Publicado por el 2 mayo 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

El docente, investigador y militante social Luciano Fabbri aborda los desafíos a los que debe enfrentarse un hombre que se acerca al feminismo. Privilegios a renunciar, prácticas a cuestionar y un “repensarse de pies a cabeza”. Este 25 de mayo, se lanza la primera Asamblea de Varones Feministas en Rosario.

Las voces se van sucediendo unas detrás de otras. En todas hay dolor, también mucha bronca. Hace pocas horas apareció el cuerpo de Micaela García en un descampado de Gualeguay y, espontáneamente, la plaza Montenegro se llena de gente: hay muchas mujeres, sí, pero también una importante cantidad de varones. A ellos les dedican párrafos de los discursos que se van encadenando. “Necesitamos algo más que la palmadita en la espalda o que compartan una foto o un posteo de Facebook, necesitamos que se pongan las pilas y se empiecen a cortar el mambo entre ustedes”, exhorta una de las tantas mujeres que ese sábado por la tarde pasa por el micrófono colectivo.

¿Qué significa ese “cortarse el mambo entre ustedes”? ¿Qué puede hacer un varón que se siente, o empieza a sentirse, identificado con esa creciente revolución feminista? “Yo creo que la tarea de los varones que tenemos una conciencia feminista o que estamos construyéndola es empezar a traicionar la complicidad machista”, afirma Luciano Fabbri, licenciado en Ciencia Política, docente, investigador y militante social. Lucho fue uno de los fundadores del Colectivo de Varones Antipatriarcales y actualmente forma parte de Mala Junta, el espacio feminista que se autodefine como “popular, mixto y disidente”. Editó el libro Apuntes sobre feminismos y construcción de poder popular, donde presenta algunas líneas de reflexión y acción desde donde llevar la igualdad de género a la militancia política. También escribió junto a Florencia Rovetto el libro Sin feminismo no hay democracia.

–¿Qué es y qué implica “traicionar la complicidad machista”?
Traicionar esa complicidad machista es traicionarnos a nosotros mismos, exponiendo cuáles son esos comportamientos que hemos aprendido, en los que nos han entrenado para sostener posiciones de privilegio con respecto a las mujeres, y son esas prácticas sutiles a las que recurrimos, a veces sin saber que las tenemos y otras con plena conciencia, para ganar una discusión ya sea en el marco de una relación laboral, de pareja, de militancia, para delegar una tarea que sabemos que si nosotros no la hacemos una mujer la va a hacer por nosotros, para mantenernos incuestionados con otros varones.

Para Fabbri, que comenzó a involucrarse en el campo del feminismo allá por el año 2003 cuando se realizó el XVIII Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, el llamado del feminismo a “cortarse el mambo” entre los varones “es también exponer a otros cuando están ejerciendo esos privilegios”. “Sea el que le está diciendo algo a una compañera en la calle, el compañero que interrumpe en el marco de una reunión porque considera que su palabra es más importante que la de ella, el que en el ámbito doméstico deja que se paren las mujeres a la hora de levantar la mesa y no mueve un pelo, todas estas instancias de socialización que a veces son mixtas y otras veces sólo entre varones”, enumera.

–¿Qué implica para un hombre comenzar a cuestionar a sus pares en todos esos aspectos?
–Implica romper vínculos de amistad o, en otros casos, que haya ciertas cosas que no se hablan adelante tuyo, o que te ganes el mote del “ortiva” desde el vamos. Esos son parte de los privilegios que hay que cuestionar: los vínculos a partir de cómo uno asume determinadas posiciones éticas, políticas en la vida, se van reconfigurando. Hay un privilegio a renunciar en ese explicitar la posición política que uno tiene cuando se está ejerciendo violencia a nuestro alrededor, que es no ser neutral, y eso tiene costos. Ahora, las compañeras se inmolan cotidianamente en todos los ámbitos, asumiendo esos costos sobre sus cuerpos, y nosotros que estamos de acuerdo con el objetivo de esa lucha miramos como imparciales analizando la batalla, el resultado, a lo sumo manifestando nuestro acuerdo. Pero ahí hay que jugar un partido. No se juega en Facebook la batalla, es importante salir a posicionarnos, a replicar, pero si se queda ahí tenemos un problema muy grande porque alentamos y fomentamos una radicalidad y conflictividad que después la pagan las compañeras en primera persona.

Leer completa.

Be Sociable, Share!