Publicado por el 29 septiembre 2014 en Paternidad Igualitaria | 0 comentarios

Rodeado. «He sido un amo de casa muy feliz, sin complejos».

Isabel Urrutia

Tiene 45 años y muchos le conocerán por libros tan sugerentes como ‘Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis’ (Memorias de una estrella del porno amateur) o ‘La polla más grande del mundo y otros 69 cuentos’. Patxi Irurzun (Pamplona, 1969) es un autor inagotable, que se alimenta -en mayor o menor medida- de las experiencias personales para dar forma a sus historias. De hecho, uno de sus últimos éxitos es ‘Mi papá me mima’ (Ediciones B), un compendio de los artículos que fue publicando durante ocho años en la revista ‘Guía del niño’.

– Primerizo y tardío.

– Ya, ya, como muchos en la actualidad. He sido padre dos veces, a los 36 y 40 años.

– ¿Por qué le dio por empezar a escribir para ‘Guía del bebé’?

– La experiencia del primer hijo es algo sísmico. Te cambia para siempre. ¡Y para mejor! Al poco de nacer Hugo, escribí un relato y luego surgió la posibilidad de hacer una serie para esa publicación. Me vino muy bien poner algunas de mis experiencias en negro sobre blanco…

– Para aliviar el agobio, ¿no?

– Buuuf. Me tocó asumir el rol de amo de casa, así que no me faltaba trabajo. Mi mujer salía por las mañanas y yo hacía todas las labores del hogar, además de encargarme del bebé y seguir escribiendo porque, hombre, yo me gano la vida con eso. Entre pañal y pañal, papilla y papilla, no dejaba de sentarme delante del ordenador.

– En este país no es habitual que el hombre se quede en casa para cuidar a los niños.

– Algunos vecinos me miraban raro pero yo lo he vivido con naturalidad, sin complejos. He sido muy feliz viendo como crecían los críos, tanto Hugo, que ya tiene nueve años, como Malen, que ha cumplido cinco. ¡Me llenan la vida!

– ¿Más que escribir?

– Más. La literatura es una pasión pero la paternidad transmite vida, es algo arrollador.

– «Les voy a decir a mis amigos que os maten». Esto les soltó el bueno de Hugo, a usted y su mujer, cuando era chiquitín. Perdone, pero al leerlo me dio un ataque de risa.

– Ja, ja, es que los pequeños son así. Todo ternura y también, en fin, algo de maldad. Son transparentes. Por eso sé que el crío, pese a todo, me quiere mucho.

– ¿Alguna prueba?

– Pues que le encantan los macarrones que hago.

– ¿Tan malos son?

– Bueeeno…

-¿Ya sabe que ha corrido el peligro de perder testosterona?

– ¿Perdón?

– Según un estudio de la Universidad de Northwestern (EEUU), los hombres que ejercen de amos de casa sufren «una caída brusca» de hormonas masculinas.

– Mmm, no veo muy fiable esa investigación. Yo estoy encantado, en todos lo sentidos. De verdad. No he perdido testosterona.

– Su padre murió cuando usted tenía tres años. ¿Tiene algún recuerdo de él?

– No, ninguno.

– ¿Es positivo o negativo no tener puntos de comparación a la hora de ejercer la paternidad?

– Ni una cosa ni otra. Yo he improvisado, les he dado todo el cariño del mundo y, ejem, ejem, hago todo lo posible para que me hagan caso. Aunque, la verdad, obedecen más a su madre. Va con el carácter.

– Para carácter el de la abuela, que usted saca como personaje en su libro.

– Mi madre se quedó viuda con cuatro hijos. Un ser extraordinario, lleno de vitalidad. En ‘Mi papá me mima’ también he querido rendir homenaje a todas esas mujeres de más de 70 años que se sacrificaron tanto, tantísimo por su familia.

– ¿Es su modelo a seguir?

– En parte, claro que sí. Pero ella es inalcanzable. Única.

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