas sólo en obtener beneficios económicos a través de ese trabajo. La crítica culmina al presentar el compromiso por la Igualdad como una especie de “adoctrinamiento” llevado a cabo desde la “ideología de género” para terminar con el orden, la moral, la familia, las creencias y, de alguna manera, los hombres “de verdad”.

Esta diferente percepción y posicionamiento ante el terrorismo yihadista y la violencia machista, forma parte de las ideas y valores de nuestra sociedad por ser producto de la cultura patriarcal que la define y condiciona. Ni siquiera el impacto de una y otra violencia son comparables en cuanto al daño que generan, tal y como demuestran los estudios y estadísticas, pero da lo mismo, el posicionamiento frente a una y a otra es completamente distinto.

Según los datos de diferentes organismos y organizaciones internacionales, recogidos por Datagrave y ESRI, el terrorismo yihadista llevó a cabo en 2016 un total de 1441 atentados por todo el planeta, ocasionando 14.356 víctimas. En 2015 cometió unos 16.000 atentados y el número de víctimas ascendió hasta 38.000, aproximadamente. Sin duda un grave problema que varía en su resultado en relación con las circunstancias geo-políticas de diferentes regiones, a pesar de lo cual está siendo combatido con cierta eficacia.

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Micromachismos, 25 años después . Algunas reflexiones

Publicado el 23 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Luis Bonino, abril de 2017

Fue a principios de los 90 cuando comencé a elaborar la temática de los micromachismos

Y lo hice residiendo en un país europeo, España, a partir de una réflex ión personal y una experiencia adquirida en mi trabajo con mujeres y hombres .

Mi ámbito particular de inserción profesional la asis tencia al malestar psicológico y el estudio de la s problemáticas de las subjetividades, me permitió tener un lugar privilegiado para observar y visibilizar los mM y tratar de entender sus efectos dañinos sobre algunas mujeres. Las que convivían con hombres y sentían que lejos de sufrir ningún tipo de violencia compartían sus vidas con “buenos compañeros”, relataban una y otra vez situaciones cotidianas que les resultaban dolorosas, confusas, por no poder detectar quién era el responsable e inclusive sintiéndose culpables de los malestares y reacciones que les generaban. No entendían porqué no se sentían dueñas de sus propias vidas. De ahí que comencé a centrar mi atención en aquellos hombres que no se consideraban machistas ni eran considerados así por sus entornos cercanos, por estar muy lejos de agredir física o verbalmente a las mujeres, o por haber asumido algunos cambios de roles, o por solidarizarse hasta públicamente con sus reivindicaciones. Según ellos los machistas y los violentos con las mujeres eran “esos otros” que se aferraban a la masculinidad hegemónica , con el abuso de poder, la discriminación, la impunidad posesiva que conlleva. “Esos otros ” de los que no cabe duda que anulan el desarrollo de la vida de las mujeres como personas con identidad propia, ciudadanas de primera, con deseos y necesidades propias y derecho a satisfacerlas.

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Verdaderos padres

Publicado el 16 Febrero 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Rosa Montero El Pais. 12 febrero 2017

Sólo un permiso exactamente igual para hombres y mujeres en el momento de tener hijos nos haría más libres, más completos y más felices.

A veces como hoy siento un cansancio infinito cuando me pongo a pensar en el tema del sexismo. Llevo toda la vida teniendo que pelearme contra los estereotipos de género, los del entorno y los que yo misma arrastro, puesto que todos hemos sido educados en el machismo. Me recuerdo con 19 años buscando trabajo como periodista al final del franquismo y recibiendo la desfachatada respuesta de que no contrataban mujeres (por entonces hacer eso no era ilegal). Hasta mayo de 1970, la mujer casada en España no podía abrir una cuenta en un banco, comprarse un coche, sacarse el pasaporte o empezar a trabajar sin el permiso del marido, que además podía cobrar el salario de su esposa. Esta legislación brutal nos educó a muchas españolas en el aborrecimiento del matrimonio.

La situación ha mejorado mucho, desde luego. A veces, durante la batalla de todos estos años, he sentido momentos de exaltación: dos o tres generaciones de hombres y mujeres estábamos acabando con una discriminación de milenios. Hay razones para sentirse satisfechos. Pero también hay miles de datos para horrorizarse: el maltrato, la tortura, el asesinato constante de las mujeres en el mundo por razones supuestamente religiosas o políticas, pero en el fondo por puro y aberrante machismo. Y la absoluta falta de atención que las instituciones democráticas le prestan a esta constante carnicería. Todavía estoy esperando que la comunidad internacional decrete algún embargo económico (como se hizo, por ejemplo, contra el apartheid de Sudáfrica) para luchar contra la multitud de niñas mutiladas genitalmente, de mujeres esclavizadas por el integrismo islámico, de jóvenes asesinadas por supuestos delitos de honor.

Pero es que además las cosas parecen ir a peor. En menos de una semana he podido ver en la prensa noticias tan reveladoras como la de Trump, apresurándose a firmar en sus primerísimos días de mandato un decreto contra la financiación a grupos de apoyo al aborto, o la de Rusia, que acaba de despenalizar la violencia doméstica con el fin de apoyar la autoridad paterna. Por cierto que en Rusia muere asesinada una mujer cada 40 minutos y otras 36.000 son golpeadas diariamente por sus maridos. Por no hablar de esa mujer empalada y violada en Colombia, un feminicidio más entre miles. Sí, a veces agota esta pelea desesperada por la supervivencia. A veces me siento como Sherezade, la de Las mil y una noches, que tiene que encontrar la manera de convencer día tras día al rey para que no la mate al amanecer. ¿Cómo apaciguar esa ferocidad de tantos hombres, cómo curarles de su miedo y su odio a la mujer, de su violencia?.

Pues quizá cambiando la educación y las costumbres. Y en concreto hay un cambio social que nos estamos jugando estos días y que puede suponer un verdadero avance igualitario. Hablo de los nuevos permisos de paternidad. Nos dicen que la propuesta de Ciudadanos es un avance: ocho semanas intransferibles y pagadas para hombres y mujeres, y diez semanas más de libre distribución a repartir entre ambos. Pero, como sostiene la feminista Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles para Nacimiento y Adopción (PPIINA), en realidad es una trampa. Numerosos datos internacionales demuestran que los hombres solo se toman aquellos permisos de paternidad que son intransferibles y pagados: ni siquiera funciona que les incentiven. O sea, que las mujeres seguirían asumiendo más del doble del tiempo. Sólo un permiso exactamente igual para hombres y mujeres permitiría que el empleo femenino no se resintiera por la maternidad; que las mujeres no fueran vistas (por el entorno y por ellas mismas) como las inevitables y únicas cuidadoras familiares; que los hombres aprendieran a hacerse cargo de sus hijos en soledad, cosa que contribuye a disminuir la violencia familiar, según varios estudios. Es una medida posible, está a nuestro alcance y cambiaría la realidad de forma notable. Sí, a veces te acomete un cansancio infinito. Pero también sientes esperanza, como ahora. Con un pequeño paso, hombres y mujeres podemos ser más libres, más completos y más felices. Porque el rey de Las mil y una noches que degollaba todas las madrugadas a sus amantes era un pobre enfermo desesperado y solo.

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OTRAS LETRAS.

Publicado el 30 Enero 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Puerta de atrás. Backstage. Blog de Antonio Moreno Mejías

Soy de un barrio de provincias, de un lugar donde creímos que las cosas estaban cambiando, donde nos movíamos a ritmo del garaje y donde crecimos yendo a nuestro rompeolas cotidiano. La mezcla era una constante, no había tanta segregación entre tribus urbanas como en las grandes capitales, pues moríamos con el rock and roll más clásico imitando a John Milner, a la vez que Ramones y The Clash formaban parte de nuestra banda sonora. Nunca tuve -ni tuvimos- síndrome “Quadrophenia”, entre otras cosas porque el rollo “sixtie” nos gustaba una barbaridad y porque era imposible odiar a nuestros amigos “mods”, pues consumían cosas muy divertidas. Quien ha vivido eso sabe a lo que me refiero. He seguido y respetado la trayectoria de Loquillo desde adolescente; unas cosas me han conectado más que otras. El sonido de “No Surf” me acompañaba en las noches de encarcelamiento ahora hace 20 años por insumisión y he sentido a muchos “Compañeros de Viaje” a mi lado. No soy alguien ajeno a su música, mis “Hermanos de Sangre” lo saben. Mi hija y su pareja me han regalado por reyes el concierto del pasado 24 de septiembre de 2016 en Las Ventas.

Mucha gente desconoce que la primera canción censurada de la democracia fue “Los Ojos Vendados”, denunciando la tortura, ni que “La Mala Reputación” desempolvó para muchas la canción libertaria francesa; “Piratas” y “Siempre Libre” fueron cantos a la libertad, por no hablar de la apuesta de “Mujeres en pie de Guerra” alrededor de la memoria histórica de las perdedoras, incluyendo “Antes de la lluvia”, “El año que mataron a Salvador” o “Viva Durruti”. En cada una de ellas, las letras son fundamentales para hacer llegar el mensaje. La adaptación de Johnny Cash “El hombre de Negro” así lo atestigua. En la mayoría de los casos, son frases directas, sin posibilidad de interpretación…y eso siempre me gustó. El carácter ideológico es innegable, porque el rock también es eso, mensaje.

Creo en la libertad de expresión de todas todas, sin cortapisas. Por eso, la misma libertad de expresión que permite que se siga tocando en los escenarios, después de un tiempo en la nevera, la canción “La mataré”, me asiste para expresar lo que siento cuando la vuelvo a escuchar en los conciertos. Antes que nada decir que no estoy de acuerdo en quienes minimizan el sentido de la letra de la mencionada canción. Se dice lo que se dice, no hay posibles dobles o triples interpretaciones. Cuando escucho la letra, primero siento, como dice mi amigo Hilario Sáez, vergüenza de género; después la identificación con el protagonista es imposible, solo siento violencia y agresión, porque dolor, lo que se dice dolor, se expresa más en el apoteósico final de “Cadillac Solitario”. Decir las frases que se dicen en esa canción me llega a producir tal grado de incomodidad que no me permite disfrutar del momento, pero donde ya me siento totalmente alejado es cuando se corea por todo el mundo: ¡¡la mataré!! Me es difícil soportarlo. Porque me parece grave, porque no lo puedo defender desde ninguna de las formas. Es rock, pero no es lo mismo gritar “¡Y no estás tú!” que “¡La mataré!”, lo mires por donde lo mires. Sobre todo si estás mínimamente comprometido con la igualdad entre hombres y mujeres.

Pero me pregunto porqué hay tantas personas que no les pasa lo mismo, me pregunto porqué si defiendo esta postura me convierto en un políticamente correcto que no aguanta las expresiones artísticas a contracorriente,  en un contexto donde lo “políticamente incorrecto” se está convirtiendo en un modo de introducir los valores conservadores y reaccionarios más retrógrados. Pero por encima de todas las cosas, me siento solo. Encuentro pocas complicidades masculinas, aunque sea solo para manifestar un cuestionamiento o debate sobre el asunto. Lo que recibo es que “jodo la marrana”, que me alineo con “feminazis” o que me posiciono contra la libertad de expresión. Recuerdo un concierto en Málaga donde la gente coreaba ¡La mataré! ¡La mataré!

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Matxismoak kalte larria egiten dio gizateriari

Publicado el 20 Enero 2017 en Violencia machista |

2017-01-19 / Maitena Monroy – Autodefentsa Feminista, ikastaroetako irakaslea. Berria.

saiatzen den, non feminismoa matxismoarekin; garai hauetan, non dirudien mundu guztiak aukera eta erantzukizun berberak dituela, matxismoak kalte larria egiten dio gizateriari.

Ez da gatazka bat, emakumeen aurka deklaratu gabeko gerra bat baizik, zeinak egunero milaka hildako eragiten dituen mundu osoan. Aurpegia, gorputza eta eskubideak dituzten bizitzak. Haiek gogoratzeko betebeharra daukagu, ezin ditugu ahaztu. Gogoan hartzeko beharra daukagu, baina ez emakumea, baizik eta Nagore, Marta, Maria, Olga eta beste hainbat eta hainbat, bere istorioak kontatzeko jada egongo ez direnak.

Proposamen feminista gizateria osoarentzako proposamena da; matxismoak, aldiz, gizateriari kalte larria egiten dio, eta zaurgarriago bilakatzen gaitu, insensibleago.[…]

Autodefentsa feministaren ikastaroetan, defentsa ariketa bat egiten dugu gure eskubideak urratzen diren egoera guztiei aurre egiteko. Zein iritzi izan behar dugun esaten digutenean, kasurako, edo zer jantzi behar dugun, noiz atera, etxera libre sentituz itzul gaitezkeen erabaki… Kokoteraino gaude, baina erantzuteko garaian horrek ezin gaitu eraman tresna patriarkal berberak erabiltzera. Ez dira defentsa pertsonalerako ikastaroak, ahalduntzeko ikastaroak baizik, arlo psikologikoan, nork bere gorputzerako eskubidean, mugak jartzeko gaitasunean, eskubidea izateko eskubidean. […]

Indarkeria sexualen aurka azken udatik honaino izan diren mobilizazioak ezin dira ekintza emozional sinboliko huts izan, gizartearen ordezkaritza izan behar dute, emakumeena eta gizonena, uste dugunona «ezetza ezetz dela». Gizateriari oraindik sentsibilitatea geratzen zaio.

Gure hunkidura biktimekiko betiko elkartasun bihurtu dezagun, eta erasotzaileek izan duten inpunitatearekin apur dezagun. Ez dezagun beste aldera begiratu; indarkeria gertu daukagu denok. Ez diezaiogun matxistari barre egin, ez diezaiogun bozkatu, ez dezagun pentsa gure gauza ez denik, ez dezagun pentsa bikote kontuak direnik. Delituak sekula ez dira gertaera pribatuak. Erantzuna ezin da bakartua izan, eta ezin da ekintza jakinetara mugatua egon, erasoak sekula ez direlako ez bakartuak, ezta unean unekoak izan ere.

Biktimak babestu eta isiltasuna apur dezagun, lotsa erasotzaileen bizkar jarriaz, patriarkatuaren semeak baitira, beren arauak jada ez dutela balio onartzen ez dutenak, ezetza erantzun gisa onartzen ez dutenak, emakumeekin berdintasunean bizi nahi ez dutenak.

Sanferminetako bost gazteak ez ziren bortxatzaile jaio. Inork ez zituen geratu, ordea; inork ez zion barre egiteari utzi, inork ez zizkien mugak jarri, ezerk ez zituen lotsatu. Egunetik egunera, emakumeak baino boteretsuago zirela sinesten joan ziren. […].

Indarkeria sexista ulertu ahal izateko, egunero indarrean jartzen dugun ideologia ulertu behar dugu hartu-emanetan gaudenean, maitatzen dugunean, kontsumitzen dugunean… Hedabideek, askotan, liskarrean hasi eta heriotzetan amaitzen duten gertaeren berri ematen digute, erasotzailea eta biktima parekatuz. Ez gaitzaten nahastu, ez da gatazka bat, ez da berdinen arteko borroka bat. Desberdintasuna oinarri duen testuinguru batean izandako indarkeria matxista da, eta hilketarekin amaitzen da. Eskema honako hau da: «Edo menperatzen dut edo menperatzen naute». Horixe da ordena matxistaren pentsamenduaren eskema. Ez da ekitatiboa, ezta ausazkoa ere: emakumeen aurkakoa da […].

Emakumeen aurkako indarkeria desberdintasunaren adierazpena da, eta, era berean, gizon matxistek berdintasunari dioten beldurraren adierazpena. Patriarkatua krisian dago, eta, horregatik, emakume libreek beldurra ematen diete .

raganean indarkeria gizonen eskubide naturala zen, eta emakumeen betebeharra zen men egitea: «nik gainerako gizonengandik babesten zaitut, zuk men egiten didazu». Estatistikek diotenez, gure gazteek matxismoa praktikatzen segitzen dute, eta badago izutzen denik. Inork pentsatzen al du matxismoa inoiz joan zenik? Adierazteko forma berriak hartu ditu, gorputz berriak, hitz leunagoak, baina ez zen inoiz joan. […]

Ozenago esan dezakegu, baina ez argiago. Matxismoak emakumeak baztertu eta hiltzen ditu. Eta hori gure balio sistemak betikotzen du, eremu instituzionalean, sozialean eta harreman artekoan gai horri serio ez zaiolako heltzen. Norbaiti ahaztu zitzaion gure amonen eta birramonen historia kontatzea. Indarkerian eta desberdintasunean oinarritutako historia. Uste genuen «hori» beste garai batzuetako kontua zela, baina «hori» ere ez genuen identifikatu.

Gizonkeriazko matxismoak, txantxaren matxismoak… horiek guztiek hil egiten dute, errazten dutelako gizonezkoek identitate subjektibo bat barneratzea eta indarkeria ezaugarri natural gisa lotzea izaerari.

Matxismotik irten daiteke. Gure mezuen haritik tira egin dezagun, iragarkietatik, pelikuletatik eta senti dezagun maitasunarengatik ez hiltzeko obligazioa. Bortxatzen eta hiltzen duena ez da maitasuna, matxismorik basatiena baizik.

Orain badugu informazioa, zirrara eragin diezaguke une batez, eta gero gure bizitzekin segitu dezakegu, edo «nahikoa da» esan. Egiten dugunaren arabera, erraztuko dugu ikusezintasuna amaitzea, diskriminazioa amaitzea, emakumeen aurkako bortxaketak eta hilketak amaitzea edo eredu aldaketa eragitea. Ez dezagun gehiago barrerik egin sexismoarekin, pixkanaka piztia handia egiten baita. Badaukagu aukera, badaukagu gaitasuna, egiazko bilaka dezagun.

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