Publicado por el 12 marzo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

El Confidencial 7/03/2018

Ahige ayuda a hombres a cuestionarse la hegemonía de la masculinidad tóxica en la sociedad actual y a preguntarse por su papel en la era del feminismo.

El discurso hegemónico de la masculinidad es la segunda teta de la que el hombre mama de manera casi involuntaria después de la de su madre. Los mitos del macho ibérico nos rodean conforme crecemos y si uno sale de la norma que define al modelo de hombre, un vómito de palabras vacías del calibre de ‘nenaza’, ‘marica’ o ‘calzonazos’ le inundan los oídos, amenazando con correr su misma suerte a cualquiera que le defienda. Menos de 10 metros cuadrados en un piso de la calle Montera de Madrid hacen de asociación para hombres que quieran cuestionar al macho alfa y lograr que otros lo hagan, que busquen su parte de responsabilidad en el machismo y que quieran descubrir cuál es su papel como hombres en la nueva era del feminismo.

Se trata de Ahige, siglas de Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, aunque bien podría ser acrónimo de aliados del feminismo contra la masculinidad tóxica. El primer paso para ser miembro, lo tienen claro: “Aceptar que todos somos machistas“. Varios de sus socios se han reunido con El Confidencial para discutir sobre esta y otras cuestiones que nos afectan a los hombres, en particular a los que quieren tomar responsabilidades de cara a la manifestación y huelga feminista del 8 de marzo.

“No se nace mujer, se llega a serlo”, decía Simone de Beauvoir. Lo mismo arguyen en esta asociación: “No se nace hombre, somos un resultado”. “¿Y es sana la manera en que los hombres crecemos?”, se preguntan desde este grupo de hombres. En este proceso influye todo. “Ser machirulos nos vuelve tóxicos y ponerse la etiqueta de machista no es fácil”, es su primera premisa. Pero también saben que difundir entre hombres las ideas que han tomado prestadas del feminismo y que reproducen no es una tarea sencilla.

Desde la asociación, explican, se dedican a aplicarse el discurso que “durante cientos de años” las mujeres han estado hilvanando para “luchar por sus derechos” y tratar que llegue a cuantos más hombres sea posible. “Nosotros nos aplicamos ese discurso para dar nuestro paso —y ayudar a que otros lo hagan— hacia abajo en ese escalón de privilegios”. Un escalón incómodo cuando lo pisas, ya que “hace replantearte todo y ponerte de frente a los privilegios que te han permitido estar donde estás”. Básicamente, luchar contra tu zona de confort.

“Buscamos romper el discurso dominante de la testosterona, de que somos violentos y de la masculinidad tóxica”, explican. De esta manera, creen poder ayudar a otros hombres y tratan de “sensibilizar a otros” intentando desafiar los estereotipos de “la masculinidad hegemónica”. Buscan promover un cambio a nivel colectivo desde lo individual de lo que es ser hombre.

“Este no es un problema que dependa tanto de las mujeres solucionar, sino nuestro”, sostienen. Tienen claro que su “responsabilidad como hombres es interiorizar su discurso” y se lamentan de que hayan tenido que pasar cientos de años hasta que “hayamos comenzado a darnos por enterados“. Pero saben bien por qué el discurso feminista no cala entre muchos hombres: “No es atractivo. Vende mejor la historia de que el feminismo lo que busca es dominar a los hombres”.

Pero opinan que difícilmente serán hombres nuevos sin abandonar la toxicidad de muchas masculinidades. Si no “aprendemos y asumimos” lo que es el feminismo: una “teoría social, económica y política que busca la igualdad efectiva”. Aunque también tienen claro que es más fácil que el ideario cale en otros hombres si son ellos quienes les explican qué esta mal.

Si el machismo perdura, critican, es porque “somos cómplices y lo somos con nuestro silencio. Cada vez que vemos una situación en la que la mujer es discriminada, no hacemos nada por remediarlo o hasta nos reímos de ello”. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la “sociedad desigual en la que vivimos y dejar de ser aliados”.

 

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