Publicado por el 20 octubre 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

 

Revista Hombres igualitarios.AHIGE.Posted by Roger Gras Pacheco | 17 Oct, 2017

Antes de empezar, Jokin, felicitarte por tu personal trabajo sobre la relación entre masculinidades y feminismo (nos referimos al libro Masculinidades y feminismo del cuál podéis leer la siguiente reseña). Las dichas “nuevas masculinidades” beben del feminismo. A menudo son un espejo de ese movimiento político que pertenece a las mujeres. Los grupos de hombres no dejan de ser una imitación “sana” de los grupos de autoconciencia feministas.

¿Crees que estos grupos, en los que tú has participado, son una herramienta útil para crear un nuevo sujeto político?

Creo que no podemos establecer generalidades respecto a los grupos de hombres. Algunos grupos han partido de posiciones cercanas al feminismo y se han ido distanciando en algunos momentos, otros han hecho el camino opuesto. Opino que los grupos de hombres plantean un principio muy importante de responsabilidad: la necesidad de tomar en nuestras propias manos la reflexión sobre el machismo y las relaciones de poder y pensar qué se puede hacer desde esa posición tan particular de los hombres en las sociedades actuales, que es una posición de privilegio estructural.

Lo importante, por lo tanto, es que esta responsabilidad y este hacer algo por nosotros mismos no se traduzca en un diagnóstico hecho desde nuestra propia mirada que puede terminar convirtiéndose en una práctica y discurso autocomplaciente y poco transformador. Es una tarea difícil que los grupos de hombres no deriven en una auto-victimización y en generar políticas auto-referenciales.

 “Muchas veces las cuestiones feministas en relación con los hombres se han planteado desde una auto-victimización («el patriarcado nos ha hecho así y somos sus víctimas asimismo») o desde una especie de culpabilización («somos lo peor») que tiene mucho de pose.”

Tendemos a pensar en sujetos políticos cuando buscamos procesos de empoderamiento para colectivos oprimidos que se convierten en sujeto de cambio. Sin embargo, las implicaciones de un sujeto político hombre son bastante distintas, puesto que no hablaríamos de procesos de empoderamiento, sino de más bien todo lo contrario.

¿Cómo podemos los hombres hacer pedagogía de los valores del feminismo?

La agenda feminista no es una y nada más que una, es importante estar atentos a las diferentes propuestas y puntos de vista e intentar plantearnos la pregunta: ¿es el movimiento y la política feminista en general nuestro punto de referencia? Y, si es así, ¿cómo nos relacionamos con su complejidad y diversidad interna?

¿Es el movimiento y la política feminista en general nuestro punto de referencia? Y, si es así, ¿cómo nos relacionamos con su complejidad y diversidad interna?

Creo que es importante plantearnos qué tipo de pedagogía necesitamos, si es una pedagogía que se base en la comodidad (las propuestas que se nos hacen más cómodas de escuchar y asumir) o en una suerte de incomodidad (aquellas que nos importunan más) y cómo, en base al espacio en el que queramos incidir, tenemos que combinar estos dos ingredientes.

Es importante pensar que la construcción cultural del patriarcado, esa que nos otorga privilegios, no es tan sólo una serie de valores que introducimos y reproducimos. Es también y sobre todo un sistema material (desde lo económico hasta lo simbólico) que nos sostiene y nos mantiene en el lado privilegiado. Por ello es importante señalar que «renunciar a los privilegios» no significa solamente tener voluntad personal para ello, sino ser capaces de contribuir a dinámicas que cambien las estructuras de poder y sus formas de funcionar.

Hay una dificultad para encarnar y vivir un espacio de responsabilidad que genere malestar. Por eso a menudo tratamos de simplificar y buscar fórmulas rápidas para sentirnos «fuera de culpa», sin reconocer que los procesos de cambio, si son profundos, son largos.

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