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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

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Caperucita roja y los cinco lobos feroces

Publicado el 27 abril 2018 en Violencia contra las mujeres, Violencia machista |

Miguel Lorente. eldiario.es

Feroces eran los cinco hombres de ‘la manada’ que se llevaron a la víctima a un portal para mantener relaciones sexuales no consentidas con ella, algo que sólo pudo suceder, a tenor de lo que cuenta la sentencia, con violencia e intimidación.

Érase una vez una niña con una pañoleta roja al cuello que caminaba sola por el bosque de la ciudad iluminada bajo luces de fiesta y estrellas de colores. En un momento de la noche se sienta en un banco, y al poco tiempo se le acerca un lobo, después otro, luego lo hace un tercero, al rato llega uno nuevo, y al momento se le aproxima otro lobo más… En total cinco lobos, una manada.

Los cinco se ofrecen a acompañarla para que ningún otro animal pueda atacarla, hasta que en un momento determinado la meten en un portal y se abalanzan sobre ella. Pero unos cazadores que andaban cerca oyeron ruidos y se dirigieron corriendo hasta el portal, y al ver la escena, cuando se dirigían a ayudarle, uno de ellos detuvo al resto y les dijo que no hacía falta que le ayudaran, que “ninguno de los lobos estaba utilizando la fuerza y la intimidación”.

Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Y sí, se ha acabado porque resulta difícil de creer, incluso como cuento.

La OMS define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”. Como se puede ver, no es necesario recurrir a la fuerza física para generar una situación de violencia, y menos aún de intimidación, algo tan claro que el propio juez Llarena justifica la existencia de un delito de rebelión en Cataluña al hablar de violencia como “demostración de fuerza y disposición a usarla”.

A raíz de los elementos que caracterizan los hechos, lo ocurrido con el ataque llevado a cabo por los miembros de “la manada” básicamente tiene dos posibilidades, o se trata de una relación consentida o se trata de una violación. La explicación intermedia en que han basado la sentencia resulta complicada de aceptar. Veamos los argumentos relacionados con cada una de ellas.

1. Relación consentida:

Los hechos son incompatibles con una relación aceptada de forma voluntaria por la víctima dadas las consecuencias que han tenido sobre ella, que fue encontrada sola y sentada en un banco en estado de shock. Esta reacción es propia de sucesos traumáticos graves capaces de provocar una impacto serio sobre la persona atacada, hasta el punto de dejarla paralizada tras el asalto durante un tiempo más o menos prolongado. Por  otra parte, la descripción que hacen los propios agresores de la actitud de la víctima durante los hechos, no se corresponde con la de una persona que llega a esa situación de forma voluntaria, dentro de un contexto de diversión y fiesta en el que se decide mantener relaciones sexuales con los hombres que forman parte de él.

2. Relación no consentida:

El shock que presentó tras los hechos, tal y como hemos indicado, es propio de una situación traumática que en ningún caso puede deberse a la simple contrariedad o arrepentimiento por la decisión adoptada, ni a factores secundarios, como puede ser la difusión de las imágenes grabadas, tal y como se ha dicho. Para que aparezca la víctima tiene que haber vivido un suceso que genere un importante impacto psicológico, unido a la vivencia de que del mismo se podrían haber producido consecuencias más graves para su salud y vida.

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Más de la mitad de las universidades públicas españolas registran casos de acoso

Publicado el 23 abril 2018 en Violencia contra las mujeres, Violencia machista |

Pikara Magazin Dossier

 

En Pikara Magazine hemos hecho una investigación sobre la situación de la la lucha contra el acoso en las universidades públicas españolas. Por eso en enero encargamos a dos periodistas, Yuly Jara y Miguel Egea, que se pusieran manos a la obra. El resultado de estos tres meses de investigación, en los que se han contactado con 50 universidades, es este informe: ‘Más de la mitad de las universidades públicas españolas registran casos de acoso’, en el que hay datos de ámbito estatal, además de una perspectiva general de cómo y en qué medida se está luchando contra la violencia machista en cada universidad. En  ‘Granada: un protocolo modelo que sigue sin impedir el acoso’ realizamos un estudio de caso de la Universidad de Granada, que ha registrado el mayor número de casos tratados (65), y desvelamos en detalle las virtudes y problemáticas que genera la lucha contra el acoso desde este institución universitaria. Finalmente en “Para transformar la universidad hace falta una crítica radical a los modos de producción del saber y a su falocentrismo” discutimos sobre el heteropatriarcado y el sistema universitario con la filósofa Laura Llevadot, que ofrece una perspectiva muy particular sobre machismo, feminismos e, incluso, amor.

Los datos recopilados por Pikara Magazine cifran en 236 los casos en el sistema público de enseñanza superior y desvelan que el acoso sexual y laboral, así como las discriminaciones e incluso las agresiones sexuales alcanzan a toda la comunidad universitaria, desde estudiantes hasta personal docente. Destacan la Unidad de Granada, con 65 casos registrados, la Universidad del País Vasco y la Universidad Autónoma de Barcelona con 23 cada una. Los 18 casos computados por la Complutense de Madrid son de acoso sexual.

Base de datos sobre protocolos de Igualdad en las universidadesBase de datos sobre protocolos de Igualdad en las universidades

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FEMINISTAS. INTENSAS , DIVERSAS , IMPRESCINDIBLES .

Publicado el 3 abril 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

José Ángel Lozoya Gómez
Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad
Crecí rodeado de mujeres fuertes, de mujeres que la guerra dejó viudas o solteras, de mujeres que superaron dificultades difícilmente imaginables. De niño me dormía escuchando la máquina de coser de mi madre, una modista que también fue dependienta, frutera, portera, metalúrgica…

El franquismo nos empujó al exilio político y económico. A los 14 años mamá me asignó tareas domésticas y se negó a enseñar a coser a mis hermanas, por la sobrecarga de trabajo que suponía para la mujer de un obrero. Llevó pistola en el bolso hasta que volvió a España y fue la primera concejala de su ciudad. Su último gesto político, en solidaridad con las procesadas de Bilbao, fue la firma de un documento en el que afirmaba haber abortado.

En el exilio conocí a hombres que figuran en los libros de historia y a feministas reivindicando el derecho al aborto o a la iniciativa sexual. Y fue una poetisa catalana, que recitaba como nadie “El crimen fue en Granada”, la que me animó a volver a Valencia para luchar contra la dictadura.

Mientras la prioridad fue la conquista de las libertades yo me enamoraba de mujeres a las que admiraba por su valor y por su capacidad para cuestionarme. Muerto Franco los hombres copamos la dirección de los partidos y los sindicatos, y nos creímos capaces de decidir hasta lo que tenían que decir nuestras compañeras en las asambleas de mujeres que empezaban a surgir. Con eso provocamos que muchas antifranquistas orillaran sus diferencias partidarias para construir un movimiento de mujeres que, para afirmar su autonomía, rechazaba a los hombres en sus actividades y cuestionaba a las feministas que militaban en organizaciones mixtas.

Mis dificultades con el centralismo democrático y mis relaciones con el movimiento de liberación sexual favorecieron que aceptara integrarme en el primer grupo feminista que buscaba imponer en la práctica el derecho al aborto. Esto me dio una perspectiva privilegiada de las relaciones heterosexuales y sus consecuencias. Aposté por la educación sexual cuando vi que la demanda de “Anticonceptivos para no abortar, aborto libre para no morir” era un parche si no cuestionaba la sexualidad masculina.

El feminismo cambió las relaciones entre los sexos sin que la mayoría de los hombres se sintieran aludidos y yo, que me relacionaba con feministas y envidiaba la intimidad que lograban en los grupos de autoconocimiento, decidí convocar a un grupo de hombres (en 1985) para ver cómo nos afectaba el cambio y cómo podíamos contribuir a acelerarlo, dando sin saberlo un impulso al Movimiento de Hombres por la Igualdad.

Desde su aparición el feminismo aporta enfoques nuevos a temas viejos. Sin que nadie les regale nada han reivindicado, frente  a todo tipo de descalificaciones, temas como el divorcio, la promiscuidad, la noche, la anticoncepción, el aborto, la igualdad de derechos y oportunidades, las cuotas, los cambios legislativos, la discriminación positiva, el trabajo doméstico… Reivindicaciones acompañadas de todo tipo de movilizaciones, siempre pacíficas, en las que han asumido riesgos y superado periodos de desmovilización que acabaron con muchos movimientos de la transición. Superado momentos en los que solo se veían rescoldos en la universidad y las instituciones, mientras aumentaba el reguero de víctimas que quedaban en la cuneta de la historia. Pero de tanto en tanto pasaba algo que las hacía resurgir. A finales de los 90 fue la indignación ante el asesinato de Ana Orantes el que puso en la agenda la violencia que padecían en las relaciones de pareja.

La victoria del PP y la desmovilización social que provocó las medidas anti“crisis” llevaron a pensar en el escenario ideal para recortar el derecho al aborto, la conquista más peleada por el feminismo desde la transición, y el tren de la libertad fue el broche a una respuesta del movimiento feminista que provocó la dimisión de Gallardón y un relevo generacional que, con los socialistas en la oposición, no se pudo controlar con ayudas a los colectivos afines.

La manifestación de Madrid del 7N de 2015 hizo saltar por los aires el corsé legal que mantenía las violencias machistas en el ámbito de la pareja, y el 25N de 2017 el movimiento feminista demostraba su implantación territorial con manifestaciones masivas en más de 50 ciudades, contra “la manada” y los intentos de cuestionar a su víctima.

El pasado 8 de marzo la de mujeres fue la primera huelga política de la democracia, y las manifestaciones de la tarde una demostración sin precedentes de fuerza del movimiento feminista, que ha metido en la agenda política temas como la brecha salarial o los cuidados, que parecían tener más capacidad descriptiva que de movilización.

Ya podemos decir que la mayoría de los hombres se sienten aludidos, que son capaces de identificar muchos de sus privilegios y abundan los que comparten la necesidad del cambio, como demuestran su presencia creciente en las manifestaciones feministas, los miles de hombres que asumieron los cuidados en sus hogares para que sus compañeras vivieran el 8M, o los que atendieron los puntos de cuidados que se montaron ese día en muchos pueblos y ciudades.

Tras una vida acompañando a las feministas, con algunos desencuentros sobre el lugar que debemos ocupar los hombres en la lucha por la igualdad, he de admitir que siguen siendo el motor del cambio de los hombres porque se necesita su presión para que renunciemos a muchos de nuestros privilegios.

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Madres asesinas y buenos padres que matan

Publicado el 23 marzo 2018 en Violencia machista |

Miguel Lorente  

Entre los hechos y la realidad está el significado, que es lo que permanece y da sentido a la historia de cada día. Los acontecimientos sólo son la inspiración para redactar el relato, las referencias necesarias que permiten escribir el tiempo con continuidad y sin sobresaltos que rompan el sentido de lo vivido hasta el presente y el mañana esperado.

 Y esta situación que se observa en la forma de escribir la historia sobre el pasado y transmitirla, de manera especial a la hora de interpretar los conflictos, guerras, victorias y derrotas, sucede cada día en aquellos hechos que de una manera u otra tienen impacto directo en la forma de organizarnos y relacionarnos sobre las ideas, valores, creencias, mitos… que se han adoptado y considerado adecuadas para convivir.

Es lo que sucede con la violencia de género, una violencia estructural que surge de la propia “normalidad” que la cultura machista ha establecido y ha cargado de justificaciones para que sea interpretada como algo propio de las relaciones de pareja, no en el sentido de que sea una conducta “obligada”, pero sí bajo la idea de que “puede suceder”, y que si aparece es reflejo del “amor” y la “preocupación” que siente el hombre ante ciertas actitudes y conductas de la mujer que “pueden afectar a la pareja o a la familia”. Bajo esa idea, la violencia de género no se presenta con el objeto de dañar, sino de corregir algo que se ha alterado.

Lo vemos cuando la Macroencuesta de 2015 recoge que el 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia sufrida “no es lo suficientemente grave”, cuando en el Eurobarómetro de 2010 un 3% de la población de la UE dice que hay motivos para agredir a las mujeres, o cuando el 30% de la adolescencia de nuestro país afirma que cuando una mujer es maltratada se debe a que “ella habrá hecho algo”.

Y hablamos de una violencia que cada año asesina a una media de 60 mujeres, maltrata a 600.000, y permite que unos 840.000 niños y niñas sufran su impacto al vivir expuestos en los hogares donde el padre la lleva a cabo, ¡un 10% de nuestra infancia! (Macroencuesta, 2011).

A pesar de esa terrible y dramática situación para una sociedad, sólo alrededor del 1% de la población considera que se trata de un problema grave (CIS). Y no es casualidad que sea tan bajo, sino consecuencia del significado que se da a esta violencia, la cual es presentada como un descontrol producto de hombres con problemas con el alcohol, las drogas, alguna enfermedad mental o un trastorno psíquico. Sobre esta situación estructural, además, desde la “normalidad” machista se lanza una estrategia de confusiónque busca mezclar todas las violencias y reactualizar los mitos para seguir construyendo la realidad sobre el significado que ellos deciden.

El ejemplo más cercano lo tenemos en el asesinato cometido por Ana Julia Quezada sobre el niño Gabriel Cruz, un hecho terrible que comprensiblemente levanta todo el rechazo hacia su autora. La crítica, incluso en sus expresiones más emocionales, es perfectamente entendible como parte de los sentimientos que se han visto afectados por unos hechos y unas circunstancias tan dolorosas como las que se han vivido. Ese no es el problema, lo que sorprende es la bajeza de quienes lo utilizan y lo instrumentalizan para intentar, una vez más, confundir y cuestionar la violencia contra las mujeres a través de una doble estrategia:

  • Por un lado, generar confusión sobre las diferentes violencias y tratar de reducirlas sólo a su resultado, es decir, a las lesiones que ocasionan y a la muerte para concluir que todo lo que termina en el mismo final tiene el mismo sentido, algo que es absurdo. Sería como afirmar que todas las hepatitis son iguales y deben tratarse de la misma forma, sin considerar si son tóxicas o infecciosas, sin dentro de estas son producidas por bacterias o por virus, y dentro de las víricas si están ocasionadas por un tipo de virus u otro.
  • Y por otro lado, presentar la violencia que llevan a cabo las mujeres como consecuencia de la maldad y la perversidadque la cultura les ha otorgadocon mitos como el de “Eva perversa” o “Pandora”. En cambio, con la violencia que llevan a cabo los hombres ocurre lo contrario, ellos son los “buenos padres” que utiliza el Derecho como referencia para aplicar la ley, y por lo tanto, cuando agreden o matan es por el alcohol, las drogas o los trastornos mentales.

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Poliamor: ni líquido, ni neoliberal, ni promiscuo

Publicado el 21 marzo 2018 en General |

Alejandro Sánchez-Sicilia | 12 Mar, 2018 Revista Hombres Igualitarios.

Hace unos años la palabra poliamor pasaba en nuestro país desapercibida. Ahora, poliamor se ha convertido en una de las palabras más buscadas en Google en el último año; se le dedica un espacio en los medios digitales, las editoriales y librerías comienzan a ver una demanda por parte de sus clientes y la palabra poliamor empieza a “sonarnos” sin previamente haber tenido algún tipo de contacto directo con ella.

Pero, ¿sabemos realmente de qué estamos hablando? ¿Es poliamor lo que nos venden algunos medios? ¿Es poliamor aquello que esta en boca de todxs?

Hace unos meses me topaba con un artículo algo desafortunado de eldiario.es titulado “Poliamor: ¿amor libre o neoliberal?. El autor hace un buen resumen de lo que es el sistema neoliberal, pero confunde durante todo el artículo el poliamor con el amor líquido o de consumo. Y no solo el autor del artículo considera equivalentes los conceptos de poliamor y amor líquido, sino que la amplia mayoría de la población así lo cree, algo habitual con lo que me he ido encontrando.

ayamos por partes, ¿Qué es el neoliberalismo?

El neoliberalismo es una corriente económica y política, una fase del capitalismo que toma fuerza a partir de los años 80. En el sistema neoliberal el consumo se torna protagonista y aparece de forma Interseccional en múltiples contextos. El sistema neoliberal nos coloca en una situación de competición constante con los demás y con nosotros mismos por consumir la mayor cantidad de bienes, experiencias, conocimientos y personas posibles.  Para este sistema tenemos que ser “El/la que más…”. El que más sabe sobre un tema determinado, tenemos que estar en constante formación (para no ser menos que nadie); tenemos que ser emprendedores, el que más se desarrolla como individuo particular; el que más bienes apreciados consume, el que obtiene el último modelo de móvil recién puesto a la venta; ser el que mas viaja, el que más países visita; el que más experiencias tiene, el que más experiencias con otras personas tiene (sobre todo a nivel sexual, donde si encarnas una masculinidad tradicional, es común hacer gala de ello ante tu grupo de amigos). El sistema neoliberal nos “invita” a no apegarnos a lo que consumimos (experiencias, bienes, conocimientos…), pues si nos apegamos y nos sentimos cómodos con nuestro IPhone 8 no consumiríamos el IPhone X (aunque el 8 siga estando en perfecto estado) y el sistema se colapsaría. En el sistema neoliberal nos sentimos constantemente vacíos, y por mucho que consumamos, nunca nos llenamos del todo. El sistema neoliberal nos crea una necesidad innecesaria.

Ahora que tenemos una muy breve síntesis del sistema neoliberal, vamos a explicar que es el amor de consumo o amor líquido:

“Amor líquido” es un trabajo del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Amor líquido se incluye dentro de su obra sobre la modernidad líquida, un término acuñado para conceptualizar y visibilizar la nueva manera de relacionarnos y vincularnos interpersonalmente. Bauman hace referencia al modelo neoliberal del cual surge la modernidad líquida y que establece el consumismo como acuerdo social que resulta de reconvertir los deseos, ganas y/o anhelos humanos en la principal fuerza de impulso y de operaciones de la sociedad (Bauman, 2007). En la sociedad de consumo impregnada por el sistema neoliberal, las personas nos convertimos en agentes y objetos de consumo. El amor líquido hace referencia a la forma de relacionarnos y vincularnos interpersonalmente en la modernidad líquida, en lo que a las relaciones sexo – afectivas se refiere.

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Los hombres que se rindieron al feminismo: “Ser machirulos nos vuelve tóxicos”

Publicado el 12 marzo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

El Confidencial 7/03/2018

Ahige ayuda a hombres a cuestionarse la hegemonía de la masculinidad tóxica en la sociedad actual y a preguntarse por su papel en la era del feminismo.

El discurso hegemónico de la masculinidad es la segunda teta de la que el hombre mama de manera casi involuntaria después de la de su madre. Los mitos del macho ibérico nos rodean conforme crecemos y si uno sale de la norma que define al modelo de hombre, un vómito de palabras vacías del calibre de ‘nenaza’, ‘marica’ o ‘calzonazos’ le inundan los oídos, amenazando con correr su misma suerte a cualquiera que le defienda. Menos de 10 metros cuadrados en un piso de la calle Montera de Madrid hacen de asociación para hombres que quieran cuestionar al macho alfa y lograr que otros lo hagan, que busquen su parte de responsabilidad en el machismo y que quieran descubrir cuál es su papel como hombres en la nueva era del feminismo.

Se trata de Ahige, siglas de Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, aunque bien podría ser acrónimo de aliados del feminismo contra la masculinidad tóxica. El primer paso para ser miembro, lo tienen claro: “Aceptar que todos somos machistas“. Varios de sus socios se han reunido con El Confidencial para discutir sobre esta y otras cuestiones que nos afectan a los hombres, en particular a los que quieren tomar responsabilidades de cara a la manifestación y huelga feminista del 8 de marzo.

“No se nace mujer, se llega a serlo”, decía Simone de Beauvoir. Lo mismo arguyen en esta asociación: “No se nace hombre, somos un resultado”. “¿Y es sana la manera en que los hombres crecemos?”, se preguntan desde este grupo de hombres. En este proceso influye todo. “Ser machirulos nos vuelve tóxicos y ponerse la etiqueta de machista no es fácil”, es su primera premisa. Pero también saben que difundir entre hombres las ideas que han tomado prestadas del feminismo y que reproducen no es una tarea sencilla.

Desde la asociación, explican, se dedican a aplicarse el discurso que “durante cientos de años” las mujeres han estado hilvanando para “luchar por sus derechos” y tratar que llegue a cuantos más hombres sea posible. “Nosotros nos aplicamos ese discurso para dar nuestro paso —y ayudar a que otros lo hagan— hacia abajo en ese escalón de privilegios”. Un escalón incómodo cuando lo pisas, ya que “hace replantearte todo y ponerte de frente a los privilegios que te han permitido estar donde estás”. Básicamente, luchar contra tu zona de confort.

“Buscamos romper el discurso dominante de la testosterona, de que somos violentos y de la masculinidad tóxica”, explican. De esta manera, creen poder ayudar a otros hombres y tratan de “sensibilizar a otros” intentando desafiar los estereotipos de “la masculinidad hegemónica”. Buscan promover un cambio a nivel colectivo desde lo individual de lo que es ser hombre.

“Este no es un problema que dependa tanto de las mujeres solucionar, sino nuestro”, sostienen. Tienen claro que su “responsabilidad como hombres es interiorizar su discurso” y se lamentan de que hayan tenido que pasar cientos de años hasta que “hayamos comenzado a darnos por enterados“. Pero saben bien por qué el discurso feminista no cala entre muchos hombres: “No es atractivo. Vende mejor la historia de que el feminismo lo que busca es dominar a los hombres”.

Pero opinan que difícilmente serán hombres nuevos sin abandonar la toxicidad de muchas masculinidades. Si no “aprendemos y asumimos” lo que es el feminismo: una “teoría social, económica y política que busca la igualdad efectiva”. Aunque también tienen claro que es más fácil que el ideario cale en otros hombres si son ellos quienes les explican qué esta mal.

Si el machismo perdura, critican, es porque “somos cómplices y lo somos con nuestro silencio. Cada vez que vemos una situación en la que la mujer es discriminada, no hacemos nada por remediarlo o hasta nos reímos de ello”. Se trata, en definitiva, de ser conscientes de la “sociedad desigual en la que vivimos y dejar de ser aliados”.

 

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Los hombres necesarios

Publicado el 6 marzo 2018 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Juan I. Pérez. el independiente de Granada

LA NUEVA MASCULINIDAD QUE CONLLEVA EL FEMINISMO, IMPRESCINDIBLE PARA CONSTRUIR UNA SOCIEDAD JUSTA

La lucha por la Igualdad, imprescindible para construir una sociedad justa, precisa de hombres que den un paso al frente. Comprometidos con la Igualdad, intolerantes con el machismo, El Independiente de Granada ha publicado y seguirá publicando informaciones, análisis, reportajes para tratar de convencerte de que te sumes a esta lucha. Esta vez dirigido a los hombres. ¿Te comprometes?

i el machismo perdura es porque los hombres hemos sido permisivos, cómplices, aunque no seas el típico acosador o un maltratador. En la lucha por alcanzar la Igualdad real y efectiva, imprescindible para construir una sociedad justa, en una democracia del siglo XXI, la neutralidad a estas alturas es un acto cobarde, como si pudiéramos ser imparciales ante el racismo, la xenofobia, la homofobia…

El Feminismo ya no se defiende, lucha. Y en esa lucha debe contar con el Hombre. Cómo si no poder hacer cambiar el rumbo de la sociedad. Ya es hora. Es el tiempo de participar activamente en la revolución global pendiente más necesaria, que se demora desde tantos y tantos años.

No crees que es necesario superar al hombre troglodita, caracterizado con un garrote y arrastrando a una mujer de los pelos? ¿Ese que ya con otras ropas sigue marcando el terreno de la mujer y no cede espacio ni poder, vive sujetos a los roles y se cree superior?

En la década de las redes sociales, las luchas sociales y la democratización de (algunos) medios de comunicación en los que es posible expresarse libremente, hombres y mujeres de todo el mundo se cuestionan esa forma primitiva de virilidad. Acaso, ¿no lo haces tú?

Si ese hombre no nos representa y ni siquiera gusta, ¿por qué sigue dominando la sociedad? Despierta, nace la nueva masculinidad.

Esta concepción renovada de lo que significa ser un hombre abarca múltiples planos, pero empieza por mirarnos al espejo y comprobar, para desterrarlo, el machismo que nos invade.

El machismo, tan fácil de identificar. Como cuando escuchas las consignas feministas y sientes que no es tu lucha (por favor), o, incluso, hasta la palabra feminismo te provoca rechazo. Si das por descontado que es tu pareja la que tiene que cuidar a los niños, dejar su trabajo o encargarse de las cosas del hogar, y te disguste que prospere en el ámbito laboral. Si pensaste por un momento que la vida posterior a la violación de una joven en los Sanfermines minimizaba el delito de los cinco hombres que la violaron. Si le has dicho algo obsceno a una mujer por la calle… Háztelo mirar para cambiar. Radicalmente.

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La nueva masculinidad de Kenia

Publicado el 28 febrero 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Alice Mccool Nairobi El Pais.

En el país africano está cambiando el concepto de lo que es ser hombre. Cinco de ellos cuentan cómo dejan atrás los tradicionales roles de género.

Una estimulante mezcla de influencias —desde la urbanización hasta la religión, pasando por el desempleo o las iniciativas de desarrollo de género— están cambiando lo que significa ser hombre en Kenia. En este país religioso y socialmente conservador, la función tradicional de los hombres es la de protectores y proveedores. Pero con la tasa de desempleo más alta de África oriental, muchos son incapaces de cumplir estas expectativas. Al mismo tiempo, las mujeres, en especial en las ciudades, están redefiniendo cada vez más las relaciones entre sexos; han dejado de encargarse de la casa y del cuidado de los niños para pasarse a la política y los negocios.

Esto ha hecho que los hombres se pregunten cuál es su función en la sociedad contemporánea. En algunos casos, han respondido a esta dificultad recurriendo a la violencia como medio para reafirmar las nociones de virilidad tradicionales. Pero otros muchos intentan redefinir la masculinidad mediante sus acciones en el hogar, en el trabajo y en la comunidad.

Esta es la historia de cinco de ellos que están remodelando activamente lo que significa ser grandes hombres en Kenia hoy en día.

Evans Campbell, artista

“Nos vemos a nosotros mismos a través de una lente teñida con la opresión de lo que nos han enseñado a pensar. Las normas y los valores ahogan nuestra capacidad para movernos por el mundo de manera independiente. La sociedad ha hipersexualizado la figura desnuda. Las curvas y los contornos de una mujer están politizados de retórica reaccionaria. Como hombre, siento la resistencia a cambiar esto. Todos queremos aferrarnos a la supuesta seguridad del patriarcado, intentando desesperadamente imprimir nuestras imágenes en el mundo. La expresión del yo que me deja verdaderamente libre es muy desconcertante: ser simplemente yo da tanto miedo que solo con pensarlo pierdo las esperanzas. ¿Cuándo estaré realmente en paz conmigo mismo? ¿Cuándo me liberaré de todo lo demás? Cuando esté desnudo y solo. Cuando las respuestas sean mías, nacidas de un doloroso proceso de evaluación sin miedo a lo desconocido. Pero incluso la simbolización de dicha propensión es detestada. Mi capacidad para hacer algo se limita a lo que hay sobre mí y no a lo que hay dentro. La mera existencia es una conquista contra un mundo de elementos preestablecidos, todos ellos tan variados como las personas que los albergan. De modo que yo me convierto en mi pecado. Me convierto en lo que tú desearías que no fuese”.

Mutahi Chiira, arquitecto

“Para mi esposa y para mí, la pérdida del primer embarazo fue devastadora, pero logramos superarla con el tiempo. De modo que cuando, a comienzos de este año, recibimos a TJ, para nosotros fue una especie de redención. Naturalmente, esto me da un amor especial por mi hijo y siempre procuro dedicarle tiempo, en cuanto tengo la oportunidad, ya sea darle de comer, cambiarle el pañal, jugar o incluso acostarlo. Tengo la intención de dedicarle mucho tiempo para establecer un vínculo fuerte en estos primeros años. Así sentaremos una buena base para crear una relación padre-hijo satisfactoria. En resumen, lo hago por amor”.

 

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Los chicos no están bien (o por qué debemos repensar la masculinidad)

Publicado el 27 febrero 2018 en Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Morozov Photo/iStock, vía Getty Images Plus

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Solía decir esta frase: “Si quieres emascular a uno de tus amigos, cuando estén en un restaurante, pregúntale qué va a comer y cuando llegue la mesera, ordena por él”. Es gracioso porque quitarle a un hombre su masculinidad no debería ser así de fácil —pero lo es—.

La semana pasada, diecisiete personas, la mayoría adolescentes, fueron asesinados en un tiroteo en una escuela de Florida. La preparatoria Marjory Stoneman Douglas ahora se une a la categoría de Sandy Hook, Virginia Tech, Columbine y otros muchos sitios de una masacre estadounidense. ¿Qué tienen estos tiroteos en común? Armas, desde luego; pero también a los chicos. Las chicas no están jalando el gatillo; son varones. Casi siempre.

Los niños de Estados Unidos están destrozados y eso nos está matando.

La ruptura de los niños del país contrasta con sus niñas, que aún enfrentan muchísimos obstáculos, pero salen al mundo cada vez mejor equipadas para superarlos.

Los últimos cincuenta años han redefinido el significado de ser mujer en Estados Unidos. A las niñas de hoy les dicen que pueden hacer cualquier cosa, ser cualquier persona. Han absorbido el mensaje: están mostrando un mejor rendimiento que los niños en la escuela en todos los niveles, pero no solo se trata del desempeño. Ser niña actualmente significa ser la beneficiaria de décadas de conversación acerca de las complejidades de la feminidad, sus muchas formas y expresiones.

Sin embargo, los niños se han quedado atrás. No ha surgido un movimiento proporcional para ayudarlos a navegar hacia una expresión total de su género. Ya no es suficiente “ser hombre”… ya ni siquiera sabemos qué significa eso.

Demasiados niños están atrapados en el mismo modelo sofocante y obsoleto de masculinidad en el que la hombría se mide en fuerza, en el que no hay manera de ser vulnerable sin emascularse, donde la virilidad se trata de tener poder sobre los demás. Están atrapados y ni siquiera tienen las palabras para hablar de lo que sienten cuando lo están, porque el lenguaje que existe para discutir toda la gama de las emociones humanas aún se considera delicado y femenino.

Los hombres se sienten aislados, confundidos y en conflicto acerca de su naturaleza. Muchos sienten que las cualidades que solían definirlos —su fuerza, la agresión y la competitividad— ya no son rasgos deseados ni requeridos; muchos otros jamás se sintieron fuertes ni agresivos ni competitivos para empezar. No sabemos cómo ser y estamos aterrados.

Sin embargo, admitir nuestro terror es estar reducidos, porque no tenemos un modelo de masculinidad que permita sentir miedo o dolor o ternura o la tristeza cotidiana que a veces nos sobrepasa a todos.

Por ejemplo: hace unos días, publiqué una breve serie de mensajes acerca de estas ideas en Twitter, a sabiendas de que recibiría respuestas de odio a cambio. Me llegaron decenas de mensajes que impugnaban mi masculinidad; en los menos agresivos me dijeron “niño de soya” (un insulto común entre la extrema derecha que vincula el consumo de soya con el estrógeno).

Y así el varón que se siente perdido, pero desea conservar su identidad masculina por completo solo tiene dos opciones: aislarse o sentir furia. Hemos visto el potencial que el aislamiento y la furia tienen y lo que pueden provocar. Los tiroteos en las escuelas solo son las tragedias más públicas. Otros, en una escala menor, tienen lugar en todo el país a diario; otro rasgo común entre los tiradores es un historial de abuso contra las mujeres.

Para ser claros, la mayoría de los hombres jamás se volverán violentos. La mayoría estará bien. La mayoría aprenderá a navegar las aguas profundas de sus sentimientos sin participar en ninguna forma de destrucción. La mayoría crecerá para ser una persona amable; pero muchos no lo harán.

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