Publicado por el 20 marzo 2017 en Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Ritxar Bacete. El país 19 marzo 2017

En muchos lugares del mundo, el 19 de marzo se celebra el día del padre. ¡Qué bueno! Más allá de celebrar la vida, las relaciones, reconocer a nuestros ancestros o aumentar las ventas de taladros, zapatos o perfumes de determinadas empresas, es una ocasión extraordinaria para hacer una revisión crítica de las paternidades y el papel que tenemos los hombres en los cuidados, en clave feminista.

Todas las estadísticas constatan que implicación de los padres en los trabajos reproductivos y de cuidados sigue siendo dolorosamente desigual. Y aunque la tendencia hacia posiciones y prácticas más igualitarias ha ido en un lento pero paulatino aumento en las últimas décadas, es especialmente visible en el escaso número de padres que reducen su jornada o se acogen a excedencias para cuidar (menos del 7%). Es por eso que el Día del Padre, más allá de la celebración, debería convertirse en una fecha para la reflexión sobre las relaciones de género que establecemos los hombres con las mujeres con las que compartimos la vida, y el compromiso con el cambio hacia actitudes y prácticas más igualitarias. O lo que es lo mismo, reivindicar en clave igualitaria aquello que vamos a hacer los 364 días restantes.

En el mensaje de Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, nos recordaba que demasiadas mujeres y niñas de todo el mundo dedican un número excesivo de horas a las responsabilidades del hogar. Habitualmente destinan a los trabajos reproductivos y de cuidado más del doble de tiempo que los hombres y niños. Esta división desigual del trabajo no remunerado, fundamental para que la vida sea posible, está directamente relacionada con la limitación de las posibilidades de empoderamiento y empleo de las mujeres y niñas.

Aproximadamente el 80% de los hombres serán padres biológicos en algún momento de sus vidas y prácticamente todos los hombres tenemos alguna interacción socializadora con las niñas y los niños. Como nos recuerda Silvia Nanclares, las opciones de las personas que optan por el “extincionismo” son tan legítimas como las de quienes hemos decidido reproducirnos. Pero para que la vida siga, los padres importan e impactan. Lector, lectora, os invito a que reflexionemos unos segundos sobre nuestro padre, y pensemos y sintamos cómo influyó, el padre que tuvimos (o el que se ausentó), el tipo de relación que estableció con nosotras, en lo que hoy somos y hacemos. (Vaya de paso mi pequeño homenaje al mío, un buen hombre, un buen padre).

Sean padres biológicos, padrastros, padres adoptivos o sustitutos o tutores; sean hermanos, tíos o abuelos; sean parte de una relación de pareja del mismo sexo o del sexo opuesto; y vivan o no con sus hijos, la participación de los hombres en el cuidado diario de otros tiene una influencia duradera en las vidas de las niñas, los niños, las mujeres y los hombres, así como un impacto permanente en el mundo que los rode

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