Publicado por el 26 mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Publicado por LUCAS PAULINOVICH on 24 MAYO, 2017

¿Qué hacer con las masculinidades? La pregunta resuena en el trasfondo de los acontecimientos cotidianos que llenan las páginas de diarios y portales web. La violencia nuclear de las relaciones sociales tiene en el machismo un componente fundante que fue desmenuzándose y puesto en cuestión al calor de las grandes movilizaciones de las mujeres y la agitación impugnativa y desafiante del feminismo. La guerra contra las mujeres tiene en la figura del varón un elemento crucial: no solo el rol de victimario, ostentador de privilegios y aplicador de los castigos, sino una pieza clave en los engranajes que hacen funcionar la gran maquinaria violenta que sostiene la producción y reproducción social.
Después del femicidio de Micaela, una consigna brotó con potencia interpelante hacia los varones: córtense el mambo. Recogiendo ese desafío, desde Mala Junta se organizó la primera asamblea de varones feministas que tendrá lugar el jueves en La Toma. Originalmente la cita iba a ser en el Abasto, el local de la organización, pero la gran cantidad de preinscriptos obligó a buscar un espacio de mayor dimensión: hasta ahora, hay más de 180 varones anotados para participar. Según cuenta Luciano Fabbri, uno de los organizadores, recibieron llamados de todo el país para sumarse a la iniciativa o consultar sobre la dinámica y metodología con el fin de reproducirla en distintas provincias del país.
“Las expectativas eran más bajas que las que estamos teniendo ahora. Nos proponíamos generar un espacio de encuentro y debate para los compañeros de Mala Junta y Patria Grande que venimos trabajando en el tema, organizaciones cercanas y compañeros de la periferia de la organización. Pero no esperábamos que adquiera este alcance y nos entusiasma que haya prendido, porque hablar de varones feministas es poner el piso más alto, en términos que vos estás convocando desde una identificación, con un movimiento político del cual los varones, en general, a lo sumo nos sentimos simpatizantes. Y esta respuesta ya nos habla de lo que viene pasando con el impacto del feminismo”, dice Fabbri, militante de Patria Grande y docente e investigador en la UNR.
—¿Qué cambios notás en el último tiempo en relación al impacto de las discusiones que instala el feminismo entre los varones?
—Desde hace algunos años presenciamos algo que llamamos feminismo popular y que da cuenta de cómo las discusiones, las acciones, la agenda del movimiento feminista fue permeando en organizaciones populares mixtas, que implican que otra multiplicidad de sujetos nos estemos repensando en relación al feminismo, como parte, como aliados, como atacados. Ya no te puede pasar por el costado como en otros momentos, no es ajeno ni exterior. Hemos ido avanzando en iniciativas y políticas específicas, como los colectivos de varones antipatriarcales, los encuentros nacionales de colectivos de varones, los encuentros latinoamericanos de varones antipatriarcales, las políticas de despatriarcalización que impulsamos hacia adentro con los varones como principales destinatarios. En general, uno veía que esa política era bastante marginal, que éramos un puñado de pibes que nos veíamos convocados. Creo que evidentemente hay un punto de inflexión con el movimiento Ni Una Menos, que hace que en dos años tengas una generación de pibes y pibas de entre 16 y 22 años que encuentran en el feminismo una referencia política muy cercana y lo consideran uno de los movimientos más dinámicos que han visto luchar en su juventud. En ese sentido, construyen una identificación y una mística que hace que te encuentres con que del total, el 70 por ciento no supera los 22 años. No suelo encontrar muchos interlocutores de mi edad. Y con esto se ve, como un síntoma, que las generaciones posteriores tienen otra apropiación.
—¿Tenés alguna hipótesis sobre esa apropiación generacional?
—Nosotros veníamos construyendo planteos históricos más macro sobre cómo entró en crisis el orden patriarcal, ya sea en el orden del mercado, en las relaciones afectivas o en la visibilidad y radicalidad del movimiento feminista o del LGTBI. Ya lo veíamos con el matrimonio igualitario o con la identidad de género. Se discutían estas temáticas. Pero eso ya nos queda viejo, pasó hace siete años. Con la movilización del Ni Una Menos, con el Encuentro Nacional de Mujeres –ENM- y con el Paro Internacional de Mujeres, eso cobra una dimensión aún mayor. A la vez, la paradoja que hace a esto más intenso es que a la radicalidad y la capacidad de organización y unidad hay una reacción patriarcal cada vez más cruel. Eso está significando que nos queda chico el posicionamiento simpático, del reconocimiento y la participación de alguna marcha o compartir una foto del Ni Una Menos. Hay un nivel de polarización y de crueldad que obliga a asumir posiciones más activas, por reacción y resistencia, o adhesión e involucramiento.

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