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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Gizonen Kontzientziazioa, partehartzea eta implikazioa emakume eta gizonen arteko berdintasunaren alde

Cortarse el mambo

Publicado el 26 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Publicado por LUCAS PAULINOVICH on 24 MAYO, 2017

¿Qué hacer con las masculinidades? La pregunta resuena en el trasfondo de los acontecimientos cotidianos que llenan las páginas de diarios y portales web. La violencia nuclear de las relaciones sociales tiene en el machismo un componente fundante que fue desmenuzándose y puesto en cuestión al calor de las grandes movilizaciones de las mujeres y la agitación impugnativa y desafiante del feminismo. La guerra contra las mujeres tiene en la figura del varón un elemento crucial: no solo el rol de victimario, ostentador de privilegios y aplicador de los castigos, sino una pieza clave en los engranajes que hacen funcionar la gran maquinaria violenta que sostiene la producción y reproducción social.
Después del femicidio de Micaela, una consigna brotó con potencia interpelante hacia los varones: córtense el mambo. Recogiendo ese desafío, desde Mala Junta se organizó la primera asamblea de varones feministas que tendrá lugar el jueves en La Toma. Originalmente la cita iba a ser en el Abasto, el local de la organización, pero la gran cantidad de preinscriptos obligó a buscar un espacio de mayor dimensión: hasta ahora, hay más de 180 varones anotados para participar. Según cuenta Luciano Fabbri, uno de los organizadores, recibieron llamados de todo el país para sumarse a la iniciativa o consultar sobre la dinámica y metodología con el fin de reproducirla en distintas provincias del país.
“Las expectativas eran más bajas que las que estamos teniendo ahora. Nos proponíamos generar un espacio de encuentro y debate para los compañeros de Mala Junta y Patria Grande que venimos trabajando en el tema, organizaciones cercanas y compañeros de la periferia de la organización. Pero no esperábamos que adquiera este alcance y nos entusiasma que haya prendido, porque hablar de varones feministas es poner el piso más alto, en términos que vos estás convocando desde una identificación, con un movimiento político del cual los varones, en general, a lo sumo nos sentimos simpatizantes. Y esta respuesta ya nos habla de lo que viene pasando con el impacto del feminismo”, dice Fabbri, militante de Patria Grande y docente e investigador en la UNR.
—¿Qué cambios notás en el último tiempo en relación al impacto de las discusiones que instala el feminismo entre los varones?
—Desde hace algunos años presenciamos algo que llamamos feminismo popular y que da cuenta de cómo las discusiones, las acciones, la agenda del movimiento feminista fue permeando en organizaciones populares mixtas, que implican que otra multiplicidad de sujetos nos estemos repensando en relación al feminismo, como parte, como aliados, como atacados. Ya no te puede pasar por el costado como en otros momentos, no es ajeno ni exterior. Hemos ido avanzando en iniciativas y políticas específicas, como los colectivos de varones antipatriarcales, los encuentros nacionales de colectivos de varones, los encuentros latinoamericanos de varones antipatriarcales, las políticas de despatriarcalización que impulsamos hacia adentro con los varones como principales destinatarios. En general, uno veía que esa política era bastante marginal, que éramos un puñado de pibes que nos veíamos convocados. Creo que evidentemente hay un punto de inflexión con el movimiento Ni Una Menos, que hace que en dos años tengas una generación de pibes y pibas de entre 16 y 22 años que encuentran en el feminismo una referencia política muy cercana y lo consideran uno de los movimientos más dinámicos que han visto luchar en su juventud. En ese sentido, construyen una identificación y una mística que hace que te encuentres con que del total, el 70 por ciento no supera los 22 años. No suelo encontrar muchos interlocutores de mi edad. Y con esto se ve, como un síntoma, que las generaciones posteriores tienen otra apropiación.
—¿Tenés alguna hipótesis sobre esa apropiación generacional?
—Nosotros veníamos construyendo planteos históricos más macro sobre cómo entró en crisis el orden patriarcal, ya sea en el orden del mercado, en las relaciones afectivas o en la visibilidad y radicalidad del movimiento feminista o del LGTBI. Ya lo veíamos con el matrimonio igualitario o con la identidad de género. Se discutían estas temáticas. Pero eso ya nos queda viejo, pasó hace siete años. Con la movilización del Ni Una Menos, con el Encuentro Nacional de Mujeres –ENM- y con el Paro Internacional de Mujeres, eso cobra una dimensión aún mayor. A la vez, la paradoja que hace a esto más intenso es que a la radicalidad y la capacidad de organización y unidad hay una reacción patriarcal cada vez más cruel. Eso está significando que nos queda chico el posicionamiento simpático, del reconocimiento y la participación de alguna marcha o compartir una foto del Ni Una Menos. Hay un nivel de polarización y de crueldad que obliga a asumir posiciones más activas, por reacción y resistencia, o adhesión e involucramiento.

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Micromachismos, 25 años después . Algunas reflexiones

Publicado el 23 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Luis Bonino, abril de 2017

Fue a principios de los 90 cuando comencé a elaborar la temática de los micromachismos

Y lo hice residiendo en un país europeo, España, a partir de una réflex ión personal y una experiencia adquirida en mi trabajo con mujeres y hombres .

Mi ámbito particular de inserción profesional la asis tencia al malestar psicológico y el estudio de la s problemáticas de las subjetividades, me permitió tener un lugar privilegiado para observar y visibilizar los mM y tratar de entender sus efectos dañinos sobre algunas mujeres. Las que convivían con hombres y sentían que lejos de sufrir ningún tipo de violencia compartían sus vidas con “buenos compañeros”, relataban una y otra vez situaciones cotidianas que les resultaban dolorosas, confusas, por no poder detectar quién era el responsable e inclusive sintiéndose culpables de los malestares y reacciones que les generaban. No entendían porqué no se sentían dueñas de sus propias vidas. De ahí que comencé a centrar mi atención en aquellos hombres que no se consideraban machistas ni eran considerados así por sus entornos cercanos, por estar muy lejos de agredir física o verbalmente a las mujeres, o por haber asumido algunos cambios de roles, o por solidarizarse hasta públicamente con sus reivindicaciones. Según ellos los machistas y los violentos con las mujeres eran “esos otros” que se aferraban a la masculinidad hegemónica , con el abuso de poder, la discriminación, la impunidad posesiva que conlleva. “Esos otros ” de los que no cabe duda que anulan el desarrollo de la vida de las mujeres como personas con identidad propia, ciudadanas de primera, con deseos y necesidades propias y derecho a satisfacerlas.

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Salvador Sobral: otra masculinidad es posible

Publicado el 19 Mayo 2017 en General |

Octavio Salazar Benítez. Tribuna Feminista

El triunfo de Salvador Sobral el pasado sábado en Eurovisión, además de mostrarnos entre otras cosas, y como él mismo dijo, que la música, la música de verdad, nada tiene que ver con los fuegos de artificio, supone también una oportunidad para demostrarnos que otra masculinidad es posible. Es decir, en un contexto tan hipermasculinizado y androcéntrico como el del Festival (recordemos como pese a “celebrar la diversidad” los tres presentadores eurovisivos fueron hombres, y como la mayoría de las chicas competidoras insistieron, de una forma u otra, en mostrarse como cuerpos fuertemente sexuados), consumido y aplaudido muy especialmente por un público gay, el portugués supuso una ruptura con el discurso normativo que nos revela lo que significa ser un hombre de verdad. Un discurso en el que mucho me temo la incidencia de la diversidad afectivo/sexual está siendo mínima porque la masculinidad hegemónica, unida a los dictados de un mercado que busca hombres ante todo que consuman y hagan circular el dinero, está provocando que la imagen mediática y públicamente reconocible del chico gay exitoso no difiera mucho de la del hetero.

De esta manera, no hemos situado en un plano de perversa “igualdad” en el que todos pasamos por el aro de reproducir el modelo heroico de siempre, es decir, el del tipo fuerte, preparado siempre para la acción, sujeto deseante y que hace de su cuerpo una herramienta esencial para situarse en el mercado. Por eso no es de extrañar que la vigorexia se esté extendiendo como un problema cada vez más serio entre los chicos jóvenes, o que los gimnasios se hayan convertido en los nuevos santuarios de la masculinidad o que la publicidad, bajo la apariencia de nuevos tiempos, nos siga ofreciendo en definitiva la imagen del macho de siempre. O sea, la del que parece preparado para combatir en cualquier momento, para seducir y llevar las riendas del pacto sexual y para continuar siendo el vaquero sin ley al que nadie parece discutir el privilegio de ser siempre el dominante. Un vaquero que, insisto, seduce por igual a mujeres y a hombres. Porque no estamos hablando de orientación sexual, o de deseos que van y vienen, sino de cómo se continúa conformando la masculinidad exitosa en pleno siglo XXI.

Frente a ese discurso, que es el que reiteradamente nos ofrecen los medios de comunicación, las películas que vemos o las canciones que bailamos, el portugués Sobral representa justo lo contrario. En todas las crónicas del festival se ha destacado su desaliño, que llevase un traje varias tallas mayor que la suya o que no pareciera en general muy preocupado por su aspecto físico. Se ha destacado de él como una cualidad que le ha hecho sumar puntos su fragilidad o su capacidad para despertar emociones sin estridencias. Verlo actuar como si se tratara de un cristal a punto de romperse frente a la sexualidad desbordante del representante israelí, de la chispa tan masculina del italiano o de la seducción tan Bond del sueco, supuso para mí (re)encontrarme con otro modelo de hombre que me gustaría sirviera como palanca para darle la vuelta a este mundo tan patriarcal y machista que seguimos sufriendo (y del que, no hace falta aclararlo, son principales víctimas las mujeres).

 

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Retina Papers Los algoritmos tienen prejuicios: ellos son informáticos y ellas, amas de casa

Publicado el 16 Mayo 2017 en General |

Por Rebeca Gimeno.

La inteligencia artificial puede ser sexista. Cinco científicos nos explican por qué.

Preguntemos a un algoritmo que estudia el perfil psicológico y que ha desarrollado por la Universidad de Cambridge, a cien millas de donde vivió la escritora inglesa, qué nos diría al analizar el texto del inicio de “Orgullo y Prejuicio”.

– La persona que lo escribió es más liberal y artística que la media… ¡Correcto!

 – Es más organizada y trabajadora también… ¡Correcto!

– Su edad ronda los 30 años… Aproximado

– La probabilidad de que sea un hombre es del 99%… ¿Jane Austen?

¿Un error casual? Pongamos a prueba al mismo algoritmo con otra mujer, esta vez de la época presente; Christine Lagarde. ¿Qué conclusiones extrae tras analizar un discurso suyo sobre economía mundial?

– Que es el “arquetipo de la masculinidad”…

¿Por qué? ¿Será porque habla de economía y crecimiento y eso es muy masculino? Probablemente… ¿Y si resulta que la forma que tienen de aprender las máquinas por sí solas (machine learning) también contiene sesgos sexistas (y de otro tipo) que vemos en la sociedad? De eso va el artículo que han escrito Bolukbasi, Chang, Zou, Saligrama y Kalai, (Universidad de Boston y Microsoft), una referencia en este incipiente campo de investigación.

Para poder adentrarse en este mundo de los algoritmos hay que comprender un poco mejor cómo es su machine learning. Igual que los niños aprenden de sus padres, muchos algoritmos aprenden de los datos con los que se les alimenta. En el procesamiento natural del lenguaje, una de las técnicas más utilizadas consiste en cebar a la máquina con miles y miles de textos para que encuentre patrones y aprenda por sí misma el idioma. Se llama mapeo de palabras (word embedding, en inglés). “Es una red artificial para entender la estructura de una frase. La máquina se alimenta con un montón de textos que representan el lenguaje que se está estudiando”, explica Álvaro Barbero, Chief Data Scientist del Instituto de Ingeniería del Conocimiento. “El sistema aprende qué palabras están cercanas a otras y las convierte en números para que la máquina pueda entender el lenguaje. Se utiliza bastante porque es un sistema muy efectivo”.

Dicho de otra manera, lo que hace el sistema/algoritmo es agrupar palabras por temas. Algo parecido a ordenar un armario (ahora que está tan de moda), tenemos la sección abrigos, partes de arriba, camisetas, bufandas, calcetines… y luego establecemos combinaciones. ¿Pero y si la máquina nos dice al ver unos pantalones que el sujeto es un hombre? ¿Es que la mujer no puede llevar pantalones? No, es porque es más probable estadísticamente que sea un hombre.

En el artículo de Bolukbasi et al. se aborda la problemática de delegar totalmente en el machine learning sin tener en cuenta el riesgo de amplificación de los sesgos presentes en los datos.

El estudio puede resultar un primer acercamiento al mundo de los algoritmos sin ser excesivamente técnico. Además está lleno de ejemplos de cómo la técnica de mapeo de palabras nutrida con datos de Google News (la base más extensa de las que hay) está llena de prejuicios y sexismo.

“Hay cientos o incluso miles de artículos escritos sobre mapeo de palabras y sus aplicaciones, desde la búsqueda en internet al análisis de currículos. Pero ninguno de estos estudios ha reconocido lo llamativamente sexistas que son estos mapeos y el riesgo que suponen por lo tanto a la hora de introducir sesgos en sistemas del mundo real”.

 

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Los estereotipos de género motivan operaciones “invasivas e irreversibles” a menores intersexuales

Publicado el 11 Mayo 2017 en General |

“Nadie tendría que haber decidido por mí, se podría haber esperado”. “Sabía que era diferente, pensaba que era un monstruo”. “No sé si nací con vagina o me la reconstruyeron”. Sandrao y H. (prefiere preservar su identidad) hablan así desde Alemania y Dinamarca de las operaciones a las que fueron sometidos en su infancia con el objetivo de hacer encajar sus genitales en las características sexuales consideradas de hombre o de mujer.

Ambos forman parte de los testimonios recogidos por Amnistía Internacional para el informe En primer lugar, no perjudicar, que se presenta este miércoles, sobre la realidad de las personas intersexuales en estos países. Es decir, aquellas personas que nacen con características sexuales  que no encajan con las nociones binarias típicas de los cuerpos masculinos o femeninos, tal y como define Human Rights Watch.

El estudio denuncia que los bebés intersexuales “corren peligro de ser sometidos a una serie de intervenciones médicas innecesarias, invasivas y traumatizantes” y que se basan en estereotipos de género y en la expectativa que se deposita en ese bebé. “Cuando nace los médicos te dicen que hay que operar de urgencia para determinar el sexo y educarle hacia él”, apuntaba Lola Pujante, presidenta de la Asociación Española de Hiperplasia Suprarrenal Congénita,  en este reportaje.

Amnistía Internacional alerta de que este tipo de cirugías “violan sus derechos humanos” porque son intervenciones que “se llevan a cabo sin tener pleno conocimiento de los efectos potencialmente dañinos a largo plazo que tienen en los menores de edad”, asegura Laura Carter, investigadora de Amnistía Internacional sobre orientación sexual e identidad de género.

Aunque el informe no se circunscribe al caso español, los colectivos LGTBI denuncian que en nuestro país también se dan este tipo de operaciones médicas, que ya han sido prohibidas en algunas leyes autonómicas contra la LGTBIfobia, entre ellas la de la Comunidad de Madrid o Islas Baleares. De esta manera se alinean con países como Malta y Chile, que han prohibido lo que los activistas llaman “mutilación genital de personas intersexuales”. Los afectados apuestan  por esperar y dejar crecer al bebé para que sea él mismo el que decida en el futuro cuál es su género.

Intervenciones con consecuencias

Amnistía Internacional detalla en su informe algunas intervenciones de las que ha tenido constancia, entre ellas, operaciones para agrandar el clítoris, cirugías vaginales a menores de corta edad, extirpación de las gónadas u operaciones para “abocar la uretra al extremo del pene, que se llevan a cabo para crear un pene considerado normal desde el punto de vista funcional y cosmético”, explica la organización.

“Nos referimos a incisiones realizadas en tejidos sensibles con consecuencias para toda la vida basadas únicamente en estereotipos sobre el aspecto que debe tener un niño o una niña. La cuestión es a quién beneficia esta práctica, porque nuestro informe muestra que para las personas sometidas a ella ha sido una experiencia trágica”, añade Carter. “Han experimentado dificultades físicas o psicológicas a largo plazo”, explica el estudio.

A las cirugías también se añade la administración de tratamiento hormonal “para que un individuo pase por la pubertad según las expectativas de su género asignado”. Prácticas que, en ocasiones, son necesarias por motivos de salud, pero que en otras son una forma de “normalizar” y enmarcar sus cuerpos en el binarismo de género.

Entre las razones, detalla AI, se encuentra el supuesto de que los niños o niñas sufrirán daño psicológico como resultado de no encajar en lo considerado hombre o mujer. Algo que, en opinión de la organización, “no está respaldado por pruebas” y que provoca la violación del artículo 3.1 de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño,  que establece que cualquier decisión debe atender de manera primordial al interés superior del menor.

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“Victiman”

Publicado el 8 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia contra las mujeres |

Miguel Lorente Acosta 6 de mayo 2017. blog Autopsia.

“Victiman” es el nuevo superhéroe del machismo, una especie de “primo de Zumosol” en versión “macho man” y con música de Village People de fondo. Ellos, tan acostumbrados a inventar nombres para sus miedos (“feminazi”, “hembrismo”, “mangina”…), han olvidado buscar uno para esa especie de héroe virtual que acude en su ayuda cuando la razón se pierde entre su impotencia.

El machismo está construido sobre una falacia, tan grande que hace normal la desigualdad y la violencia dentro de ella hasta el punto de invisibilizarlas y negarlas. De ese modo presenta la normalidad como algo neutral y adecuado para hombres y mujeres, y habla de todo lo que plantea corregirla como un ataque, de ahí que considere la Igualdad como una amenaza y la medidas desarrolladas en su nombre como una agresión.

Esa falacia sólo puede construirse sobre el valor y la credibilidad de la palabra y la voz de los hombres, capaces de ocultar la propia realidad tras su sonido y su monólogo, pues de lo contrario habría bastado una contra-argumentación crítica hacia ese modelo, o la simple descripción de una realidad caracterizada por la discriminación, el abuso y la violencia contra las mujeres para desmontar esa mentira irreal.

Pero a pesar de la solidez de esa estructura, el machismo ha tenido que cambiar de planes conforme la Igualdad ha avanzado y la sociedad se ha hecho más crítica con él. Y para ello, con independencia de contar con todo el arsenal de la cultura en forma de ideas, valores, creencias, mitos, estereotipos… ha introducido nuevas estrategias con las que contrarrestar las situaciones más delicadas, siempre contando con el peso y la gravedad de su palabra.

Una de esas estrategias es tomar una parte por el todo para esconder la realidad bajo el eco del relato que la acompaña, y transmitirla por el aire con la velocidad de la urgencia y la necesidad. Así, por ejemplo, para contrarrestar la violencia de género y sus homicidios, desde el machismo se dice que la mayoría de los casos conocidos son denuncias falsas o que las mujeres también maltratan; ante a las mayores tasas de paro femenino, afirma que se deben a que las mujeres prefieren quedarse en casa al cuidado de la familia; frente el bajo porcentaje de mujeres en puestos de decisión, indican que su biología las hace menos competitivas y que son ellas las que renuncian a asumir responsabilidades… De ese modo toman aquellos casos existentes bajo esas u otras razones, para a partir de ese pequeño margen de “verdad” construir toda la falacia que supone generalizarlos.

Pero esa estrategia no es suficiente. Al menos ya no es suficiente.

Antes podría serlo cuando su posición era incuestionada y todos los mecanismos de poder, desde la capacidad de influir al control social, reducían al mínimo su cuestionamiento. Pero ahora no sólo existe una conciencia crítica sobre las manifestaciones del machismo en todas sus formas, sino que también se conoce toda la estrategia desarrollada y el entramado social que hace de esa construcción cultura y normalidad. Por eso el machismo necesita algo más, y ese plus pasa por presentar a los hombres como víctimas de la situación que ellos mismos han creado y defienden. Y lo hacen, no para cuestionarla, sino todo lo contrario, para responsabilizar a las mujeres y quitar los argumentos que inciden en que la situación social de la desigualdad sólo les afecta ellas. De ese modo niegan el resultado y, sobre todo, niegan la desigualdad y el machismo como origen de estos resultados, al tiempo que sitúan las causas en las circunstancias aisladas de cada uno de los problemas, en lugar de incidir en los factores comunes que afectan a todos ellos.

Como ejemplo de la situación que los convierte en víctimas hablan de que los hombres, en general, sufren más violencia que las mujeres, que las custodias se las dan a las madres, que son ellos los que realizan los trabajos de más riesgo, que sufren más accidentes de tráfico y laborales, que tienen una menor esperanza de vida media… Pero esa lectura basada en la situación histórica no es suficiente, ya no les basta con presentarse como víctimas de la desigualdad, ahora lo amplían para mostrarse también como víctimas de la Igualdad, y aparecer como “doblemente víctimas”.

Y la explicación que dan para justificar que son víctimas de la Igualdad la estructuran sobre una doble referencia: por un lado afirman que el feminismo y la Igualdad niegan la realidad, y por otro que en esa negación se esconde la victimización de los hombres. Entre los argumentos que utilizan para presentar a los hombres como víctimas están todas las afirmaciones que repiten incansablemente en las redes sociales y allí por donde vayan. Algunos ejemplos son:

. Afirman que desde el feminismo se niega la existencia de denuncias falsas,cuando en realidad lo que se niega es que sean el 80%, como ellos afirman, y se reconoce que representan alrededor del 0’017%, dependiendo del año, tal y como recoge la FGE.

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Un compañero no se aparta

Publicado el 5 Mayo 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Macarena Domaica  28/03/2017 en Doce Miradas

Esta semana me ha llegado por WhatsApp el video poema “Compañeras”, de Marwan. Os invito a verlo y a escucharlo con atención porque es muy bonito y muy emocionante. Esthttps://gizonduz.blog.euskadi.eus/wp-admin/post-new.php?lang=es#edit_timestampá escrito para eso, para rozarte adentro. Si eres hombre, para acompañarte en el reconocimiento a las mujeres de todos los tiempos; si eres mujer, para sentirte comprendida, valorada, reforzada, reconocida y para que pienses: hay hombres para los que no pasa desapercibido todo lo que cargamos.Mientras van sucediéndose los versos, una chica baila en un camino y un montón de mujeres de edades distintas y en ambientes variados se suceden con el poema de fondo. Hay algo en todo este montaje que me incomoda y me cuesta detectarlo. Así que vuelvo a verlo, con las emociones ya experimentadas y los sentidos predispuestos a una mayor objetividad. Comienza así:

“Lo mejor que puede hacer un hombre cuando ve a una mujer besar a su hijo, romperle la cara al invierno, partirse la espalda por el resto, es apartarse”.

No entiendo muy bien este “apartarse”. ¿Es por respeto, veneración? ¿Para no interferir en algo que no le corresponde? ¿Para no molestar? Entiendo que el autor intenta expresar algo así como: “observa qué grandes son las mujeres cuando hacen lo que hacen”. Pero lo que literalmente dice provoca en mí la imagen de hombres que admiran a las mujeres desde la barrera, aparte.

Sigue:

Decía Escandar que mirara por donde mirara solo veía mujeres luchando o mujeres cargando, mujeres abriendo, mujeres curando; madres que se crujen el alma para arrancar las piedras que le surgen a tu camino… Las verás siempre dispuestas –lobas que amamantan- cuidan a sus cachorros, cuidan todo. Madres de brazos abiertos, de pecho abierto, de alma abierta. Son perfectas por el simple hecho de existir, de haber nacido, de devolver ese regalo dándonos otra vida” (…) “Deberías aplaudirlas, con sus hijos (…) limpiando el mundo, a cargo de la casa, a cargo de la vida (…) trayéndote luz, borrando de tu frente los fantasmas…”.

Me reconozco y reconozco a muchas entre esas mujeres que “cuidan todo”. Y me cuesta entender por qué si nuestro aporte y soporte es tan evidente para  esos compañeros que hablan tan bien de nosotras, no los tenemos cuidando de todo junto a nosotras. En este segundo visionado del poema me revuelvo un poco, porque creo que no quiero esos aplausos de reconocimiento porque limpio el mundo, me encargo de la vida, traigo luz y borro los fantasmas de las frentes… ¿Hacemos todo esto las mujeres porque, como dice Marwan, somos perfectas? Me siento caer en una trampa: la de reconfortarme en el reconocimiento y sentir que con eso se alivia el peso descompensado de mi carga.

Lo que es perfecto para la perpetuación de la desigualdad es ese kit perverso de mensajes inhibidores de la promoción y el desarrollo que respiramos las niñas nada más nacer, cuando lloramos por primera vez. A partir de ahí nuestro viaje es la conciliación del cuidado de todo(s) y nuestra supervivencia, la búsqueda desesperada del equilibrio entre nuestro deber ser, las obligaciones reales y generadas, y la culpa en la recámara.

Me pregunto si valen este poema y otros (escritos con similar compromiso y las mejores intenciones) como reparación por tanto abuso. Me pregunto si reconocerle a una mujer lo estupenda que es, felicitarla el 8 de marzo y el primer domingo de mayo si es madre, no se nos queda un poco corto si no hay compañeros antes, durante y después dándole sentido a ese reconocimiento.

El trabajo más difícil del mundo

Hago un paréntesis para rescatar otro video que vi hace un par de años cuando se acercaba el día de la madre:

Presenta varias entrevistas para una oferta de trabajo imposible que son, finalmente, una excusa para otra loa a nuestra entrega y dedicación a la familia, y a nuestra desaparición sin reproches detrás de las sonrisas de los nuestros: “si ellos están bien, yo estoy bien”. Me pasa siempre con estos vídeos: que primero me cautivan y después me ponen triste.

Ilustración de Merche Escribano

¿Por qué se echan a reír todos y todas las candidatas cuando descubren que al perfil requerido para el puesto solamente se ajustan las madres? Les estaba pareciendo tan abusivo, tan terrible, tan ilegal, tan inhumano que les estuvieran proponiendo aceptar gratuitamente esa tarea demencial…  Y, sin embargo, ¿está todo bien si es para una madre? ¿A nadie le dan ganas de llorar? ¿Nadie siente una tremenda rabia por cada una de esas sonrisas cómplices con la losa que se nos pone a las mujeres sobre el pecho cuando somos madres?

Pues se ve que no. Se ve que si le escribes una carta a tu madre, ella se va a quedar tan contenta y ya está. Y así es en la mayoría de los casos. Porque nos han educado para que nos merezca la pena ser madres e, incluso, para que no veamos la pena casi por ninguna parte. Viñeta de Mafalda

No escapan al poeta Marwan las múltiples situaciones de injusticia que soportamos las mujeres de todo el mundo: la violencia machista, los techos de cristal, el trabajo no remunerado, la brecha salarial, “querer y callar”, la dictadura de los cosméticos, las mujeres como objetos para el goce, los matrimonios acordados… Dice “mujeres a las que obligamos a ser madres, amantes, florero, costilla, cenicientas, cocineras, putas (…) felpudo…”.

Y añade: “no tenemos el valor de reanudar el mundo con ellas al mando, con nosotros al mando, con todos al mando”. La verdad es que este poema es muy hermoso: la denuncia de la desigualdad está por todas partes y pongo en valor este texto por ello. Pero echo en falta una llamada a la desobediencia de los hombres ante las normas, las costumbres y las creencias manifiestamente abusivas y opresoras que viven sus compañeras. También, y sobre todo, acuso la ausencia de un posicionamiento de querer estar junto a nosotras en una reivindicación que no es nuestra, sino de toda la sociedad; de cualquier sociedad que se quiera llamar justa: “mujeres frenadas, mundo patriarcal, mundo enfermo”.

“Compañeras” es, precisamente, el nombre del video poema y esto es lo que dice Marwan en los últimos versos:

“Yo solo quiero que descansen, que las dejemos descansar; que este siglo, poco a poco, les devuelva lo perdido, sus horarios. Que dejen de limpiar nuestro camino, de resolver nuestro crucigrama, que ya tienen bastante con los suyos”.

Compañero Marwan: ¿no cabrían aquí unos versos para una llamada general que haga factible tu deseo? ¿Una llamada a “reanudar el mundo con ellas al mando, con nosotros al mando, con todos al mando”?

Nuestro descanso y las respuestas de los crucigramas no caerán del cielo, por mucho que haya hombres que se aparten para admirar cómo le rompemos la cara al invierno y nos partimos la cara por el resto.

Dices tú, compañero poeta: “Madres, mujeres, hermanas, pareja, compañeras, eternas, compañeras, milagro, compañeras, sin dueño, compañeras y siempre compañeras”. Digo yo: mejor un compañero que acompañe y no se aparte.

 

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“Los varones tenemos que traicionar la complicidad machista”

Publicado el 2 Mayo 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

El docente, investigador y militante social Luciano Fabbri aborda los desafíos a los que debe enfrentarse un hombre que se acerca al feminismo. Privilegios a renunciar, prácticas a cuestionar y un “repensarse de pies a cabeza”. Este 25 de mayo, se lanza la primera Asamblea de Varones Feministas en Rosario.

Las voces se van sucediendo unas detrás de otras. En todas hay dolor, también mucha bronca. Hace pocas horas apareció el cuerpo de Micaela García en un descampado de Gualeguay y, espontáneamente, la plaza Montenegro se llena de gente: hay muchas mujeres, sí, pero también una importante cantidad de varones. A ellos les dedican párrafos de los discursos que se van encadenando. “Necesitamos algo más que la palmadita en la espalda o que compartan una foto o un posteo de Facebook, necesitamos que se pongan las pilas y se empiecen a cortar el mambo entre ustedes”, exhorta una de las tantas mujeres que ese sábado por la tarde pasa por el micrófono colectivo.

¿Qué significa ese “cortarse el mambo entre ustedes”? ¿Qué puede hacer un varón que se siente, o empieza a sentirse, identificado con esa creciente revolución feminista? “Yo creo que la tarea de los varones que tenemos una conciencia feminista o que estamos construyéndola es empezar a traicionar la complicidad machista”, afirma Luciano Fabbri, licenciado en Ciencia Política, docente, investigador y militante social. Lucho fue uno de los fundadores del Colectivo de Varones Antipatriarcales y actualmente forma parte de Mala Junta, el espacio feminista que se autodefine como “popular, mixto y disidente”. Editó el libro Apuntes sobre feminismos y construcción de poder popular, donde presenta algunas líneas de reflexión y acción desde donde llevar la igualdad de género a la militancia política. También escribió junto a Florencia Rovetto el libro Sin feminismo no hay democracia.

–¿Qué es y qué implica “traicionar la complicidad machista”?
Traicionar esa complicidad machista es traicionarnos a nosotros mismos, exponiendo cuáles son esos comportamientos que hemos aprendido, en los que nos han entrenado para sostener posiciones de privilegio con respecto a las mujeres, y son esas prácticas sutiles a las que recurrimos, a veces sin saber que las tenemos y otras con plena conciencia, para ganar una discusión ya sea en el marco de una relación laboral, de pareja, de militancia, para delegar una tarea que sabemos que si nosotros no la hacemos una mujer la va a hacer por nosotros, para mantenernos incuestionados con otros varones.

Para Fabbri, que comenzó a involucrarse en el campo del feminismo allá por el año 2003 cuando se realizó el XVIII Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, el llamado del feminismo a “cortarse el mambo” entre los varones “es también exponer a otros cuando están ejerciendo esos privilegios”. “Sea el que le está diciendo algo a una compañera en la calle, el compañero que interrumpe en el marco de una reunión porque considera que su palabra es más importante que la de ella, el que en el ámbito doméstico deja que se paren las mujeres a la hora de levantar la mesa y no mueve un pelo, todas estas instancias de socialización que a veces son mixtas y otras veces sólo entre varones”, enumera.

–¿Qué implica para un hombre comenzar a cuestionar a sus pares en todos esos aspectos?
–Implica romper vínculos de amistad o, en otros casos, que haya ciertas cosas que no se hablan adelante tuyo, o que te ganes el mote del “ortiva” desde el vamos. Esos son parte de los privilegios que hay que cuestionar: los vínculos a partir de cómo uno asume determinadas posiciones éticas, políticas en la vida, se van reconfigurando. Hay un privilegio a renunciar en ese explicitar la posición política que uno tiene cuando se está ejerciendo violencia a nuestro alrededor, que es no ser neutral, y eso tiene costos. Ahora, las compañeras se inmolan cotidianamente en todos los ámbitos, asumiendo esos costos sobre sus cuerpos, y nosotros que estamos de acuerdo con el objetivo de esa lucha miramos como imparciales analizando la batalla, el resultado, a lo sumo manifestando nuestro acuerdo. Pero ahí hay que jugar un partido. No se juega en Facebook la batalla, es importante salir a posicionarnos, a replicar, pero si se queda ahí tenemos un problema muy grande porque alentamos y fomentamos una radicalidad y conflictividad que después la pagan las compañeras en primera persona.

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DESMASCULINIZAR

Publicado el 25 Abril 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

José Ángel Lozoya Gómez .Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad.

Sevilla, abril de 2017

Si admitimos que el machismo es violencia y expresión relacional de la masculinidad, si aceptamos que la masculinidad se está convirtiendo en referente universal de la igualdad entre los sexos, si convenimos en que hombres y mujeres coinciden en el rechazo a la feminidad…tendremos que reconocerque los llamamientos a “feminizar”no incluyen la necesidad de“desmasculinizar” la cultura, la política, las conductas de hombres y mujeres, la socialización de los niños y las niñas…

A principios de siglo hablaba en una entrevista de la necesidad de“feminizar” el referente universal con el que educar a las generaciones futuras, porque la igualdad entre los sexos se estaba dando en torno a los modelos masculinos tradicionales. Las mujeres se estaban masculinizando para sobrevivir en un mundo hecho a la medida de los hombres; se incorporaban al espacio público sin que nosotros llenáramos los huecos que ellas dejaban en el espacio privado, huecos que seguimos sin llenar. Se trató de cubrir estos huecoscon políticas de igualdad, con apoyo a la dependencia y con la contratación de mujeres inmigrantes y ahora, con los recortes, se habla mucho más de feminizar la política que de feminizar a los hombres o hacer políticas feministas, como si fueracreíbleque los políticos puedan feminizar nada sin antes desmasculinizarse.

“Género”es una de esas palabras que se están desgastadode tanto adulterarlas. Aunque el concepto partía de una diferenciación binaria cada vez más cuestionada, el “género” nos permitió hablar de las expectativas y los mandatos sociales a los que se sometía a niños y niñas en función de sus genitales para naturalizar y reproducir relaciones de poder asimétricas entre hombres y mujeres. Durante un tiempo se usó “género”como sinónimo de mujer, hasta que se admitió que la masculinidad es otra forma de género que ayuda a comprender lo que la sociedad espera de los hombres. Pero esa confusión entre lo biológico y lo cultural (social) perduró y oíamos hablar indistintamente de hombres/mujeres o de género masculino/femenino. Esta confusión propició que se reivindicara la “igualdad de género”, olvidándonos de que la razón de ser delos géneros son unas relaciones de poder que dictan una forma particular de tener que ser en función de los genitales, de que no hay igualdad posible sin la desaparición de los géneros,y de que la alternativa pasa por erradicarlos y consensuar unos valores universales que permitan a cada persona la libertad de intentar inventarse a sí misma en la singularidad.

La confusión está tan naturalizada que hay quien dice estar a favor de la igualdad entre los sexos sin que los hombres dejen de ser masculinos y las mujeres femeninas, como si fuera posible separar los géneros de sus consecuencias. Hay incluso quien sostiene que esas diferencias son necesarias para que surja el deseo sexual, aunque sospecho que sobre todo hablan del deseo heterosexual.Pero justificar los géneros, una socialización masculina y femenina diferenciada,requiere aclarar qué sentimientos o conductas se consideran positivas en los hombres y negativas en las mujeres y viceversa, sin privilegios, desigualdades o violencias que atenten contra la diversidad sexual y de género.

Creía que había acuerdo en el movimiento de hombres por la igualdad en torno a la necesidad de deconstruir la masculinidad y de erradicarla. Desde ese compromiso he combatido los discursos sobre “nuevas masculinidades” o “masculinidades alternativas”.El post-machismo y el neo-machismo demuestran que lo nuevo no siempre es mejor: son dos ejemplos de la capacidad de adaptación del Patriarcado para que parezca que todo cambia aunque no lo haga; pero aunque solo sean los mismos perros con distinto collar, son las únicas “masculinidades alternativas”que pugnan por la hegemonía. Por eso, cuando oigo a algunos miembros del movimiento de hombres por la igualdad, a los que respeto, hablar de “deconstruirnos para reconstruir nuestras masculinidades”, o de promover“ masculinidades contrahegemónicas”, la necesidad de desmasculinizar me parece más necesaria que nunca. No sé de donde les sale esa necesidad de buscar una masculinidad alternativa, qué partes de la tradicional quieren conservar, qué les ata a la palabra masculinidad,ni si cuando hablan de deconstruirla lo que quieren es demolerla o reformarla.

Quienes hemos hecho una parte del camino de la deconstrucción de la masculinidad tenemos la responsabilidad de explicar cómo nos oprime la socialización de los hombres en el Patriarcado, el precio que pagamos por ir de machos por la vida o lo que nos cuestanlos privilegios. Tenemos que convencer a otros hombres de la necesidad del cambio y mostrar a las mujeres que no les conviene confundir“empoderamiento”con la interiorización del modelo masculino, sin darse cuenta de que su relación con la masculinidad va más allá de sufrir los privilegios de los hombres: Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Thatcher, Condoleezza Rice o Angela Merkel nos muestran que ser mujeres no las vacunó contra el Patriarcado o el machismo.

“Feminizar” y “desmasculinizar” son dos caras de la misma moneda. La primera nos habla de lo que debemos incorporar: cuidados, empatía…; la segunda de lo que tenemos que abandonar: privilegios, agresividad, competitividad…

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