Publicado por el 19 mayo 2018 en Diversidad sexual |

Ilustración: V. Rico

Mer Gómez. Pikara Magazine

Dinamizamos un diálogo entre cinco mujeres intersexuales, sobre su forma de vivir el género y la sexualidad, la relación con sus cuerpos, con el feminismo y con el movimiento LGTBI. Apelan a la responsabilidad colectiva para seguir creando nuevos imaginarios que hagan visibles otros cuerpos y otras formas de ser posibles.

Protagonistas: Trece tiene 29 años, vive en Bilbao y es trabajadora social. Cristina, un año mayor, es de Tarragona y trabaja como actriz. Lola tiene 26 años y es periodista en Bilbao. Lilith, estudiante de 21 años, valenciana. Violeta, a sus 38 años, es química en Madrid.

Empezaré por dónde me han sugerido, por la definición de la I. De esa I que siempre estuvo pero que va sintiéndose cada vez más libre para ir saliendo del armario. Así que seguiré las instrucciones de Violeta, una de las entrevistadas, y expondré la definición que incluye el blog mexicano Brújula Intersexual. Las intersexualidades (en plural) se utilizan como término para nombrar a una variedad de situaciones del cuerpo, en las cuales una persona nace con una anatomía reproductiva o sexual —genitales, gónadas, niveles hormonales, o cromosomas— que no parece encajar en las definiciones típicas de cuerpos masculinos o femeninos. Será precisamente bajo este concepto donde se reconocen las protagonistas del reportaje: Trece, Cristina, Lola, Lilith, y Violeta. Hoy han querido poner palabras a su silencio para mostrarse libres y diversas en un espacio que las hace posibles. Se han atrevido a tomar la palabra como personas intersex y a convertirse en sujetos generadores de sus propios discursos. Estas cinco valientas abren la caja de pandora y nos hablan sobre su identidad, sus prácticas sexuales, sus necesidades, sus cuestionamientos y su relación con las categorías impuestas. En este caso, me referiré a ellas en femenino por petición de las cinco entrevistadas que se identifican como mujeres y como feministas «en proceso de deconstrucción constante». Aún así, también veíamos en el artículo Soy Lola y soy intersexual que hay múltiples identidades dentro del colectivo intersex.

Tras compartir inquietudes y debates interesantísimos en un grupo de Whatsapp comenzamos reflexionando juntas sobre los encuentros y desencuentros que se han dado a lo largo de su trayectoria vital con las categorías establecidas. Violeta —practica la meditación para encontrarse y canta boleros, a solas, en el ascensor— nos dice cómo el patriarcado y la influencia de la religión católica en nuestra sociedad le han hecho sentirse mujer de tercera división. A su vez, Cristina —reservada por derecho, activista por cojones (los que le extirparon)— habla de cómo vivió la pubertad: Cuando no me bajaba la regla, y al enterarme que era XY, que tenía una vagina ciega, y testículos feminizantes internos, se produjo un cortocircuito en mi cerebro: ¿Qué soy? ¿Qué farsa es ésta? ¿Qué van a pensar los demás? No me sentía digna de ser mujer ni de presentarme como tal. Este sentimiento lo comparten sus compañeras que, como en el caso de Cristina, fueron socializadas desde el nacimiento como mujeres y para las que el silencio fue su principal arma de resistencia. Lola —alma vieja y creadora intermitente de artículos— nos dice: “Imagínate que te diagnostican un síndrome, que siempre tuviste y que muy pocas personas tienen, te extirpan una gónada por miedo a que se genere un tumor y te dicen que no tienes útero, ni ovarios, ni tendrás la regla, ni eres fértil. Catorce años. Gestiónalo. Y sigue Trece —feminista, comunista y feliz—: “Al principio mi percepción del cuerpo era incompleta, no encajaba, las cicatrices tras las operaciones no ayudaban, no me consideraba una mujer real y en mi familia se normalizó como un tabú, mediante el silencio. Por su parte, Lilith —feminazi, piscis, y le encanta bailar (sobre todo tango)— también subraya esos silencios y afirma que, aunque en términos binarios se identifica como mujer, “tenemos que seguir trabajándonos lo queer para dejar atrás el dualismo sexual excluyente y los roles de género”.

Sexo, género, sexualidad

La sexualidad ha sido para ellas un tema tabú que mencionan cada vez que comparten experiencias. Ahora, como nos dicen Trece y Lilith, lo ven como algo líquido “que va fluctuando, que va cambiando” pero, aún así, la imposición de la heterosexualidad normativa a la hora de tener prácticas sexuales ha marcado sus cuerpos y la manera de construir sus relaciones. Trece se reafirma como bisexual pero se siente más libre teniendo relaciones bolleras: Aunque me hubiese gustado experimentar con hombres sexualmente, sé que tengo un conflicto hacia la forma fálica y la penetración debido al uso de los dilatadores impuestos tras la vaginoplastia. Lola se siente identificada con las palabras de Trece por haber sido sometida también a un aumento de la cavidad vaginal, y afirma que a pesar de haber disfrutado de prácticas con penetración placenteras, apuesta firmemente por otras alternativas sexuales y de autoerotismo. Aunque a Lilith su dificultad para tener penetración le llevó en la adolescencia a sentirse “la frígida, la estrecha, la infollable, con relaciones sexuales de segunda”, también le ayudó a descubrir una vida sexual más rica y otras formas de tener orgasmos; “es importante autoexaminarse, autocoñocerse, saber qué deseamos en nuestras relaciones”.

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