Publicado por el 4 enero 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Redacción de Hombres Igualitarios | 20 Dic, 2017

SEXISMO EN LA ELECCIÓN DE JUGUETES

Afortunadamente, se extiende socialmente la inquietud, o al menos surge la pregunta, a la hora de elegir el juguete, de si estamos constriñendo la libertad de desarrollo personal por elegir el juguete según el sexo al que se supone que tradicionalmente ha sido adjudicado. Otra cosa es la decisión que finalmente tomemos, pero al menos nos cuestionamos cada vez más el supuesto orden de normalidad y naturalidad del asunto. Se reduce progresivamente el número de personas que dividen los juguetes por sexo (de niño o de niña), o al menos que lo dicen abiertamente y en público: “este juguete es de niñas y este juguete es de niños”. Sin embargo, en realidad, la elección final del juguete sigue siendo mayoritariamente sexista por múltiples razones: la publicidad, las creencias personales sobre el género y la falsa creencia que induce al miedo a la homosexualidad.

Cuando reflexionamos sobre estos temas hablamos de publicidad sexista o de actitudes personales sexistas, pero no de juguetes sexistas. Los juguetes nunca fueron en sí mismos sexistas. Lo sexista es su elección y su uso en función de la atribución a uno u otro sexo y, por lo tanto, los juguetes serán más o menos educativos, más o menos tecnológicos, más o menos violentos, más o menos divertidos, pero no más o menos sexistas. Los hacemos sexistas cuando los elegimos y fomentamos su uso en función de nuestras expectativas de adultos, de las intenciones de negocio de las compañías de juguetes y de las estrategias de publicidad.

El videojuego sí puede ser en sí mismo sexista, pero el videojuego no es un juguete, sino un juego. No es un juguete porque no cumple con la condición de poder ser usado de manera diversa en función del deseo de quien juega, de la imaginación o de la necesidad. El videojuego se utiliza para lo que se ha diseñado y el/la jugador/a muestra fundamentalmente sus habilidades pero no su imaginación. Y sin duda la mayoría de videojuegos son extremadamente sexistas por el rol de mujer que, aunque es activa, atrevida e incluso violenta en la mayoría de casos, es además hipersexualizada. Los personajes masculinos rara vez aparecen en roles de cuidado, amistad o afecto, sino en acciones violentas y practicando deportes tradicionalmente masculinos. Además su presencia es mayor que la de los personajes femeninos.

LA PUBLICIDAD

La manera en que la publicidad muestra los juguetes asociados a uno u otro sexo tiene sin duda una poderosa influencia, tanto en las personas adultas que compran como en las niñas y los niños que piden. Todos los estudios que analizan la publicidad del juguete desde la perspectiva de género siguen indicando sesgos sexistas evidentes y masivos. El realizado por EMAKUNDE (Instituto Vasco de la Mujer del Gobierno Vasco) en 2004 señalaba diferencias de presentación de los juguetes en función del sexo en multitud de indicadores tales como los colores, la acción de los personajes, el lugar y presencia preponderante de los personajes, el lenguaje, la escenografía, etc. Un estudio más reciente es el TFG realizado en 2014 por Miriam Santos Gracia de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Es cierto que en la publicidad van desapareciendo los sesgos más evidentes (como, por ejemplo, la separación de colores y de páginas por sexos en los catálogos), pero a nada que se profundice, aparecen otros factores sexistas inicialmente no tan fácilmente perceptibles y conscientes pero sí condicionantes. Pero es que, además de la diferenciación sexual bipolarizada en horizontal, es necesario desvelar la diferenciación en vertical, es decir la jerárquica y de valoración. La supuesta inversión o intercambio de roles de manera simétrica no es tal. Se observa cómo aparecen más niñas con juguetes y acciones (juegos) tradicionalmente masculinos (coches, balones, juegos tecnológicos) que niños con juguetes y juegos tradicionalmente femeninos (muñecas, maquillaje, vestuario). Esto no es más que la extensión de lo que ocurre en otros ámbitos de la vida como la educación, el deporte, la elección de profesiones, etc.

Otro ejemplo que pone luz en esto es la creciente valoración de la cocina y la consiguiente traslación a la publicidad de cocinas entre niñas y niños de forma más indiferenciada. Es decir, nos incorporamos los varones (niños o adultos), e incluso nos apropiamos de aquello que tiene reconocimiento social.

Emakunde publicó en 2009 una completa guía para familias y también el Instituto Andaluz de la Mujer publicó en 2013 otra interesante guía.

OBSTÁCULOS PARA EL CAMBIO

Las creencias personales de asignación de roles en función del sexo porque es lo “natural”, lo “normal” o lo “conveniente” para el buen orden social, son otro poderoso obstáculo para el cambio. No cumplir con la asignación de juguetes -y los consiguientes roles asociados- en función del sexo supone subvertir el orden de las cosas tal y como han venido siendo y por lo tanto una exposición a la desorientación e incomodidad, en el mejor de los casos, y un riesgo para la pérdida de privilegios masculinos. Esto que denominamos resistencia a la desorientación o incertidumbre se observa en los estudios empíricos en los que se ofrece a personas adultas interactuar con niños y niñas de menos de 2 años. Si no se les indica el sexo ni se ofrecen rasgos diferenciadores (como el color de ropa o pendientes) las personas adultas expresan sentirse incómodas por “no saber cómo interactuar con una criatura de la que desconocen el sexo”. La tolerancia a la incertidumbre y a la indiferenciación sexual facilita la superación de estereotipos y prejuicios y hace la elección del juguete más libre del cliché del sexo de nacimiento.

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