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Los hombres que ejercen violencia no son enfermos

Publicado por el 21 julio 2018 en General, Violencia machista |

 

| Foto: Mariana Greif

18 de julio de 2018 | Escribe: Belén Riguetti 

Heinrich Geldschläger, psicólogo especializado en violencia de género e intervención con varones.

Heinrich Geldschläger empezó a vincularse con una ONG que trabajaba con varones agresores en Barcelona en el año 2000. Por ese entonces comenzó una relación con una mujer feminista que lo motivó a pensar qué significa ser hombre, tanto a nivel personal como laboral.

Geldschläger es psicólogo y psicoterapeuta. En 2011 fundó, junto a otros especialistas, la Asociación Conexus: atención, formación e investigación psicosociales, una organización que tiene como objetivo promover la mejora de las relaciones afectivas y familiares, la erradicación de la violencia y la promoción de estilos de vida saludables e igualitarios.

La semana pasada visitó Uruguay para participar en el curso “Atención a varones que ejercen violencia a mujeres que son o fueron sus parejas”. También se reunió con el Consejo Consultivo por una Vida Libre de Violencia de Género hacia las Mujeres y brindó una conferencia. Las actividades fueron organizadas por Inmujeres, en el marco de un proyecto de Eurosocial, y contó con el apoyo del Centro de Formación de Cooperación Española.

Geldschläger asegura que si bien hay personas que llaman “tratamiento” a los programas que trabajan con hombres que ejercen violencia, él prefiere denominarlos “intervenciones”. “Hay quienes no están cómodos con el término ‘tratamiento’ porque implica una enfermedad y evidentemente [la violencia] no lo es”, dijo a la diaria. “Nosotros hablamos de intervención psicosocial, porque en el trabajo que hacemos hay una parte de transformación personal y emocional, que podríamos llamar terapéutico, pero siempre va acompañado de una reflexión sobre las ideologías y las desigualdades, a un nivel que implique el cuerpo, la emocionalidad y la identidad de cada hombre”.

En Uruguay la tasa de femicidios es alta. ¿Hay algún estudio que explique el porqué de estos asesinatos?

Hay algunas hipótesis, ninguna del todo confirmada. Probablemente muchos de los casos respondan a la idea “si no es mía, no es de nadie”. No está muy claro si la idea primero es matarla a ella y luego suicidarse para no tener que enfrentar las consecuencias, o si la decisión es suicidarse y de paso matar a “la culpable de todos sus males”.

¿Cuál es la ideología, consciente o inconsciente, que tienen estos hombres?

Que las mujeres están a nuestra disposición y tienen que cumplir con ciertas obligaciones y prestarnos ciertos servicios, domésticos, sexuales, emocionales; si no los cumplen, tenemos el derecho a castigarlas. Esto suena muy crudo, pero analizando las actitudes de violencia esa idea está detrás.

Todavía hay personas que siguen preguntando qué hace la mujer para que la agredan.

Ser mujer. La idea de la provocación y de “algo habrá hecho” está muy extendida.

También se dice que son personas enfermas.

Por los estudios que hay no podemos afirmar que los hombres que ejercen violencia son enfermos. Puede haber cierta tendencia a algunos trastornos, pero insisto: son dos problemas, uno puede ser una depresión y otro la violencia.

En España hay varios tipos de programas, algunos para personas judicializadas y otros para los que no tienen procesos.

Hay programas para hombres que están encarcelados. Se les ofrece la posibilidad de hacer un trabajo para poder rehabilitarse y no reincidir cuando recuperen la libertad. En España, las personas que por primera vez tienen una medida privativa de libertad –de menos de dos años– pueden llegar a cambiar su pena por una medida alternativa –que siempre incluye una orden de protección o alejamiento, a veces con tobillera– y la participación obligatoria en un programa para varones. Luego, en Europa, según la legislación, hay diferentes maneras de trabajar con hombres que no están en la cárcel.

¿Con qué disposición llegan los hombre a las instancias voluntarias?

Hay mucha variedad. El caso ideal, pero el menos frecuente, es el que realmente reflexionó y se dio cuenta de que tiene un problema y tiene una motivación para cambiar. A veces son hombres que han sufrido violencia en sus familias. Dicen que se juraron que nunca harían lo que les hizo su padre, pero después lo repiten. Son los menos, en nuestro programa rondan entre 10% y 15%. En las cárceles en España los hombres no están obligados a participar, pero las instituciones están obligadas, por ley, a ofrecer un programa.

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