Publicado por el 11 Abril 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

HOMBRES IGUALITARIOS  Revista Digital de AHIGE

Alicia H. Puleo

El movimiento de hombres igualitarios es una necesaria y bienvenida reacción a las injusticias sexistas. Pero no es sólo eso. Desde mi perspectiva ecofeminista, creo que puede realizar una inestimable contribución a la lucha contra estereotipos de virilidad y modelos androcéntricos relacionados con actitudes destructivas hacia la naturaleza.

Antes de entrar en esta cuestión, me gustaría hacer una breve referencia, en primer lugar, a lo que veo como algunos de los riesgos inherentes al movimiento y, en segundo lugar, a lo que considero como uno de sus aspectos más prometedores. Le acechará siempre el peligro de sucumbir a ciertas inercias patriarcales: desplazar a las mujeres de los espacios propios conquistados con gran esfuerzo; invisibilizar las raíces feministas en los estudios teóricos; y seguir obedeciendo la norma patriarcal que dicta (como observaba ese sociólogo pionero que fue Josep Vicent Marqués) que “ser varón es ser importante”. A este último respecto, un buen test de feminismo real es examinar, por ejemplo, en una conversación, si el hombre que se declara feminista sabe callar, escuchar y aprender (en una palabra, dialogar verdaderamente) como lo hace, por lo general, una mujer. Es decir, no estar concentrado, mientras la otra persona habla, en pensar qué va a decir para impactar. Esta sencilla observación podría ser un buen auto-test para evaluar el grado de internalización de los ideales de igualdad conseguido por cada miembro gracias a la pertenencia a este movimiento.

Entre los numerosos e incuestionables aspectos positivos del movimiento de hombres por la igualdad figura el apoyo que brinda a las demandas feministas, un apoyo que puede facilitar mucho el cambio social. Con esta acción de honestidad y justicia, se une a lo que he llamado, hace tiempo, “la genealogía de hombres por la igualdad”.

Sin embargo, posee algo aún más inédito. A mi juicio, su enorme riqueza y originalidad reside en la realización de un examen crítico y constructivo de la identidad masculina desde dentro. Y ahí es donde veo la conexión con los objetivos del ecofeminismo en una época caracterizada por el cambio climático antropogénico patente y acelerado, la desertización, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación ambiental… La profunda irracionalidad de la devastación medioambiental tiene causas tanto económicas como ideológicas. La globalización neoliberal revela la desmesura de un sistema económico que requiere crecer sin cesar para mantenerse. Toda consideración social o ecológica que implique alguna limitación del lucro es desestimada en nombre de la eficacia y la libertad. La publicidad se encarga de crear el tipo de individuos más convenientes para la aceleración del círculo de la producción y el consumo sirviéndose, a menudo, de estereotipos de género. La búsqueda del lucro como único objetivo propio de esta dinámica económica es una configuración moderna de los antiguos sesgos culturales del androcentrismo y del antropocentrismo extremo.

Androcentrismo es un concepto clave para la comprensión de la ideología patriarcal del dominio. El sesgo androcéntrico de la cultura proviene de la bipolarización histórica extrema de los papeles sociales de mujeres y hombres. En la organización patriarcal, la dureza y carencia de empatía del guerrero y del cazador se convirtieron en lo más valorado, mientras que las actitudes de afecto y compasión relacionadas con las tareas cotidianas del cuidado de la vida fueron asignadas exclusivamente a las mujeres y fuertemente devaluadas. En el mundo moderno capitalista, el antiguo deseo de poder patriarcal toma la forma de la búsqueda insaciable de dinero y el omnipresente discurso de la competitividad. Por esta razón, la crítica a los estereotipos masculinos y la propuesta de modelos alternativos son muy importantes para alcanzar una cultura ecológica y no violenta. Es hora de reconocer como valiosas las capacidades y actitudes de la empatía y del cuidado atento, enseñarlas desde la infancia a todos los seres humanos y aplicarlas no sólo a los individuos de nuestra especie, sino también a los ecosistemas y a los animales, hoy esclavizados y exterminados a una escala sin precedentes. En la causa de los animales subyace una ineludible redefinición de la masculinidad. Los varones que defienden a los animales no humanos son disidentes de lo que llamo orden patriarcal especista. Lo son, consciente o inconscientemente, al menos en ese aspecto.

Poder analizar la identidad de género desde la mediación del pensamiento crítico y del grupo de pares es una extraordinaria capacidad que augura excelentes resultados. En este momento histórico, el movimiento de hombres por la igualdad tiene mucho que aportar para que seamos iguales en un mundo sostenible.

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