Publicado por el 19 septiembre 2018 en Diversidad sexual, General |

Ruben Serrano  en PlayGround.

“El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado. El capitalismo ha hecho del Pride el producto estrella de un público exponencial: hombres gais blancos de clase media alta con la cartera llena de billetes” #CuántaPluma.

En junio de 1977 tuvo lugar la primera marcha del Orgullo LGTB+ en España. Fue en Barcelona, donde 4.000 personas recorrieron Las Ramblas para exigir que la Ley franquista de Peligrosidad Social no incluyera a los homosexuales. Aparte de gais, lesbianas, familias, activistas y militantes políticos, la marcha la encabezaron personas trans, que fueron las primeras que se enfrentaron a la policía cuando empezaron a dispersarla. 41 años después, la imagen del Orgullo de Barcelona tendrá unos protagonistas muy diferentes.

Las fotografías que circularán este año serán, siguiendo la tónica habitual, las de hombres gais musculados bailando encima de carrozas. Ellos se han convertido en la cara más visible del Orgullo porque, aunque las siglas LGTB+ queden muy bien juntas y den sensación de hermanamiento, hay una que queda siempre más representada que las otras.

Mujeres lesbianas, bisexuales, personas trans y otras identidades de género y orientaciones sexuales están totalmente eclipsadas por el varón homosexual. El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado calcado a la heteronorma. Consecuentemente, el Orgullo se ha convertido en el producto estrella de un público cada vez más exponencial: hombres gais blancos de clase media alta.Muchos eventos están pensados por y para ellos. En nuestro país sólo hay que pensar en destinos como Sitges, Madrid o Barcelona, cuya población masculina se dispara durante la semana del Pride.

No es de extrañar que la manifestación del Orgullo haya mutado en una cabalgata de marcas luciendo banderas arcoiris para intentar sacar tajada. Los grandes nombres del sector textil y de la informática solo se acuerdan del colectivo durante unos días al año. Muchas de estas firmas que hoy ondean los seis colores tienen fábricas en China, Bangladesh, Pakistán o Marruecos donde los derechos LGTB+ son prácticamente inexistentes, además de patrocinar eventos deportivos mundiales en países donde ser gay te puede costar una paliza y hasta la vida. Pura hipocresía. Se han apropiado de una lucha que no es suya para hacer comercio rosa y lucrarse a nuestra cosa. Y lo peor es que nosotros les estamos dejando.

 

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