Publicado por el 15 Abril 2016 en Diversidad de género |

CARLOTA CHIARRONI 07.03.2016

Género no binario es un término paraguas bajo el que se refugian las personas cuya identidad de género no encaja en los roles de hombre y mujer. De acuerdo con la Fundación Daniela, “puede ser una mezcla de ambas identidades [hombre y mujer] o un constructo alternativo a este”. Nepal emitió en agosto el primer pasaporte que contempla una tercera opción en cuanto al género, que quedó reflejado con una O de otros.
A Rion se le asignó el género femenino al nacer, hace ya 21 años. Y precisamente por esto se vio obligado a vestir la falda que dictaba el colegio católico de chicas en el que estudió. Detestaba esa prenda casi tanto o más que el color rosa. Los años no consiguieron que se acostumbrara a ella, pero sí a que sus compañeras de pupitre le llamaran ‘chicazo’, un apodo con el que se sentía cómodo e identificado: “No me iba a cabrear porque en el fondo tenían razón”. Con el tiempo se dio cuenta de que no encajaba en el género femenino que se le había asignado en base a sus genitales. Tampoco en el extremo opuesto: el masculino.

Su identidad de género, por extraño que pueda parecer en España debido a la falta de visibilidad, desafía los dos roles tradicionales que impone la sociedad: Rion no se considera hombre ni mujer, esas identidades se han quedado obsoletas en un siglo XXI que está en constante cambio. Es lo que se conoce como género no binario, un término paraguas bajo el que se refugian las personas cuya identidad de género no encaja en ninguno de los dos polos opuestos y que, según la Fundación Daniela, “puede ser una mezcla de ambas [hombre y mujer] o un constructo alternativo a este”. Se trata de una manera de ser y sentir diferente, que nada tiene que ver con la orientación sexual, la expresión de género o la intersexualidad (personas que nacieron con genitales no definidos). Actúa, en concreto, como un término genérico para aunar a ese colectivo que no encaja en la figura de hombre y mujer. Hay casos, como el de Rion, que se identifican únicamente dentro del género no binario. Otros, sin embargo, escogen una identidad (agénero, género fluido, maverique…) dentro de éste

Las opciones son infinitas y cada caso tiene sus matices y sus propias aristas. Lo único que tienen en común todos ellos es que no se posicionan. La mayoría opta por utilizar un lenguaje neutro, mientras otros se resignan y aceptan los pronombres del género que más les puede representar. Algunas personas sienten la necesidad de cambiar ciertas partes de su anatomía, de someterse a un tratamiento hormonal, de realizar una transición total o parcial de su cuerpo; otras no. Algunas pueden sentirse más cómodas con una expresión de género masculina, femenina o ambigua. No hay una norma que establezca dónde están los límites porque, de eso se trata, no los hay.     El espectro actual es más amplio y diverso que hace unas décadas y el testimonio de Rion -nombre que adoptó debido a su ambigüedad- lo demuestra: “No encajaba con las chicas, pero veía a los chicos y tampoco me veía reflejado”. Así, fueron muchas las dudas que le invadieron durante su adolescencia, cuando trataba de entender quién era y por qué ninguno de sus amigues -como llama a sus amigos en lenguaje neutro- se sentía como él. Por qué durante años trató de masculinizar su expresión de género con ropa ancha si en realidad no se sentía como tal. No fue hasta hace dos años cuando descubrió en internet el término de género no binario y sintió que había encontrado su lugar, la pieza del puzzle que faltaba y que le completaba. El término que le confirmó que su caso no era excepcional y que no estaba solo.

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