Publicado por el 29 diciembre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

A partir del próximo 1 de enero se añadirán dos semanas más al permiso de paternidad (éste pasará a ser de 4 semanas). Esta ampliación del permiso de paternidad no es sino aplicar lo que la Ley de Igualdad de 2007 contemplaba que tenía que suceder desde el 1 de enero de 2011, y que se ha venido posponiendo sucesivamente “por razones presupuestarias” (como si dicha medida fuera un lujo). Además la ministra Báñez sostiene que impulsará el diálogo parlamentario para la elaboración de un Pacto Nacional para la conciliación y la racionalización de horarios (incluyendo el cambio de huso horario).

Pero la medida verdaderamente histórica -complementada con las mencionadas anteriormente- y que actuaría sobre el mismo núcleo de la desigualdad de género y de los problemas de conciliación es la equiparación del permiso de paternidad con el de maternidad. Este es el sentido de la proposición no de ley aprobada el pasado 18 de octubre de 2016 por el pleno del Congreso de los Diputados, que insta al Gobierno a estudiar dicha reforma.

La propuesta consiste en igualar gradualmente el permiso de paternidad (ahora mismo de 2 semanas) con el de maternidad (actualmente de 16 semanas). De esta manera se alcanzaría un sistema de permisos parentales “16+16”, en donde cada uno de los progenitores dispondría de 16 semanas de permiso, no trasferibles al otro progenitor, bien remuneradas, y con un amplio margen de flexibilidad (en los plazos, etc.) en el uso de las mismas. Si saliera adelante esta reforma, la ampliación del permiso de paternidad a 4 semanas de 2017 habría constituido el primer paso en el proceso que conduciría a un permiso de paternidad de 16 semanas.

A veces como mejor se trasmite una idea es con un ejemplo. Consideremos el caso de una pareja heterosexual en donde ambos trabajan como asalariados estando ya en vigor el sistema 16+16. Esta pareja tiene un primer hijo, tras lo cual la madre utiliza su permiso de maternidad de 16 semanas, más 2 semanas más en concepto de permiso de lactancia acumulado, más 4 semanas más de vacaciones que utiliza para cuidar de su bebé. Al cabo de 5 meses y medio la madre se reincorpora a su trabajo.

Por su parte, el padre utiliza 2 de sus 16 semanas durante las dos primeras semanas inmediatamente posteriores al parto (un período crítico para el hogar y de recuperación física de la madre); sin embargo, se reserva las otras 14 semanas de su permiso de paternidad y las utiliza tras la reincorporación de la madre a su trabajo, una vez que el bebé tiene casi 6 meses (y quizás ha dejado de recibir la lactancia materna). De esta manera el padre de nuestro ejemplo, añadiendo también sus semanas de vacaciones, cuida en exclusiva del bebé durante varios meses (mientras la madre trabaja), con lo que este niño/niña habría sido cuidado consecutivamente por sus dos progenitores hasta prácticamente tener un año de edad (momento en el cual empezaría a ir a la guardería).

En realidad este ejemplo es muy parecido a lo que ya realizan la mayoría de parejas en Islandia, y que se podría hacer realidad aquí si se aprobara la reforma 16+16. Ahora bien, ¿y si otras parejas quisieran tomarse los permisos de manera simultánea? O si, por ejemplo, un padre (o una madre) no quisiera desligarse totalmente de su trabajo y prefiriera tomarse la baja a tiempo parcial (trabajando a media jornada) y doblando el periodo total de baja? Pues perfecto. La idea es que el sistema de permisos 16+16 debería ser totalmente flexible en plazos, secuencias y dedicación, de manera que se pudiera adaptar a las restricciones y a las preferencias de cada pareja.

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