Publicado por el 8 Octubre 2014 en Iniciativas institucionales, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista | 0 comentarios

Uno de los propósitos de Juan José Ibarretxe como lehendakari fue situar a Euskadi “como referente en el mundo por el compromiso con las políticas de igualdad entre hombres y mujeres” ¿Cree que lo consiguió? Qué retos importantes quedaron pendientes?

Creo que el compromiso con la igualdad de mujeres y hombres es consecuencia de una manera de entender la política al servicio del bienestar de las personas. En este sentido y como precursor de ese compromiso se encontraba un pensamiento que impulsaba y que buscaba la configuración de políticas de igualdad en todos los ámbitos. Se trata de acabar con las desigualdades que existen por razón de sexo y poner fin a las discriminaciones que sufren las mujeres también en nuestra sociedad.

Creo que se consiguieron avances importantes, unos pasos tras otros, desde que nuestro país se dotó en el Gobierno Vasco, en el año 1988, de un organismo como Emakunde, encargado de diseñar y acompañar a las administraciones y a la sociedad en el camino de los derechos de las mujeres. Desde entonces el avance es imparable.

Y sí es cierto que fuimos referentes en el estado español y también en el ámbito comunitario e internacional en la puesta en marcha de programas e iniciativas que daban en la línea de flotación del sistema patriarcal rancio. Los presupuestos sensibles al género, las campañas de sensibilización, los programas en educación contra la violencia machista, los proyectos de igualdad en el ámbito empresarial, los diagnósticos de situación, las planificaciones desde la perspectiva de género y sus evaluaciones, la formación en igualdad en las administraciones encargadas de ejecutar las políticas sectoriales y especialmente la ley para la igualdad de mujeres y hombres que presentamos al Parlamento Vasco y su desarrollo posterior.

Durante el tiempo que fue lehendakari se aprobaron medidas legislativas importantes…¿Qué hitos destacaría en relación a la igualdad de oportunidades de mujeres y hombres?

La ley 04/ 2005 de 18 de febrero para la igualdad de mujeres y hombres fue la acción política de mayor envergadura de nuestro Gobierno. Por primera vez se vertebra la organización y coordinación entre las diferentes administraciones públicas vascas y se regulan medidas para conseguir la igualdad real de mujeres y hombres. Medidas para llevar a cabo en diferentes ámbitos de actuación, como en cultura, educación, trabajo, conciliación de la vida personal, familiar y laboral o participación sociopolítica. También se regularon medidas para la investigación, formación y prevención de la violencia contra las mujeres y para la atención y protección a las víctimas de maltrato doméstico y agresiones sexuales. Apostamos claramente por la acción positiva y por las cuotas.

La ley fue respaldada por nuestra sociedad a través de sus representantes en el Parlamento y la primera consecuencia de su aprobación la tuvimos en las siguientes elecciones a nuestro Parlamento. Por primera vez en la historia de esa Institución la representación de las mujeres superó el 50%. Fue un hito importante. Un gran éxito de la igualdad de la mano de la ley.

Juan José Ibarretxe fue una pieza clave en la puesta en marcha del Programa Gizonduz de Emakunde ¿Qué destacaría de aquella iniciativa? ¿Qué recuerdos guarda?

Gizonduz fue un acto valiente. Yo decía a menudo que las mujeres habían construido un largo camino de pensamiento y acción en la búsqueda de una sociedad más igualitaria. El feminismo se había convertido en un faro que alumbraba a las sociedades a través del conocimiento, del análisis social y político y cientos, miles, millones de mujeres en el mundo debatían, reivindicaban, cambiaban sus días y sus vidas detrás de un sueño maravilloso: la igualdad real entre las personas independientemente del sexo con el que se nazca. Pero y nosotros los hombres ¿Qué debíamos hacer? No podíamos quedarnos sentados esperando que las cosas cambiaran. Por eso yo siempre les decía en Emakunde que algo había que hacer, que nuestra implicación era necesaria. Y así fuimos gestando un proyecto con acciones diferentes, algunas de calado mediático rápido, como la carta de compromiso de los hombres por la igualdad que lanzamos a la sociedad y fue recogida por los hombres vascos como no hubiéramos imaginado, otras de ritmos más lento como el programa de formación dirigido a los hombres donde se trabajan las masculinidades y los efectos de una sociedad segregada por sexos y con estereotipos de género, sobre las vidas de los hombres.

Fue una iniciativa pionera porque pusimos zapatillas para andar a un discurso recogido pero poco trabajado en la práctica en todos los textos internacionales relacionados con la igualdad. Está claro que no avanzaremos con la velocidad necesaria si los hombres del mundo nos quedamos parados en la esquina del camino del cambio.

Tengo recuerdos realmente entrañables de Gizonduz. Por primera vez los hombres apostaban personal, social y políticamente por acompañar a las mujeres en la lucha por la justicia y la equidad. Por primera vez en la historia, comenzaba un movimiento imparable: hombres y mujeres haciendo causa común.

Hace algunos años señaló que “no se avanzará hacia la igualdad entre los hombres y las mujeres si los hombres no se comprometen con este principio”. Con el paso del tiempo ¿Cómo valora la implicación de los hombres a favor de la igualdad en Euskadi? ¿Podrían llegar a ser los hombres alguna vez la “cuarta ola” del movimiento feminista?

Creo que el compromiso de los hombres con la igualdad debe tener su reflejo en la acción. Debemos ser militantes por la igualdad. Militar en nuestras casas, con nuestros hijos e hijas, con nuestros padres y madres, con nuestra compañera, con las amigas y los amigos, en el ámbito laboral. Vivir con perspectiva de género es un ejercicio de aprendizaje propio e intransferible. Por eso cuando hablamos de las olas del feminismo, creo que habrá una cuarta ola y una quinta y varias más, que las protagonizaran las mujeres. Y que junto a esas olas, los hombres tenemos que construir nuestras propias revoluciones, nuestros cambios, que se unirán a sus olas y harán un mar más completo, más universal.

¿Qué ganamos los hombres con la igualdad? ¿Qué perdemos?

Creo que ganamos todo. Porque nos hacemos más personas. Unas personas más completas, menos amputadas. Vivir las relaciones con las mujeres en igualdad es además una deuda de los hombres, que somos quienes hemos ejercido en la historia un poder dominante y represor hacia ellas. Perder ese poder que da privilegios a costa de la vida y la dignidad de las mujeres, no lo entiendo como una pérdida. Es en realidad una liberación.

Observando a las nuevas generaciones de hombres, podemos constatar cambios importantes en relación a los hombres de mayor edad, pero ¿Hasta qué punto son profundos esos cambios? ¿Son irreversibles?

La relación de muchos hombres jóvenes con la corresponsabilidad y el reparto de todas las tareas de los ámbitos público y privado no tiene mucho que ver con la que tenían nuestros padres o abuelos. Sí es cierto que lo conseguido es mucho pero me pregunto si tenemos la masa social suficiente como para consolidar los cambios. Y si esos cambios afectan a lo más profundo de las estructuras mentales y sociales. Por otra parte la mirada al mundo nos dice que los derechos conquistados son vulnerables. No se puede bajar la guardia. Una vez conquistados hay que conservarlos. Y eso es un trabajo del todos los días y de todas las personas.

¿Cuáles serían los cambios pendientes en los hombres para lograr una igualdad efectiva entre mujeres y hombres?

En el escenario social está el reparto equitativo de las tareas. En los ámbitos público y privado hay mucho que hacer. Si las mujeres han accedido al ámbito público y cada vez hay una mayor exigencia para que desarrollen sus capacidades en él, no pueden seguir realizando prácticamente solas las tareas del cuidado de las personas. Los hombres debemos responsabilizarnos de este cuidado. Desde el cuidado de nosotros mismos, del que sabemos poco, al cuidado de los demás. Tenemos que ser transgresores con los mandatos que nos colocan a nosotros en una posición de persona dependiente y pasiva en lo cotidiano y superior y dominador en lo público.

Hace algunos años también hacía referencia a “el maltrato y la violencia contra las mujeres es una de las grandes vergüenzas del siglo XXI” ¿En qué están fallando las políticas dirigidas a erradicar la violencia contra las mujeres?

La violencia contra las mujeres, en sus múltiples manifestaciones, es una violación de los derechos humanos y una amenaza para la paz y la seguridad internacional. La dimensión de este problema y el alcance para la humanidad es enorme. Se estima que una de cada tres mujeres sufre violencia a lo largo de su vida. Una de cada tres niñas se casará antes de cumplir los 18 años. Más de 125 millones de mujeres y niñas han sufrido mutilación genital. La trata de mujeres se expande por todo el mundo mientras las violaciones son práctica generalizada en las guerras. El asesinato de mujeres, por el hecho de ser mujeres, se refleja en cifras cada vez más escalofriantes.

Así es que la reflexión es que en ninguna parte del mundo se consigue erradicar esta lacra. La realidad es que no estamos siendo capaces de proteger a la mitad de la población mundial. Es algo intolerable. Y yo creo que hay demasiado silencio, que se convierte en cómplice de alguna manera de tanto horror. No creo que fallen las políticas, pero sí que no son suficientes.

A la desigualdad de género, origen de esta violencia, hay que enfrentarle prioridad internacional. Sistemas de prevención y protección, recursos en educación en derechos humanos y respeto mutuo y conseguir que las mujeres participen en la economía, en la política y en el mantenimiento de la paz.

¿Qué ventajas aporta la igualdad a las sociedades? ¿Qué relación habría entre la igualdad de mujeres y hombres y el desarrollo humano?

La relación entre igualdad y desarrollo humano es imprescindible. El desarrollo humano es un proceso en el que la persona es considerada un fin en sí mismo y debe ser el centro de atención de todos los esfuerzos. Busca la expansión de todas nuestras capacidades mientras que el principio de igualdad de mujeres y hombres quiere ejercer esas capacidades en igualdad de condiciones.

La igualdad aporta democracia y ciudadanía plena para mujeres y hombres, que son dos requisitos imprescindibles para conseguir el desarrollo de las personas y las comunidades. Así es que la relación es además de imprescindible, indisociable.

Respecto al futuro ¿Optimista? ¿Pesimista?

Respecto al futuro estoy convencido de que no hay marcha atrás. Al ansia de libertad y justicia de las personas no se les puede poner grilletes .Se podrá ir más rápido o más lento, costará más o menos, pero el camino está empezado. Cada vez más mujeres y hombres se lanzan a caminar por él. Cada vez hay más caminantes que nos vamos encontrando, compartiendo ideas, cambiando comportamientos, escuchando y entendiendo, ejerciendo y transmitiendo valores de tolerancia y respeto mutuo.

Yo no entiendo una Euskadi libre sin igualdad entre las mujeres y los hombres que la conforman. Así es que hay que seguir trabajando, sin quedarnos quietos, cada cual desde donde está. El reto es difícil pero merece la pena.

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